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Investigación Documental sobre la Virgen de Guadalupe

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Corrido del IV Centenario Guadalupano

Anónimo



Año de mil novecientos
del treinta y uno pasado
fue el centenario glorioso
de un prodigio consagrado.

Las praderas reverdecen
y el cielo de astros se tupe
con el nombre de María,
la Reina de Guadalupe.

El mes de diciembre y año
mil quinientos treinta y uno,
la Reina del Universo
vino a morar a este mundo.

A un indito humilde y noble,
que se llamaba Juan Diego,
se le apareció la Virgen
una mañana de invierno.

Teniendo a su tío muy grave
el indito en Cuauhtitlán,
en busca de un sacerdote
iba a la Tenochtitlán.

Al encontrar una peña
se sentó allí a descansar,
cuando vio a una linda niña
entre las nubes bajar.

Quiso seguir su camino
para conseguir sus fines,
pero pronto vio aquel sitio
rodeado de querubines.

Juan Diego dijo a la niña:
-¿Qué se ofrece a sus mercedes?
yo creo que ustedes serán
otros siñores virreyes.

-Te equivocas, hijo mío
-la Virgen dijo a Juan Diego-,
son ángeles los que ves
y yo, la Reina del Cielo.

Anda y dile al arzobispo
que es mi voluntad formal
que en este lugar del cerro
se me alce una catedral.

-Magrecita de mi vida
-dijo Juan Diego al momento-,
¿qué llevo al siñor Obispo
pa´que lo crea to portento?

-Camina unos cuantos pasos
y en el cerro encontrarás
unas rosas de Castilla
y en señas las llevarás.

Cuando cortó aquellas rosas
en su ayate las echó
y al palacio episcopal
Juan Diego se dirigió.

Al arzobispo y prelados
aquel mensaje llevó,
y desatando el ayate
la Virgen se apareció.

Desde esa fecha gloriosa
en toda la Nueva España,
se consagra y se venera
la Virgen Guadalupana.

¡Oh, Virgen inmaculada!
Madre de los mexicanos,
venerada por virreyes,
monarcas y soberanos.

Por el virrey Núñez de Haro
fuiste nombrada patrona,
por desterrar una peste,
prodigiosa y gran Señora.

Don Agustín de Iturbide,
siendo gran emperador,
a nuestra Guadalupana
dedicó guardias de honor.

Hidalgo y también Morelos,
como antorcha de la guerra,
la Virgen de Guadalupe
llevaban en su bandera.

También el general Villa
siempre a su ayuda clamaba,
llevando como estandarte
la Virgen Guadalupana.

La Virgen de Guadalupe,
por sus fulgores radiantes,
siempre ha sido venerada
por sabios e ignorantes.

Radiante más que la aurora,
rayo de luz, Madre amada,
seas para todos los siglos
¡oh, Reina Guadalupana!

En esta histórica fecha,
que fue el cuarto centenario,
desde América y Europa
llegaron a tu santuario

cónsules y embajadores
de países muy lejanos,
fueron a ver a la Virgen,
Madre de los mexicanos.

Desde diciembre primero
se iniciaron los rituales,
llegando miles de fieles
de diferentes lugares.

Con la bendición del templo
y del órgano alemán,
las fiestas guadalupanas
comenzaron con afán.

Esa fecha tan gloriosa
consagrada en incensario,
teniendo gratos recuerdos
de este cuarto centenario.




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Bibliografía:



CRUZ, Salvador de la, Libro de Oro de la Poesía Guadalupana, Libro Mex editores, 1957