ENTREVISTA DE LOS SEÑORES OBISPOS D. LEOPOLDO RUIZ Y FLORES, OBISPO DE MICHOACÁN Y D. PASCUAL DÍAZ, OBISPO DE TABASCO CON EL SEÑOR PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA MEXICANA, GENERAL DE DIVISIÓN D. PLUTARCO ELIAS CALLES


Tomado del folleto La Cuestión Religiosa en México, publicado como número 10 de la Colección Diálogo y Autocrítica, y que es el texto de la Conferencia pronunciada por el historiador Jean Meyer en la Asamblea del Episcopado Mexicano en Enero de 1985. 1a. Edición por el Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana, 1989.

Fecha: 21 de Agosto de 1926
Ramo Presidentes
Estado Mayor Presidencial
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OBISPO DE TABASCO.- Mucho agradecemos a usted, SEÑOR PRESIDENTE, que se haya dignado recibirnos; para nosotros esta entrevista tiene una gran trascendencia, porque esperamos de ella magníficos resultados; muchos deseos teníamos de hablar con toda libertad con usted. Queremos que se borre de su ánimo ese prejuicio que tiene de que los Obispos hemos tratado de obstruccionar la labor del Gobierno. Primero voy a contarle brevemente algo que debe saber: cuando tuvimos las primeras juntas fue una persona interesada en que nosotros ocurriéramos ante la Embajada Americana para pedirle su influencia a fin de que interviniera en la solución de la cuestión religiosa en México, y en el acta, que como Secretario de la Mitra levanté, aparece que todos los Obispos a una voz interrumpieron la palabra del Secretario que estaba leyendo el documento que contenía tal proposición para rechazarlo enérgicamente, pues nosotros no queremos la intervención de extraños sino entendernos directamente con nuestros gobernantes.
Yo quisiera que conservara usted esta copia (entrega al SEÑOR PRESIDENTE un documento) que en todo tiempo probará lo que estoy diciendo; es un documento que siempre demostrará que no hemos querido aceptar ningún influjo extranjero. Después se ha seguido trabajando en este sentido; usted conoce perfectamente lo que los Caballeros de Colón ofrecieron en Filadelfia, y nosotros, en cuanto se trató de fomentar la idea de una influencia extranjera, manifestamos claramente nuestro pensamiento de que únicamente deseamos hablar con nuestros gobernantes y entendernos mutuamente; porque quisiéramos compenetrar en el ánimo de usted que lo respetamos y lo queremos; no son estas palabras vanas, es nuestra convicción; naturalmente, si nosotros queremos ser respetados y queridos, tenemos también que respetar y querer a las autoridades legítimamente constituidas. Usted, señor, hizo declaraciones magníficas a la prensa americana en que decía no saber por qué habíamos puesto el grito en el cielo.esta es la idea, de las palabras no respondo que sean iguales-, porque se obligaba al sacerdote a que se inscribiera cuando esto no obedecía sino a cuestiones de estadística. Ojalá que hubiéramos conocido esto antes, pues en este caso ninguno de los Obispos hubiéramos puesto resistencia. Nosotros tenemos la convicción de que el Gobierno tiene absoluto derecho a esas estadísticas.

SEÑOR PRESIDENTE.- Ojalá que las palabras de ustedes se traduzcan después en hechos, porque los hechos son los que hablan mejor.
Pero debo decirles que nosotros estamos perfectamente enterados, pues mi gobierno tiene amplias fuentes de información en todas partes, de cuáles han sido las actividades de los elementos católicos en el extranjero y sabemos bien cuáles son los medios directos e indirectos que han estado usando para tratar de conseguir el apoyo de gobiernos extranjeros para que haga presión sobre el Gobierno de México; y no solamente tenemos informes de las actividades de los elementos católicos de aquí, sino que también estamos enterados de las gestiones que ha hecho el mismo Papa en tal sentido.
El gobierno de México, por ningún motivo faltará al cumplimiento de las leyes y esas presiones que están buscando en nada nos importan; nosotros estamos resueltos a mantener la dignidad nacional a costa lo que venga.
Con respecto a la actitud del clero dentro del país, es bien sabido que está incitando a la rebelión; entre ese clero están los sacerdotes de Sahuayo, y con toda sinceridad les digo que si esos sacerdotes llegan a ser aprehendidos por las fuerzas federales, serán fusilados, porque son responsables de haber incitado a la rebelión causando derramamiento de sangre. Ellos son los directamente culpables de los acontecimientos acaecidos en Sahuayo, en que perdieron la vida varios hombres. Y como ellos, en muchas otras partes de la República los sacerdotes han estado haciendo labor subversiva de uno o de otro modo, ya sea en hojas sueltas, por medio de los periódicos o en sus sermones. Si ustedes examinan con espíritu sereno todos estos actos, verán que efectivamente se ha estado incitando a la rebelión y a la desobediencia de nuestras instituciones y de nuestras leyes, cosa que nosotros no vamos a permitir sean como fueren las circunstancias que se presenten. Con respecto a la cuestión del registro de sacerdotes, quiero aclararles que no solamente obedece a cuestiones de estadística; obedece fundamentalmente al hecho de que en la Constitución de la República se establece que los templos sean bienes de la Nación, y mientras esa Constitución no diga lo contrario los templos seguirán siendo propiedad de la Nación, ¿qué menos puede exigir el representante legítimo del pueblo, como lo es el Gobierno, que saber quiénes son los que están administrando sus bienes? La cuestión de dogma o de doctrina no le interesa al Gobierno. Los católicos dentro de sus templos y sin faltar a los preceptos legales, pueden hacer lo que les plazca; pero tratándose de la ley, mientras yo esté al frente del Poder Ejecutivo de la Nación, haré que se cumpla. El único camino que existe para que todas esas dificultades terminen es que el clero se someta a esa Ley, y si ésta es contraria a sus intereses, pueden buscar la manera de reformarla siguiendo el camino que la misma Ley señala para tal fin. Este es el programa que me he trazado y nadie y nada podrá hacer que me salga de él.

OBISPO DE TABASCO.- Con respecto a lo que nos dice usted de los sacerdotes de Sahuayo, es cosa que nosotros ignorábamos por completo, pero debe usted convenir que cuando las pasiones se exaltan es fácil que los sacerdotes se extralimiten y no cumplan con su deber, porque no es nuestra misión excitar a la rebelión y aconsejar la desobediencia a las autoridades, pero al exaltarse los ánimos la pasión ciega a los individuos y sus actos no corresponden a sus pensamientos.

SEÑOR PRESIDENTE.- Precisamente para eso está el poder público, para refrenar esas pasiones.

OBISPO DE TABASCO.- Ahora que usted está convencido, Sr. Presidente, de que a esos sacerdotes los ha cegado la pasión, esperamos que será considerado con ellos, en la seguridad de que nosotros vamos a proceder a llamarlos al orden. Ojalá que en todos los casos que en lo futuro se registren tuviera usted la bondad de informarnos para que nosotros pudiéramos tomar medidas enérgicas contra los que provocan desórdenes, saliéndose de la misión que tienen encomendada.

SEÑOR PRESIDENTE.- Ojalá que sea cierto.

OBISPO DE TABASCO.- (Dirigiéndose al OBISPO DE MICHOACÁN) Como esto corresponde al Obispado de Michoacán, hoy mismo se lo comunicaré a usted.

SEÑOR PRESIDENTE.- Y dígaselo claramente; ya sabemos que uno de estos sacerdotes está en Morelia y otro en Guadalajara, y si llegan a caer en poder de las fuerzas federales, le repito que serán fusilados, advirtiéndole que en la misma forma se va a proceder con todos los demás. Ya no castigaremos a las masas ignorantes sino a sus instigadores.

OBISPO DE TABASCO.- Pero usted ha de comprender que si hubo excitación de parte nuestra también la hubo del otro lado.

SEÑOR PRESIDENTE.- La excitación de una y de otra parte el Gobierno la va a refrenar, puesto que tiene la obligación de obrar con toda la majestad de la ley.

OBISPO DE MICHOACÁN.- Yo he tenido tres incidentes en mi obispado, y han sido los siguientes: uno en la Villa Hidalgo, que fue el año pasado. Se acostumbraba desde tiempo inmemorial hacer en dicho pueblo una procesión, y venían los rancheros de toda la región en la creencia de que podrían hacerlo como en años anteriores, pero el Presidente Municipal ordenó al Señor Cura que la procesión debía suspenderse ese año, y el cura, para evitar desórdenes pensó buscar un pretexto para que no se llevara a cabo. Vino la víspera y comenzó a bajar la gente de los pueblos. Fueron a ver al presidente municipal quien les manifestó que la procesión no podría hacerse en virtud de órdenes superiores. Salieron los obreros de la fábrica de tejidos y al saber que no habría procesión fueron también a ver al presidente municipal espontáneamente.
El cura estaba rezando el Rosario en la parroquia durante estos acontecimientos. En momento en que los obreros se hallaban con el presidente municipal, uno de los regidores le dijo con palabras bastante duras: “Qué está usted haciendo con estas viejas y con estos beatos”. Y ya entonces se le echaron encima y comenzaron las pedradas y los palos y hasta hubo tiros. El cura no tenía nada que ver; se levantó el proceso y en él no resultaron responsabilidades contra el referido sacerdote, pero sin embargo el Ministerio de la Guerra giró la orden de que en el momento en que fuera encontrado lo fusilaran; y circuló el retrato del señor Cura con el sello de la Inspección de Policía, con instrucciones de que donde le hallaran le fusilaran.

SEÑOR PRESIDENTE.- Es posible que los hechos hayan ocurrido así, pero estoy seguro de que la Secretaría de Guerra no dio una orden de tal naturaleza; si se dieron con tanto rigor las relativas a los curas de Sahuayo, es porque tenemos el convencimiento de que ellos son los responsables del acto de rebelión registrado en dicho lugar.

OBISPO DE MICHOACÁN.- En Acámbaro el día que fueron a cerrar el templo la gente del pueblo se reunió frente al curato; el sacerdote salió por una de las ventanas y les dijo que no se comprometieran ni lo comprometieran a él, que debían irse a sus casas, pero no le hicieron caso y dijeron que ellos espontáneamente permanecerían allí; en esos momentos por desgracia pasaron los ingenieros que mandó el gobierno y que usted ya conoce, a quienes asesinaron, y la culpa se la echaron al pobre señor cura.

SEÑOR PRESIDENTE.- Voy a hacerles una aclaración; el informe que recibieron ustedes no fue del todo exacto; la culpabilidad del cura está en esto: haberlos convocado y anunciado que en caso necesario serían llamados por las campanas de la Iglesia; que no era necesario que se quedaran allí pero que si ellos lo querían podían permanecer. Esta es la responsabilidad moral que tiene el cura. Nada de esto pasaría si todos nos sujetáramos a la Ley.

OBISPO DE MICHOACÁN.- Tendremos que sujetarnos para no incurrir en las penas y para no privar a los fieles del derecho que tienen en los cultos.

SEÑOR PRESIDENTE.- ¿En qué se les ha impedido el culto?

OBISPO DE MICHOACÁN.- Desde el momento en que tenemos que sujetarnos a una ley a pesar de que nuestras conciencias nos lo prohiben.

SEÑOR PRESIDENTE.- Irremisiblemente tienen que sujetarse.

OBISPO DE MICHOACÁN.- Contra los dictados de nuestra conciencia.

SEÑOR PRESIDENTE.- Sobre los dictados de la conciencia está la Ley.

OBISPO DE TABASCO.- Yo entiendo por conciencia lo que nos dictan nuestros sentimientos y entiendo por ley un ordenamiento de la razón. Por consiguiente cuando mi conciencia me dice que una ley está contra la razón, tengo el derecho de seguir el dictado de mi conciencia y no sujetarme a esa ley porque no estando en la razón no puede ser ley. Naturalmente esto que con tanta franqueza expreso aquí no voy a decirlo a las masas ignorantes porque sería mal interpretado, pero aquí tenemos la necesidad de hablar con toda claridad, porque de otra manera no tendría ningún objeto esta entrevista.

SEÑOR PRESIDENTE.- Leyes son las que están consignadas en los Códigos, y tienen que ser respetadas, tienen que ser obedecidas.

OBISPO DE TABASCO.- El conflicto vino como ha venido porque no se había negado el derecho de hacer gestiones para que la Ley fuera reformada; pero ahora que usted nos dice que esa misma Ley señala un camino para llegar a tal fin, (quiero decir que ella confiesa que no llena las aspiraciones populares y reconoce que puede darse el caso de que dicha ley no corresponda a las aspiraciones populares). Vamos, pues, a cumplir con esa Ley y a hacer uso del derecho que usted no reconoce, pero ¿cómo? con la ayuda de usted, señor, porque sin ella nos sería imposible; si no trabajamos coordinadamente nos alejaríamos más y más y entonces los resultados serían nefastos, porque las pasiones se exaltarían y yo no he venido a (excitarlas) sino a echarle agua a la hoguera;creo que usted con la ecuanimidad por la que muy cordialmente lo felicito, nos ayudará con buena voluntad… y ojalá que lo hubiera publicado, que íbamos a ver quien había dado un ejemplo de ecuanimidad que habla muy alto de México en el mundo entero; le dije que en esta entrevista se quitarían muchos prejuicios, porque le repito que sus declaraciones son admirables en todos sentidos, ya que nos reconoce el derecho que como ciudadanos de este país nos asiste para que, haciendo caso a los dictados de nuestra conciencia, vengamos a decir a nuestro gobernante, “creemos que no estás en lo justo, tú que eres nuestro representante, debes seguir el camino que nos hará felices” y el gobernante, reconociendo nuestra razón y demostrando esa ecuanimidad que usted posee, no podrá menos que decirnos “voy a seguir el camino que tú me trazas, voy a seguir el camino que tú me señalas”.

OBISPO DE TABASCO: Yo creo que si de común acuerdo hallamos una buena manera de resolver las cosas, la Nación se sentirá feliz y piense usted en el lugar tan alto en que quedará colocado el nombre del gobernante que tal cosa haga.

SEÑOR PRESIDENTE: Pero no soy yo quien va a resolver el asunto; es de la competencia de las Cámaras, y con toda sinceridad les digo que yo estoy perfectamente de acuerdo con lo que marca esa Ley que ustedes tratan de reformar, puesto que satisface mis convicciones políticas y filosóficas.

OBISPO DE TABASCO: Muy bien, señor, yo lo respeto a usted; un hombre de convicciones tan firmes infunde respeto: un hombre con las características de usted merece ser admirado. Lo felicito y sigo adelante.
Las cámaras en su totalidad están formadas por elementos adictos a la política de usted; no hay quien pueda defender lo que nosotros presentemos a las Cámaras, porque como dijo antes están integradas por elementos que son enteramente adversos a nuestra manera de pensar; y aquí es donde necesitamos de la ayuda de usted; le presentaremos nuestros puntos de vista, usted los estudiará. No queremos que sea inmediatamente, y verá si conviene o no darnos ayuda; yo tengo el convencimiento de que el resultado sería magnífico.

SEÑOR PRESIDENTE: ¿Qué es lo que ustedes desean?

OBISPO DE TABASCO: Que la Cámara acepte la proposición; que la discuta y que nosotros podamos defenderla.

SEÑOR PRESIDENTE: Ustedes saben muy bien que la Ley no concede el derecho de tomar parte en las discusiones de las Cámaras a personas que sean ajenas a ellas.

OBISPO DE TABASCO: Pero tratándose de un caso tan extraordinario como este habría que buscar medios extraordinarios.

SEÑOR PRESIDENTE: Si se dirigen en tal sentido a las Cámaras, posiblemente se tome este asunto en consideración.

OBISPO DE TABASCO: Seguramente lo consultarán con usted.

SEÑOR PRESIDENTE: Ya les dije que no es asunto de la competencia del Ejecutivo sino de las Cámaras.

OBISPO DE MICHOACÁN: El asunto es difícil si no contamos con la ayuda de Usted. En Michoacán cuando se expidió la ley que fija el número de sacerdotes dirigí un atento oficio al señor gobernador del Estado, otro a cada uno de los diputados y otro al Congreso mismo, diciéndoles que me sometería a la ley, con todo que a mi juicio se mezclaba en asuntos de la Iglesia, pero pidiendo que permanecieran ejerciendo los sacerdotes que se encontraban en aquella época en Michoacán, toda vez que su número estaba de acuerdo con la Constitución, pues sólo existían ciento cincuenta sacerdotes teniendo el estado de Michoacán una población de un millón de habitantes, y necesitándose por lo tanto trescientos sacerdotes en lugar de los ciento cincuenta que ejercían. El pueblo de Morelia dirigió también un ocurso al gobernador, firmado por diecinueve mil hombres de Morelia y de todos los distritos del estado mandaron otro oficio con firmas de puros hombres y a pesar de aquello no se hizo caso, no hubo un solo diputado que hablara en nuestro favor. Dos de ellos dijeron que como eran católicos se abstenían de votar.

SEÑOR PRESIDENTE: Pues búsquese sus diputados dentro de las mismas Cámaras.

OBISPO DE TABASCO: No los encontramos, señor.

OBISPO DE MICHOACÁN: Yo me voy a permitir hacer una sugestión que en mi concepto podría atraer magníficos resultados: convocar a un referendum así como en Estados Unidos, cuando se trata de una cuestión palpitante se acude a tal recurso.

SEÑOR PRESIDENTE: En México no está establecido el referendum, y yo no puedo hacer nada que no esté consignado en la Constitución General de la República.

OBISPO DE TABASCO: Se podría proponer a la Cámara el referedum, o bien el otro camino relativo a la reforma de la ley.

SEÑOR PRESIDENTE: Ustedes tienen derecho a hacerlo.

OBISPO DE TABASCO: Nosotros le rogamos, SEÑOR PRESIDENTE, que si se le viene a calentar la cabeza no haga usted caso de esos chismes y nos apoye.

SEÑOR PRESIDENTE: ¿En qué sentido?

OBISPO DE TABASCO: Puede ser que le vengan a calentar la cabeza a decirle que lo que queremos es apoderarnos del poder, le vendrán a decir que los curas quieren acapararlo todo, cuando nosotros no queremos ningún poder; nosotros tenemos la misión de cooperar con el poder para hacer feliz a nuestra patria.

SEÑOR PRESIDENTE: Desgraciadamente eso no se ve. Les voy a hablar con toda franqueza, el clero en México no ha evolucionado; la mentalidad de nuestros sacerdotes es muy baja; no se han dado cuenta del movimiento de evolución que se está operando, y no solamente no han entrado en ese movimiento, sino que tratan de obstruccionarlo y naturalmente que tienen que ser arrollados. Esa es la verdad. Ustedes están perdiendo terreno a grandes pasos entre sus fieles, porque en el movimiento obrero que se está desarrollando, los sacerdotes católicos se han puesto abiertamente del lado de los opresores del trabajador.
Yo puedo presentarles el archivo de la Comisión Nacional Agraria en donde se pretende que en todos los lugares de la República en que se han hecho o se están haciendo dotaciones de tierras, el cura ha sido enemigo de tal dotación, y les ha estado aconsejando a los campesinos que deben rechazar la tierra que el gobierno les dá para su subsistencia y la de sus familias porque es un robo; les hablan de la condenación eterna de que venden sus conciencias por un miserable pedazo de tierra y los campesinos entonce, se ponen de parte de los hacendados y les aconsejan resignación, puesto que todos sus sufrimientos serán recompensados con la salvación eterna de su alma, comienzan a dudar de tal salvación y ven un enemigo en el cura que en todo tiempo se alía al hacendado para explotarlos más cruelmente.

OBISPO DE TABASCO: Ya ve usted, señor, cómo a pesar de su ecuanimidad cree usted todo lo que vienen a contar los enemigos de la religión católica. No es exacto que los sacerdotes sean enemigos de la dotación de tierras; al contrario, siempre aconsejamos a los que tienen en abundancia que deben ceder una parte a sus trabajadores. Con respecto a la mentalidad del clero debo decirle que si esto pasa se debe a las pocas facilidades que contamos para formar a nuestros sacerdotes.
Nuestra carrera es larga y penosa, y no tenemos recursos para poderla llevar a cabo. Yo tengo que quitarme el pan de la boca para poder formar a los sacerdotes de Tabasco; a algunos he tenido que mandarlos al extranjero; es un factor que hay que tener mucho en cuenta. Ahora el señor (dirigiéndose al OBISPO DE MICHOACÁN) y otros tienen sacerdotes formándose especilmente para cooperar a este movimiento del proletariado pero nuestros medios son pobres y necesitamos ayuda para poder formar un clero digno.

SEÑOR PRESIDENTE: Les voy a exponer un hecho demostrativo de lo que les decía, no se hagan ustedes ilusiones, les repito que están perdiendo a los campesinos. Si ustedes van a los archivos de mi Secretaría Particular verán que todas las agrupaciones de campesinos de la República han protestado su adhesión a mi gobierno con motivo del último conflicto religioso y considerando a los sacerdotes como sus enemigos; no solamente se han dirigido en este sentido los campesinos sino también todos los obreros organizados de la República.
Este movimiento no se quedará estancado; pues tengan ustedes la absoluta seguridad de que seguirá adelante desarrollándose rápidamente y arrollando todos los obstáculos que se le presenten.

OBISPO DE TABASCO: Me permito decirle que hemos girado circulares en apoyo de la repartición de tierras; esta circular tiene por objeto primero; decir que el poder público tiene el derecho a la expropiación de las tierras. Si el poder público abusa de ese derecho dando tierras sin necesidad y expropiando más de las necesarias, a nosotros no nos toca; él es el responsable; toda reclamación que la dirijan al poder público; segundo: quitar de la conciencia de los que necesitan esas tierras de que se trata de un robo. Tercero: impedirles dos cosas, que vendan su libertad y que vendan su conciencia, porque en muchas ocasiones al recibir las tierras les exigen cosas terribles, como ejemplo: por ningún título deberán dejar de pertenecer al Partido Socialista. Naturalmente los campesinos si les exigen esto prefieren no vender su conciencia por un pedazo de tierra. Por último cuando el gobierno crea llegada la hora de indemnizar a los propietarios, si esas indemnizaciones no parecen justas, no con el carácter de reclamación sino por equidad, deberán decir al propietario que como ellos consideran que la tierra vale cincuenta pesos, pongamos por caso, y como el Gobierno por tal o cual circunstancia sólo ha podido darles treinta, ellos, los campesinos, les darán los veinte restantes.
Volviendo al asunto del clero, me permito decirle que se ponga a considerar cuánto trabajo cuesta quitar el atavismo, y es por atavismo que proceden muchos de estos sacerdotes. ¿Y cómo remediar esto? Atendiendo a la cultura del clero, teniendo las facilidades necesarias para formarlo, de modo que nuestros centros de educación sean como deben ser, y verá como entonces le presentamos un clero culto y a la altura de las circunstancias.

OBISPO DE MICHOACÁN: Convénzase usted de que somos pobres. Es cierto que dicen que somos muy ricos, que yo tengo más de seiscientos millones de pesos, pero es mentira. En Michoacán no tengo más que dos casas: el obispado y una casita de campo que el señor Silva dejó a mi hermano. Eso es todo lo que tengo en Morelia. En León tengo tres casas: el Colegio Teresiano que está intervenido, otro colegio que tienen convertido en hospital y una casa que le vendí a un particular para el establecimiento del colegio. No tenemos recursos, andamos pidiendo aquí y allá, y en estas condiciones ¿cómo podremos formar al clero? Ahora, refiriéndome a la presión que los elementos católicos buscan de naciones extranjeras sobre el gobierno de México, presión provocada por el Papa, creo que no resulta en desdoro de nuestro gobierno, porque se trata en este caso de una institución internacional como lo es la Iglesia, ¿Quién toma a mal que la Confederación de Trabajo de Chicago o New York se interese, como se ha interesado, por los obreros de México?, naturalmente que siendo compañeros tienen que ayudar a sus hermanos de otras naciones. Con más razón una sociedad universal que tiene un jefe reconocido, tiene que prestarse ayuda y buscar la felicidad de la institución.

SEÑOR PRESIDENTE: Pero el Papa no tiene el más mínimo derecho de decir lo que ha dicho, o sea ordenar el desconocimiento de las leyes de este país y prohibir todo acto que pueda significar una aprobación de esas leyes.

OBISPO DE MICHOACÁN: Estos son actos de conciencia, señor presidente.

SEÑOR PRESIDENTE: Los actos de conciencia se juzgan en el curato; no es este el lugar apropiado para juzgarlos. Nosotros no vamos a admitir la intervención del Papa ni de nadie.

OBISPO DE MICHOACÁN: Con estas mismísimas palabras respondió Guillermo I, el creador del Imperio Alemán, cuando León XIII, recién elegido Papa, se dirigió a él. Las leyes de aquel Imperio eran muy parecidas a las nuestras y los católicos no podrían someterse a ellas. La respuesta de Guillermo I a León XIII fue que el Imperio no podía en manera alguna pedir licencia a un poder extraño para dictar los códigos que debían regir en el país. Sin embargo, al poco tiempo el primer triunfo de los católicos en Alemania fue que las escuelas de su religión fueran reconocidas con el mismo rango que las escuelas oficiales, y hasta se obtuvo que el Gobierno las pagara.

SEÑOR PRESIDENTE: Es preferible no tratar asuntos históricos, porque la historia de nuestro país resultaría un saldo muy triste para el clero de México.

OBISPO DE MICHOACÁN: Lo hago por citar antecedentes que apoyen mis argumentos, pues es natural que nos sintamos heridos por esa idea de que el Papa es un déspota. No, señor presidente, el Papa es el primero en allanar dificultades, es el primero en aconsejar la sumisión.

SEÑOR PRESIDENTE:Es en abstracto.

OBISPO DE TABASO: No señor, es en concreto. Ya ve usted cómo en el conflicto europeo todas las miradas se dirigieron al Vaticano. Naturalmente que al tratarse de un asunto que afecta tan directamente a la Iglesia, tiene la necesidad de tomar cartas en el asunto, toda vez que en el caso concreto del conflicto religioso en México, se trata de leyes opuestas a la conciencia popular.

SEÑOR PRESIDENTE: Pero pasa una cosa; el clero de México no sé por qué se cree autorizado para representar al elemento católico de todo el país.

OBISPO DE TABASCO: ¿En qué sentido?

SEÑOR PRESIDENTE: En todos los sentidos, siempre habla de la representación de quince millones de habitantes.

OBISPO DE TABASCO: Probablemente no sea éste el número, pero sí contamos con un contingente de millones.

OBISPO DE MICHOACÁN: Ciertamente que entre nuestro pueblo hay muchos que se dicen católicos porque oyen misa, pero no tienen la instrucción que deberían tener en su religión; pero si ellos se confiesan católicos, con ese solo hecho tienen que estar obligados a mantener tales o cuales principios de la sociedad a que pertenecen.

SEÑOR PRESIDENTE: Perfectamente, pero un porcentaje muy elevado de esos católicos está de acuerdo con las leyes del país, y eso lo van a ir viendo ustedes mismos.

OBISPO DE MICHOACÁN: Porque son ignorantes; no saben las consecuencias que tales leyes puedan acarrear a su religión.

OBISPO DE TABASCO: Desgraciadamente a nuestro pueblo le falta mucho para ser culto. La labor de usted que tiende a elevar el nivel intelectual de nuestro pueblo, es grandiosa y digna de todo elogio, pero al pueblo hay necesidad, para hacerlo culto, de decirlo no una parte de la verdad, sino toda la verdad. Por eso debe dejársele en libertad para que él escoja lo que se vaya adaptando mejor a sus aspiraciones.

OBISPO DE MICHOACÁN: Anoche leí un párrafo de un libro que se refiere al miedo que sienten los católicos para recuperar sus libertades, ¿por qué ese miedo? Esa Iglesia que supo perfectamente defenderse y establecerse durante el Imperio Romano, esa Iglesia que ha sabido soportar el absolutismo brutal de los gobernantes que imperaban en la época de su fundación; esa Iglesia que ha sabido soportar y sobrevivir a tales calamidades hasta recuperar sus libertades, no justifica el miedo que sienten los católicos. Y esa misma Iglesia, señor presidente, tenga usted la seguridad de que va evolucionando y reconociendo justicia al movimiento social que se desenvuelve dentro del orden.

SEÑOR PRESIDENTE: Sin embargo, ustedes han visto que los defensores de la Iglesia han ido a atacar rudamente al socialismo.

OBISPO DE MICHOACÁN: Efectivamente, están condenados por la Iglesia muchos actos del socialismo; pero es la misma en alabar sus tendencias de remediar todos los males y de sacar a los pobres obreros de la condición de esclavos en que los tenía sumidos el capital. Los actos que condena la Iglesia son los que tienden a mezclarse en cosas tan sagradas y delicadas como el hogar; el socialismo tiende a acabar con la familia, a acabar con la propiedad y la familia tiene que respetarse y tiene también que respetarse la propiedad privada. Salvo que estos principios de justicia, bueno está que hagan todo lo que quieran: la participación de utilidades, etc.

SEÑOR PRESIDENTE: Estos son asuntos que creo por demás discutirlos en esta ocasión.

OBISPO DE MICHOACÁN: He creído conveniente tocarlos para convencer a usted que la Iglesia no estorba al movimiento social ni a la labor del gobierno.

SEÑOR PRESIDENTE: Prácticamente está estorbando ambas cosas.

OBISPO DE MICHOACÁN: Pero es por falta de comunicación, y entendimiento entre nosotros. Si usted dijera “de tiempo en tiempo voy a cambiar impresiones con la Iglesia, voy a pedirle su influencia”, vería magníficos resultados, pues no hay medio mejor para llegar a las masas y unirse a ellas que la Iglesia.

OBISPO DE TABASCO: Si camináramos de común acuerdo encontraría usted un apoyo muy grande en su labor cultural, porque nuestros sistemas de misioneros son más eficaces que los del Gobierno. ¿Qué resultado han tenido las misiones del gobierno enviadas a la tribu tarahumara? Ninguno. Porque hay que partir de esto: que el que no sabe sacrificarse por el pueblo no hace nada por él; y el principio del misionero es precisamente el sacrificio. Al misionero con todos los derechos del hombre que pueda tener, hay que reconocerle la virtud de saberse sacrificar, como ninguno, por el indio.

SEÑOR PRESIDENTE: ¿Usted me pregunta cuáles son los resultados de estas misiones culturales? Muchos: primero, el estudio que se ha hecho de esa raza y luego el gobierno ha logrado, con los procedimientos que siguen, poner a los tarahumaras en contacto con la civilización. Los ha ido a auxiliar con alimentos, con ropa, en los momentos que se morían de hambre y de frío. Y dígame ¿qué han hecho los misioneros en tantos siglos? Absolutamente nada. Además, aun cuando el gobierno esté mandando misiones encargadas de sacar a esos indios de su condición actual, todo el mundo tiene derecho a que si los tarahumaras se están muriendo de hambre, solicitar la cooperación de todos los mexicanos para ir en su auxilio.

OBISPO DE TABASCO: Precisamente los misioneros que estaban allá recaudaban fondos para ayudarlos. Ahora, con el apoyo de esas misiones culturales la labor es más fácil. Además, si usted quisiera daría muy buen resultado que el grupo de los misioneros más cultos, pues hay distintos grupos, viniera ante usted y le hiciera sugestiones sobre los medios que debían implantarse para incorporar a los indios a la civilización moderna; usted entonces nombraría una comisión que cambiara los medios de las misiones culturales por los medios que la experiencia aconseja.

SEÑOR PRESIDENTE: Este asunto resultaría muy largo discutirlo; no debemos en estos momentos entrar en discusiones de esta naturaleza, y vamos a la parte esencial: hablando yo con el Licenciado Mestre sobre la entrevista que deseaban ustedes celebrar conmigo, le dije no tener inconveniente en acceder a ella, con objeto de que ustedes conozcan de una manera definitiva mi criterio que ya les expuse y que no es otro que el de que el actual gobierno de la república hará cumplir estrictamente las leyes, mientras que éstas existan tal como están, y que mientras el clero, valiéndose de procedimientos legales, busca la reforma de estas leyes, o las consigue, yo le exigiré que se someta a lo establecido por los códigos.

OBISPO DE TABASCO: Vamos a eso, pero, ¿qué no nos es dado presentar a usted algunas sugestiones que se nos ocurran para comenzar a trabajar? Por ejemplo: usted, desde el punto de vista del gobierno tiene el derecho de decir que los templos son de la propiedad de la Nación; pero para acabar de una vez por todas con esas dificultades, ¿no podría el gobierno decir que la cuestión del registro de los sacerdotes obedece única y exclusivamente a cuestiones de estadística? Es decir, el gobierno de México necesita saber quiénes son los encargados de esos templos ya que tiene también la necesidad de conocer a sus ciudadanos, usted no nos negará el derecho de sentirnos ciudadanos de México (puesto) toda vez que ésta es nuestra Patria.

SEÑOR PRESIDENTE: Pero no está de acuerdo con mi carácter decir algo que yo no siento; no puedo engañar al pueblo haciéndole creer que yo mismo dudo que esos templos sean de la propiedad de la nación.

OBISPO DE TABASCO: Muchas veces, señor presidente, por cuestiones de conveniencia es necesario callar determinadas cosas.

SEÑOR PRESIDENTE: Yo no puedo hacerlo de ninguna manera; yo sólo digo lo que siento, lo que está de acuerdo con mi criterio y procuro sujetar todos mis actos a la Ley. Cuando alguno de los periodistas extranjeros de los mismos que fueron a entrevistar a ustedes, vino a decirme los temores que el Clero tenía de que el gobierno se mezclara en asuntos de doctrina y de dogma, y que ese era el objeto a que obedecía el registro de los sacerdotes ante los ayuntamientos, dije con toda claridad que la cuestión de dogma y de doctrina no le interesaba al gobierno en lo más mínimo. El gobierno exige tal registro porque así lo manda la ley; siendo los templos de la propiedad de la Nación, el gobierno tiene que saber quiénes son sus encargados. Por una parte obedece a esta razón el registro, y por otra a cuestiones de estadística, de higiene, etc., pero, como ya les dije no puedo hacer una declaración pública en el sentido que ustedes lo quieren, para que se suponga que yo dudo del derecho que tiene la Nación a esos templos.

OBISPO DE TABASCO: Pero se ha ido estrechando tanto el registro, que ahora se exige como condición indispensable para ejercer el ministerio.

OBISPO DE MICHOACÁN: En la ley del estado de Michoacán se establece que queda a juicio de los presidentes municipales resolver quiénes deben y quiénes no ejercer el ministerio. Nosotros en Michoacán pedimos amparo contra la Ley y nos fue negado, recurrimos a la Suprema Corte y el asunto está durmiendo.

SEÑOR PRESIDENTE: Para estos casos las leyes señalan también el camino que debe seguirse para lograr el castigo de las autoridades que no cumplan con su deber.

OBISPO DE TABASCO: No por título de acusación, sino de historia, voy a contarle lo que me pasó en Tabaco. Cuando me hicieron el favor de devolverme los templos, estando Valenzuela en el Ministerio de Gobernación, el gobernador se negó rotundamente a hacer la devolución. ¿Quién es la Secretaría de Gobernación -decía- para ordenarme a mí? y hasta la fecha no he podido encontrar el camino para entrar al estado; y sin embargo, el gobernador no podrá decir que el obispo de Tabasco fue irrespetuoso o fue rebelde con él; no hice sino cumplir con mi deber y el resultado es que tengo que estar alejado de mi estado. De aquí el por qué de sernos tan útil hablar con usted, señor presidente; porque así usted nos informa lo que ignoramos y nosotros le informamos a nuestra vez lo que usted ignora.

OBISPO DE MICHOACÁN: Cuando hay buena voluntad se llega siempre a una buena inteligencia, voy a permitirme sugerirle una manera para que sin desdoro del Gobierno podamos conseguir lo que deseamos. No pedimos la derogación de la Ley porque sería demasiado; no queremos desconocer al gobierno, tampoco pedimos que diga usted que no va a hacer caso de esa Ley; sólo queremos que usted declare que los efectos de la Ley quedarán en suspenso mientras se reconsidera. En Michoacán acaba de pasar el caso de que habiendo expedido el Gobierno una ley de contribuciones que produjo agitación entre los habitantes, no se tuvo ningún inconveniente en suspender sus efectos mientras se reconsideraba. Si el gobierno federal hiciera otro tanto y nos dijera “vuelvan a sus templos, vamos a reconsiderar la Ley”, las dificultades quedarían desde luego allanadas.

SEÑOR PRESIDENTE: El ejecutivo no va a reconsiderar la Ley porque tal acto es facultad del poder Legislativo. Pero por lo que ustedes me dicen veo que se trata de amor propio. ¿Qué significa para el sacerdote de algún templo presentarse ante las autoridades municipales para registrarse?

OBISPO DE MICHOACÁN: Con anuencia del Papa no habría inconveniente en acceder al registro, pero no se trata nada más de eso, sino de la Ley en conjunto.

SEÑOR PRESIDENTE: Sí, la parte fundamental de la discusión comprende que se trata de que si los templos son o no bienes de la Nación.

OBISPO DE MICHOACÁN: No es sólo eso, sino que, como lo dijera un constituyente, la Constitución pretende desconocer enteramente a la Iglesia.

SEÑOR PRESIDENTE: La Constitución no reconoce personalidad alguna a la Iglesia.

OBISPO DE MICHOACÁN: Efectivamente así es, pero no sería en desdoro del gobierno que mientras las cámaras reconsideran la Ley, ordenara que las cosas quedaran como antes.

SEÑOR PRESIDENTE:Yo no puedo hacer lo que ustedes piden.

OBISPO DE MICHOACÁN: Con un poco de buena voluntad lo podría usted hacer.

SEÑOR PRESIDENTE: Todo el mundo me lo reprocharía, y ustedes son los primeros que se lo echan en cara a los gobernantes, pues en la carta que me escriben dicen que fulano y zutano no cumplieron con la Ley.

OBISPO DE TABASCO: No lo decimos a título de reproche, sino alabando la conducta de esos gobernantes.

OBISPO DE TABASCO: Al sujetar a la consideración de usted nuestra proposición, te