| . | Investigación Documental sobre la Virgen de Guadalupe | . |

Sagrada nave, que al mundo
cautivo en tantas miserias,
trujo por el mar de gracia
Dios, y Hombre la gobierna,
y hallando en cadenas tristes
los míseros hijos de Eva,
lastimado de su llanto,
libró con su sangre mesma;
de David divina torre
que aquella serpiente fiera,
por atreverse a ofenderos,
destroncaste la cabeza;
Estrella de la mañana,
cuyas luces manifiestan
los rayos de Cristo sol,
que de tanta gracia os llenan;
en esta ocasión, Señora,
los atributos os diera
que en vuestra alabanza cantan
los ángeles y la Iglesia,
si mi dicha fuera tanta
que el pensamiento pudiera
sutilizar con la pluma
de mi ingenio la rudeza.
Pero con deciros, Madre
del Hijo que está en la diestra
con el Espíritu y Padre
en una infinita esencia,
incluye mi pretensión,
Virgen, pues todo se encierra
diciendo Madre de Dios,
limpio espejo de pureza.
Pues sois el maná de gracia,
hoy, atrevida mi lengua,
os pide amparo de Madre
y favor como a princesa.
Para rendiros las gracias,
por tantas mercedes hechas
en medio de penas tantas
a México, patria nuestra,
cuyas esperanzas tristes
sólo con vos se consuelan,
pues con vuestro Hijo sois
la más cierta medianera.
Pero, ¿qué puedo deciros
si el Pastor Manso que os lleva,
con obras que el mundo admira
silencio pone a las lenguas?
Y cuando con obras tales,
Señora, no lo supiera,
en vuestra partida santa
nuestras lágrimas pudieran,
y juzgo que no fueron tantas
que, si Dios no lo impidiera,
como Os trujeron por agua
por lágrimas se volvieran.
Como tórtola viuda
dejáis Virgen, estas tierras,
temiendo por nuestras culpas
llorar en la misma pena.
Todos los que os visitaban
¿qué dirán cuando no os vean?
y más, Virgen, los dichosos
que están en la gracia vuestra.
En la catedral sagrada
juzgo yo que se enternezcan
los que a su culto madrugan,
ni viendo las luces vuestras,
bien sé, Reina celestial,
que así es forzosa la deuda
que México ha de pagaros
del milagro en recompensa;
que estaréis agradecida
del aplauso y reverencia,
de la tristeza y el llanto
con que siente vuestra ausencia,
con que a vuestra ermita santa
Francisco arzobispo os lleva,
cumpliendo aquella palabra
que tuvo logro en su espera.
Sin la presencia divina
vuestra, Virgen, se contempla
temiendo por nuestras culpas
llorar en la misma pena.
De la pasada ruina
los corazones se acuerdan,
y en medio de pena tanta
no es mucho que se enternezcan.
Hoy renueva esta memoria,
Virgen, la partida vuestra,
al pueblo que alegre fuisteis
años cuatro compañera.
Todos será bien que os lloren,
pues no salís de la cerca
cuando despiden las nubes
truenos, agua, fuego y piedra.
De vuestra sagrada imagen
hay vocaciones diversas
que consolar aseguran
tan amarga y triste ausencia;
confieso que toda es una
y en una toda se encierra,
y que se deriven todas
de la original primera.
Pero son acá pintadas
de humanas manos diversas,
con matizados colores
que humanos hombres inventan.
Vos, Virgen, sois dibujada
del que hizo cielos y tierra,
cuyo portento no es mucho
dé indicio que sois la mesma.
Si venís de tales manos
¿qué mucho lloren la tierra
una ausencia que es forzosa
de un milagro que se ausenta?
Si venisteis por el agua,
ya, Virgen, vais por la tierra,
que, a pesar de mi pecado,
Dios por vos enjuga y seca.
De la Metropolitana
salen ya las luces bellas
de vuestros divinos ojos
que tantos sin luces dejan,
dando envidia con su luz
a la luna, sol y estrellas,
por que brilla más que todas
en los cielos y en la tierra.
La víspera de este día
parecía el suelo una esfera
de brillantes luminarias
por ventanas y azoteas,
y para más festejaros,
en cada cuadra os esperan
fuegos mil que en vuestro nombre
por chispas daban centellas.
Coloquios, bailes, cantares,
todos, Virgen, os festejan,
que aunque sienten vuestra ida
con vuestra vista se alegran.
Vuestro querido hortelano
en medio su huerto os lleva,
como rosa señalada
que plantó su mano inmensa.
En hombros sacerdotes
quiere que vais, dando muestra
de que os quiere como a hija
y como a madre os respeta.
Los atributos sagrados
que vuestras plantas elevan
hacen el peso más suave,
porque todos son limpieza.
Si el adorno de las andas
brillante luce y campea
con el oro, con la plata,
diamantes, rubíes y perlas,
es, Virgen, porque le dais
de vuestras lumbres perfectas
luces que lúcidos que hacen
los rayos que reverberan.
El clero, capitulares,
las religiosas profesas,
el cabildo y cortesanos
con gente de varias tierras
por las enramadas calles
de juncias, arcos, trompetas,
que adornan ventanas graves
vestidas de oro y de seda,
todos alegres llorando
van con vos, sagrada reina,
haciendo promesas varias
al sol por que se detenga,
que ya aparecen las torres
de la jornada primera
donde con casa y regalo
otra Virgen os espera,
Catalina, insigne mártir
que destroncó la cabeza
de los hombres al tirano
porque a vuestro Hijo niega,
y después, con pecho fuerte
las navajas no le alteran,
que en la fe tiene los ojos
y no hay quien de ella le tuerza.
Sólo el príncipe Rodrigo,
Sagrada Virgen, no os lleva,
que sus rigurosos males
impiden lo que desea.
Pues la disculpa es bastante,
suplidle al fin, como reina,
que fiesta hará en vuestro nombre
si le dais salud entera.
Cuando el sol muestra sus rayos
a pediros luces nuevas,
a Guadalupe dichoso
os partís, Virgen, contenta.
Buen viaje, la mi señora,
idos muy en hora buena,
alegrad los naturales
que ha tanto tiempo os esperan;
alégrense vuestros montes,
los campos, flores y yerbas,
vuestra fuente milagrosa,
ganados, montañas, peñas,
vuestro cristalino río,
las avecillas risueñas
en coro cantan la salva
con sus arpilladas lenguas.
Los labradores contentos
de veros en vuestra iglesia,
con regocijos y bailes
corran toros, hagan fiestas.
No borréis de la memoria
la tierra que hicisteis nueva,
cuyas nuevas esperanzas
en vos se lograron puestas,
que si verde el otro ramo
fue la señal que al profeta
libró de cuidados tantos
allá en las sierras de Armenia,
el vuestro, Virgen paloma,
fue encarnado, que a esta tierra
libró con vuestra venida
a los tristes hijos de ella.
En vos hallaron el arca
donde vidas casi muertas
escaparon del diluvio
de aquellas aguas leteas.
Mil siglos Manso nos viva
para que la tierra nueva
en desdichas semejantes
halle Anquises otro Eneas,
y vos, soberana aurora,
dadle auxilio, porque pueda
de Dios alcanzar la gracia
y después la gloria eterna.
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Bibliografía:
PEÑALOSA Joaquín Antonio, Flor y Canto de Poesía Guadalupana, Edit. JUS, 1a. Ed. 1987 |