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Introducción
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Desde hace muchos años, estudiando con los lasallistas la educación primaria, escuché -no recuerdo en qué circunstancias-, que la Virgen de Guadalupe era milagrosa, pues "se veían imágenes en sus ojos". El asunto no me llamó la atención, y de hecho casi lo olvidé. Hasta años más tarde, volví a encontrarme estudiando el asunto.
Ocurrió que en mi casa, revisando una caja de libros -que no sé ni de dónde salieron-, encontré un libro titulado El misterio de la Virgen de Guadalupe, su autor J.J.Benítez, y la portada contenía, en letras más pequeñas, el subtítulo "Sensacionales descubrimientos en los ojos de la Virgen mexicana".
Leí el libro, por partes, encontrándolo interesante, aunque no como para profundizar en el asunto. Además de un cierto escepticismo que me despertó, debo confesar que le tuve menos confianza todavía cuando supe quién era J.J.Benítez. Saber por ejemplo de sus investigaciones en Ufología, y el argumento de su saga de Caballo de Troya, me dieron la pauta para juzgar de la seriedad de este periodista español.
Y sobre Benítez, mi opinión no ha cambiado. Sigo pensando que es más un vendedor que un investigador, y que sus afirmaciones sobre OVNIS carecen de bases científicas sólidas. Por eso, al decidirme a hacer una Investigación Documental Guadalupana, tomé su libro con la cautela que es de suponer.
Resulta que durante mi Investigación, he conseguido algunos libros de los que Benítez cita, y otros los he consultado. Ahora mi opinión es que su libro tiene mucho de sensacionalista, pero cita honestamente libros y autores, y las entrevistas que realiza a diferentes científicos estudiosos del Ayate Guadalupano, son de considerable valor. Con todo, recomiendo cautela para leer su libro, y sobre todo, cotejar sus citas con otros autores.
El busto humano
Benítez no inventó lo que pone en su libro. Algunas décadas antes que él, fue que diversos especialistas en Oftalmología examinaron los ojos de la Virgen de Guadalupe (la original, se entiende), y se constató que en sus ojos se encontraba un busto humano perfectamente identificable, y que cumplía, además, con las leyes científicas de la Óptica conocidas como de Purkinje-Samson, que vamos a explicar. Ante todo, sugiero poner orden en el tema, y empecemos por el Descubrimiento del dicho busto humano.
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¿Quién descubrió el busto humano?
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En la década de 1950, un dibujante llamado José Carlos Salinas Chávez anunció a las autoridades eclesiásticas de la diócesis de México que había descubierto "la cabeza de Juan Diego" en la pupila derecha de la Virgen, el 20 de mayo de 1951, y redactó un documento donde él y y Luis Toral González firmaban.
Este documento, junto con otros -dictámenes médicos que vamos a comentar-, fue publicado por Carlos Salinas y Manuel de la Mora en un libro llamado Descubrimiento de un busto humano en los ojos de la Virgen de Guadalupe, pág. 101, del que poseo un ejemplar de su 2a. edición, hecha por Editorial Tradición en 1980.
Este "descubrimiento" de Carlos Salinas dio pie a que un número no pequeño de especialistas en el ojo humano, es decir, médicos oftalmólogos, examinaran la imagen con oftalmoscopio y así dictaminaran, científicamente, si había o no tal busto humano. La prensa publicó también notas sobre el "descubrimiento", por ejemplo las revistas Impacto y Juan Diego, y el periódico Excelsior. Algunos de esos artículos los publicó el mismo José Carlos Salinas Chávez en un libro de su autoría, titulado Juan Diego en los ojos de la Santísima Virgen de Guadalupe, del que poseo un ejemplar de la Primera edición, hecha por Tradición en 1974. Es decir, el "descubrimiento" de Salinas fue del dominio público, y por eso fue que llegó tanto a mis oídos como -mucho antes- a J.J.Benítez.
Benítez relata en su obra como leyó el primero de los dos libros citados, Descubrimiento de un busto humano..., y como, investigando más a fondo, se encontró con que el verdadero descubridor no había sido Salinas, sino Alfonso Marcué, quien fue fotógrafo oficial de la Basílica en los años 20 (los de la Persecución Religiosa). Resulta que Salinas dijo -en una conferencia que pronunció el 12 de Julio de 1956 y que publicó la revista Juan Diego en agosto del mismo año- que hacía tiempo sabía de un "rumor" sobre tal silueta humana en los ojos de la Virgen, y que al serle obsequiada una fotografía tomada del original por Jesús Cataño, la examinó con lupa, re-descubriendo, por lo tanto, el busto humano que originalmente descubrió Marcué.
Deseoso de hacer justicia a Marcué -y en eso yo lo apoyo-, Benítez contactó con otro estudioso guadalupano, Rodrigo Franyutti, quien buscando entre los documentos dejados por Marcué (ya fallecido cuando Benítez quiso entrevistarlo), encontró una carta de Marcué -Benítez no da la fecha de la carta-, pero en esta carta, que escribió Marcué al director de la revista Impacto, nos encontramos con que el fotógrafo reivindica su mérito como descubridor, diciendo:
Sobre este particular, sírvase tener en cuenta, señor Salinas, que yo mismo, en anteriores ocasiones a la fecha que usted cita en su artículo de Impacto, confidencialmente le traté sobre estos extraños reflejos que yo había observado mucho antes que usted desde el año de 1929, en los ojos de la Virgen de Guadalupe. Las razones que tuve, en aquel entonces, para que tal descubrimiento no fuera todavía del dominio público, se debió a las instrucciones terminantes del ilustrísimo señor abad don Feliciano Cortés Mora, de grata memoria, que estimó oportuno no publicarlas, por circunstancias del momento, asegurándole a usted que el señor abad Cortés tenía mucho interés en que se estudiara el caso más tarde. No obstante la advertencia, recuerde usted, señor Salinas, que adelantándose a lo recomendado, de no hacer público por el momento lo de los reflejos observados por mí desde 1929, se tomó la libertad de publicarlos sin la debida autorización del señor abad de la basílica de Guadalupe.
(Publicado por J.J.Benítez en El misterio de la Virgen de Guadalupe, págs. 179-180)
No hay duda, por lo tanto, de que el verdadero descubridor no fue Carlos Salinas en 1951, sino Alfonso Marcué en 1929, y encuentro de rigor recalcarlo, pues en el Descubrimiento de un busto humano..., Carlos Salinas se llama a sí mismo "el descubridor", cuantas veces se le alude, por ejemplo, en pies de fotografía. No fue él, sino Marcué, el descubridor.
*NOTA: No sólo J.J.Benítez aclara el crédito que merece Marcué. Libros posteriores, de los mismos jerarcas de la Iglesia o con su colaboración, confirman que fue Alfonso Marcué el descubridor, por ejemplo: El Encuentro de la Virgen de Guadalupe y Juan Diego, de Eduardo Chávez, Fidel González y José Luis Guerrero y La Guadalupana, ¿fantasía o realidad? de Alejandro Reza Heredia.
ACLARACIÓN (a 28/Enero/2010):
En fechas recientes tuve el honor de conocer a Don Carlos Salinas Saucedo, hijo de José Carlos Salinas Chávez, con quien tuve una agradable plática, durante la cual me aclaró ciertos puntos relativos al descubrimiento de Alfonso Marcué, y al de Carlos Salinas Chávez.
Según lo que me explicó, Alfonso Marcué creyó ver a un "hombre arrodillado", en una silueta blanca en el ojo izquierdo de la Virgen. Cuando años después Carlos Salinas examinó los ojos, en vez de ese "hombre arrodillado" en el ojo izquierdo, descubrió el BUSTO HUMANO que nos ocupa, en el ojo derecho, es decir, un descubrimiento distinto al de Marcué.
En apoyo de esta aseveración, el Sr. Salinas Saucedo publicó una carta del pintor Luis Toral González, quien estuvo presente cuando Carlos Salinas hizo su descubrimiento. En su libro Descubrimiento en los ojos de la Virgen de Guadalupe, publicado en 2008, se publica una Carta de Luis Toral González donde explica este suceso, y de la cual transcribo los siguientes párrafos:
En 1953, D. Alfonso Marcué González, fotógrafo oficial de la Basílica de Guadalupe, públicamente afirmó que fue él quien hizo el descubrimiento en cuestión, y que lo hizo del conocimiento de D. Carlos Salinas en ocasiones anteriores al 29 de mayo de 1951 (Impacto No. 731, del 4 marzo 1964, pág. 33). Esto lo niega D. Carlos Salinas de manera categórica.
Tomando en consideración: 1º. Que la designación arzobispal que los faculta a Uds. para investigar el descubrimiento, 2º. El hecho de que fui yo quien informé a D. Carlos Salinas sobre un descubrimiento hecho por D. Alfonso Marcué, y que en mi opinión es distinto del que hizo el Sr. Salinas, 3º. El hecho de que yo fui el único testigo presencial del descubrimiento hecho por este último, y finalmente, 4º. El hecho de que fui yo quien dio los primeros informes acerca de este descubrimiento al periodista Abel Tirado López, ME CONSIDERO OBLIGADO A INFORMAR A UDS, ACERCA DE ESTOS TRES ULTIMOS HECHOS.
El 29 de mayo de 1951 fui al estudio del dibujante D. J. carlos Salinas Chávez, entonces ubicado en la calle de Tacuba No. 58, despacho 24, en la ciudad de México. En dicho estdio tenía él una excelente fotografía del busto de la Guadalupana, tomada directaqmente y sin el cristal que la protege, de la imagen original. El objeto de esta visita fue tratar de comprobar yo, mediante un examen directo de dicha fotografía, un descubrimiento hecho por D. Alfonso Marcué González y del cual me informó, relativo a UNA SILUETA DE JUAN DIEGO PROXIMA A UNO DE OS OJOS DE LA SMA. VIRGEN DE GUADALUPE.
...quedamos solos en el estudio D. Carlos Salinas y yo, él ocupado en su trabajo profesional, y yo afanado en una inútil búsqueda de la SILUETA de que me hablara D. Alfonso Marcué. Cuando vi que D. Carlos Salinas terminó su trabajo, le manifesté claramente el objeto de mi visita, y le pedí su valiosa ayuda para hallar la SILUETA que buscaba y que, según manifesté al dibujante Salinas, había descubierto el fotógrafo Marcué cerca de uno de los ojos de la Guadalupana.
D. Carlos Salinas tomó una lupa y cuidadosamente empezó a examinar los ojos, en la fotografía de la Guadalupana. Así transcurrieron algunos minutos en que Salinas dirigía habia arriba o abajo, o lateralmente, más cerca o más lejos, la lupa. De pronto se detuvo y en un arranque de alegría exclamó con emoción: ¡Aquí hay algo maravilloso! Déjeme examinar el otro ojo.
...y añadió-Voy a mostrarle a usted una cosa muy distinta de la que usted busca: le voy a mostrar lo que estoy viendo, gracias a Dios, nada menos que EL REFLEJO DE JUAN DIEGO EN LOS OJOS DE LA SANTÍSIMA VIRGEN, tal y como usted se refleja en los míos, poniéndose frente a mí. ¡Véalo por sí mismo!
Quiero concluir manifestando a Uds., una opinión personal: el descubrimiento hecho por D. Alfonso Marcué González, de UNA SILUETA PROXIMA A UNO DE LOS OJOS DE LA GUADALUPANA, y el descubrimiento hecho por D. Carlos Salinas, de REFLEJOS DE UNA PERSONA –que suponemos Juan Diego- DENTRO DE CADA UNO DE LOS OJOS DE LA GUADALUPANA, son dos cosas completamente distintas. D. Carlos Salinas, a petición mía, y porque Dios así lo quiso, descubrió los segundos buscando la primera, y yo fui único testigo presencial del descubrimiento hecho por el dibujante Salinas.
Deplorando que D. Alfonso Marcué González haya acusado pública e injustamente de plagio de su descubrimiento a D. J. Carlos Salinas Chávez, y deseando contribuir al esclarecimiento de los hechos descritos, en beneficio de los estudios que Uds. vienen realizando acerca de dicho descubrimiento, extiendo el presente TESTIMONIO.
Atentamente.
México D.F., a 9 de Diciembre de 1964
Luis Toral González
Quiero concluir manifestando que deploro, como Carlos Salinas Saucedo, la falta de difusión de esta Carta, que hubiera resultado muy útil a J.J.Benítez y a los prelados que han asentado que Marcué fue el verdadero descubridor. Me alegro de tener conocimiento de estos datos, que ciertamente no encontré en ninguno de los libros de consulta que utilicé previamente. Un agradecimiento personal a Carlos Salinas Saucedo por su ayuda.
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¿De quién es ese busto humano?
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En lo que sí coincidieron Marcué y Salinas fue en la opinión de que ese "hombre con barba" reflejado en los ojos de la Virgen, era "Juan Diego". Sin ningún análisis, sin ningún razonamiento o prueba, concluyeron que era Juan Diego, y Carlos Salinas, ya lo vimos, tituló a su libro Juan Diego en los ojos de la Santísima Virgen.... Benítez también se rebela contra ello, y yo lo sigo en esto, pues no hay pruebas de que el busto humano reflejado pertenezca a Juan Diego. Uno de los oftalmólogos, Dr. Enrique Graue, examinando la imagen opinó que coincidía más con un español que con Juan Diego, pues -dijo- los indios eran lampiños.
En honor de la verdad, pues, los guadalupanos debemos confesar no saber quién es ese "hombre con barba", misteriosamente reflejado en los ojos de la Virgen. El lector juzgará a su vez, pues ahora presento las imágenes del busto humano descubiertas.


[CLIC encima de las imágenes para verlas de mayor tamaño]
Ambas imágenes corresponden al ojo derecho (por ahora no pondré las del izquierdo, donde la imagen está mucho más distorsionada), la primera sin ninguna indicación, y la segunda con una línea blanca que perfila la silueta del "hombre con barba" (ambas sin retoques). Las amplificaciones son de 49 veces, y puede verse, efectivamente, un busto humano. Y en mi humilde opinión, tiene más facha de español que de indio. La identidad del personaje reflejado en los ojos de la Virgen sigue siendo, por ahora, un misterio.
Ahora pasaré a lo que los peritos oftalmólogos opinaron al respecto.
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El ojo humano y la triple imagen de Purkinje-Samson
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Lo más interesante en relación al busto humano descubierto por Marcué y re-descubierto por Salinas, empezó cuando el asunto trascendió a la opinión pública. Motivo de la difusión de este descubrimiento, ¡nada menos que "la imagen de Juan Diego" en los ojos de la Virgen!, llamó la atención de numerosos medios.
Poco después de difundido el descubrimiento, surgió una interrogante obvia, ¿Por qué no examinar el ojo con instrumentos más poderosos que una simple lupa? ¿Por qué no examinarla, de hecho, con instrumentos específicamente diseñados para examinar los ojos? Entonces fue natural pensar en que los ojos de la Virgen de Guadalupe fueran examinados por médicos oftalmólogos, con oftalmoscopio, el aparato diseñado por el dr. Von Helmholtz, para ampliar el fondo del ojo y examinar de ese modo las diversas partes del mismo.
Entonces, varios especialistas, contactados en primer lugar por Salinas, y con la autorización eclesiástica, examinaron los ojos de la Guadalupana con oftalmoscopio. El primer examen de esta naturaleza ocurrió el 27 de marzo de 1956; por el oculista Dr. Javier Torroella Bueno; quien dos meses después remitió a Carlos Salinas un informe del 26 de mayo del mismo año donde decía, entre otras cosas:
Si tomamos una fuente luminosa y la ponemos frente a un ojo veremos que es reflejada por él, el lugar a donde se refleja y que nosotros vemos, es la córnea, ya que en el ojo sólo se pueden reflejar las imágenes en tres lugares (imágenes de Samson Purkinje), o sean la cara anterior de la córnea, la cara anterior del cristalino y la cara posterior del mismo. Los caracteres de estas imágenes son los siguientes: la imagen de la cara anterior de la córnea es más brillante, es derecha. La segunda imagen, es decir, la de la cara anterior del cristalino también es derecha, pero menos brillante; y la tercera es invertida y poco luminosa. Para poder observar estas dos últimas imágenes es necesario que la pupila esté en midriasis ya que se encuentran atrás del iris. En la imagen de la Virgen de Guadalupe, motivo de mi estudio, los citados reflejos se encuentran en la córnea.
(Publicado en Descubrimiento de un busto humano..., pág. 24)

(Exámenes del ojo humano con el oftalmoscopio)
Imágenes de Purkinje-Samson Antes de pasar a los demás dictámenes médicos, hablemos de estas imágenes. Son imágenes que se forman en el ojo humano cuando ve una imagen. A continuación un esquema de las mismas:

[CLIC encima de la imagen para verla de mayor tamaño]
Las tres imágenes de Purkinje-Samson son: la primera producida en la cara anterior de la córnea, la segunda en la superficie anterior del cristalino y la tercera en la superficie posterior del cristalino.
Posteriormente a Torroella, el Dr. Rafael Torija Lavoignet redactó un informe sobre sus observaciones a la imagen, con fecha 9 de agosto de 1956, y confirma la existencia de las imágenes de Purkinje-Samson en los ojos de la Virgen. Algunos párrafos de su informe son:
"Al proceder a efectuar dicho examen, el señor Alfonso Marcué, allí presente, me sugirió examinar con particular atención los ojos de la Virgen de Guadalupe. Así lo hice, a simple vista, y me sorprendieron algunos detalles, particularmente los reflejos luminosos. Entonces le pedí una lupa, a fin de hacer una mejor observación...
Aproximadamente dos semanas después, el día 23 de julio de este año, provisto de un oftalmoscopio, hice un segundo y más minucioso examen, durante una hora aproximadamente. En la córnea de los ojos se percibe la imagen de un busto humano. La imagen aparece distorsionada y en el mismo sitio que en un ojo normal... Al dirigir la luz del oftalmoscopio a la pupila del ojo de la imagen de la Virgen, aparece el mismo reflejo luminoso, y siguiéndolo, la pupila se ilumina en forma difusa dando la impresión de oquedad... Después examiné, mediante el oftalmoscopio, los ojos en diversas pinturas al óleo y a la acuarela y en fotografías, y en ninguna de ellas, todas ellas de distintos personajes, no se aprecia reflejo alguno. Por lo contrario, los ojos de la Santísima Virgen de Guadalupe dan impresión de vitalidad...
Queda, pues, dicho:
-Que las tres imágenes de Purkinje-Samson son reflejos que aparecen en los ojos humanos cuando visualizan una imagen.
-Que según los médicos oftalmólogos que examinaron la imagen, esa triple imagen aparece en los ojos de la Virgen de Guadalupe, ni más ni menos que si sus ojos estuvieran VIVOS.
¿Y qué dijeron otros médicos, aparte de Torroella y Torija? Veámoslo.
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Dictámenes de médicos oftalmólogos
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Ambos libros, Descubrimiento de un busto humano... y Juan Diego en los ojos..., son verdaderos álbumes de los dictámenes, que por cierto, se publican con la hoja membretada de los médicos, y la firma de los mismos, para garantizar la autenticidad de los informes. Haré primero una lista resumida de tales dictámenes, y luego, fotografías de algunos.
-Dr. Javier Torroella Bueno (ya citado), 26 de Mayo de 1956
-Dr. Rafael Torija Lavoignet (ya citado), 9 de Agosto de 1956
-Dr. Ismael Ugalde Nieto, 20 de Febrero de 1957
-Dr. A. Jayme Palacios, 20 de Febrero de 1957
-Dres. Torroella y Torija Lavoignet, 10 de Mayo de 1957
-Dr. Rafael Torija Lavoignet, 20 de Septiembre de 1958
-Dra. Ernestina Zavaleta, 21 de Febrero de 1959
-Dr. Guillermo Silva Rivera, 21 de Febrero de 1959
-Dr. Amado Jorge Kuri, 19 de Agosto de 1975
-Dr. Eduardo Turati Álvarez, 10 de Diciembre de 1975
-Dr. José Roberto Ahued Ahued, 23 de Diciembre de 1975
-Dr. Enrique Graue, 9 de Enero de 1976
-Dr. Javier Torroella Bueno, 21 de Febrero de 1976
En sus informes, los oftalmólogos se muestran unánimes en la presencia de la triple imagen de Purkinje-Samson en los ojos de la Virgen, y algunos recalcan lo imposible que es encontrar ese fenómeno en pinturas, y lo extraño de que los ojos de la Virgen "parezcan vivos". Sobre esto último hablaré luego de presentar fotografías de los informes: (CLIC encima de las imágenes para verlas ampliadas)
 | Informe del dr. Ismael Ugalde Nieto |
 | Informe del dr. A. Jayme Palacios |
 | Informe de la dra. Ernestina Zavaleta |
 | Informe conjunto de los dres. Javier Torroella Bueno y Rafael Torija Lavoignet |
 | Informe del dr. Enrique Graue |
Esa triple imagen de Purkinje-Samson se puede observar también, a simple vista, aunque de este modo no se ven completos los detalles de la imagen; y aquí se coloca la misma fotografía de los ojos, con las imágenes de Purkinje-Samson delineadas:
(CLIC para ampliar)
En la imagen de la izquierda, las imágenes de Purkinje-Samson del "hombre con barba" descubierto en los ojos de la Virgen, la imagen I.-1 es la de la superficie anterior de la córnea, la II.-3, la de la superficie anterior del cristalino, y la 2.-III la de la superficie posterior del cristalino.
La imagen de la derecha es una fotografía hecha a los ojos de María Teresa Salinas de Acero, hechos por el estudio fotográfico Ruiz Estudio de la ciudad de México, con el propósito de comprobar en los ojos el reflejo de personas posando enfrente de la persona fotografiada. Véanse los ojos de esta mujer, en la fotografía ampliada, y se verá un busto humano más o menos en la misma posición que aparece el "hombre con barba" en los ojos de la Guadalupana.
(La fotografía fue tomada el 7 de diciembre de 1958, y está publicada en el libro Juan Diego en los ojos..., pág. 79)
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¿Están vivos los ojos de la Guadalupana?
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Aquí seguiré a J.J. Benítez en las entrevistas que hizo a algunos de los oftalmólogos. En su libro publica las entrevistas a TRES de ellos: Enrique Graue, Rafael Torija Lavoignet, y Amado Jorge Kuri. Las tres entrevistas son muy interesantes, y permiten puntualizar algunos aspectos de este hallazgo. A continuación extractos del libro El misterio de la Virgen de Guadalupe, de Juan José Benítez.
Entrevista a Enrique Graue
Benítez: -Entonces, ¿usted vio algo en los ojos de la imagen?
Graue: -Sí. Allí hay una figura humana. Eso está claro.
Benítez: -¿Y no puede ser una ilusión óptica o el resultado de la casualidad?
Graue: -No. Yo he investigado después cientos de pinturas y en casi todas he visto cómo el artista ha tratado de darle vida a los ojos de sus personajes, pintando en la zona de las córneas una comita blanca que sigue precismaente la curvatura de dicha córnea. Pero lo curioso de estos reflejos en los ojos de la Virgen de Guadalupe es que se presentan en la cara anterior de la córnea y en el cristalino. ¿A qué pintor se le hubiera ocurrido hacer algo así en el siglo XVI o XVII? Entonces no se había descubierto la triple imagen de Purkinje-Samson.
Benítez: —¿Y no sintió la tentación de examinar los ojos?
Graue: —Sí. Y lo hice para comprobar una cuestión que alguien me había comentado. Tomé el oftalmoscopio y lancé el haz de luz al interior del ojo. Y quedé atónito: aquel ojo tenía y tiene profundidad. ¡Parece un ojo vivo!
Benítez: —Pero eso es inexplicable en una supuesta pintura...
Graue: —Totalmente inexplicable.
Benítez: —Permítame que insista: ¿está usted seguro que en los ojos de la imagen aparece un busto humano?
Graue: —Absolutamente seguro. No he sido yo el único que lo ha visto. En el ojo derecho, y en un espacio aproximado de cuatro milímetros, se ve con claridad la figura de un hombre con barba. Ese reflejo se encuentra en la cara anterior de la córnea. Un poco más atrás, el, mismo busto humano queda reflejado en las caras anterior y posterior del cristalino, siguiendo con total precisión las leyes ópticas. Más concretamente, la llamada «triple imagen de Samson-Purkinje». Este fenómeno, repito, es lo que proporciona profundidad al ojo.
Benítez: —¿Y en cuanto al izquierdo?
Graue:—Allí pude ver la misma figura humana, pero con una ligera deformación o desenfoque. Este detalle resulta muy significativo porque, como le citaba antes, ello concuerda plenamente con las leyes de la óptica. Sin duda, ese personaje se hallaba un poco más retirado del ojo izquierdo de la Virgen que del derecho.
Benítez: —¿Qué fue lo que más le llamó la atención en las distintas investigaciones sobre el ayate original?
Graue: —Yo le diría que, más aún, incluso, que la presencia de esa figura humana en las córneas, lo que me animó a seguir fue la luminosidad que se aprecia en la pupila.
Benítez: —¿En ambos ojos?
Graue: —Sí, pero todo se ve con mayor precisión en el derecho. He efectuado infinidad de pruebas en pinturas y jamás he observado ese fenómeno. Uno pasa el haz de luz en los ojos de la Virgen de Guadalupe y ve cómo brilla el iris y cómo el ojo adquiere profundidad. ¡Es algo que emociona!
»Fíjese hasta qué punto le recuerdan a uno los ojos de una persona viva que, en una de aquellas exploraciones, y estando yo con el oftalmoscopio en plena observación, inconscientemente comenté en voz alta, dirigiéndome a la imagen: «Por favor, mire un poquito para arriba...»
»Como usted habrá visto, la Virgen tiene los ojos ligeramente inclinados hacia abajo y hacia la derecha y yo, ensimismado con aquella luminosidad y profundidad, me olvidé que se trataba de una imagen y le hice aquel comentario, pensando que estaba ante un paciente...
Benítez: —En suma: ¿diría usted que parecen los ojos de un ser vivo?
Graue: —Si no fuera porque sé que se trata de una imagen, si.
Benítez: —¿Y qué explicación le encuentra a todo esto?
Graue: —Ninguna. ¿Por qué ese brillo? ¿Por qué la triple imagen de Purkinje-Samson en los ojos? ¿Por qué esa sensación de profundidad?
Benítez: —Como científico, ¿defendería usted esa triple imagen de Purkinje-Samson en los ojos de la imagen?
Graue: — En cualquier parte... Desde el punto de vista de la física óptica, en el ojo derecho de la Virgen de Guadalupe se está reflejando la figura de un hombre con barba. Y en el izquierdo, esa misma imagen, también de acuerdo con las leyes ópticas, aparece ligeramente desenfocada.
Benítez: —Doctor, ¿cree usted en los milagros?
Graue: —Mire, estimado amigo, como médico me cuesta trabajo...
Benítez: —Le haré la pregunta más directamente: ¿piensa usted que la presencia de ese busto humano en las córneas de la imagen de Guadalupe puede ser un milagro?
Graue: —Un milagro va contra las leyes físicas y naturales. Y esto no rompe dichas leyes. Lo que ocurre es que un fenómeno así no resulta fácil de asimilar por una mente racional y académica como la mía...
Benítez: —Entonces, ¿de qué podemos hablar?
Graue: —Humildemente le digo que no lo sé. Es un hecho inexplicable.
(CLIC para ampliar)
A la izquierda, el dr. Enrique Graue examinando los ojos de la Guadalupana con un oftalmoscopio Keeler. A la derecha, fotografiado por J.J. Benítez, explicando el efecto óptico de la triple imagen de Purkinje-Samson
Entrevista a Amado Jorge Kuri
Kuri: —Aunque parezca mentira, aquellos ojos ¡tienen vida!...
Benítez: —¿No puede ser, estimado doctor, que ustedes (católicos, practicantes y «guadalupanistas») hayan «querido ver» todo eso en la imagen que conocen y quieren...?
Kuri: —Sinceramente, no. Han sido muchos los médicos que han examinado los ojos y todos coinciden: tienen brillo. No es una mancha, como podría ocurrir con una simple pintura. ¡Uno ve el hueco...! Y eso se aprecia muy bien con el foco del oftalmoscopio. Parece una tercera dimensión.
Benítez: —En su informe, usted habla de la dirección de la mirada de la Virgen...
Kuri: —Sí, los ojos están dirigidos hacia algo o alguien que se encuentra ligeramente abajo y un poco a la derecha de la Señora.
Benítez: —Entonces, ¿cree usted que la Virgen era más alta que el personaje con barba que se refleja en sus ojos?
Kuri: —Pudiera ser. O quizá ocurrió que la Señora, en ese instante, se hallaba suspendida en el aire y, consecuentemente, un poco más elevada que aquella persona.
Benítez: —¿Piensa que ese hombre con barba tenía que estar a una distancia de 30 a 40 centímetros de los ojos de la Señora?
Kuri: —Sí. De acuerdo con los reflejos de Purkinje-Samson, la Virgen, en ese momento, debía de estar mirando hacia un lado.
Benítez: —¿Cree que existe alguna explicación lógica o racional para esa presencia de un busto humano en los ojos?
Kuri: —No, no la hay. Al menos por el momento. Desde el punto de vista de la ciencia no sabemos cómo se grabó esa figura en las córneas. Quizá la medicina del futuro pueda aclarar el misterio.
Benítez: —Ustedes han observado los ojos de la imagen con gran detenimiento. ¿Han encontrado algún defecto en los mismos?
Kuri: —Fisiológicamente son perfectos. Y esto resulta también inaudito.
Benítez: —¿Porqué?
Kuri: —Si se tratara de una simple pintura humana, por muy buen artista que hubiera sido el maestro, jamás habría le grado una perfección anatómica y hasta microscópica como la de dichos ojos. Volvemos, además, a lo de siempre: ¿que pintor podía conocer en 1531 el fenómeno óptico de la triple imagen de Purkinje-Samson?
Benítez: —¿Qué otros detalles no hubieran podido pintar o falsificar los artistas?
Kuri: —Por ejemplo, el color negro de los ojos. Cuando se ilumina con el oftalmoscopio, adquieren profundidad y brillantez. Como le decía antes, parecen ojos vivos... Por ejemplo, la equidistancia existente entre los reflejos que se advierten en los ojos. Es tan perfecta que uno le da la sensación de estar mirando ojos humanos ¡vivos!
Benítez: —¿Corresponden esos rasgos a una niña o a una jovencita, tal y como se ha dicho?
Kuri: —Sí, eso está muy claro. Quizá pudiera tener entre catorce y quince años.
Benítez: —¿Se observa alguna enfermedad a través del estudio del rostro o de las manos?
Kuri: —No. Su cutis es perfecto.
Benítez: —¿Opina usted, doctor, que se trata de una joven hermosa?
Kuri: —Muy hermosa. Le aseguro que verla de cerca, y sin el cristal protector, es muy distinto...
Benítez: —¿Qué sintió al verla así? ¿Qué experimentó la primera vez que la tuvo tan cerca?
Kuri: —Le diré algo importante. Como científicos, antes de proceder al análisis, tuvimos que dejar nuestras creencias religiosas en la puerta de la basílica. Era absolutamente necesario... Pero, a pesar de ello, la emoción fue enorme. ¡Si usted supiera la paz, la ternura y la dulzura que inspira ese rostro...!
Benítez: —¿Ha visto alguna vez un rostro igual o parecido al de Guadalupana?
Kuri: —Jamás. En mi larga vida como profesional he tenido oportunidad de ver a miles de seres humanos. De todas las clases y condiciones, pero jamás tropecé con uno tan delicado y sugerente.
Benítez: —¿Y en retratos o pinturas?
Kuri: —Mucho menos.
Benítez: —Hablando de retratos, si todo esto es cierto, y si la imagen se formó o estampó de una forma misteriosa en la tilma de Juan Diego, ¿es posible que nos encontremos ante el primer y único «autorretrato» de la Virgen María?
Kuri: —Estoy convencido de que así es. Cuando uno es consciente y está informado de esas maravillas, lo lógico es pensar que ese rostro pertenece a María. Una María niña o jovencita.
Entrevista a Rafael Torija Lavoignet
Benítez: —He leído sus informes sobre los ojos de la Guadalupana y en el primero, fechado el 9 de agosto de ese mismo año de 1956, usted alude a un personaje a quien, en mi modesta opinión, no se ha hecho justicia: Alfonso Marcué. ¿Cómo contactó con él?
Torija: —Verá usted, un cuñado mío era secretario y encargado de los negocios de Marcué. Este hombre, allá por los años veinte, era fotógrafo de la basílica de Guadalupe y fue precisamente el auténtico descubridor del «hombre con barba en el ojo derecho de la Virgen...
Benítez: —Sí, lo sé. Por eso le decía que quizá no se le ha hecho justicia.
Torija: —Estoy totalmente de acuerdo con usted en ese aspecto. Pero sigamos. Total, que yo conocía a Marcué y en alguna ocasión le había comentado mi deseo de ver el ayate de cerca. «Si se abre la urna —le expuse—, me gustaría estar presente.»
»Y por una de esas casualidades de la vida, en cierta ocasión, creo que con motivo de unos estudios y mediciones del marco de oro, mi cuñado me advirtió de la inminente apertura de la urna. Y acompañado de Alfonso Marcué asistí a tal acontecimiento.
»Por aquellas fechas yo no había hablado aún con Marcué sobre las figuras que aparecen en los ojos.
Benítez: —¿Por qué le interesaba entonces el examen de la imagen?
Torija: —Por pura curiosidad. Quería ver de cerca la tilma, su textura, etc. Fue en esa oportunidad, estando en lo alto de la escalera, observando la imagen, cuando Marcué me preguntó si veía la figura de un hombre con barba en el ojo derecho.
»Me fijé mejor y llegué a apreciar unos reflejos. Aquello era muy raro y le rogué a Marcué que me proporcionara una lupa. En ese momento, al situarla sobre el ojo derecho, vi por primera vez el famoso busto humano. Después me dirigí al ojo izquierdo y, efectivamente, allí también estaba.
«Aquello, especialmente los reflejos, me dejó tan confundido que, al bajar de la escalera, le pregunté a Marcué si podía volver al día siguiente, pero con un oftalmoscopio. Me dijo que sí y llevé a cabo la primera exploración con oftalmoscopio en los ojos de la Virgen de Guadalupe. Lancé la luz sobre el ojo derecho y quedé desconcertado: allí había tres reflejos. Aquello correspondía a la triple imagen de Purkinje-Samson. A partir de ese momento, y con la debida autorización, acudí durante ocho meses seguidos hasta la basílica. Y así pude perfilar mi estudio, llegando a la conclusión firme de que en el ojo derecho de la imagen había una figura de un hombre, repetida por tres veces.
Benítez: —En resumen: la figura humana en los ojos de la Virgen había sido descubierta con anterioridad, pero usted proporcionó el dato o la explicación científica de la misma. ¿Me equivoco?
Torija: —No. Así fue, efectivamente. Hasta esos momentos, nadie había podido dar un razonamiento lógico.
Benítez: —¿Marcué creía que se trataba de la figura del indio Juan Diego?
Torija: —Sí.
Benítez: —Bien, doctor, pero hay algo que no termino de comprender. He leído en los informes médicos que el doctor Torroella analizó la imagen y firmó un documento, con cha 26 de mayo de 1956, en el que ya hablaba de los reflejos y de las imágenes de Purkinje. ¿Quién fue entonces el verdadero descubridor de esa triple imagen?
Torija: —El doctor Torroella intervino después. Cuando yo hice el descubrimiento de los reflejos se lo comenté a Marcué y éste terminó por publicarlo en un periódico o en una revista. Fue a partir de ese momento cuando Salinas me pidió información y animó a otros oftalmólogos a ratificar lo que yo había descubierto. Es más: el informe al que usted hace alusión, y que aparece firmado por Torroella, fue elaborado con mi colaboración. Torroella, incluso, no se decidía a hacerlo público... Temía el ridículo.
Benítez: —Volvamos al tema principal. Veo que para usted tampoco existe duda alguna sobre la existencia del «hombre con barba» en los ojos de la Señora...
Torija: —Es que no hay, fíjese bien, no hay posibilidad de duda científica.
Benítez: —¿Y qué explicación le da usted?
Torija: —Se puede mostrar el hecho, pero no explicarlo científicamente. Al menos con la actual tecnología. Me siento incapaz de decir cómo se produjo esa imagen en los ojos de la Señora...
Benítez: —¿Qué considera usted que debe hacer la ciencia, de cara a futuras investigaciones en los ojos de la Virgen de Guadalupe?
Torija: —¡Queda tanto por hacer...!
Benítez: —¿Podría concretar?
Torija: —Deberían utilizarse, por ejemplo, oftalmoscopios de mayor definición.
Benítez: —¿Sería usted capaz de afirmar que ese fenómeno en los ojos de la Virgen corresponde a un hecho sobrenatural?
Torija: —No, ¡Dios me libre! Mientras me quede un gramo de espíritu científico, seguiré estudiando el asunto, pero jamás me atreveré a decir semejante cosa.
Benítez: —Usted es uno de los médicos que más veces ha explorado los ojos de la Guadalupana. Si aceptamos que dicha imagen quedó dibujada o impresa de un modo misterioso, es muy probable que nos encontremos ante el verdadero rostro de María. En ese caso, ¿de qué color cree usted que tenía los ojos?
Torija: —En la tilma de Juan Diego aparecen como claros, tirando más bien al verde-amarillento.
Benítez: —¿Eran verdes?
Torija: —Seguramente. Pero un verde cercano al marrón o al tono amarillento.
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Conclusiones (hasta ahora)
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Expuesto queda, por lo tanto, que:
-En los ojos de la Virgen de Guadalupe se encuentra un busto humano
-El reflejo de ese busto humano, de un "hombre barbado", cumple con las Leyes Ópticas al presentar la triple imagen de Purkinje-Samson
-Este hecho ha sido verificado y puesto por escrito así por peritos oftalmólogos, quienes unánimes afirman tanto la presencia de la triple imagen, como del carácter inexplicable, científicamente, de tal efecto en una imagen
Que esto sea "prueba" o no de un milagro, ¿quién soy yo para dictaminarlo? Yo humildemente pongo a disposición del gentil lector los datos que he podido recabar, para que así saquen ustedes su propia conclusión. La mía es que la imagen de la Virgen de Guadalupe ES MILAGROSA, y no por lo que estos u otros estudios digan, sino simplemente por el efecto que su Aparición causó en este nuevo continente, allanando el camino para la aceptación del Evangelio de Cristo por los indígenas americanos.
A la Reina de América, pues, Embajadora de Dios en México, vaya mi testimonio de cariño y devoción; y me acojo a su intercesión para poder seguir sosteniendo la causa guadalupana, en la medida de mis pequeñas fuerzas.
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