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Investigación Documental sobre la Virgen de Guadalupe

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El Antiguadalupanismo en México (1a. Parte)


*Reseña Histórica: Desde el Primer Imperio hasta la Guerra de Reforma
*Persecución Religiosa: La Constitución de 1857 y las Leyes de Reforma
*Reseña histórica: Desde el Segundo Imperio hasta el Porfiriato




A MODO DE INTRODUCCIÓN, podemos decir: «La Historia la escriben los vencedores»

Cualquiera que lea un libro de Historia de México editado por el gobierno, por la Secretaría de Educación Pública (S.E.P.), notará una tendencia en el juicio histórico que se inculca a la juventud mexicana en las aulas controladas por el gobierno. Esta tendencia incluye:
Aversión hacia los conquistadores españoles.- Elogio del grito de Independencia dado por Hidalgo en 1810.- Elogio de Vicente Guerrero y desprecio, cuando no odio, hacia Agustín de Iturbide.- Condena total a Iturbide, como traidor a la patria y tirano.- Elogio del partido liberal y de sus integrantes como Benito Juárez, Melchor Ocampo, Guillermo Prieto, Miguel Lerdo de Tejada, José María Iglesias, etc.- En contraparte, aversión y desprecio hacia el partido conservador y sus integrantes, como Lucas Alamán, Félix Zuloaga, Miguel Miramón, etc.- Elogio continuo hacia Benito Juárez y a las Leyes de Reforma.- Condena de la dictadura porfirista.- Elogio hacia los jefes revolucionarios Madero, Carranza, Zapata, Obregón.- Mutismo o ambigüedad sobre el conflicto religioso cuya etapa de más crisis fue de 1926 a 1929, y finalmente, elogio hacia los presidentes post-revolucionarios, principalmente Lázaro Cárdenas.

Es obvio que esta "educación" proviene de los pensadores liberales, quienes fueron a fin de cuentas los triunfadores del conflicto contra los conservadores en el siglo XIX, y quienes hasta el día de hoy dominan gran parte de los poderes en México. Es la izquierda, que ahora es políticamente representada por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido Revolucionario Democrático (PRD).

Sin embargo, existen también muchas y muy vastas obras históricas escritas por pensadores conservadores, pensadores creyentes, católicos y de derecha, y no sólo mexicanos, sino también extranjeros. Es otra forma de ver la Historia. Para este caso, yo recurro a ambas fuentes, las liberales y las conservadoras, las de izquierda y las de derecha, para tomar en cuenta ambos puntos de vista. Con toda honestidad añado que mi ideología religiosa, social y política es predominantemente de derecha, desde el momento en que soy católico.

En México ha habido, desde antes de la Independencia, aversión y persecución hacia la Iglesia, y el liberalismo del siglo XIX es netamente anticlerical. Siendo la Virgen de Guadalupe la devoción mariana más arraigada y extendida de México, era inevitable que los enemigos de la Iglesia atacaran también este ícono. Así que se va a estudiar en primer lugar cómo se atacó a la Iglesia en este periodo, y finalmente, qué relación tuvieron estos ataques con la Señora del Tepeyac.



Desde el Primer Imperio hasta la Guerra de Reforma

Bandera del Ejército Trigarante luego de la firma del Plan de Iguala
a esta bandera alude el Himno Nacional
cuando dice: "De Iturbide la sacra bandera"


-El final de Iturbide:

El emperador Agustín I fue depuesto por los mismos poderes que habían intentado impedir la Independencia de México, que habían pugnado por aplicar la Constitución de Cádiz. Con esa influencia detrás del Congreso Constituyente, Iturbide fue declarado traidor a la patria y fuera de la ley. Cuando Iturbide regresó en secreto a Tamaulipas, fue apresado y con la ley vigente, el congreso de Padilla lo sentenció al paredón, sentencia que se cumplió, como hemos dicho, el 19 de Julio de 1824. El encargado de fusilarlo, general Felipe Garza, dejó constancia de cómo desembarcó y murió Iturbide.
Constan por él las últimas palabras de Iturbide, y consta que Iturbide, al saberse proscrito y condenado, tuvo sólo dos preocupaciones; su familia y su patria. Para su familia pidió simplemente caridad y apoyo, y a la Patria le venía a advertir que España, apoyada por Inglaterra y Francia, preparaba una expedición contra México. Garza constata cómo Iturbide le dio indicaciones de los documentos donde podía hallar esos datos, y que inclusive a él le habían ofrecido dirigir la expedición invasora. Sus últimas palabras se conocen por el informe remitido por Garza al Ministro de Guerra, y por otro relato sin firma, ubicado en el Archivo Histórico Militar.

¡Mexicanos! En el acto mismo de mi muerte os encomiendo el amor a la paz y la observación de nuestra santa religión. Ella es quien os ha de conducir a la gloria. Muero por haber venido a ayudaros y muero gustoso, porque muero entre vosotros. Muero con honor, no como traidor. No quedará a mis hijos ni a su posteridad esa mancha. ¡No soy traidor, no! Guardad subordinación y prestad obediencia a vuestros jefes, que haciendo lo que os mandan es cumplir con Dios. No digo esto lleno de vanidad, porque estoy muy lejos de tenerla. [1]

Sobre esto comenta Ezequiel Chávez: "Las breves palabras que acababa de proferir no son ciertamente las que podrían esperarse de labios de quien se ha supuesto que venía a tratar de recuperar su trono. No excitó con ellas a los soldados para que desobedecieran a sus jefes, sino para que cumplieran lo que sus jefes mandaban aun cuando les mandasen que le quitasen a él la vida."[2]


-Guadalupe Victoria y Vicente Guerrero:

Ese mismo año de 1824, el Congreso dictaba una Constitución, por la cual México se constituía en república federal con el nombre de Estados Unidos Mexicanos, se reconocía como religión oficial a la católica y se dividía el poder en ejecutivo, legislativo y judicial.
Durante el mandato del primer presidente, Guadalupe Victoria, llegó a México Joel R. Poinsett, ministro plenipotenciario de los Estados Unidos, y cuya intervención en nuestra historia ha sido de las más nefastas: Poinsett introdujo las logias yorkinas a México, con lo cual el liberalismo quedó dividido y enfrentadas las logias yorkinas y escocesas. Bajo el liderazgo de Poinsett, los yorkinos dijeron al presidente Victoria que expulsara a los españoles del país, cosa que se hizo en 1829. Los escoceses se rebelaron militarmente con el pronunciamiento de Otumba por parte del teniente coronel Montaño. Los escoceses, mandados por Nicolás Bravo, se dirigieron a enfrentarse a los yorkinos comandados por Vicente Guerrero. Guerrero finalmente ganó, tras violar un armisticio. No obstante, en las elecciones, 11 legislaturas votaron a Manuel Gómez Pedraza para presidente, y sólo 9 apoyaron a Guerrero. Los yorkinos que apoyaban a Guerrero, entre ellos Poinsett, armaron el motín de La Acordada, por medio del cual Gómez Pedraza huyó del país y Vicente Guerrero asumió ilegítimamente la presidencia.

Durante el gobierno de Guerrero hubo mucha inestabilidad social y política, que sólo se mantuvo firme durante el intento de reconquista española de Isidro Barradas, mismo que aprovechó el vicepresidente Anastasio Bustamante para reclutar un ejército de 3 mil hombres en Veracruz. Las legislaturas y los gobernadores protestaron contra la intromisión de Poinsett en los asuntos internos del país, y Guerrero tuvo que solicitar al presidente norteamericano Andrew Jackson que ordenara a Poinsett volver a su país. Poinsett se fue, pero dejaba tras de sí 120 logias masónicas de rito yorkino para que continuaran su obra.
El 4 de diciembre de ese 1829 el vicepresidente Bustamante se levantó en armas con su ejército de Veracruz. El 14 de enero de 1830 el Congreso aceptaba el pronunciamiento de Bustamante y declaraba a Guerrero incapaz para gobernar. Guerrero intentó huir al Sur, pero fue traicionado por el marinero Francisco Picaluga, quien lo arrestó y lo entregó a las autoridades. Guerrero fue juzgado y fusilado el 14 de Febrero de 1831 en Cuilapan, Oaxaca.


-Persecución religiosa de Gómez Farías:

Después de Guerrero gobernó Bustamante, quien sin embargo no iba a durar mucho, pues una rebelión encabezada por Antonio López de Santa Anna lo quitó del poder, y después de un corto periodo donde Gómez Pedraza fue presidente interino, y el 30 de marzo de 1833 las legislaturas votaron por presidente a Santa Anna y por vicepresidente a Valentín Gómez Farías, otro yorkino.
Por enfermedad de Santa Anna, Gómez Farías asumió temporalmente la presidencia, y empezó con una serie de actos y decretos anticatólicos: se arrogó el derecho de nombrar y destituir obispos, decretó la exclusión de clero de la enseñanza y en Octubre, la supresión de la Universidad de México. Secularizó y expropió las misiones de California, se prohibieron las peregrinaciones y se expulsó a los obispos de Durango, Linares, Chiapas y Michoacán. Con semejantes medidas se revivía el anticlericalismo de la expulsión de los jesuitas en 1767 y la transitoria aplicación de las Leyes de Cádiz en 1820.
A partir de los abusos y desmanes cometidos por Gómez Farías, Santa Ana decidió volver al escenario, presentándose como salvador del pueblo. Revocó las leyes jacobinas dictadas por Gómez Farías, levantó el destierro a los obispos y restableció la Universidad de México.
Lo de Gómez Farías fue sólo un aviso, de lo que eran capaces de hacer los enemigos de la Iglesia.


-Santa Anna y la Guerra de Texas:

Al finalizar la Independencia, el territorio de Texas, al norte de México, era parte del nuevo país; allí habían estado los misioneros franciscanos, y los indios en general preferían a colonos españoles que a colonos ingleses o estadounidenses, pues los españoles tenían la política oficial de civilizar al indio y no exterminarlo como los norteamericanos -estos últimos con su Destino Manifiesto-.

En 1813 por la Constitución de Cádiz se secularizaron también las misiones de Texas, con lo que la propia autoridad española en el territorio disminuyó considerablemente.
En 1821 Stephen Austin llegó a Texas con un grupo de colonizadores norteamericanos, después de él venían otros más, atraídos por la fama de Texas. Los esclavistas del Sur tenían a Texas en la mira para añadir un estado esclavista más a la Unión Americana, a pesar de que las leyes mexicanas prohibían la esclavitud.

En 1835 por fin estalló la rebelión, los colonos estadounidenses ya eran suficientes como para desafiar a México. Y cuando al mando de Samuel Houston se proclamaron independientes, el general Santa Anna partió hacia el norte con 3 mil hombres. En marzo de 1836 Santa Anna llegaba a El Álamo, donde se habían atrincherado los rebeldes texanos dirigidos por Travis y Bowie.
A la señal de Santa Anna, los mexicanos atacaron, y en una hora y media aniquilaron a los defensores y tomaron El Álamo, de ahí el grito de guerra texano ¡Remember the Alamo!. Luego Santa Anna fue tras Houston, quien había reunido más hombres, pero el 21 de abril de 1836, mientras Santa Anna y su ejército descansaban cerca del río San Jacinto, los texanos atacaron por sorpresa y derrotaron a Santa Anna, quien fue llevado prisionero ante Houston. Unos días más tarde, en Velasco, junto al Golfo de México, Santa Anna firmaba los Tratados de Velasco, que equivalían a reconocer la independencia de Texas.
Enterado de esto, el Congreso de México rehusó comprometerse a respetar ese tratado, firmado sin su autorización, y ordenó la concentración de tropas al norte del río Nueces. Hasta febrero de 1837 Santa Anna regresó a México.
Dentro de este apartado, mencionaré al ridículo conflicto de 1838 entre Francia y México, donde los franceses exigieron que se indemnizara a ciudadanos franceses que habían sufrido pérdidas durante las revueltas militares, entre ellos un pastelero que reclamaba 60 mil pesos. Al corto conflicto se le ha llamado ahora La Guerra de los Pasteles. Finalmente México pagó la indemnización.


-La Invasión Norteamericana:

El gobierno dictatorial de Santa Anna lo hizo impopular, y después de varias revueltas, en 1845 fue desterrado. El nuevo presidente fue José Joaquín Herrera, quien intentaba hacer política pacífica, dado que cada vez se veía más inminente un conflicto armado contra los Estados Unidos. Los norteamericanos se habían interesado poco a poco en territorios mexicanos, desde que ocuparon la Luisiana, comprada a Napoleón Bonaparte, en 1803, y luego, cuando supieron que el insurgente Miguel Hidalgo les pedía ayuda para independizarse de España. Después de la Independencia de Texas, y visto que México no parecía pretender recuperarla, los texanos sencillamente afirmaron que su frontera con México era el río Bravo y no el río Nueces más al norte. México advirtió que consideraría cualquier paso de norteamericanos al sur del río Nueces como una invasión al territorio nacional. En contraparte, los Estados Unidos advirtieron que considerarían hostil el paso de tropas mexicanas al norte del río Bravo (o río Grande).
El presidente James Polk ordenó al general Zachary Taylor que avanzara con sus tropas al sur del río Nueces. Mientras tanto, Herrera había dado ordenes al general Mariano Arista de ocupar la zona entre los ríos Bravo y Nueces. Los ejércitos se encontraron en Palo Alto y Arista fue derrotado. La Guerra entre Estados Unidos y México había empezado, aunque para los mexicanos era cuestión de defender un territorio que era legítimamente suyo, y mantenerse a la defensiva, para los yanquis, en cambio, la guerra consistía en invadir un territorio ajeno y arrebatárselo por la fuerza a un país pacífico, de ahí que la Historia Mexicana llama "invasión norteamericana" a este periodo, mientras que la Historia Estadounidense la llama "guerra mexicana".
Los mexicanos una vez más confiaron en Santa Anna, quien volvió en 1846 y se dispuso a hacer frente a los gringos, marchando con un ejército hacia el norte. Para entonces, Polk pretendía frenar el ascenso político de Taylor, y le ordenó permanecer estático [3], mientras que enviaría una expedición a invadir México por Veracruz, al mando del general Winfield Scott. Santa Anna no se preocupó, y prefirió atacar a Taylor en La Angostura, en el rancho de Buena Vista, al norte de Saltillo. A pesar de que los mexicanos superaban por tres a uno a los yanquis, la posición de éstos era favorable y su artillería era superior. Finalmente, con un resultado incierto, Santa Anna optó por retirarse, mientras que Taylor, en vista de que Scott ya estaba atacando por el sur, se retiró también.

El 29 de marzo de 1847 Winfield Scott desembarcaba en Veracruz, y avanzaba por la ruta de Cortés. Derrotó sucesivamente a los mexicanos en Cerro Gordo, Molino del Rey y Churubusco. Tomó Puebla y finalmente llegó a la ciudad de México, que todavía ofreció resistencia con la batalla de Chapultepec, donde numerosos cadetes del Colegio Militar perdieron la vida, entre ellos los famosos "Niños Héroes" (sus nombres: Juan de la Barrera, Juan Escutia, Francisco Márquez, Vicente Suárez, Fernando Montes de Oca y Agustín Melgar). Pero después de esto, los norteamericanos ocuparon la capital, donde la población los recibió con aguacates y piedras mientras desfilaban. El soldado que izó la bandera de las barras y las estrellas en Palacio Nacional fue fulminado por un francotirador.
Santa Anna atacó a la guarnición yanqui de Puebla, pero fracasó y cuando el gobernador de Oaxaca, Benito Juárez, le negó refugio, Santa Anna huyó del país nuevamente.

El 2 de febrero de 1848 se firmaba el Tratado de Guadalupe-Hidalgo, que ponía fin a la guerra. Se ratificaba la independencia de Texas, y se entregaba a los Estados Unidos el territorio de Nuevo México, Colorado, Arizona y California. A cambio, Estados Unidos pagaba quince millones de dólares a México, que perdía con ese tratado más de la mitad de su territorio. De este acto, que puede con justicia llamarse ROBO, se origina la aversión tradicional que México siente hacia los Estados Unidos, quienes a su vez ahora se saben invadidos por migrantes latinos, los cuales representan una fuerza laboral considerable en su país.


-Hacia la Guerra Civil:

Después de un corto periodo de Manuel De la Peña y Peña, vino nuevamente José Joaquín Herrera, y luego los grupos liberales llevaron al poder a Mariano Arista, siendo su rival en las elecciones Nicolás Bravo, quien había encabezado la defensa de Chapultepec. Pero dado el descontento general, Arista renunció en 1853, y después de dos presidentes insignificantes, la Casa Blanca apoyó el regreso de Santa Anna, ya que, pese a que los había combatido en el pasado, era fácil negociar con él -había cedido Texas y ahora les iba a vender el territorio de La Mesilla-. Santa Anna volvió pues, del destierro, para ser presidente por última vez.
Santa Anna vio que ambos partidos (liberales y conservadores), estaban desorganizados, lo cual aprovechó para instalar una dictadura absolutista, adoptando el tratamiento de "Alteza Serenísima". La venta de la Mesilla (una franja de territorio al norte de Sonora) a los Estados Unidos representó un antipatriotismo a los ojos de la población en general, y los liberales, más organizados, decidieron aprovechar el momento para destronar a Santa Anna, quien no gobernaba ni para ellos ni para los conservadores.
Así que la Revolución de Ayutla de 1854 no tenía el "glorioso" propósito de liberar a México, sino de esclavizarlo más con leyes antirreligiosas. Este movimiento iniciado por el cacique liberal Juan Álvarez contra el gobierno santannista, estableció un plan de gobierno, llamado Plan de Ayutla, donde se ve todo el ponzoñoso anticatolicismo de los liberales. El Diario Oficial con fecha 18 de abril de 1854 publicaba los artículos del plan, dentro de los cuales estaban los siguientes:

3.- El partido reconoce la necesidad del culto católico, pero al mismo tiempo desea el desarme del clero como potencia civil y espera establecer al fin que los clérigos, a imitación de su divino maestro, y de los apóstoles, no podrán tomar ningún participio en los negocios políticos.

4.- La intervención de la autoridad civil en los matrimonios, divorcios, bautismos y entierros y prohibición de que la autoridad eclesiástica proceda a estos actos sin el visto bueno de la civil.

5.- ... todos los bienes que vienen del clero, oran sean de fincas rústicas o urbanas, ora de capellanías, fundaciones piadosas y cualesquiera otros títulos o ya, finalmente, de diezmos, mandas, limosnas y derechos parroquiales y obvenciones de todo género pertenecerán al Estado, el cual será dueño de bajar la cuota de estas últimas o de suprimirlas del todo, según lo juzgue conveniente.


La confirmación de estas palabras está también en el primer tomo de Obras Sueltas de José María Luis Mora. Por lo tanto, el movimiento de Ayutla sólo preparaba el escenario para una guerra sin cuartel, fratricida, entre liberales y conservadores.

Derrocado, Santa Anna huyó finalmente del país para no volver, irónicamente en un barco llamado Iturbide. El presidente fue Juan Álvarez, y entre sus colaboradores liberales se contaba a Benito Juárez, Ignacio Comonfort, Melchor Ocampo, Miguel Lerdo de Tejada, José María Iglesias y Guillermo Prieto.
El 11 de Diciembre de 1855 Álvarez renunció para volver a su cacicazgo en el sur, y ocupó la presidencia Ignacio Comonfort, bajo cuyo gobierno se inició una campaña de cuentos escandalosos contra la Iglesia. El 25 de Junio de 1856 Miguel Lerdo de Tejada, ministro de Hacienda, elevó a categoría de Ley un proyecto con el que se restringían los derechos de las corporaciones religiosas, no se les permitía la posesión de bienes raíces y se les prohibía la adquisición de bienes inmuebles. La Ley Juárez y la Ley Iglesias no fueron más que preparatorias del siguiente golpe de los enemigos de la Iglesia. El 12 de Mayo por órdenes del presidente Comonfort fue detenido el sr. obispo de Puebla, Mons. Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos, acusándolo de cargos falsos que sin embargo el obispo refutó. No obstante, fue desterrado.
El 17 de septiembre un decreto del gobierno suprimía el convento de franciscanos de la ciudad de México.
Con todos estos preparativos, Comonfort decidió convocar a un Congreso Constituyente: la promulgación de la Constitución iba a ser el detonante de la Guerra Civil.




Persecución Religiosa: La Constitución de 1857 y las Leyes de "Reforma"

"La Constitución de 1857"
Alegoría de Petronil Monroy (siglo XIX)


-Constitución=Guerra:

El 5 de Febrero de 1857 los diputados del Congreso liberal firmaban la Constitución de 1857. Ésta, a diferencia de la de 1824, ya no reconocía como religión oficial a la católica. Esto por sí mismo no significa "persecución", pero dejaba el camino libre para la misma.
El padre Mariano Cuevas comenta algunos puntos de los artículos constitutivos: El 3º dice "la enseñanza es libre"; y esta ambigüedad permitía enseñar cualquier cosa, y si primero se toleraba también la enseñanza religiosa, pronto estallaría la intolerancia. Su artículo 4º otorga libertad a "todo hombre" para abrazar la profesión que quiera y disponer a su gusto del producto de su trabajo, pero al mismo tiempo el 27º negaba a toda "corporación civil o eclesiástica" el derecho de adquirir bienes raíces, con lo que violaba su propio artículo 4º, que daba libertad para disponer del producto del trabajo.
El artículo 7º establece la libertad de impresión, aboliendo todo tipo de censura, incluida la eclesiástica. La opinión católica, que no era sino la opinión nacional, quedó sintetizada con una protesta del obispo de Michoacán, Clemente de Jesús Munguía, contra 12 artículos de la Constitución. [4]

Cuando quedó claro que el gobierno de Comonfort no estaba dispuesto a atender las demandas del pueblo, estallaron pronunciamientos por todas partes, que desembocaron con una rebelión en toda regla, al proclamar el general Félix Zuloaga el Plan de Tacubaya [5]. Confuso y asustado, Comonfort optó por aliarse al Plan, lo que equivalía a darse un golpe de estado a sí mismo. El 11 de Enero de 1858 por un pronunciamiento era desconocido Comonfort y en su lugar asumía la presidencia Félix Zuloaga. Fue entonces cuando el presidente de la Suprema Corte de Justicia, Benito Juárez, alegó derecho a suceder a Comonfort, y la guerra estalló, con dos bandos nuevamente: liberales contra conservadores.

Ambos bandos buscaban el reconocimiento por parte de Estados Unidos, y en principio, el Cuerpo Diplomático extranjero, incluyendo al ministro plenipotenciario estadounidense, John Forsyth, reconoció al gobierno de Zuloaga, ya que Juárez se había proclamado presidente ANTES de la renuncia de Comonfort, y sin rendir protesta. Al abandonar el país sin licencia del Poder Legislativo, en mayo de 1858 para ir a Nueva Orleans, incurría en otro desacato que le anulaba lo poco que pudiera quedarle de derecho presidencial.
Pero el apoyo estadounidense no le iba a salir gratis a ningún bando.
El presidente estadounidense James Buchanan simpatizaba con el bando liberal, pero en vista de que los conservadores tenían más apoyo popular y controlaban casi todo el país, Estados Unidos decidió reconocer al gobierno de Zuloaga, y el ministro Forsyth, ofreció a Zuloaga 25 millones de pesos por los territorios de Baja California, Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas. El arreglo convenía a Zuloaga, dada su necesidad de fondos, además de que aceptando se ganaba el apoyo total de Buchanan. Pero Zuloaga rechazó el convenio, añadiendo que su falta de recursos no justificaba semejante entrega de territorio. [6]

Ante tal negativa, Forsyth se fue de México y unos meses más tarde se presentaba su sustituto Robert McLane en Veracruz, lo cual implicaba un desconocimiento implícito del gobierno de Zuloaga, y reconocimiento del de Juárez. En el interín, los Estados Unidos ya habían decidido apoyar al bando liberal. Sólo que tampoco para Juárez iba a ser gratis el apoyo.


-Juárez y el Tratado McLane-Ocampo:

Al licenciado Benito Juárez la Historia Oficial lo considera un ejemplo a seguir, con el rimbombante apodo de "Benemérito de las Américas" su figura está en billetes, estatuas, nombres de escuelas, de parques, de avenidas, de poblaciones, etc. Yo durante un tiempo creí también que Juárez era una gran figura, pero a la luz de los hechos históricos mi ilusión se vino abajo: Juárez no fue el "benemérito" que pinta la Historia Oficial, y si hubiera tenido un poco más de suerte, hubiera tenido más derecho que el propio Santa Anna al título de "vendepatrias".

En febrero de 1859 estaba en Veracruz un enviado de Buchanan, Mr. William Churchwell, quien acordó con el gobierno juarista un Protocolo que establecía lo siguiente:

-Cesión de Baja California a Estados Unidos, con una indemnización a determinarse.
-Derechos de tránsito comercial y militar para los norteamericanos, de El Paso, Texas a Guaymas, y del Río Bravo a Mazatlán.
-Derecho de vía perpetuo a través del Istmo de Tehuantepec.
-Una parte de los fondos por indemnizaciones sería abono de la deuda mexicana. [7]


En abril llegó Robert McLane, quien venía a ratificar el Protocolo y a redactar un memorándum. Un Tratado entre Estados Unidos y el partido liberal de México, que firmaron McLane y Melchor Ocampo, y que ratificaba la venta de La Mesilla a EEUU, y concedía el paso a perpetuidad por el Istmo de Tehuantepec a los yanquis, paso de Nogales a Guaymas y de Camargo y Matamoros hasta Mazatlán, posibilidad de garantizar el paso con tropas norteamericanas sin previa autorización del gobierno mexicano, y finalmente, 4 millones de pesos para Juárez; cuyo gobierno reconoció Buchanan el 6 de abril. Juárez contestó a McLane que se esforzaría "... en merecer la confianza que Vuestra Excelencia manifiesta de que mi administración consolidará entre nosotros los grandes principios de la libertad constitucional".. Ante semejante "tratado", ya no podían los liberales negar a los conservadores el derecho de buscar también apoyo en el extranjero. [8]

Y si México se salvó de ver aplicado el ignominioso pacto, fue gracias a los legisladores yanquis de los estados del Norte, que vetaron el Tratado, que podía fortalecer a los estados esclavistas del Sur (el propio Buchanan era del Partido Demócrata, y por lo tanto esclavista).
[Clic aquí para descargar el Texto Completo del Tratado McLane-Ocampo]

No faltan, empero, versiones de la Historia contadas por liberales, que minimizan el episodio, buscando justificar casi cualquier cosa que hiciera el gobierno de Juárez. [9]


-Las llamadas "Leyes de Reforma":

A pesar de que legalmente no era presidente, Juárez actuaba como si lo fuera, y así desde Veracruz inició el decreto de las "Leyes de Reforma".
La mayoría de los mexicanos desconoce hoy día en qué consistieron esas Leyes, que en los libros escolares son exaltadas como grandes logros de Juárez por los que merece ser reconocido. Y la Historia Oficial que se enseña en esos libros, resume rápidamente diciendo que "estipulaban la separación de la Iglesia y el Estado". Ahora veremos que eran mucho más que eso:

El 12 de Julio de 1859 se expedía la "Ley de nacionalización de los bienes del clero regular y secular". En ella Juárez inicia acusando (falsamente) al clero de promover la guerra civil, y dispone que los bienes del clero sean expropiados en favor del gobierno; además el artículo 15 ofrecía dinero a las monjas de claustro a cambio de dejar el convento, entre otras disposiciones.

El 28 de Julio se expedía la Ley del Registro Civil, que sencillamente establecía los parámetros con los que el gobierno autorizaría los matrimonios y los divorcios.
El 2 de Febrero de 1861 la Ley de Secularización de Hospitales y centros de Beneficiencia, y el 26 de Febrero de 1863 la Ley de Extinción de las Comunidades Religiosas, que declaraba contrarios a la ley los votos religiosos, mentía descaradamente diciendo que en "toda la República" estaba la opinión de que no subsistieran las comunidades religiosas, y se suprimían los conventos.
Se pueden descargar, para consultarlas, las tan cacareadas "Leyes de Reforma".

Las "Leyes de Reforma" fueron concebidas y elaboradas por los Enemigos de la Iglesia Católica, entre ellos el liberalismo y la masonería, "leyes" que, como puede verse, no tenían otro fin que perseguir a la Iglesia, quitarle la influencia que tenía en la sociedad y así debilitar la misma fe católica. So pretexto de "desamortizar" los bienes del clero (¡cómo si esos bienes estuvieran "muertos"!), se quitaron escuelas, hospitales, camposantos y centros de atención controlados por el clero, que lejos de ser "bienes muertos", estaban al servicio de la sociedad.
Y es realmente paradójico que con todas esas confiscaciones y esa "desamortización", el gobierno de Juárez no haya tenido dinero para pagar la deuda externa -lo que iba a desencadenar una nueva intervención extranjera-.


-La victoria de los liberales:

Los ejércitos que protagonizaban la lucha en 1858 eran el liberal de Santos Degollado y el conservador de Miguel Miramón. De Degollado consta que favorecía una guerra basada en destrucción y en masacre [10]. Pero ya para entonces Buchanan había tomado partido abiertamente por el bando juarista, y teniendo en contra a los Estados Unidos, el bando conservador no podía tener muchas esperanzas.
Por un pronunciamiento, los generales Echegaray y Robles derrocaron al presidente Zuloaga, y obligaron a Miramón a volver a la capital a combatirlos, dando oportunidad así de retirarse a las ya derrotadas tropas de Santos Degollado. Miramón controló la revuelta, pero Zuloaga ya se sentía cansado y abatido, y lo nombró su sucesor el 31 de enero de 1859. [11]
Con 4 mil hombres Miramón fue a poner sitio a Veracruz, donde se hallaba refugiado Juárez. En abril de 1859 Santos Degollado atacó Ciudad de México, y Miramón tuvo que aflojar un poco la presión sobre Veracruz y volver a la capital, pero ahí se encontró con que Degollado había sido ya vencido por Leonardo Márquez, quien había fusilado a varios prisioneros, llamados "los mártires de Tacubaya" por la Historia Oficial. La crueldad de Márquez era innecesaria y se lo siguen reprochando los propios historiadores de derecha. Pero tampoco por este episodio podían los liberales reclamar laureles de blancas palomas. Los liberales también hicieron "mártires" a muchos conservadores, en Zacatecas y Guadalajara, donde muchos prisioneros murieron por órdenes de Santos Degollado, como Antonio Landa, Pedro Gallardo, Agustín Dreschi, Francisco Aduna, Blancarte, Moncayo y Manuel Piélago.

Mientras tanto, en Veracruz, Juárez conferenciaba con McLane y se establecían las condiciones del ominoso tratado McLane-Ocampo; al mismo tiempo, Juárez expedía la ley de nacionalización de bienes eclesiásticos en Julio.
Pero el país estaba prácticamente en manos del bando no-masónico, y Miramón dominaba todos los puertos del Golfo y el Pacífico a excepción de Veracruz. Una concentración en la Villa de Guadalupe el 7 de Enero de 1860 puso de manifiesto la creencia nacional en la victoria conservadora.
Para desgracia del país, aun en su reducida posición, Juárez seguía contando con el apoyo estadounidense, el cual se concretaría pronto. Miramón sitiaba Veracruz por tierra, y compró dos barcos, el Miramón y el Marqués de La Habana, que envió a bloquear el puerto para impedir el escape a Juárez.
Juárez respondió catalogando de "piratas" a los buques y corrió de inmediato a pedir ayuda a Mr. Twyman, el cónsul norteamericano. Para éste -que ya tenía instrucciones de su gobierno- fue evidente que el conflicto estaba en su momento más crítico, y que la intervención yanqui debía venir Ahora o Nunca. Se giraron instrucciones rápidas, y tres barcos de guerra norteamericanos, el Saratoga, el Wave y el Indianola, con la bandera de Estados Unidos, atacaron a los barcos conservadores (en aguas mexicanas) y los capturaron (6 de marzo de 1860), bajo el pretexto de que "eran piratas". Este suceso, ocurrido en Antón Lizardo, fue una intervención extranjera en asuntos nacionales, pedida y obtenida por Juárez. [12]
¿Con qué cara puede, pues, quejarse la Historia Liberal de que a su vez los conservadores respondieran buscando apoyo en el extranjero?

Los sucesos de Antón Lizardo marcaron el declive del poder conservador. Miramón tuvo que levantar el sitio de Veracruz y marchar hacia el interior, donde los liberales concentraron 7 mil hombres en Silao a las órdenes del general Jesús González Ortega. Miramón se le enfrentó con sólo 3 mil hombres y fue completamente derrotado. (Pero notó e hizo notar la presencia de armamento y asesores norteamericanos en el ejército liberal).
En pocos meses los conservadores perdieron todo el país, a excepción de México y Puebla, y González Ortega avanzó sobre la capital con 16 mil hombres. Miramón tuvo que salir a combatirlo, para no verse sitiado en México, y le dio batalla en las lomas de Calpulalpan el 22 de diciembre de 1860. Superado por dos a uno, Miramón fue vencido y retrocedió hasta Veracruz, donde se embarcó para Europa.
Los liberales, apadrinados y apoyados militar y económicamente por los Estados Unidos, habían ganado; y el 11 de Enero de 1861, el que se nombraba presidente, Benito Juárez, entraba en la capital de la República.




Desde el Segundo Imperio hasta el Porfiriato

Maximiliano y Carlota
emperadores de México


-Tres potencias amenazan a México:

Aunque victorioso, el gobierno liberal de Juárez dominaba un país empobrecido por la guerra, y la administración de los bienes del clero, supuestamente para "desamortizarlos", parecía que los había desaparecido, pues no había recursos para pagar la deuda externa.
Así que el 27 de Julio de 1861 Juárez decretó la suspensión de pagos de la deuda externa; lo que hizo sospechar a Inglaterra y España de una insolvencia gubernamental. Se les unió Francia, y las tres potencias celebraron una Convención en Londres donde acordaron enviar una expedición militar conjunta a fin de obligar a México a pagar la deuda. Intervenir de ese modo implicaba violar la Doctrina Monroe, pero los Estados Unidos estaban divididos por la Guerra de Secesión, estallada a principios de ese año, y no podían oponer resistencia a la intervención europea. A las tres potencias les convenía que el Sur ganara, cosa que parecía probable, dada la victoria confederada en Fort Sumter (12 de abril) y la más espectacular en Bull Run (21 de julio).

El 17 de Diciembre de 1861 desembarcaban en Veracruz 6 mil soldados españoles procedentes de Cuba, el 9 de Enero de 1862 llegaron 2600 franceses y finalmente 800 elementos británicos. España representada por el general Juan Prim, Francia por Alphonse Dubois de Saligny, e Inglaterra por Sir Charles Wyke. Hasta el 19 de Febrero llegó a Veracruz el ministro de Relaciones Exteriores del gobierno juarista, Manuel Doblado, quien conferenció con los tres representantes en el pueblo de La Soledad. En la reunión sostenida ahí, Prim manifestó que España reconocía al gobierno de Juárez, mientras que Dubois de Saligny se mostró renuente.
Una nueva conferencia en Orizaba demostró a Inglaterra y España las intenciones francesas de hacer algo más que cobrar la deuda, e implantar una monarquía en América. Ante eso Wyke y Prim se pusieron de acuerdo, y decidieron rápidamente: Gran Bretaña se retiraba, pero recibía garantías del pago de deuda por casi 70 millones de pesos con un interés del 6% anual. España se conformó con la promesa de pago, y con el reconocimiento juarista del Tratado Mon-Almonte, firmado por los conservadores, que estipulaba justicia para españoles asesinados en revueltas anteriores: Así Juárez se enfrentaba solamente contra Francia. Esta guerra, sin embargo, representaba nuevamente el choque entre liberales y conservadores.

A esas alturas ya era casi imposible que ambos bandos -que llevaban cuatro décadas luchando-, se sustrajeran del todo a la ayuda extranjera, y en este caso, o se estaba con el bando anticlerical cuya ayuda provenía de Estados Unidos y que había salvado a Juárez con la acción de Antón Lizardo, o se estaba con la expedición francesa que apoyaba al partido conservador.
Tal vez si los conservadores hubieran confiado más en sí mismos, hubieran podido concretar una alianza con Napoleón III más discreta, consistente solo en armas y dinero como los que Juárez recibía de Estados Unidos. Pero la situación se dio de otra manera, y esto confirió a Juárez lauros de "defensor de la patria" ante fuerzas extrañas, siendo que él mismo era sostenido a su vez por fuerzas igualmente extrañas, pero menos evidentes.


-Ofensiva Francesa:

Francia y México ya estaban en guerra, y llegaron a Veracruz más refuerzos, con los que las tropas francesas sumaron 6 mil hombres, regresaban además varios conservadores desterrados. El general Conde de Lorencez, comandante de la expedición, era un soberbio, que creía a los europeos superiores en temple y en moral a los mexicanos, y se creía ya dueño de México cuando empezó a avanzar hacia el centro del país. A Juárez no le quedaba más opción que intentar detener al invasor, y así envió a Las Cumbres al general Ignacio Zaragoza con el Ejército de Oriente.
Después de unas escaramuzas -que pusieron de manifiesto la superioridad numérica y técnica de los franceses-, los mexicanos cedieron posiciones al oeste de Orizaba y se retiraron hacia el centro, tuvieron que evacuar Quecholac y Amozoc, y finalmente retrocedieron hasta la ciudad de Puebla. Ahí, ocupando las elevadas posiciones de los fuertes de Loreto y Guadalupe, el general Zaragoza decidió presentar batalla.
En la mañana del 5 de Mayo los franceses llegaron a Puebla y atacaron. El zuavo francés era considerado el soldado de mayor calidad a nivel mundial -los mejores soldados del mundo-; pero Lorencez despreció torpemente la ayuda conservadora, y su táctica ofensiva subestimaba a los juaristas defensores de Puebla; sus tres ataques fueron rechazados duramente por los mexicanos, que demostraron su valía como soldados cuando se les dirigía acertadamente. La Batalla de Puebla acabó con una brillante victoria mexicana, con el doble mérito de haber sido lograda por un ejército inferior en número e inferior en prestigio.
Ahora la ciudad de Puebla ostenta el nombre oficial de "Heroica Puebla de Zaragoza", nombre que resulta más sarcástico que honorable, si consideramos que los poblanos colgaron señales de luto ante la derrota francesa. [13]

Este revés retrasó los planes de Napoleón III por un año, pero finalmente 28 mil hombres al mando del general Forey reanudaron la ofensiva y después de un sitio de dos meses, Puebla capituló el 17 de Mayo de 1863, y la ciudad de México cayó el 4 de Junio, mientras Juárez y su gabinete se retiraban a San Luis Potosí, no sin que Juárez expidiera un decreto el 26 de Febrero que suprimía a los conventos de religiosas de todo el país. La medida, impolítica e impopular, resultó en apoyo de parte del pueblo católico a la intervención extranjera.


-El Imperio de Maximiliano:

Con la capital en su poder, Napoleón III ya podía instalar un Imperio en México. Le animaba además la evolución de la Guerra de Secesión, donde los confederados ganaron nuevamente en Bull Run (30 de Agosto de 1862), además de una sangrienta victoria del general Lee sobre el ejército unionista de Burnside en Fredericksburg (13 de Diciembre) y otro importante triunfo sudista en Chancellorsville (Mayo 1863). La balanza se iba a inclinar por el Norte luego de la victoria de Meade sobre Lee en Gettysburg un mes después (3 de Julio); pero todavía parecía haber esperanzas para el Sur: el momento seguía siendo propicio a la Intervención. [14]

Su candidato ideal resultó ser Fernando Maximiliano de Habsburgo, archiduque de Austria y hermano del emperador austriaco Francisco José; con él simpatizaban Napoleón III y su esposa la emperatriz Eugenia, la reina Victoria de Inglaterra y la princesa Carlota Amalia de Bélgica, quien acabó casándose con él. A él nunca se le hubiera ocurrido por cuenta propia presentar su candidatura al trono mexicano. Es más, el propio Napoleón aun no sabía cómo poner emperador en México; la idea de poner a un príncipe europeo -aunque no fuera francés- vino de tres conservadores mexicanos desterrados en Europa a causa del triunfo liberal: José María Gutiérrez Estrada, Juan Nepomuceno Almonte y José Manuel Hidalgo y Esnaurrízar.
Así que, ofrecido el trono mexicano por los conservadores en Miramar, Napoleón planteó la cuestión a Maximiliano. El embajador austriaco en Francia, Metternich, no estaba muy convencido del éxito de la empresa, pero Francisco José sí, al igual que el suegro de Maximiliano, el rey Leopoldo de Bélgica. Los europeos esperaban una eventual victoria de los estados del Sur en la Guerra Norteamericana, lo que dejaría el camino libre.
Finalmente Maximiliano aceptó aquel trono ilusorio que le ofrecían, animado por todas partes. El 10 de abril de 1864 se firmó el acuerdo que lo nombraba Emperador de México, se despidió de su amado castillo de Miramar, y junto con su esposa Carlota tomó la fragata Novara. La imperial pareja pasó por Roma a prometer al Papa Pío IX una solución al problema religioso en México; y en el estrecho de Gibraltar la fragata fue saludada con honores imperiales por tropas británicas, españolas y portuguesas. El 28 de Mayo la Novara fondeaba en el puerto de Veracruz. Recibidos triunfalmente al pasar al interior del país, el 12 de Junio los emperadores llegaban a la capital mexicana: y empezó el Imperio.

¿Por qué fracasó aquel Imperio, iniciado bajo tan buenos auspicios?

La respuesta es simple: Maximiliano no supo darse cuenta de que en el conflicto Francia-México estaban mezcladas fuerzas internacionales: liberalismo, protestantismo, logias masónicas que pudieron accionar tras la victoria del Norte en EEUU, y corrientes católicas y conservadoras: fuerzas que llevaban siglos enfrentadas, y que él nunca podría conciliar como intentó.
Si en vez de permanecer a la deriva, medio liberal-medio conservador, se hubiera definido claramente por un partido, hubiera podido hacer un gobierno fuerte. Lo que lo llevó a la ruina fue su volubilidad, su debilidad para imponerse y su ingenuidad en la "conciliación" que soñaba, entre liberales y conservadores.

Alejó a los conservadores Miguel Miramón y Tomás Mejía y en su gabinete invitó a liberales como José Fernando Ramírez, Juan de Dios Peza, Pedro Escudero y José Cortés. Contra lo que se esperaba de él, no derogó las Leyes de Reforma, lo que lo enemistó con el clero y el propio Papa.
Otro gran problema fue el jefe del ejército francés de ocupación, mariscal Aquiles Bazaine, de quien podemos presumir ideología liberal, pues se dedicó a sabotear al Imperio, manteniéndose pasivo, absorbiendo grandes cantidades de dinero, saboteó también el intento de Maximiliano de formar un ejército imperial nacional con soldados austriacos, y hasta hay quien le atribuye pasar subrepticiamente armas y parque a los guerrilleros mexicanos. El resultado era que, a los ojos de la opinión popular, el Imperio dependía y dependería siempre de tropas francesas, lo cual minaba su prestigio.
Maximiliano hacía extensas giras por el país, mejoró la arquitectura de la capital y supervisó personalmente obras públicas. Instituyó la Imperial Orden de Ntra. Sra. de Guadalupe, en donde se admitía a judíos y protestantes; y en las recepciones de la corte, Maximiliano solía regalar estampas con su firma y con la Guadalupana coronada.

En medio de todo esto, cayó como un rayo en Europa y México la noticia de que el 9 de Abril de 1865, en Appomattox-Court House, Virginia, el general Lee se había rendido con su ejército al general Grant, lo que significaba, en pocas palabras, que el Norte ganaba la Guerra de Secesión; un triunfo que ya se veía venir desde la Batalla de Gettysburg y los avances de Grant en Virginia y Sherman en Georgia; ahora los Estados Unidos tenían las manos libres para oponer su potencia a Francia.
Había sonado la hora de muerte para el Imperio Mexicano.


-Sin Francia, cae el Imperio:

De inmediato se sucedieron señales de desastre. Juárez había ido de San Luis a Paso del Norte, lo que en principio Maximiliano tomó como una "huida". Pero poco después se supo que Juárez iba a hacer contacto con sus aliados: los Estados Unidos; en Santa Fe estaba el general Carlton, quien tenía instrucciones para entregar armas y municiones a los juaristas en Las Cruces, y en sus Personal Memoirs (New York, 1888), el general Phil Sheridan relata cómo ayudaba a los juaristas con armas y bastimentos junto al río, del lado estadounidense; y luego veremos que entre ellas había armas modernas como el nuevo rifle de 6 tiros.
A principios de 1866 Napoleón III comprendió que su sueño tocaba a su fin. Estados Unidos ya pedía sin ambages la retirada inmediata de las tropas francesas, so pena de declarar la guerra. Así pues, anunció que el ejército francés se empezaría a embarcar de vuelta a Europa.
Al enterarse, Maximiliano solicitó ayuda a su hermano Francisco José, quien le prometió 10 mil voluntarios, pero Estados Unidos protestó contra Austria, y el emperador canceló la ayuda. El cuñado de Maximiliano, Leopoldo II de Bélgica, tampoco se animó a enviarle ayuda: Si esto seguía así, Maximiliano se quedaría solo.

El emperador era mediocre, pero no estúpido, y se dió cuenta de que su Imperio tenía los días contados, así que se aprestó a renunciar y a volver a Europa. Pero quien lo impidió fue su esposa Carlota, quien se ofreció a ir personalmente a Europa a solicitar a Napoleón que siguiera apoyándolos, y a pedir esa misma ayuda al Papa.

Mientras tanto, los juaristas recibían armas, artillería y pertrechos de Estados Unidos, y los franceses se embarcaban. Finalmente sólo quedó Bazaine con unos cuantos, y en un último gesto de compasión, le ofreció a Maximiliano llevarlo a Europa YA, antes de que fuera demasiado tarde. Pero de todos modos fue demasiado tarde, Maximiliano había salido de la capital y el mensaje de Bazaine no le llegó.
La retirada francesa no se debía sólo a Estados Unidos; en Europa Francia también se veía amenazada. En 1866 estalló la guerra entre Austria y Prusia, que finalmente ganó Prusia con la Batalla de Königsgratz; ahora Austria era excluida de la Confederación alemana del Norte, y el interés del canciller prusiano Bismarck se dirigía a Luxemburgo, al igual que el de Francia. Napoleón comprendió que el expansionismo alemán iba chocar con el expansionismo francés, y una guerra entre Francia y Prusia era inminente, ya no podía darse el lujo de la costosa aventura mexicana.

Hablemos ahora un poco de la desventurada emperatriz Carlota. Tuvo varias entrevistas con la emperatriz Eugenia, y luego con el propio Napoleón, donde suplicó, rogó, exigió que se respetaran los Tratados de Miramar, y cuando finalmente Napoleón respondió negativamente, Carlota se sintió invadida por un odio delirante contra Napoleón. Abandonó Francia sintiéndose perseguida por Napoleón, y fue a Roma a ver al Papa. Ante él tampoco logró nada, ni pudo gestionar mucho, pues su estado mental empezaba a deteriorarse. Vivía angustiada pensando que la querían envenenar, el odio hacia Napoleón le hacía perder la compostura, y después de unos días de crisis se llamó a su hermano, el conde de Flandes, quien sólo llegó a Roma para comprobar que Carlota estaba loca, loca sin remedio.

Maximiliano se enteró de la noticia en octubre, y ya totalmente desanimado, nuevamente quiso renunciar. Los jefes conservadores le pidieron que no lo hiciera, con el argumento del honor: que cumpliera él también el Tratado de Miramar, y que Carlota había perdido la salud por ayudarlo, y que él no podía ahora rendirse. Pero ahora, sin los franceses, los liberales avanzaban inexorablemente, y Maximiliano no tuvo más remedio que recurrir a los conservadores que despreciara en un principio: Acudieron a él Miguel Miramón, Tomás Mejía y Leonardo Márquez.

El 19 de Febrero de 1867 el ejército imperial, de 9 mil hombres dirigidos por Maximiliano, llegaba a Querétaro. Para el 14 de Marzo 25 mil juaristas tenían sitiada la plaza. Márquez hizo una salida intentando conseguir refuerzos, pero fue derrotado en Puebla por Porfirio Díaz, y ya nunca volvió. Hubo varios ataques a Querétaro, pero la plaza seguía sin caer, y Maximiliano se negaba a escaparse: o vencía o moría.
Finalmente, Querétaro cayó por la traición del coronel Miguel López [15], quien entregó un sector al ejército juarista, que dirigido por el general Mariano Escobedo, penetró en la plaza. Maximiliano no quiso huir, y se rindió, entregando su espada.
Un consejo de guerra juzgó a los prisioneros Maximiliano, Miramón y Mejía. Diversas personalidades europeas y mexicanas intercedieron por los reos, entre ellos la princesa Inés de Salm Salm, pero Juárez no dio su brazo a torcer: fueron condenados a muerte.
El 19 de Junio fueron llevados al Cerro de las Campanas; Maximiliano distribuyó monedas de oro a los soldados encargados de fusilarlo, expresó su deseo de que su sangre sellara las desgracias de México, a quien llamó "su nueva patria". Miramón protestó su inocencia del cargo de traidor [16], y el emperador le cedió el centro del cuadro. El fusilamiento puso fin al drama: una vez más los liberales triunfaban.

Epílogo

La ex-emperatriz Carlota vivió hasta 1927, pero jamás recobró la razón, y por su parte Francia, a pocos años de la aventura mexicana, tuvo que enfrentarse -como se había previsto- a la arrogante Prusia. La Guerra Franco-Prusiana (1870-1871) significó el fin del Segundo Imperio Francés, después del desastre militar galo en Sedán y la caída de la plaza de Metz -entregada por el mismo Bazaine-. La ex-emperatriz Eugenia vivió hasta 1920, siendo una de sus últimas alegrías la victoria de Francia y los Aliados sobre el Imperio Alemán en la Primera Guerra Mundial.


-Porfirio Díaz llega al poder:

El 15 de Julio de 1867 Benito Juárez entraba a la capital de la República. Su regreso significaba el mismo anticlericalismo de la Guerra de Reforma, con la excepción de que a partir del triunfo republicano hubo menos violencia y un poco de paz, pues era absolutamente necesaria para el agotado país. Ya habría ocasión de volver a atacar fuertemente a la Iglesia.

En medio de ésto, Juárez se había reelegido ilegalmente en 1865, negando el derecho de sucesión a Jesús González Ortega, presidente de la Suprema Corte. Esto evidenciaba el doble lenguaje de Juárez, quien había invocado ese derecho de sucesión a la caída de Comonfort. En 1871 Juárez se presentó como candidato a la presidencia. Con 13 años en el poder ya merecía el título de Dictador. Sus rivales políticos eran Sebastián Lerdo de Tejada y Porfirio Díaz -el triunfador de Puebla-, y sencillamente se dijo que Juárez había ganado. Díaz se rebeló con el Plan de la Noria, siendo reprimido por Juárez.
Repentinamente Juárez murió el 18 de Julio de 1872, cerrando su nefasta participación en la Historia de México. Le sucedió Lerdo de Tejada, quien tontamente expulsó a jesuitas y hermanas de la caridad, disgustando así a la población católica, y receloso de Estados Unidos, obstaculizó concesiones que los empresarios yanquis solicitaban.
Entonces Porfirio Díaz volvió al escenario, mediante el Plan de Tuxtepec desconoció a Lerdo de Tejada y bajo el lema de "No reelección" se dirigió a enfrentarse al presidente. Luego de su victoria en Tecoac (16 de noviembre de 1876), asumió la Presidencia, que entregó en 1880 a Manuel González. En 1884 volvió a la Presidencia, y echando al olvido su lema de "No reelección", ocuparía por 26 años el poder en México. Es el periodo que conocemos como Porfiriato, y durante el mismo, vamos a ver que hubo una interesante polémica sobre la Virgen de Guadalupe, que es el tema que sigue, en nuestro estudio.


(FIN DE ESTA PARTE)


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Referencias

[1] Un resumen de estas palabras está en la Relación circunstanciada que da el general ciudadano Felipe de la Garza del desembarco y muerte de Don Agustín de Iturbide, al Ministro de la Guerra. Ésta fue publicada por primera vez por el padre Mariano Cuevas en El Libertador. Documentos Selectos de Don Agustín de Iturbide, 1947. Y mencionamos otro relato sin firma, fechado el 7 de septiembre de 1824, en Archivo Histórico Militar, Vito Alessio Robles, p. 280. Estas referencias proporciona José Gutiérrez Castillas en su libro Papeles de Don Agustín de Iturbide. Documentos hallados recientemente, 1977.
Otra fuente es José Antonio Gutiérrez de Lara, en Carta al Padre D. José María Saavedra, con fecha de 30 de Julio de 1824, publicada por Lorenzo de la Garza en Dos Hermanos Héroes, 1939. Gutiérrez de Lara fue confesor de Iturbide y presidente del Congreso de Tamaulipas que lo había proscrito, estando él en contra.



[2] En Chávez, Ezequiel, Agustín de Iturbide, Libertador de México, n. 130 p. 164. El cargo de traidor que le ha hecho la Historia Oficial lo refuta también Celerino Salmerón en su libro En defensa de Iturbide.



[3] Lo cual, a la larga, no le serviría de nada. Polk dejó el cargo en 1849 y en las elecciones que se sucedieron, Zachary Taylor ganó la presidencia por el bando republicano, con 163 votos electorales. Fue investido como 12º presidente de Estados Unidos el 4 de marzo del mismo año.



[4] Hay también observaciones y dictámenes sobre la Constitución de 1857 en PLANCHET, La cuestión religiosa en México, cap. III.



[5] El Plan de Tacubaya desconocía a la Constitución de 1857 y al gobierno de Comonfort. Esto ocasionó que diversas obras liberales llamaran "tacubayistas" a los conservadores, como la serie México a Través de los Siglos.



[6] La Historia Oficial casi nunca habla de este episodio, que refuta el mote de "traidor" al partido conservador. Pero de nada les sirve, porque el propio ministro Forsyth en curiosa correspondencia manifiesta su despecho hacia el gobierno católico-conservador por negarse a vender la patria:

"...el gobierno de Zuloaga acaba de echar abajo las esperanzas que yo me había aventurado a concebir acerca de aquello (la cesión de los Estados del Norte de México)... ¿Ustedes (el gabinete de Washington) quieren tener a Sonora? Pues las depredaciones cometidas en la línea americana justificarían el que tomemos a Sonora por vía de represalia, desde el momento en que México rehusa el atender esta frontera. Que quieren ustedes otro territorio; pues entonces envíenme fuerzas para poder intimar un ultimatum, exigiendo que México pague los varios millones de pesos que está debiendo a nuestro pueblo por razón de despojos y daños personales; o bien una flota que respalde mi petición... Los liberales, desde que están fuera del gobierno, tratan de apoyarse solamente en un protectorado americano y alimentan esperanzas de ponerlo en práctica cuando vuelvan al poder; pero, como siempre, han empezado a pensar en ello cuando ya es demasiado tarde. Es evidente que don José María Mata ha ido de Veracruz a Washington con tales proposiciones por parte del gobierno de Juárez... Este caballero (Miguel Lerdo de Tejada) ha perdido ya toda esperanza de su país y está completamente convertido a la doctrina de que un americano y protestante será el único remedio de México. Él desea que el Ejército Mexicano se disuelva porque no es más que un invernadero de corrupción y de revolución, y de que ese ejército sea substituido por tropas americanas para que pongan el orden y limpien los caminos de bandidos y dice estas textuales palabras: "Si es posible, yo extirparía de México la Lengua Española". Su pudiéramos fiarnos de algún mexicano (y yo no puedo responder por ninguno) creo que ese mexicano sería Miguel Lerdo".

Carta de John Forsyth al ministro de Estado norteamericano Lewis Cass, fechada el 15 de Abril de 1858. En Diplomatic Correspondence of the United States, Inter-American Affairs, 1831-1860. Selected and arranged by William R. Manning, 1937, Tomo IX, p. 945 a 1019.



[7] Publicado por Alberto María Carreño, México y los Estados Unidos de América, p. 507. Y mas aun, el Protocolo Ocampo-Lerdo-Churchwell fue confirmado por Robert McLane en un Memorandum enviado al Presidente Buchanan, con la siguiente firma: Robt. M. McLane, Vera Cruz, Mexico, April 4, 1859 and certified for Juarez by M. Ocampo, Vera Cruz, April 5, 1859.



[8] El tratado McLane-Ocampo era sumamente desventajoso para México, y fue antipatriótica y traidora la actitud de Juárez y Ocampo avalar semejante tratado. Pongo a disposición de los lectores el Texto Completo del Tratado McLane-Ocampo.



[9] En el ya citado México a Través de los Siglos, los historiadores liberales -que coordina Vicente Riva Palacio- tratan de restar importancia a la gravedad del Tratado McLane-Ocampo. En su Tomo V, Libro I. Cap. XXV, pags. 404-405 dice José María Vigil:

"La simple lectura de ese documento manifiesta que al formularse no se procedió con la prudencia necesaria, ni se pesaron los gravísimos inconvenientes que para México, tendrían en lo futuro algunas de las estipulaciones; y la nación debió felicitarse de que el Senado de los Estados Unidos le hubiese negado su aprobación. De ahí, sin embargo, a ser un acto de traición a la patria, mediaba enorme distancia. Las concesiones hechas a la república vecina eran excesivas, sin duda alguna, y ocasionadas a serias complicaciones; pero entre ellas no aparecía ningún acto que menoscabase esencialmente la soberanía e independencia de la República."

Lo cual es totalmente FALSO, leyendo el tratado se da uno cuenta de que esas concesiones implicaban una ENTREGA de territorio, si no en teoría sí en la práctica, además de la injusta condición de que la mitad del pago estadounidense sería administrado por EEUU, para "pagar indemnizaciones". La Historia Liberal tiene que negarlo, pero a la vista de todos está cuan antipatriótica fue la actitud del gobierno liberal de Juárez.



[10] Lo confiesa el propio Santos Degollado, en carta a su amigo Epitacio Huerta:

"¿Cómo quieres, imbécil, dar incremento a la revolución si prohibes a tus hombres tomar cuanto les venga a la mano, matar a cuantos te sean contrarios, beber hasta embrutecerse, burlar a las mujeres hasta saciarse? ¿Qué aliciente pude presentar un movimiento que por fuerza ha de hacerse con hombres brutales, si les has de refrenar sus instintos? Cambia de táctica o nos perdemos. Recoge cuanto bribón puedas, ninguna cárcel dejes cerrada; con esos hombres que la sociedad rechaza hemos de hacer la guerra a la sociedad"

En PEÑA Y REYES, Antonio de la, Vidas y Tiempos. Como colofón, Juárez escribía a Epitacio Huerta el 2 de Marzo de 1860: "Es preciso tolerar los excesos que cometan algunos de los guerrilleros en odio a los reaccionarios, porque de otro modo nos abandonarían".



[11] En 1860 Zuloaga se proclamó nuevamente presidente, de manera ilegítima. El 9 de Mayo Miramón apareció de pronto en la casa de Zuloaga en ciudad de México, lo hizo prisionero y se lo llevó a su campaña por el interior del país. Más tarde Zuloaga escapó, fue a Cuba y volvió a México, donde murió en 1898.



[12] Juárez tuvo la cortesía de expresar, para la posteridad, su gratitud a la Intervención que los Estados Unidos habían hecho en su favor.
En los apuntes autobiográficos de don Benito Juárez, publicados en 1928 por la Secretaría de Educación, hay algunas notas interesantes. Alfonso Junco publicó fotocopias de esos documentos, de puño y letra de Juárez, en la 6ª Edición de Un Siglo de Méjico, de Hidalgo a Carranza, desarrollando un capítulo que tituló expresivamente "Juárez Intervencionista".
Dice ahí Juárez:

"El día 6... salió la Saratoga con el Wave y la Indianola, a las ocho de la noche, a aprehender a los buques que no dieron bandera, a pesar de haberla pedido el Castillo. Día 7.- Fueron aprehendidos los buques, y a las doce del día llegaron los prisioneros y el vapor Marqués de la Habana.
No es sólo nuestra voz la que hoy se eleva para rendir un voto de gracias a la marina americana que, cumpliendo con las leyes del mar, ha hecho indirectamente un servicio inmenso a la República Mexicana... Veracruz (no sólo) aprecia en su justo valor la aprehensión del pirata Marín, sino que reconoce cuál es la mano generosa que libró a una ciudad de tanto desastre como se la esperaba con los pertrechos de guerra venidos de la Habana, y rinde una prueba de gratitud a su salvador. El señor comandante Turner, así como los demás jefes de los otros buques americanos, reciban nuestro recuerdo... El hecho será inolvidable para la República Mexicana, y en el corazón de los demócratas, el nombre de Turner y de los suyos vivirá eternamente".



[13] Más irónico aun es el hecho de que Ignacio Zaragoza ODIABA a Puebla, y hubiera querido verla en llamas.
Así lo manifiesta el general Zaragoza, en una carta al señor Juárez, fechada el 9 de Mayo de 1862, fotocopiada por Junco en su obra citada, y custodiada en el Departamento de Manuscritos de la Biblioteca Nacional. Dice así Zaragoza:

"No me parece por demás advertir a V. que por este rumbo existen gruesas partidas de reaccionarios, y que el orgullo francés ha sido herido profundamente, y por lo mismo, importa mucho que ésta Ciudad eccecrable, que no he incendiado por que existen en ella criaturas inocentes, quede de pronto bien resguardada y que se mande fortificar en regla..."



[14] Los Estados del Sur esperaban ayuda de Inglaterra -la única que con su flota podía romper el bloqueo yanqui de los puertos sudistas- y de Francia, que hubiera podido enviarles suministros mientras el Sur controlara el Mississipi. Pero las fuerzas del Norte pugnaban por tomar el Mississipi, sabedores de la importancia de dominar ese río. Para octubre de 1862 la fortaleza más poderosa que les quedaba a los confederados a orillas del Mississipi era Vicksburg. Ese mes el general Grant la puso bajo sitio, y casi a la par de la jornada de Gettysburg, los yanquis consiguieron tomar Vicksburg el 4 de Julio de 1863 y 5 días más tarde se rindió Port Hudson. Con esta acción, los yanquis lograban dividir en dos a la Confederación y ahora el Norte controlaba el Mississipi, y Francia ya no podría enviar ayuda a los sureños.



[15] López era coronel imperialista, y en la madrugada del 15 de mayo de 1867 entregó a los republicanos el sector defensivo del convento de La Cruz, traición por la cual cayó la plaza de Querétaro, último bastión del emperador Maximiliano. Su traición la ha negado y la ha querido soslayar la Historia Liberal, valiéndose especialmente de un Informe sobre la caída de Querétaro redactado por Mariano Escobedo -a petición de López- en 1887.
Está de por medio el honor de López; pero investigaciones profundas, como La Traición de Querétaro ¿Maximiliano o López? de Alfonso Junco, demuestran con documentos y testimonios sólidos, que López y Escobedo se contradijeron, y que las pruebas contra López son numerosas, sin que haya, por el contrario, pruebas claras de su inocencia. Ante esto la mayoría de los que tratan el tema coinciden: Miguel López sí traicionó al emperador.



[16] Estas fueron las últimas palabras de Miguel Miramón, según consigna José María Vigil en México a Través de los Siglos, Tomo V. Libro 2, Cap. XXX:

"Mexicanos: en el consejo, mis defensores quisieron salvar mi vida, aquí, pronto a perderla, y cuando voy a comparecer delante de Dios, protesto contra la mancha de traidor que se ha querido arrojarme para cubrir mi sacrificio. Muero inocente de este crimen, y perdono a sus autores, esperando que Dios me perdone, y que mis compatriotas aparten tan fea mancha de mis hijos haciéndome justicia. ¡Viva México!"





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