A MODO DE INTRODUCCIÓN:
El Siglo XIX es caracterizado por la proliferación intensa y continua, de ideas racionalistas, positivistas, es el siglo de Carlos Marx, de Friedrich Nietzsche, de Charles Darwin, de Sigmund Freud, de Ludwig Feuerbach, August Comte, Herbert Spencer, John Stuart Mill, etc.
Este es el siglo en el que, con más intensidad que nunca, se propone que el concepto de DIOS no tiene cabida en la Ciencia, y que a los ojos de la experimentación científica y las comprobaciones que le siguen; no hay tal Dios.
El pensamiento positivista-ateo está todavía muy presente en muchos círculos sociales actualmente, en los que a veces no es simplemente "no creer en Dios", es ni siquiera plantearse la cuestión de Dios.
Para el católico, la respuesta de Dios es indudable ante tales manifestaciones: ya es notable que en el mismo siglo del positivismo hayan ocurrido las Apariciones de la Virgen en Lourdes, y más tarde la conversión en ese lugar de un científico ateo y positivista: Alexis Carrel. Nos tocará ampliar sobre eso cuando comentemos las Apariciones de Lourdes en esta Investigación.
Ahora pasemos al caso de la Guadalupana. El positivismo, ateísmo, comunismo, marxismo, darwinismo y también el anticristianismo, llegaron a México y han tenido ocasión de manifestarse, en diferentes épocas y de diferentes modos, contra las creencias religiosas de los mexicanos. Contra una mayoría del pueblo que profesa y ha profesado la fe católica por generaciones, los opositores al catolicismo siempre han procurado combatir la fe del pueblo. En lo que respecta a libros, revistas, publicaciones o periódicos ateos o materialistas, los autores están en su perfecto derecho de expresar que no creen en Dios y que preferirían que todos o la mayoría concordaran con ellos. Y ese derecho han ejercido algunos de esos pensadores, cuando se trató de hablar de la devoción mariana número uno de México: la Virgen de Guadalupe, cuya fama y arraigo en el pueblo mexicano es imposible de soslayar: Y desde el siglo XVIII hasta nuestros días, han aparecido diversas opiniones que buscan refutar el carácter sobrenatural de las Apariciones del Tepeyac; me ha tocado leer artículos antiguadalupanos en modernos periódicos izquierdistas, especialmente alrededor del día 12 de Diciembre, cuando fluyen multitudes hacia la Ciudad de México para visitar y honrar a la Virgen Mexicana.
Lo que estudiaré a continuación es una polémica desarrollada a finales del Siglo XIX, donde se cuestionó fuertemente la veracidad de las Apariciones, y donde aparicionistas y antiaparicionistas intercambiaron estudios sobre el tema. En ella es donde nota uno la influencia del pensamiento liberal, racionalista y materialista, que chocó de frente contra la reflexión crítica pero devota, de los guadalupanos.
|
|
La Polémica Guadalupana de fines del Siglo XIX
 Don Joaquín García Icazbalceta, historiador católico que se mostró escéptico sobre las Apariciones Guadalupanas
|
Ya hemos expuesto en la Revista de Impugnadores, que hubo otras polémicas donde se ponía en duda el suceso del Tepeyac antes del periodo del que estamos hablando. 100 años antes, esto es, a finales del Siglo XVIII hubo una impugnación de Juan Bautista Muñoz, cronista de Indias, quien había escrito una Memoria en 1794 en la que negaba las Apariciones. Ese mismo año, fray Servando Teresa de Mier predicó una serie de excentricidades sobre la Guadalupana, dignas por su sensacionalismo de competir contra El Código Da Vinci. Estos dos, Muñoz y Mier, eran las principales fuentes de los que querían objetar la historicidad o sobrenaturalidad de las Apariciones.
Así llegamos al año de 1883. En esas ocho décadas de Siglo XIX habían llegado a México bastantes ideas y corrientes liberales, que inclusive en el terreno político habían acabado por imponerse; ahora el ateísmo, el escepticismo, el materialismo, estaban cobrando fuerza en un México cuya estabilidad política permitía debates como el guadalupano; en este gobierno del Presidente Porfirio Díaz, varios eclesiásticos que habían sido expulsados anteriormente, estaban en México y ocupaban cargos de importancia.
Entre ellos estaba Mons. Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos, quien había sido expulsado del país en 1856 y había vuelto durante el Imperio de Maximiliano para nuevamente exiliarse y volver en 1871.
Ocupaba el puesto de Arzobispo de México, cuando el Lic. José Antonio González redactó una obra guadalupana titulada Santa María de Guadalupe de México, Patrona de los Mexicanos: La verdad sobre la Aparición de la Virgen del Tepeyac y sobre su pintura en la capa de Juan Diego; para extender, si posible fuera, por el mundo entero el amor y el culto a Nuestra Señora; y se la presentó, pidiéndole el Imprimatur.
El arzobispo decidió someter el escrito de González al comentario de algún historiador, y para ello eligió a su amigo cercano Don Joaquín García Icazbalceta, uno de los historiadores más ilustres de México, experto en Historia del Siglo XVI y -detalle importante- ferviente católico. Dos años antes Icazbalceta había publicado una de sus mejores obras, la biografía Don Fray Juan de Zumárraga, en la que, contra la opinión común del pueblo mexicano, el historiador había callado por completo acerca de la Aparición Guadalupana.
Aunque se le había preguntado por eso, don Joaquín se mostraba ambiguo y no respondía directamente; por esto, cuando Mons. Labastida le presentó el escrito de González, pidiéndole su parecer, la reacción lógica de don Joaquín fue negarse diplomáticamente, diciendo que prefería no tratar ese tema. Pero el arzobispo no se dio por vencido, y haciendo uso de su influencia espiritual, puso a Icazbalceta en el compromiso de dar directamente su opinión sobre el asunto. [1]
El resultado de esta correspondencia ya lo hemos mencionado en otros espacios; la Carta acerca del Origen de la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe de México, y ya sabemos que era un documento privado, y que Icazbalceta no quería verlo difundido. [2]
En esa Carta, Icazbalceta niega la historicidad de las Apariciones Guadalupanas, dando para ello argumentos de diverso tipo, especialmente insistiendo en el "silencio" documental que habría prevalecido entre 1531 y 1648, negando la validez de algunos de los documentos que exhibían los guadalupanos.
Contra la voluntad de Icazbalceta, en 1890 publicó la Carta el canónigo Vicente de Paula Andrade, y Fortino Hipólito Vera refutó el documento, pero la polémica estaba abierta. En 1896 volvió a publicarse el documento -muerto ya don Joaquín-, y suscitó las refutaciones de Agustín de la Rosa y Trinidad Sánchez Santos. [3] Para defender la Carta de Icazbalceta alzó su voz el obispo de Tamaulipas Eduardo Sánchez Camacho, mientras que otro obispo, el de Yucatán, don Crescencio Carrillo y Ancona, hizo pública una Carta escrita por don Joaquín en 1888, donde prácticamente aceptaba la veracidad de las Apariciones, es decir, se retractaba de su anterior postura.
La polémica se avivo también por otro flanco: Las Informaciones de 1556. En su libro citado, José Antonio González publicaba un extracto de las Informaciones levantadas por el arzobispo Montúfar -sucesor de Zumárraga-, y de las que hemos hablando extensamente en un capítulo aparte. En el periodo de mayor polémica, se publicaron tres veces las Informaciones, dos por antiaparicionistas (1888 y 1891) y una por el obispo Vera (1890).
En la edición de 1891, Andrade incluyó notas antiguadalupanas basadas en buena parte de la Carta de Icazbalceta. Por la parte aparicionista, el principal defensor fue sin duda el obispo Vera, quien respondió a la Carta de Icazbalceta en su Contestación histórico-crítica (1892), y publicó las Informaciones de 1556 con un punto de vista aparicionista en 1890. Al iniciar el siglo XX ya habían respondido a la Carta de Icazbalceta numerosos apologistas.
Y en el Siglo XX le respondió, ya en otra fase de la polémica, Primo Feliciano Velázquez.
García Icazbalceta, hasta su muerte en 1894, persistió en hacerse el desentendido, en fingir que ignoraba su Carta, en mantenerse al margen de la polémica, según consta en las Cartas de Joaquín García Icazbalceta dirigidas al historiador Nicolás León, publicadas por Felipe Teixidor en 1937. Igualmente, José María Agreda en correspondencia con León, le dice que Icazbalceta y Francisco del Paso y Troncoso podrían ser de mucha ayuda en la edición de las Informaciones de 1556, pero que ni uno ni otro querían participar.
Por su parte, en otro ribete de la polémica, Nicolás León escribió sobre la 2ª. edición de las Informaciones, en la que explica que el canónigo Andrade, Agreda, Troncoso y otros, tienen importante participación en la polémica. [4]
En la interesante Carta de Icazbalceta encontramos a la vez Fe y Escepticismo; el historiador se confiesa católico y creyente en milagros, pero el de Guadalupe, por mucho que quisiera creerlo, no puede, por no encontrarle sustento histórico y documental en sus investigaciones. A muchos de los que contestaron su Carta les parece rarísimo que un historiador tan prestigioso haya pasado por alto muchos documentos, se haya equivocado sobre otros, y haya omitido partes de documentos que conocía; y pondré aquí el comentario que hacen Ernesto de la Torre Villar y Ramiro Navarro de Anda en la introducción de su compilación Testimonios Históricos Guadalupanos:
García Icazbalceta, modelo de investigador y de probidad intelectual, conoció y estimó la obra de Juan Bautista Muñoz, de cuya Historia del Nuevo Mundo poseyó copia manuscrita y por eso no es raro que haya leído con admiración la Memoria que el cronista de Indias escribiera en torno a la Virgen de Guadalupe y haya aprobado el análisis de muchas de sus fuentes y sus conclusiones, y como liberal que era en el fondo al igual que otros ilustrados de su época, como historiador científico y racionalista aun cuando creyente convencido, estuvo alejado de creer todo cuanto los testimonios no le confirmaran. Ésa fue la razón y explicaciones que esgrimió ante el requerimiento que le hiciera el arzobispo de México, volcado en su carta personal y como opinión íntima y particular. Aun en nuestros días se enarbola la Carta de García Icazbalceta como instrumento anticlerical y con ella se ataca no la tradición guadalupana, sino la actitud política del clero. Después de la Carta de Joaquín García Icazbalceta, objetiva, serena, fruto de profundo saber, de una reflexión en la que la razón se impuso sobre la fe, no ha vuelto a producirse obra semejante. En cada momento de tirantez entre Iglesia y Estado, o en cada ocasión en que se conmemora algún acontecimiento guadalupano, se esgrime por los anticlericales, pero de aquel entonces al presente no ha habido antiaparicionista alguno que haya realizado severa labor de investigación que confirme o amplíe las afirmaciones ni de Muñoz ni de García Icazbalceta. En cambio, sí existen historiadores aparicionistas que con nuevos métodos, mejores y más vastos datos van aportando elementos que permiten confirmar la existencia del culto desde fechas muy tempranas y la presencia de testimonios que conducen a aceptar como imagen "Aquerotipa", esto es, impresa milagrosamente, a la de Guadalupe.
Y no fue Joaquín García Icazbalceta el que inició la polémica, fue su trabajo, hurtado y publicado -contra la voluntad del autor- por quienes más interesados estaban en atacar la creencia de México en las Apariciones del Tepeyac.
|
|
Antecedentes y Desarrollo de la Revolución Mexicana hasta 1917
 "Locomotivo" en el estado de Morelos (1910)
|
-El "tercer emperador de México": Porfirio Díaz:
En 1884 el general don Porfirio Díaz asumió la presidencia por segunda vez; y aquí reanudamos el resumen histórico que termina en el capítulo precedente con el inicio del Porfiriato.
Lo primero que condena la Historia Oficial sobre la dictadura de Díaz es la gran brecha que se abrió entre ricos y pobres, entre los ricos estaban los latifundistas, terratenientes, hacendados, industriales, banqueros y comerciantes, entre los pobres principalmente obreros y campesinos. Lo que "OLVIDA" la Historia Oficial, es que las causas de semejante desigualdad social tienen su origen en la política de Benito Juárez.
De las tierras y propiedades robadas a la Iglesia, la mayoría habían sido vendidas y revendidas a quienes tenían dinero, y repartidas también entre muchos partidarios de Juárez. En la época porfirista los dueños de tan enormes extensiones de tierra se convirtieron en poderosos capitalistas, que explotaban a las clases bajas: por eso es posible entender a los juaristas, y entender a los revolucionarios, pero es imposible entender a los que se dicen "juaristas y revolucionarios", pues la Revolución fue precisamente un movimiento en contra del sistema social provocado por Juárez. [5]
Porfirio Díaz tuvo la prudencia de permitir faltas a muchos de los puntos de las Leyes "de Reforma", lo que dio tolerancia y libertad a la Iglesia, regresaron muchos prelados del destierro, se reabrieron seminarios, templos y conventos, volvieron a organizarse escuelas, hospitales e instituciones católicas.
Es curiosa la actitud de Díaz frente a la Iglesia y la fe católica; Díaz era liberal y es seguro que tuvo nexos con la masonería, pero al mismo tiempo era amigo de prelados católicos, y se mostró disgustado cuando el obispo de Tamaulipas, Eduardo Sánchez Camacho, inició una serie de declaraciones contra las Apariciones Guadalupanas. Díaz le mandó decir que "si no creía en las apariciones, que por lo menos creyera en las desapariciones". Su esposa Carmelita, con la que se casó en 1883, era una fervorosa católica, y tuvo bastante influencia sobre su esposo, en lo espiritual y en lo social. Díaz se convirtió de fiero soldado en elegante caballero que trataba con las clases sociales más encumbradas del país.
En el Porfiriato, entró mucho capital extranjero al país, en la industria del ferrocarril, de minas y de petróleo. En lo político, muchos amigos de Díaz, sus partidarios en Tuxtepec, fueron muriendo, y los rivales del oaxaqueño fueron alejados o muertos; acabó por ser el árbitro supremo, dueño absoluto de los destinos de México: un Dictador.
Llegó el cambio de siglo, y Díaz estaba en la cúspide de su poder; en uniformes, recepciones, fiestas, banquetes, todo tenía un sabor monárquico e imperial, en nada parecido a los ideales republicanos que supuestamente defendía el Partido Liberal. Pero no debemos olvidar que Juárez duró 13 años en el poder, y hubiera durado 30 o 40 de haber vivido lo suficiente: la República era un mero detalle, Juárez y Díaz fueron igualmente dictadores y la única diferencia entre ellos fue que Juárez fue dictador 17 años menos que Díaz, por lo cual todavía la Historia Oficial se permite recordarlo con orgullo.
En el Porfiriato se ampliaron las redes de transportes y comunicaciones del país, se pagó parte de la deuda externa, aumentó el desarrollo artístico y científico de México. El desarrollo económico también fue considerable, pero siempre a costa de las clases bajas, principalmente obreros y campesinos. México tenía una industria pujante y una estabilidad económica impresionantes al iniciar el Siglo XX, pero la mayoría de la población se beneficiaba poco de todo esto, el poder y la riqueza se concentraban en unas pocas manos: esto que se sembraba iba a resultar en una cosecha revolucionaria después de 30 años.
-Síntomas de Revolución:
En 1904 Porfirio Díaz se reelegía por sexta ocasión, y de acuerdo a la reforma constitucional hecha en 1903, su periodo era ahora de 6 años, por lo que sería presidente para el periodo de 1904-1910. Su gobierno estaba más fuerte que nunca, pero no se podía decir lo mismo de su persona. Se acercaba a los 80 años de edad y no parecía decidirse a elegir sucesor, los achaques de la vejez se cernían sobre él, y ya no tenía la brillantez y rapidez de pensamiento de antaño: sólo le quedaba una voluntad de hierro, dispuesta a defender lo que ya consideraba como su posesión personal: la Silla Presidencial.
En Diciembre de 1907 Díaz fue entrevistado por James Creelman, corresponsal del Pearson´s Magazine de Nueva York, y en la entrevista, Díaz afirmó que su larga estancia en el poder se debía a que el propio pueblo le pedía que siguiera gobernándolo, pero que él confiaba en que la República tuviera suficiente madurez para elegir otro gobernante, y que al cumplir los 80 años dejaría la Presidencia.
Quizá Díaz no esperaba que los mexicanos le tomaran la palabra, pero por lo menos Francisco Indalecio Madero, vástago de una rica familia hacendaria de Coahuila, decidió fundar el Partido Antireeleccionista, y buscar la candidatura para 1910. Por otro lado, el anarquista Ricardo Flores Magón fundó en 1906 el Partido Liberal Mexicano, que buscó encender la rebelión contra el gobierno, por lo cual sería encarcelado varias veces y finalmente moriría en prisión.
En 1906 hubo una huelga en la mina de Cananea, Sonora, y a principios de 1907 otra en Río Blanco, Veracruz. En ambos casos los obreros exigían trato humanitario, reducción de horarios y aumento de salario, pues por el trato que recibían, las largas jornadas que trabajaban, y el miserable salario que percibían, eran, para fines prácticos, esclavos.
El gobierno supo reprimir entonces estas manifestaciones de inconformidad, pero ya la "paz porfiriana" era más imaginaria que real. En 1908 Madero publicó su libro La Sucesión Presidencial en 1910, de poca profundidad, pero que tenía que confrontar el hecho de que Díaz sencillamente había manifestado que volvería a reelegirse ese año. Madero visitó a Díaz y entre otras cosas, le ofreció retirarse de la contienda y aceptarlo como presidente otra vez, pero con la prerrogativa de que el Partido Antirreeleccionista nombrara al vicepresidente. Díaz, sin embargo, tenía ya la característica caprichudez de muchos ancianos, y se empeñaba en que su vicepresidente debía ser el sonorense Ramón Corral.
Así que para 1910 estarían en las planillas Díaz y Corral contra Madero y el dr. Francisco Vázquez Gómez. Pero la opinión en México se iba tornando contraria a don Porfirio debido a la campaña antireeleccionista emprendida por Madero, y el resultado fue que Díaz hizo encarcelar a Madero en San Luis Potosí.
-Cae la dictadura porfiriana:
En las elecciones que se llevaron a cabo en Julio de 1910 el triunfo de Díaz y Corral fue inevitable. El dictador esperaba continuar 6 años más en la silla, pero esta vez se había jugado el todo por el todo, y el riesgo era que se incendiara el país: Y se incendió, efectivamente.
El primer paso para la Rebelión fue la fuga de Madero, quien se refugió en San Antonio, Texas, y desde ahí lanzó el Plan de San Luis, mediante el cual desconocía las pasadas elecciones y llamaba a los mexicanos a levantarse en armas el 20 de Noviembre. [6]
Aunque ese día nada pasó, ya habían ocurrido los primeros enfrentamientos armados. El día 18 de Noviembre, en la ciudad de Puebla, Aquiles Serdán y su familia se enfrentaron a tiros con la policía que rodeaba su casa, y causaron muchas bajas antes de finalmente ser aniquilados: la Revolución Mexicana había estallado, y cuando el gobierno se dio cuenta, había caudillos con ejércitos sublevados por todas partes, en Chihuahua hicieron su aparición Pascual Orozco y Francisco Villa, y en Morelos surgió Emiliano Zapata, el famoso "Caudillo del Sur", y emblema mismo del movimiento revolucionario. Algo que hay que destacar en la Revolución Mexicana, es que no llevaba tintes comunistas en un principio, sino meramente democráticos, pero el socialismo y el anticlericalismo se irían sembrando por algunas facciones enemigas de la Iglesia, y se preparaba, después del desorden natural que seguiría a la Revolución, una nueva y poderosa persecución a la Iglesia Católica. [7]
Villa y Orozco tomaron Ciudad Juárez, y los revolucionarios surgían por todas partes. El ejército federal se veía imposibilitado para hacer frente a todos, y Díaz se vio abandonado por sus principales colaboradores. Ahora estaba perdido si no huía, porque algunos jefes revolucionarios traían ansia de sangre, y habían empezado a fusilar prisioneros.
El 25 de Mayo de 1911 Porfirio Díaz firmó su renuncia como Presidente de la República, y se trasladó al puerto de Veracruz con su esposa Carmelita, tomando el vapor Ipiranga. Y cuando se alejaba, lloró al contemplar por última vez la tierra mexicana que había defendido con su sangre, y que había gobernado por 30 años, con aciertos y errores, pero ahora pagaba por los últimos. Del otro lado del mar estaba Europa, a donde se iba para siempre. Díaz murió en París, Francia, el 2 de Julio de 1915.
-La efímera victoria de Madero:
Luego de un gobierno interino de Francisco León de la Barra, subió finalmente Francisco I. Madero al poder, con José María Pino Suárez en calidad de vicepresidente. El problema principal de Madero fue pensar que la victoria era exclusivamente suya, y que él era JEFE de los revolucionarios. La realidad era muy distinta, cada grupo tenía su jefe, y entre los que primero se pusieron en su contra fue Zapata, al ver que Madero no procedía de inmediato a la repartición de tierras que había prometido a los campesinos; con el Plan de Ayala Zapata se mantuvo en rebelión contra el gobierno maderista.
Madero carecía de verdadera personalidad política, era novato en muchos aspectos de la administración, y sobre todo, demasiado ingenuo en un medio donde se tenía que desconfiar de medio mundo. Cuando el general Victoriano Huerta derrotó totalmente a Pascual Orozco, Madero le otorgó toda su confianza (error que le costaría la vida). Por su parte, el gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza, se mostraba altamente descontento con Madero, y tenía claros planes de rebelarse contra él.
El 9 de Febrero de 1913 el general Manuel Mondragón se levantó en armas en la Ciudad de México, liberó a los presos de la Cárcel de Tlatelolco, poniendo en libertad a dos antiguos partidarios de Porfirio Díaz: su sobrino Félix Díaz y el general Bernardo Reyes. Reyes se dirigió de inmediato a Palacio Nacional, donde recibió un tiro y murió, mientras Mondragón y Díaz se atrincheraban en La Ciudadela. Al mando de las fuerzas de la capital Madero puso al Victoriano Huerta, y empezó un periodo de diez días llamado "La Decena Trágica".
Azuzados por el embajador norteamericano Henry Lane Wilson, muchos senadores empezaron a pedir la renuncia de Madero. Huerta aseguró a Madero que tomaría La Ciudadela, pero por otro lado y sin razón alguna hizo prisionero a Gustavo A. Madero, hermano del presidente. A continuación Huerta y Félix Díaz se reunieron con el embajador Lane Wilson, quien prácticamente los amenazó con una intervención militar extranjera a menos que siguieran sus instrucciones. Díaz y Huerta pactaron, y el 19 de Febrero era asesinado Gustavo A. Madero.
Atemorizado, Madero firmó su renuncia junto con Pino Suárez, y sólo pidió libertad para exiliarse en Cuba. Después de 20 minutos de presidencia provisional de Pedro Lascurain, éste abdicó en favor de Huerta. En Coahuila, Venustiano Carranza se aprestó a iniciar su propia rebelión, ya no contra Madero sino contra Huerta, apoyado por el sonorense Álvaro Obregón. Mientras tanto la familia de Madero pedía la intervención del embajador Lane Wilson para salvar al ex-presidente.
El 22 de Febrero, día del natalicio de George Washington, Huerta asistió a la embajada norteamericana mientras el general Aureliano Blanchet disponía el traslado de Madero y Pino Suárez, como prisioneros, a la Penintenciaría de Lecumberri, pero ahí fueron asesinados. El día 25 salían del país los familiares de Madero, después de la tragedia se iniciaba una etapa distinta en la Revolución Mexicana, pero fue entonces cuando cobraban sentido las palabras que había dicho Porfirio Díaz a Madero en su entrevista: ¡Hay que ser un hombre más que honrado para gobernar a México!
-Huerta, el peor de los traidores:
La Historia Oficial quiere hacer creer que las muertes de Madero y Pino Suárez conmovieron al país y encendieron la indignación de los revolucionarios. Esto es falso. Madero tenía ya pocos simpatizantes cuando fue asesinado, debido a su notoria incapacidad política, y desde antes que muriera, Zapata y Carranza ya estaban en contra de Madero; lo que ocurrió fue que Huerta no les hacía más gracia que Madero.
A Victoriano Huerta la Historia Oficial lo juzga con más dureza que a otros usurpadores semejantes a él. No se acuerda de que Vicente Guerrero y Benito Juárez fueron tan usurpadores como él, y de que Madero mismo subió al poder mediante una rebelión. Sea como sea, los golpes de estado eran frecuentes en esa época, y si Huerta no hubiera derrocado a Madero, lo habría hecho Venustiano Carranza. Ciertamente Huerta era un tirano y un intransigente, y mandó matar a Belisario Domínguez, senador chiapaneco, cuando éste lo criticó, pero políticamente era más capaz que Madero, y sobre todo, no temía hacer frente a los Estados Unidos.
A Carranza le ha sentado muy bien la caída de Madero, pues ahora la Historia Oficial lo presenta como "vengador" del presidente asesinado, siendo que Carranza ya preparaba una rebelión contra el régimen maderista. Casi de inmediato, Huerta se halló frente a tres poderosos enemigos: Carranza, Zapata -que seguía fuerte en el Sur- y el nuevo presidente estadounidense, Woodrow Wilson.
Y es que Huerta, a diferencia de otros presidentes, no se avenía a inclinar la cabeza ante los yanquis y a hacerle reverencias a la Casa Blanca. Al contrario, Huerta negociaba abiertamente con Alemania, que era a la sazón enemigo indirecto de Estados Unidos, y mandó bloquear el puerto de Tampico para impedir que los norteamericanos procuraran armas a los carrancistas. Ahí fueron detenidos durante media hora unos marinos estadounidenses, y luego liberados, pero el Contraalmirante Mayo, de la flota norteamericana, exigió 21 cañonazos de saludo a la bandera de Estados Unidos, y Woodrow Wilson apoyó la demanda. Huerta se limitó a responder que si los yanquis querían esa salva de honor, tenían a su vez que rendir honores a la bandera mexicana. El presidente Wilson se mostró indignado al ver que un mexicano se atrevía a responderle de ese modo, y exigió la salva antes del 19 de Abril de 1914, o llevaría el asunto a su Congreso.
Con desdén, Huerta señaló que no tenía por qué saludar la bandera de un gobierno que no lo reconocía. Varios legisladores estadounidenses desaprobaban la acción contra Huerta, pues les parecían exagerados los motivos. Pero Wilson tenía otros temores. Por el Atlántico venía un buque alemán cargado de municiones para el gobierno huertista, así que el 21 de abril, por órdenes de Wilson, la flota norteamericana bombardeó Veracruz, cuyos habitantes ofrecieron una resistencia colérica, pero fueron batidos. Toda América Latina protestó ante lo que era señal clara de imperialismo yanqui. Wilson a su vez había actuado sin permiso de su Congreso, y tuvo que retirarse, aceptando el arbitraje de Argentina, Brasil y Chile. El propio Carranza, pese a que la intervención estadounidense era en su favor, tuvo que protestar, porque la sangre mexicana se rebelaba -y se sigue rebelando- ante la idea de ver soldados extranjeros ocupando territorio nacional.
Pero Huerta no tenía ya muchas esperanzas. Carranza recibía municiones norteamericanas, y Villa había tomado Torreón y Zacatecas, Obregón bajaba por la costa oeste y Zapata se acercaba por el sur; el cerco se cerraba. El 15 de Julio Huerta presentó su renuncia ante la Cámara de Diputados y huyó a Veracruz donde tomó el vapor Dresden. De Europa pasó a Estados Unidos, donde fue encarcelado y luego liberado, muriendo el 13 de Enero de 1916.
-Violencia anticlerical de los carrancistas:
Cuando cayó Huerta, avanzaban hacia la ciudad de México el Ejército del Noreste dirigido por Pablo González, la División del Norte, que así se llamaba el ejército de Francisco Villa, y el Ejército del Noroeste comandado por Álvaro Obregón.
Carranza y Villa estaban destinados al rompimiento, y el primero, que ya ostentaba el título de "Primer Jefe de la Revolución", puso trabas a Villa en su marcha a fin de que Obregón llegara primero. Pero la población cada vez estimaba menos a los carrancistas; y es que éstos empezaban a manifestar un feroz anticlericalismo, casi patológico, empeñado en destruir todo lo católico que encontraran a su paso. Saqueos de iglesias, colocación de ornamentos sacerdotales en lomos de caballos, quema de confesionarios, beber en los cálices, fusilar estatuas de santos, bailar con estatuas de la Virgen, todo esto tenía que indignar a los católicos.[8] El 23 de Julio de 1914 el gobernador de Nuevo León, Antonio Villarreal, promulgó un decreto que se declara propuesto para castigar al clero católico romano, acusándolo de enemigo del pueblo mexicano, atribuyéndole apoyo a Díaz y Huerta, expulsando a los jesuitas y sacerdotes extranjeros del estado, establece horarios para la apertura de templos, prohibe el sacramento de la Confesión, prescribe que las campanas sólo sonaran los días de fiestas patrias y para anunciar triunfos de los carrancistas. El decreto de Villarreal es una muestra perfecta de la ideología anticatólica que había detrás del carrancismo, llamado "constitucionalismo" para intentar darle más brillo.
El 4 de agosto el gobernador de Aguascalientes, Fuentes, prohibió la celebración de la Misa. En Zamora, Michoacán, las tropas del general Joaquín Amaro perpetraron un terrible saqueo del obispado, en Morelia el general Gertrudis Sánchez expulsó a los salesianos, pero esto provocó un motín en la población y tuvo que revocar la expulsión el 17 de octubre. En fin, la población veía mucha diferencia entre los sacrílegos carrancistas y los zapatistas, quienes eran manifiestamente católicos, gente de pueblo y campesinos. [9]
En octubre se celebró una Convención de jefes revolucionarios en Aguascalientes, y el resultado fue que los principales jefes rompían y se formaban dos bandos: los constitucionalistas, dirigidos por Carranza y Obregón, y los convencionistas, dirigidos por Villa y Zapata. La Convención nombró presidente a Eulalio Gutiérrez, y como los ejércitos agraristas se acercaban a la capital, Carranza tuvo que marcharse.
El 10 de Noviembre de 1914 el ejército zapatista, con su jefe a la cabeza, entraba en la Ciudad de México; Zapata en persona llevaba un estandarte de la Virgen de Guadalupe, sus hombres llevaban la misma imagen en sus sombreros, y escapularios. Ellos sí fueron recibidos con repiques de campanas por la ciudad, al igual que Villa [10], que llegó por Xochimilco a encontrarse con Zapata. La población tenía la idea de que los convencionistas eran medio bandoleros, pero se sorprendió de ver la humildad con que pedían de comer a la población.
El 6 de diciembre Zapata y Villa desfilaron triunfalmente a lo largo del Paseo de la Reforma, a la cabeza de sus tropas. Pero ambos caudillos pronto se cansaron de la capital; Zapata añoraba las montañas del sur, y Villa los llanos del Norte, el caso es que no pudieron formar una alianza debido a sus diferencias de carácter y de comportamiento.
Finalmente ambos abandonaron la capital para volver a sus respectivos lares, pero esto significaba camino libre para el regreso de los odiados constitucionalistas, de Carranza y Obregón, quienes tenían cuentas pendientes con la Iglesia Católica, que los había desafiado estruendosamente el 6 de enero de 1914, con una consagración nacional a Cristo Rey, donde una multitud de católicos caminaron en procesión desde la estatua de Carlos IV hasta la catedral, violando así las Leyes "de Reforma" que prohibían tales manifestaciones.
Y es que los liberales, anticlericales, con Carranza a la cabeza, estaban decididos a reanudar lo que había iniciado Juárez, esto es: una nueva Persecución contra la Iglesia; sólo que esta vez iba a haber más violencia, porque el pueblo de México iba a reaccionar contra ellos, quienes eran verdaderas mafias que conspiraban contra la Fe y los Valores esenciales de México.
-Se impone Carranza:
Obregón, el brazo armado de Carranza, traía consigo una gruesa tropa de indios yaquis, gente infeliz, embrutecida, sorda a cualquier cosa que no fueran órdenes de sus jefes. Entró en la Ciudad de México y de inmediato inició la venganza contra el clero: El 19 de Febrero de 1915 convocó a 180 sacerdotes de la capital, y sencillamente les ordenó que le entregaran la suma de 500 mil pesos. Cuando respondieron que no tenían esa cantidad los encarceló a todos. Los católicos que acudieron al Ministerio de Guerra a defender a los sacerdotes fueron disueltos a tiros por los batallones yaquis. El 11 de marzo tuvo que salir hacia el norte, y se llevó consigo 127 sacerdotes prisioneros, puestos a cargo de un rabioso anticlerical, el general Benjamín Hill, quien llenó un vagón ganadero con ellos y mandó fusilar a los que ya no cabían. Su éxodo terminó cuando Carranza los liberó en Veracruz.
Obregón, en su ruta hacia el norte, tenía el objetivo de enfrentarse a Villa, quien era ahora el peor enemigo del carrancismo. Con su División del Norte, el llamado "Centauro del Norte" se acercó a Celaya con 15 mil hombres. Frente a él estaba Obregón con 22 mil hombres, y líneas de comunicaciones con Veracruz, de donde le era enviado abundante material de guerra. Del 6 al 15 de Abril se libraron duros combates, y Villa fue derrotado, y su derrota era definitiva. Un nuevo ataque contra los carrancistas en Silao estuvo a punto de tener éxito, tan es así que Obregón intentó suicidarse, y perdió el brazo derecho. Villa huyó a Chihuahua, y empezó a moverse hacia Sonora, mientras que fue estafado por dos norteamericanos que le habían prometido armamento. En Sonora Villa se enfrentó a fuerzas carrancistas mandadas por Plutarco Elias Calles, y los barcos norteamericanos ayudaban a los carrancistas trasladándolos de un puerto a otro. Estados Unidos apoyó a los carrancistas con trenes y reflectores, y el resultado era que la División del Norte se iba acabando, cada vez había menos soldados villistas. El 19 de Octubre de 1915 el presidente Wilson prohibió la venta de armas a todos los no-carrancistas. Mientras tanto, diezmado y agotado en la Sierra de Chihuahua, Villa se sentía furioso, y decidió que de un modo u otro, se vengaría de los gringos.
El 10 de Enero de 1916 una cuadrilla villista asaltó un tren en Chihuahua donde iban ingenieros norteamericanos. Todos, a excepción de uno, fueron fusilados. Para efectos prácticos, Villa era un cuatrero y un proscrito, y ya no le importaba cometer actos desesperados. Así que el 9 de Marzo, a la cabeza de 240 jinetes atacó la población de Columbus, Nuevo México, mataron a varias personas, incendiaron casas y robaron el banco y la oficina de correos.
Con el permiso de Carranza, Wilson envió una expedición punitiva de 10 mil hombres al mando del general Pershing, que buscaron a Villa por Chihuahua, pero sin la menor probabilidad de éxito; Villa tenía amigos y escondites por toda la sierra, y conocía todos los pasos.
Además aun los carrancistas sintieron la repulsión hereditaria a ver soldados norteamericanos en territorio nacional, y la tropa del general Uresti Gómez llegó a intercambiar fuego con los yanquis, derrotando a uno de los grupos y matando a su jefe, el capitán Boyd. Mientras tanto, Villa seguía apareciendo en puntos muy distantes con gran rapidez, infligiendo derrotas pequeñas a los carrancistas. Finalmente Wilson tuvo que reconocer su fracaso, y retirar a los soldados que mantenía en México, pues el Estado Mayor los reclamaba para el frente francés, en el escenario de la Gran Guerra que había estallado en Europa (1a. Guerra Mundial).
Con Villa y Zapata haciéndolo tropezar, Carranza era amo de la mitad del país, y se dispuso a convocar una Asamblea Constituyente, medida insólita, pues la Revolución nunca había hablado de cambiar la Constitución, ni en el Plan de San Luis, ni en el Plan de Ayala, ni en el Plan de Guadalupe -con el que Carranza desconoció a Huerta-.
Así que el 14 de Septiembre de 1916 el "Primer Jefe" convocó a la Asamblea en Querétaro: Otra Constitución, que iba a tener efectos parecidos a la de 1857, es decir, una Persecución contra la Iglesia que iba a ser seguida de la defensa del pueblo de México de su Fe Cristiana.
|
|
Persecución Religiosa: La Constitución de 1917
 "Carranza" Grabado de Leopoldo Méndez, 1934
|
-Leyes Jacobinas en Querétaro:
En noviembre de 1916 se reunieron en el Teatro Iturbide, en la ciudad de Querétaro, los delegados invitados por Carranza a participar en la Asamblea Constituyente. Al ser escogidos por Carranza, no podían representar a todo el pueblo, dado que el constitucionalismo sólo gobernaba la mitad del país, pues Villa en el Norte y Zapata en el Sur dominaban la otra mitad, y no se invitó ni a villistas ni a zapatistas [11] a la Reunión esa.
Para colmo, con un 95% de población católica, no hubo ni un sólo católico en la Asamblea, en la que casi todos eran liberales, ateos y anticlericales, y uno que otro protestante, en resumen, un nido de ideologías jacobinas, marxistas, masónicas y comunistas, ¡Tales eran los hombres que iban a promulgar una nueva Constitución! [12]
El 30 de noviembre se eligió Mesa Directiva, de la que resultó que el Presidente del llamado "Congreso Constituyente" iba a ser Luis Manuel Rojas, vicepresidente Cándido Aguilar y primer secretario Fernando Lizardi. El 1 de Diciembre Carranza inauguró el periodo ordinario de sesiones del "Congreso". Todo el mes de Diciembre pasó en sesiones y discusiones, perturbadas por la amenaza de Villa, quien volvió a la escena tomando la ciudad de Torreón, ante lo cual muchos diputados constituyentes se aprestaron a huir. Finalmente en Enero iniciaron actividades.
Los diputados no aceptaron el proyecto constitucional de Carranza, y se dieron a la tarea de elaborar Leyes Antirreligiosas, una verdadera Constitución Anticatólica, imposible de aplicar sin sublevar a los católicos. Bien dice Felipe Arizmendi Esquivel en su obra contemporánea La Iglesia ante el México de hoy:
"Son leyes tan extremosas que hasta la fecha no se cumplen. El gobierno tampoco tiene interés en aplicarlas tal cual están, pues se provocaría otro conflicto como el de los años 1926 a 1929. Si el Estado, pues, no está dispuesto a cumplir al pie de la letra estos artículos, ¿qué caso tiene que permanezcan? (El autor escribe antes de que se efectuaran algunas reformas constitucionales)
Y que esa Constitución de 1917 no es cumplida rigurosamente por el gobierno, es un hecho que reconocen y reclaman los enemigos de la Iglesia hasta tiempos recientes. [13].
El 31 de Enero de 1917 se llevó a cabo la Sesión de Clausura, donde Carranza y Rojas protestaron cumplir y hacer cumplir la Constitución, siéndoles recordado que "si no hicieréis así, la nación os lo demande". Juraron la Constitución los demás diputados, y las nuevas leyes entrarían en vigor a partir del 5 de Febrero.
Y es falso lo que dice Álvaro Matute en su artículo La rebelión cristera, insertado en el Volumen IX de la colección de Historia de México coordinada por Miguel León-Portilla, en el sentido de que "Los miembros del episcopado no sólo apenas si protestaron contra el documento en su totalidad, sino incluso contra los cuatro artículos anteriormente citados (el 130, el 3, 5 y 27). Ello implicó el reconocimiento eclesiástico de la nueva legislación y el inicio de una lucha por modificar aquellas partes que les afectaban directamente".
Esto es equivocar las cosas: La Iglesia nunca ha reconocido la llamada Constitución de 1917, ni puede reconocer unas leyes que le desconocen toda personalidad jurídica. Ni siquiera el propio Pueblo de México reconoció la Constitución; eso lo hicieron delegados seleccionados por Carranza, delegados que no representaban ni al credo mayoritario ni a las fuerzas sociales concentradas en el villismo y el zapatismo. Esa Constitución, hecha en privado por unos cuantos liberales y reconocida sólo por ellos, no tuvo el menor "reconocimiento" por parte de la Iglesia.
Antes bien, se emitieron protestas claras contra semejantes "leyes":
-Protestaron los prelados mexicanos el 24 de Febrero de 1917.
-Protestó el Episcopado Hispanoamericano del 17 de Mayo al 20 de Noviembre del mismo año.
-Protesta del Episcopado Francés el 9 de diciembre de 1918.
-Protesta del Episcopado Norteamericano en su pastoral colectiva del 12 de Diciembre de 1918.
-Primera Carta Colectiva de protesta del Episcopado Mexicano el 19 de Marzo de 1919.
-Nueva protesta del clero mexicano en un Memorial enviado a las Cámaras el 6 de septiembre de 1926.
-El Papa Pío XI condenó el caracter antirreligioso de la Constitución de Querétaro en la Encíclica Iniquis afflictisque, del 18 de Noviembre de 1926. [14]
Que no nos vengan a decir, por lo tanto, que la Iglesia cometió la contradictoria tontería de "reconocer unas leyes" que ni siquiera la reconocían a Ella.
-El artículo 3º:
La Educación: En la Constitución de 1857 simplemente se dice "la enseñanza es libre", y ni esa Constitución ni las Leyes de Reforma legislaron sobre la enseñanza privada, ya que, como dicen, toda enseñanza es libre. Tenía que ser Juárez el que empezara a prohibir la educación religiosa en escuelas oficiales, con una Ley Orgánica de 1867 que se elevó a rango de constitucional en 1874 por Lerdo de Tejada. En ella Juárez decía:
"La instrucción religiosa y las prácticas oficiales de cualquier culto, quedan prohibidos en todos los establecimientos de la Federación, de los Estados y de los Municipios. Se enseñará la moral en los que la naturaleza de su institución lo permita, aunque sin referencia a ningún culto"
En la Asamblea de Querétaro, el "Primer Jefe" Carranza propuso el siguiente texto para el artículo Tercero, que iba a legislar sobre la Educación:
"Habrá plena libertad de enseñanza; pero será laica la que se dé en los establecimientos oficiales de educación, y gratuita la enseñanza primaria superior y elemental, que se imparta en los mismos establecimientos"
Hasta aquí, como puede verse, no hay nada fuera de lo común. Es una ley perfectamente aceptable, dado que el Estado, al gobernar a gentes de todos los credos, no puede impartir educación favorable a ninguno.
Pero el texto era demasiado benévolo para el gusto de la partida de anticlericales que dominaban la Asamblea, y la Comisión de los diputados Mújica, Colunga, Monzón, Recio y Román propuso el texto siguiente:
"Habrá libertad de enseñanza, pero será laica la que se dé en los establecimientos oficiales de educación, lo mismo que la enseñanza privada elemental y superior que se imparta en los establecimientos particulares. Ninguna corporación religiosa, ministro de algún culto o persona perteneciente a alguna asociación semejante, podrá establecer o dirigir escuelas de instrucción primaria, ni impartir enseñanza personalmente en ningún colegio. Las escuelas primarias particulares sólo podrán establecerse sujetándose a la vigilancia del Gobierno. La enseñanza primaria será obligatoria para todos los mexicanos, y en los establecimientos oficiales será impartida gratuitamente"
Este texto ya es netamente antirreligioso; pues hace obligatoria la enseñanza primaria, pero que en escuelas particulares deberá ser vigilada por el gobierno -y ya esos particulares no pueden ser sacerdotes ni monjas-. La escuela obligada para los mexicanos estará totalmente controlada por un gobierno ateo y antirreligioso.
Finalmente, en la sesión del 16 de Diciembre de 1916 se aprobó por 99 votos contra 58 el último proyecto de Francisco J. Mújica:
"Artículo 3º.- La enseñanza es libre; pero será laica la que se dé en los establecimientos oficiales de educación, lo mismo que la enseñanza primaria, elemental y superior que se imparta en los establecimientos particulares. Ninguna corporación religiosa ni ministro de ningún culto podrán establecer o dirigir escuelas de instrucción primaria. Las escuelas primarias particulares sólo podrán establecerse sujetándose a la vigilancia oficial. En los establecimientos oficiales se impartirá gratuitamente la enseñanza primaria."
Un Memorial de 10 mil firmas enviado al Congreso contra el artículo 3º no fue leído ni se hizo constar su recepción: esa era la "Democracia" del Constituyente.
La educación como la concebían los liberales, y como se aplicó más tarde, no era simplemente laica, es decir, ajena al pensamiento religioso, sino que era educación ateísta, enfocada a educar a la niñez enseñándole como falsos los postulados religiosos. Se intenta hacer creer que la Fe en Dios es anticientífica, ilógica e irracional, y así forjar niñez y juventud ateas y anticatólicas. Ya lo dice el dicho: Perviertan a la juventud y pervertirán a la nación.
-El artículo 27º:
Los Templos, propiedad de la Nación: El artículo 27 de la Constitución de 1857 establecía que la Iglesia no podía adquirir o administrar bienes raíces no destinados al culto. A partir de ahí se siguió la Ley de Desamortización de 1856, llamada Ley Lerdo, por Miguel Lerdo de Tejada, que equivalía a despojar a la Iglesia de sus bienes. Esta ley la confirmó Juárez con su Ley de Nacionalización de bienes eclesiásticos. El ministro Matías Romero se había encargado de vender a precios muy bajos templos quitados a la Iglesia, para que pasaran a poder de protestantes. Y los juaristas parecieron considerar que todo lo que estuviera dentro de los templos también era automáticamente suyo, y así se robaron plata y alhajas de la Catedral de Morelia. Y la misma suerte corrió la custodia de la Catedral de México, de un valor de más de cien mil pesos, que Juárez permitió malbaratar en 23 mil a un extranjero que se la llevó a Europa.
Y ya hicimos notar que el Gobierno de Juárez no pudo pagar la deuda externa ni con esa "Nacionalización". Con las cuentas que he llegado a leer era claro que con esos bienes "nacionalizados" alcanzaba y sobraba para pagar la deuda. Pero con Juárez no hubo "Nacionalización", hubo un ROBO, un Despojo, una Injusticia hecha, con todo descaro, en nombre del "progreso".
El 30 de Enero de 1917 hubo una suerte de repetición, y se aprobaba el texto del artículo 27º por unanimidad. La parte que nos interesa es:
"Las asociaciones religiosas denominadas iglesias, cualquiera que sea su credo, no podrán en ningún caso tener capacidad para adquirir, poseer o administrar bienes raíces, ni capitales impuestos sobre ellos; los que tuvieren actualmente, por sí o por interpósita persona, entrarán al dominio de la nación, concediéndose acción popular para denunciar los bienes que se hallaren en tal caso. La prueba de presunción será bastante para declarar fundada la denuncia. Los templos destinados al culto público son de la propiedad de la nación, representada por el Gobierno Federal, quien determinará los que deben continuar destinados a su objeto.
Los obispados, casas curales, seminarios, asilos o colegios de asociaciones religiosas, conventos o cualquier otro edificio que hubiere sido construido o destinado a la administración, propaganda o enseñanza de un culto religioso, pasarán desde luego, de pleno derecho, al dominio directo de la nación, para destinarse exclusivamente a los servicios públicos de la Federación o de los Estados en sus respectivas jurisdicciones. Los templos que en lo sucesivo se erigieren para el culto público serán propiedad de la nación.
Las instituciones de beneficiencia pública o privada que tengan por objeto el auxilio de los necesitados, la investigación científica, la difusión de la enseñanza, la ayuda recíproca de los asociados o cualquier otro objeto lícito, no podrán adquirir más bienes raíces que los indispensables para su objeto, inmediata o directamente destinados a él. En ningún caso las instituciones de esta índole podrán estar bajo el patronato, dirección, administración, cargo o vigilancia de corporaciones o instituciones religiosas, ni de ministros de los cultos o de sus asimilados, aunque éstos o aquéllos no estuvieren en ejercicio".
Vemos aquí disparate tras disparate:
-El gobierno decidirá qué templos continuan destinados al culto... con lo que OTROS templos serán destinados a OTRO uso, distinto de aquel para el que fueron concebidos.
-Hay que impedir el ingreso de la Religión en hospitales, escuelas, o institutos científicos. El materialismo y el ateísmo deben predominar en todo.
-El resto del artículo no lo copio por motivo de su extensión, pero establece que los gobernantes (bajo el eufemismo de "la nación"), serán propietarios de todas las tierras y aguas del país, además de bienes muebles y raíces. Esto es prácticamente Comunismo Bolchevique, donde los particulares no son propietarios más que de nombre.
-Para despojar a la Iglesia de toda propiedad, bastan "presunciones", es decir, sospechas.
Por estos privilegios el Estado podía prácticamente destruir al país. A manera de ejemplo, señalaré la Estatización de la Banca que forzó el presidente José López Portillo en 1982, declarando, sencillamente, que los bancos ya no eran de sus dueños, sino del estado. La devaluación económica que siguió a esta medida ha sido de las peores en la historia contemporánea de México.
-El artículo 130º:
La Iglesia, totalmente Esclava del Estado: Este artículo es el peor de todos. De por sí esta "Constitución" es irracional y duramente antirreligiosa, este artículo resume su postura.
Y no sólo es anticristiano, sino contradictorio. En el proyecto presentado por Carranza se establecía la separación entre la Iglesia y el Estado, pero al mismo tiempo se faculta al Estado para intervenir en asuntos exclusivamente eclesiásticos.
El texto aprobado niega la misma existencia de la Iglesia, pero a la vez la esclaviza y la somete totalmente al Estado. Aquí van ahora las partes más notables de dicho artículo:
"Corresponde a los poderes federales ejercer en materia de culto religioso y disciplina externa, la intervención que designen las leyes. Las demás autoridades obrarán como auxiliares de la Federación. El matrimonio es un contrato civil. Éste y los demás actos del estado civil de las personas son de la exclusiva competencia de los funcionarios y autoridades del orden civil, en los términos prevenidos por las leyes, y tendrán la fuerza y validez que las mismas les atribuyan. La Ley no reconoce personalidad alguna a las agrupaciones religiosas denominadas iglesias. Los ministros de los cultos serán considerados como personas que ejercen una profesión, y estarán directamente sujetos a las leyes que sobre la materia se dicten. Las legislaturas de los Estados únicamente tendrán facultad de determinar, según las necesidades locales, el número máximo de ministros de los cultos. Para ejercer en México el ministerio de cualquier culto, se necesita ser mexicano por nacimiento. Los ministros de los cultos nunca podrán, en reunión pública o privada, constituida en junta, ni en actos del culto o de propaganda religiosa, hacer crítica de las leyes fundamentales del país, de las autoridades en particular o en general del Gobierno; no tendrán voto activo ni pasivo, ni derecho para asociarse con motivos políticos. Para dedicar al culto nuevos locales abiertos al público, se necesita permiso de la Secretaría de Gobernación, oyendo previamente al Gobierno del Estado. Debe haber en todo templo un encargado de él, responsable ante la autoridad del cumplimiento de las leyes, sobre disciplina religiosa en dicho templo y de los objetos pertenecientes al culto. Por ningún motivo se revalidará, otorgará dispensa o se determinará cualquier otro trámite que tenga por fin dar validez en los cursos oficiales a estudios hechos en los establecimientos destinados a la enseñanza profesional de los ministros de los cultos. La autoridad que infrinja esta disposición será penalmente responsable, y la dispensa o trámite referidos será nulo y traerá consigo la nulidad del título profesional para cuya obtención haya sido parte la infracción de este precepto. Las publicaciones periódicas de carácter confesional, ya sea por su programa, por su título o simplemente por sus tendencias ordinarias, no podrán comentar asuntos políticos nacionales ni informar sobre actos de las autoridades del país o de particulares, que se relacionen directamente con el funcionamiento de las instituciones públicas. Queda estrictamente prohibida la formación de toda clase de agrupaciones políticas cuyo título tenga alguna palabra o indicación cualquiera que se relacione con alguna confesión religiosa. No podrán celebrarse en los templos reuniones de carácter político. No podrá heredar por sí ni por interpósita persona, ni recibir por ningún título, un ministro de cualquier culto, un inmueble ocupado por cualquiera asociación de propaganda religiosa o de fines religiosos o de beneficencia. Los ministros de los cultos tienen incapacidad legal para ser herederos, por testamento, de ministros del mismo culto o de un particular con quien no tengan parentesco dentro del cuarto grado. En cuanto a los bienes muebles o inmuebles del Clero o de las asociaciones religiosas, se regirán, para adquisición por particulares, conforme al Artículo 27 de esta Constitución. Los procesos por infracción a las anteriores bases, nunca serán vistos en jurado".
El texto habla por sí solo. Destruir la educación cristiana, destruir el matrimonio indisoluble instituido por Cristo, destruir a la misma Iglesia, a partir de prohibirle todo lo que necesita para actuar. Los enemigos de la Iglesia sabían que descatolizando a las familias, México dejaría de ser católico.
Los clerófobos requerían de semejantes leyes, tan drásticas, porque México lleva en sus venas el sello impuesto por el mestizaje. Por las venas de los mexicanos corre el cristianismo de la sangre española conquistadora, y lleva consigo la señal de preferencia de Santa María de Guadalupe. La Constitución quiere hacerse como antídoto de todo esto.
-Otros artículos constitucionales:
Mencionemos ahora algunos artículos más.
El artículo 5º aprobado por el "Congreso" de Querétaro dice:
"El Estado no puede permitir que se lleve a efecto ningún contrato, pacto o convenio que tenga por objeto el menoscabo, la pérdida o el irrevocable sacrificio de la libertad del hombre, ya sea por causa de trabajo, de educación, o de voto religioso. La Ley, en consecuencia, no permite el establecimiento de órdenes monásticas, cualquiera sea la denominación u objeto con que pretendan erigirse."
En primer lugar el estado no tiene ningún derecho a meterse a legislar en las conciencias. El voto religioso es algo voluntario y privado, parte del derecho que tiene cada persona a hacer uso de su libertad, y si libremente escoge restricciones, tiene todo el derecho de hacerlo.
Según esta ley jacobina, se prohiben las órdenes monásticas, pero no se prohibieron nunca, ni se persiguió nunca, a las logias masónicas, que son también órdenes religiosas, con grados y votos. Pero hay diferencias: En la Iglesia Católica los votos religiosos se hacen públicamente, y la sociedad conoce los propósitos de las órdenes; no ocurre lo mismo con la Masonería, cuyas logias actúan en secreto y no declaran abiertamente sus objetivos.
El artículo 55º fracc. VI dice que para ser diputado se requiere, entre otros requisitos:
"No ser ministro de algún culto religioso"
El artículo 82º fracc. IV establece que para ser presidente de la República se requiere:
"No pertenecer al estado eclesiástico ni ser ministro de algún culto"
De manera que los sacerdotes no cuentan con los mismos derechos cívicos y políticos que el resto de los ciudadanos. Y tampoco podrían acceder al puesto de Ministro de la Suprema Corte de Justicia, pues para eso se requiere ser "ciudadano en pleno ejercicio de sus derechos políticos y civiles".
Y es curioso, mientras tanto, que estas leyes no rijan también a los ministros protestantes, que al ser ministros de culto, también deberían estar restringidos. Pero no es así; el gobierno se hizo de la vista gorda cuando Aarón Saenz, pastor metodista y miembro de la Masonería, se lanzó como candidato a la Presidencia de la República en 1929.
De forma paralela, el diputado Francisco Mújica intentó en diversas ocasiones impulsar, dentro de esa Ley, la abolición de la confesión auricular, pero eso ya revestía demasiado extremismo aun a los ojos de sus colegas.
Otros, como el yucateco Enrique Recio, proponían una ley por la cual la confesión debía estar vigilada por agentes de la ley, que escucharían la confesión. Se le respondió que con 14 millones de católicos en México serían necesarios 14 millones de agentes para vigilar a cada uno, lo cual resultaba imposible, y ridículo. El delegado capitalino Félix Palavicini hizo notar, además, que muchos carrancistas, aunque obedecían órdenes de quemar iglesias, llevaban consigo un crucifijo, escapulario o una medalla guadalupana. Y es que, por mucho que les disguste a los liberales, todos los mexicanos llevan catolicismo en las venas, unos más, unos menos, y la Virgen de Guadalupe es invocada a la par que el honor nacional. [15]
Hubo ocasión de reafirmar el principio de No-Reelección en el artículo 83º, que resultó un fiasco, pues en vez de dictadura de persona hubo 70 años de dictadura del Partido Revolucionario Institucional. O bien el artículo 65 donde dice:
"La soberanía nacional reside esencial y originalmente en el pueblo. Todo poder público emana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su Gobierno".
Si pensamos en la Persecución Religiosa que hubo en los años 1920-1940, en donde el pueblo de México repudió a los gobiernos anticatólicos, este artículo resulta casi una BURLA. El pueblo mandaba, pero las autoridades hacían lo que les venía en gana. Y la Guerra Cristera es precisamente el momento en que el pueblo ejerció su soberanía por la fuerza, ya que el gobierno se la negaba.
-El final común de Zapata y Carranza:
EL ASESINATO DE EMILIANO ZAPATA:
Terminado este breve examen del documento que llamaron "Constitución" los delegados reunidos en Querétaro, pasaremos ahora al periodo histórico inmediatamente anterior a la Persecución Religiosa.
Después de su derrota en Celaya, y a pesar de sus incursiones contra norteamericanos y carrancistas, Pancho Villa ya no tenía poder para influir en los destinos del país. Su División del Norte se había convertido en un grupo de unos cuantos guerrilleros, y el carrancismo cobraba fuerza en el Norte.
Pero no ocurría lo mismo en el Sur. Emiliano Zapata seguía fuerte en Morelos, y muchas ciudades y pueblos eran partidarios suyos. Zapata era una amenaza permanente para Carranza, quien lo temía todo de aquel intrépido caudillo, indomable e invicto, además de ser católico. Si se hubiera decretado una Persecución Religiosa entonces, Zapata hubiera podido lanzarse a defender la Fe y oponerse con mucha fuerza al gobierno. Todo esto no convenía a Carranza ni a quienes le sucedieran, y el gobierno ofreció 100 mil pesos a quien acabara con él.
Pablo González era el último general carrancista enviado a luchar contra Zapata, pero sencillamente no podía contra él, y ambos se mantenían en jaque uno al otro. Entonces uno de sus oficiales, el coronel Jesús Guajardo, fraguó un plan, y con la aprobación de González, decidió fingirle un "volteo" a Zapata, es decir, fingir que se pasaba al bando zapatista.
Zapata desconfiaba mucho de los carrancistas, pero al mismo tiempo le convenía que algunos se pasaran a su bando. Primero intercambiaron correspondencia él y Guajardo, donde este último aceptaba unirse al Plan de Ayala. Zapata exigió, como prueba de fidelidad, el fusilamiento de unos desertores que tenía González en su poder, cosa que se efectuó. Entonces Zapata aceptó entrevistarse con Guajardo para ultimar detalles de cómo y cuándo se pasarían a su bando los 800 hombres mandados por Guajardo.
La entrevista se acordó para el 10 de Abril de 1919 en la hacienda de San Juan Chinameca, ubicada al sur de Cuautla. El general Zapata acudió a caballo con su escolta. Al entrar lo esperaba Guajardo con su tropa. Los oficiales lucían sus espadas, y a la entrada había una valla con soldados. Sonó un clarín y la guardia presentó armas, mientras Guajardo y sus oficiales hacían el saludo militar.
Cuando Zapata entró, la guardia hizo dos tiros al aire, que era el saludo honorífico, pero al cortar cartucho por tercera vez se echaron las armas al hombro. En menos de un segundo Zapata ya había empezado a desenfundar su pistola -una Colt calibre 32 especial- pero era demasiado tarde: una descarga se abatió sobre él y su escolta, y el Caudillo del Sur cayó acribillado, muerto y bañado en sangre. La noticia hizo vibrar de alegría a González y a Carranza, quien recompensó a Guajardo con el dinero ofrecido.
Sólo así, mediante una traición cobarde y abyecta, pudieron vencer los carrancistas a Zapata. (Emiliano Zapata es uno de los pocos personajes de la Historia de México a quien realmente admiro yo).
EL ASESINATO DE VENUSTIANO CARRANZA:
Poco se imaginaba Carranza al recibir la noticia de la muerte de Zapata, que él estaba destinado a compartir el mismo triste destino: La diferencia está en que Zapata fue traicionado por quienes siempre fueron enemigos suyos, mientras que a Carranza lo traicionarían gentes que antes fueran sus amigos.
Muerto Zapata, fue tambien capturado y fusilado el general villista Felipe Ángeles, a quien se fusiló disparándole al vientre para causarle más dolorosa agonía. Con esto Carranza era amo "absoluto" del país. Pero su poder era ilusorio: El que quisiera permanecer como presidente tenía que obedecer a los Estados Unidos -y a las fuerzas detrás de ellos-, y Carranza empezó a hacerse el remolón. Para empezar no aplicó en todo su rigor la "Constitución" de 1917, tampoco impulsó la lucha de clases que exigían los comunistas. El presidente Wilson empezó entonces a distanciarse de él, y con mayor razón cuando Carranza se mostró amigable con Alemania, que se perfilaba como el peor enemigo de los yanquis (la 1a. Guerra Mundial).
De hecho uno de los factores que decidió a Wilson a entrar en guerra con los Imperios Centrales fue el famoso telegrama enviado por el canciller Zimmermann al gobierno carrancista, proponiéndole coger a EEUU por dos fuegos. A mediados de 1919 la Casa Blanca prohibió la venta de armas a Carranza, lo cual era tanto como desconocerlo: Había sonado también el fin para Carranza.
Carranza frenó muchas veces la acción anticatólica de los jacobinos comunistas, le dio largas al cumplimiento del punto 6º de la Junta Anfictiónica de Nueva Orleans [16] y tampoco permitió la "lucha de clases" que pregonaba el socialismo. Quién sabe si muy en el fondo guardara todavía una chispa de cristianismo, que le impedía descargar el golpe. El 21 de diciembre de 1918 había propuesto un proyecto de reforma constitucional publicado en el Diario Oficial, donde proponía moderar el artículo 130º y reconocía como injustas las leyes anticlericales. Todo esto disgustaba a los enemigos de la Iglesia, y sus principales líderes: Álvaro Obregón y Plutarco Elias Calles, no se iban a tentar el corazón para perseguir a la Iglesia.
Se necesitaba un pretexto para derrocar a Carranza, y el pretexto fue el apoyo que otorgó Carranza al ingeniero Ignacio Bonilla para las elecciones presidenciales que se iban a celebrar en septiembre de 1920. Los otros candidatos eran Pablo González y Álvaro Obregón. Éste último resultó el elegido de los Estados Unidos para apadrinarlo. Obregón, junto con Calles y con el gobernador de Sonora, Adolfo de la Huerta, fraguó un proyecto de rebelión contra Carranza, llamado El Plan de Agua Prieta. Esta traición fue descubierta, y Obregón tuvo que huir de la Ciudad de México disfrazado de garrotero. De un golpe todos los carrancistas se volvieron contra el "Primer Jefe", y estallaron movimientos por todas partes: Jesús Guajardo, Joaquín Amaro, Arnulfo R. Gómez, Lázaro Cárdenas, Pascual Ortiz Rubio, y hasta la armada mexicana de Hiram Toledo.
Carranza, pues, ya no tenía el poder necesario para resistir, y decidió huir de la Ciudad de México, saliendo el 7 de Mayo de 1920 con rumbo de Veracruz. Cuando salió en tren fue alcanzado por una locomotora loca mandada por el dos veces traidor Guajardo. Luego de un tramo más, Carranza decidió continuar a caballo por la sierra de Puebla.
Ahí se le unió el general Rodolfo Herrero con una tropa, y Carranza decidió pasar la noche en el pequeño poblado de Tlaxcalantongo, Puebla, el 21 de mayo. Por la noche descansaba con su séquito en unas chozas, cuando irrumpió Herrero al grito de ¡Viva Obregón!, y mediante un tiroteo fue asesinado Carranza. El general Basave y Piña, ante la Suprema Corte de Justicia, denunció como autor intelectual del asesinato, a Obregón.
Obregón iba a ocupar su puesto en la Historia de México, pero con él entramos a una siguiente etapa: La Persecución Religiosa. Sirva aquí reflexionar cómo se considera a Obregón un héroe, pese a ser, como Victoriano Huerta, un vulgar usurpador; y aun así había entre ellos una abismal diferencia: Obregón era lacayo de los Estados Unidos, Huerta jamás lo fue.
(FIN DE ESTA PARTE)
Referencias
[1] Quienes editaron la Carta en 1896 anotaron una Introducción, que contiene los siguientes detalles:
"Con el deseo de publicar el Sr. Lic. D. José Antonio González su apología de las apariciones de nuestra Señora de Guadalupe de México, solicitó en 1883 la correspondiente licencia de la autoridad eclesiástica. El Ilmo. Sr. arzobispo D. Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos, pasó el manuscrito al Sr. D. Joaquín García Icazbalceta a fin de que diese su opinión; pero este señor se lo devolvió inmediatamente, pidiéndole que le excusase de ocuparse en este asunto, pues no era teólogo ni canonista. Insistió el Sr. Labastida, diciéndole por escrito que no le pedía su opinión como teólogo o canonista, sino como persona muy versada en la historia eclesiástica del país, y añadía que "se lo rogaba como amigo y se lo mandaba como prelado"".
Carta acerca del origen de la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, Advertencia de los Editores. México, 1896
[2] Dice así Icazbalceta en su Carta:
"Quiero hacer constar que en virtud del superior y repetido precepto de V.S.I. falto a mi firme resolución de no escribir jamás una linea tocante a este asunto del cual he huido cuidadosamente en todos mis escritos".
"Le ruego por lo mismo, con todo el encarecimiento que puedo, que este escrito, hijo de la obediencia, no se presente a otros ojos ni pase a otras manos; así me lo ha prometido V.S.I."
Ibidem, N. 4 y N. 70
[3] Agustín de la Rosa, presbítero, publicó en 1896 su respuesta a Icazbalceta con el título de Defensa de la Aparición de Ntra. Sra. de Guadalupe y refutación de la Carta en que la impugna un historiográfo de México. Por su parte, el obispo tamaulipeco Eduardo Sánchez Camacho da fe de que
"Había yo leído en La Voz de México, de 15 del corriente, un ensayo de refutación de la carta últimamente publicada del Sr. don Joaquín García Icazbalceta acerca de la aparición guadalupana en el Tepeyac, en la que el actor. Sr. Lic. don Trinidad Sánchez Santos, no presenta más argumentos que algunos errores históricos en que incurrió el Sr. Icazbalceta, constituyéndose el Sr. Sánchez Santos en juez del señor autor de dicha carta".
Carta del Ilmo. Sr. Dr. D. Eduardo Sánchez Camacho, Obispo de Tamaulipas, a "El Universal", sobre la Aparición Guadalupana, Agosto 23 de 1896, ubicado en TORRE VILLAR y NAVARRO DE ANDA, Testimonios Históricos Guadalupanos, p. 1281
[4] Así lo reportó en un informe Felipe Teixidor, quien tuvo a la vista un ejemplar de la 2a. edición de las Informaciones, donde Nicolás León escribió:
"Todo este escándalo antiguadalupano lo armó el canónigo Andrade con la colaboración de Agreda, Troncoso, el cura Icaza, y embarraron en el chisme a cuantos pudieron, vivos y difuntos. Del lado contrario y siguiendo procedimientos análogos, hicieron lo mismo Vera, Antícoli, Carrillo Ancona, Duarte, Cuevas, Plancarte y otros de segunda fila".
Alfonso Junco aclara que es FALSO que los guadalupanos utilizaran "procedimientos análogos", pues ninguno de los allí mencionados utilizó sustracciones, ediciones anónimas, violación de voluntades expresas y falsificaciones, como sí hicieron Andrade y algunos de sus ayudantes.
JUNCO, Alfonso, El Milagro de las Rosas, p. 84
[5] Esto lo comenta muy perspicazmente José González Torres:
"La depresión social que siguió a la Reforma fue exacerbada por las dictaduras de Juárez y de Lerdo de Tejada, que extremaron las represalias personales y la aplicación de las Leyes de Reforma. Díaz, en cambio, al instaurar su propia dictadura, comprendió que no era adecuada la política seguida por Juárez y Lerdo de Tejada y procura suavizar los procedimientos sin desistir del propósito fundamental. Se ha dicho que don Porfirio dejó de aplicar las Leyes de Reforma, y no es verdad: las Leyes de Reforma ya estaban aplicadas: el Estado era laico y el poder social de la Iglesia estaba definitivamente quebrantado. Don Porfirio se limitó a tolerar una que otra violación insignificante a dichas Leyes, violación de suyo intrascendente y que, de haber sido castigada, hubiera provocado alteraciones innecesarias en la "paz porfiriana". En otras palabras, don Porfirio no curó las heridas que en el cuerpo social produjeron las Leyes de Reforma; se limitó a inyectar sedol a la sociedad católica que gobernaba para calmar el dolor que sufría. La Revolución fue una reacción contra los principios políticos, sociales y económicos de la Reforma. Por eso entiendo a los juaristas y entiendo a los revolucionarios, más no puedo entender aún a los revolucionarios-juaristas".
GONZÁLEZ TORRES José, VII Presidente General de la A.C.J.M., en el prólogo al libro De Don Porfirio a Plutarco, Historia de la A.C.J.M., por Antonio Rius Facius, 1958.
[6] En su Plan de San Luis, Madero expresa así su convocatoria:
"El Gobierno actual, aunque tiene por origen la violencia y el fraude, desde el momento en que ha sido tolerado por el Pueblo, puede tener para las naciones extranjeras ciertos títulos de legalidad, hasta el 30 del mes entrante en que expiran sus poderes; pero como es necesario que el nuevo gobierno dinamado del último fraude, no pueda recibirse ya del poder, o por lo menos se encuentre con la mayor parte de la Nación, protestando con las armas en la mano, contra esa usurpación, he designado la noche del domingo 20 del entrante noviembre, para que de las seis de la tarde en adelante, todas las poblaciones de la República se levanten en Armas bajo el siguiente Plan."
http://www.bibliojuridica.org/libros/libro.htm?l=594
[7] Desde casi un siglo antes se fraguaban las Persecuciones Antirreligiosas en México. El 4 de septiembre de 1835 se acordó un Plan por la Junta Anfictiónica de Nueva Orleans, formada por masones protestantes. Plan dictado a Valentín Gómez Farías, tenía el objetivo de desmembrar a Texas y de convertir a México en una república federal, liberal e irreligiosa. En su 2º punto la Junta pide que sean expulsados de México todos los obispos y personas laicas y del clero que se sospeche van a luchar contra las reformas. Su 3º punto implica anular todos los cabildos eclesiásticos, el 4º que se supriman todos los conventos de frailes y monjas, disponiendo el gobierno de los bienes raíces, muebles y otros bienes que tengan dichos conventos, el 5º punto ordena al gobierno mexicano romper relaciones con la Santa Sede, y restringe a los católicos el hacer prosélitos, el 6º punto -punto prematuramente comunista- dice que las tierras y fincas se repartan equitativamente entre todos los ciudadanos, con preferencia especial a los militares. Firmado por Gómez Farías y J. A. Mejía, le siguen 37 firmas de los conspiradores norteamericanos. En CUEVAS, Mariano, Historia de la Iglesia en Méjico, tomo V, p. 216-218.
[8] Jean Meyer, en su magnífica investigación titulada La Cristiada, proporciona muchos datos obtenidos de primera mano,
"En cuanto entraban en una ciudad (los carrancistas), se apoderaban de las llaves de las iglesias... tomaban los copones y vaciaban las hostias consagradas en los pesebres de los caballos... ponían los ornamentos sacerdotales sobre el lomo de los caballos, disparaban contra los tabernáculos, quemaban los confesionarios, bebían en los cálices".
"El 22 de Agosto (de 1914) en Toluca, fue fusilado el hermano Mariano González y saqueadas las iglesias del Carmen y la Merced. En Puebla fue disuelto el cabildo de catedral, y el P. Escobedo impuesto como administrador; los emplazamientos de los confesionarios quemados fueron marcados con emblemas masónicos, y se transformó el púlpito en tribuna libre. Diéronse bailes en la capilla del colegio de los jesuitas, el palacio archiepiscopal se convirtió en cuartel."
Del Diario de los Debates Constituyentes extrajo Meyer un fragmento de la intervención del diputado Alfonso Cravioto:
"Opina la Comisión que debemos evitar las torceduras que da la enseñanza religiosa, y expone como medio un criterio jacobino; pero la Comisión se queda corta. Que siga la lógica de este criterio; no debe contentarse... debe evitar las torceduras de que hemos hablado, penetrando en los hogares, que rompa los santos, que despedace los rosarios, que descuelgue los crucifijos, que confisque las novenas y demás adminículos, que atranque las puertas contra el cura, que destruya la libertad religiosa, que nos traiga la Comisión este único artículo: En la República de México sólo habrá garantías para los que piensen como nosotros... ¿Vamos, señores diputados, a entrar en este desastre institucional, en este torbellino de intolerancias, en nombre de la revolución?"
Una proclama en Jalisco y Colima a fines de 1914 así reclamaba a los constitucionalistas:
"Señores carrancistas: persiguiendo de muerte a la religión católica, nos habéis provocado. Vosotros sois los únicos culpables; vuestro sectarismo es un peligro para la patria, atropello a la civilización, sonrojo para el mismo grupo de liberales honorados.. Si se nos ataca, nos asiste el derecho de repeler la agresión bárbara e injusta... ante vosotros y ante el mundo entero, declaramos solemnemente que la lucha ha sido provocada por el sectarismo de Carranza y que luchamos por la Religión Católica Apostólica Romana y por nuestros ideales políticos que están perfectamente expresados en dos palabras: VERDADERA DEMOCRACIA. ¡Muera Carranza! ¡Muera la masonería!".
El propio liberal Félix Díaz llegó a denunciar, por medio de la Junta Central Felicista, en agosto de 1919 que:
"Desde que las fuerzas carrancistas avanzaron hacia el centro del país, comenzaron los atropellos a las creencias religiosas, violando los conventos, estuprando a las monjas, al grado de hacer embarazadas muchas de ellas, saqueando las iglesias, exhibiendo en público como mantillas de los caballos los ornamentos sagrados y vistiendo las soldaderas los ropajes de las imágenes. En esta capital se dio el caso de profanar el templo de Santa Brígida, destruyendo los altares después de defecar en ellos y fusilando a los santos Aprehendieron a los sacerdotes que tuvieron a su alcance, y en calidad de presos los remitieron como cerdos a Veracruz, sin darles alimentación. Todo esto verificado al amparo y por orden del general Obregón".
Finalmente con una serie de testimonios Jean Meyer detalla:
"Secularización, laicismo, anticlericalismo, vandalismo, sacrilegios, iconoclasia, blasfemias, encuéntranse todas las tendencias, desde la tolerancia hasta la religiosidad negra de los celebrantes de misas al revés. No faltan los casos de perversión minuciosa, de inversión, de "mundo al revés". Esta obsesión por "poner fanáticamente al mundo patas arriba" fue lejos. Los sacerdotes reconocían al diablo en aquellos militares que oficiaban poniéndose los ornamentos al revés, que leían al revés libros puestos al revés, con gafas opacas, y en aquellos soldados que se entregaban a comilonas y bailoteos en las iglesias, organizando aquelarres, bailando con las vírgenes, desnudando a las santas, fusilando a los Cristos, haciendo el amor, orinando y defecando sobre los altares. Se comprenderá el testimonio asombroso de aquella mujer que nos ha jurado que, habiendo entrado para hacer la habitación del general Ortiz y sorprendiéndolo en camisa, le vio una cola hendida y unas pezuñas. Las chusmas callistas, cuando llegan a un pueblo, renuevan las escenas del 93 en Francia. Han convertido en cuarteles y caballerizas nuestros templos, destrozado las santas imágenes, violado los sagrarios, en la Purísima hicieron en el templo un baile. Uno de los agraristas tomó la imagen de la Santísima Virgen, bailó con ella. El gobernador Ambrosio Puente decretó en Morelos: Toda persona que pida algún sacramento a los sacerdotes será pasada por las armas... En la lista de sacrilegios, la profanación de las hostias viene en primer lugar y revela una verdadera fijación, mientras que en el soldado de línea o el agrarista que lleva al cuello el escapulario y que suplica de rodillas a los cristeros que perdonen la vida a quien es tan católico como ellos, se asiste al delirio neurótico producto del sentimiento de culpa. Los soldados que recogían reliquias del sacerdote a quien acababan de fusilar, los agraristas que se desbandaban por haber visto, en las nubes, a Santiago precipitándose contra ellos, eran los mismos que cubrían a sus caballos de casullas y entraban en combate gritando "¡Viva Satán!" Cierto general prometió a la Virgen un cirio si escapaba de la derrota que estaba en aquel momento sufriendo... ¡y cumplió su palabra!".
MEYER Jean, La Cristiada tomo 2.- El conflicto entre la Iglesia y el Estado 1926-1929, Fragmentos.
[9] Francois Chevalier, en su Le soulevement de Zapata, publicado en Annales ESC, 1961, señala que los zapatistas respetaban las iglesias y procuraban capellanes para sus tropas, y también Vasconcelos notó que: "el culto a la Virgen de Guadalupe... fue una de las causas del choque entre zapatistas y carrancistas, cuando éstos hicieron arrancar a los zapatistas la imagen religiosa"., en VASCONCELOS José, Bolivarismo y monroísmo, en Obras completas, 1958.
[10] Los villistas también eran católicos en su mayoría. Villa mismo, sin ser muy devoto, era católico y nunca quiso aliarse con los jacobinos. Prueba de esto es que su lucha fue contra las fuerzas anticlericales que Estados Unidos y la masonería canalizaban a través del constitucionalismo. Cuando los villistas tomaron Guadalajara y Morelia liberaron a los sacerdotes presos y abrieron las iglesias. Y Villa escribió a Carranza: "Le acuso a usted de haber destruido la libertad de conciencia persiguiendo a la Iglesia, de haber permitido que los gobiernos prohibieran el culto y aun impusieran penas por la celebración de actos enteramente permitidos por la ley, de haber ultrajado profundamente los sentimientos religiosos del pueblo". En MOCTEZUMA Aquiles, El conflicto religioso de 1926 Tomo I.
[11] Invitar a Zapata era ya impensable para los constitucionalistas, y con más razón porque el Caudillo del Sur, el 1 de Octubre de 1916, había lanzado un Manifiesto al Pueblo Mexicano y al Cuerpo Diplomático, donde se denuncia que la elección de Carranza como presidente es un fraude, y le reprocha al "Primer Jefe" su "epilepsia anticlerical". En su Historia de México José Bravo Ugarte confirma que en las zonas controladas por carrancistas hubo encarcelamiento masivo de sacerdotes, violación de conventos, en San Luis Potosí se prohibió la misa entre semana y las confesiones a excepción de los moribundos -pero estas confesiones debían contar con la presencia de un agente del gobierno-. En Guanajuato e Irapuato se prohibió bajo pena de muerte la confesión. En Toluca se prohibieron la mortificación y el ayuno.
[12] En medio de todo, hay que reconocer, con honestidad, que no todos aquellos liberales eran RADICALES. Hubo también algunos moderados, como el hidalguense Alfonso Cravioto (ver la referencia 8), quien apoyaba la lucha contra el clero, pero de un modo que no afectara a los derechos fundamentales del pueblo al pensamiento religioso (Lo cual obviamente no era posible, laicos y clérigos son una misma Iglesia, y luchar contra los clérigos es luchar contra sus fieles). En sus palabras, tanto el clero como el jacobinismo son enemigos de México. También el delegado guanajuatense José Natividad Macías destacó que, por la naturaleza del ser humano, era imposible cambiar las costumbres de los pueblos de la noche a la mañana, y que las medidas extremas contra la Iglesia van a recibir el repudio y la indignación de casi todo México. Palavicini le dió la razón, preguntando a los constituyentes: "¿Quién es capaz de negar honradamente, lealmente, que el noventa por ciento de los mexicanos es católico? ¿Que se cambian las conciencias con un decreto?".
El diputado Lizardi tuvo ocasión de decir que la confesión era imposible de prohibir, porque a 14 millones de católicos habría que poner otros tantos guaruras que los acompañaran al confesionario. Se trató también de que las Legislaturas locales determinaran el número de sacerdotes que podían celebrar en el estado, y Palavicini cuestionó: ¿Qué legislatura puede medir, qué legislatura va a poder saber con cuántas oraciones, con cuántos credos y con cuántas salves va a tener cada creyente? ¿Cómo va a repartir la dosis de la religión? Eso sería sencillamente convertir la Legislatura en un cabildo de canónigos".
Del lado contrario, ultrarradical, estaban principalmente Enrique Recio, Francisco J. Mújica y Alfonzo Romero. Al respecto, basta consultar el Diario de los Debates del Congreso Constituyente.
[13] El 16 de Agosto de 1989 el diputado del Partido Popular Socialista -partido que actualmente ya no está registrado-, Alfredo Reyes Contreras, presentó a la Comisión de Justicia del Congreso de la Unión, una iniciativa para reformar la ley, proponiendo artículos tan absurdos como implantar educación laica en TODOS los colegios, privados y oficiales, prohibición a los sacerdotes de criticar las leyes, prohibir a las publicaciones religiosas hablar de política, prohibición a sacerdotes y personas de la vida religiosa de usar trajes o distintivos fuera de los templos, etc.
Consultar en: http://cronica.diputados.gob.mx/Iniciativas/54/061.html
[14] Ver en la Página de El Vaticano el texto de la Encíclica Iniquis afflictisque (en inglés): http://www.vatican.va/holy_father/pius_xi/encyclicals/documents/hf_p-xi_enc_18111926_iniquis-afflictisque_en.html.
[15] Para muestra 2 botones: Hidalgo tomó como estandarte la imagen guadalupana al momento de excitar el honor de los criollos. El segundo botón es más interesante, pues pertenece a un carrancista. El 21 de Junio de 1916 un grupo de soldados norteamericanos pertenecientes a la "Expedición Punitiva" de Pershing, al mando del capitán Charles T. Boyd, hicieron contacto en El Carrizal, Chihuahua, con las fuerzas mexicanas mandadas por general Félix Uresti Gómez. Gómez prohibió el paso a los yanquis, quienes pretendían dirigirse a Villa Ahumada. Luego de una discusión los norteamericanos abrieron fuego, y los mexicanos respondieron, iniciándose un combate. A la primera descarga el general Gómez dio vivas a México y a Carranza, y uno de los tenientes, Ernesto Padilla, gritó "¡Viva nuestra Madre Santísima de Guadalupe!". En el combate los mexicanos obtuvieron la victoria, a pesar de su inferioridad numérica; Boyd y Gómez murieron en la acción. El capitán Morey se retiró al mando de las tropas invasoras, y el teniente coronel Genovevo Rivas Guillén, sucesor de Gómez al mando, ordenó no perseguir a los vencidos.
ARCHIVO CASASOLA (Historia Gráfica de la Revolución Mexicana), Tomo IV, p. 1106-1108.
|