Es un tema muy extenso, el de las objecciones guadalupanas. Aquí me gustaría señalar algo importante: Existen numerosos antiguadalupanos, y me resulta imposible leer y contestar a todos. Pero existen dos factores que deben tranquilizar a quienes QUIERAN respuestas sobre cuestiones guadalupanas.
-Es el primero: Que hay objecciones comunes entre los antiaparicionistas. El argumento -con más de un siglo de antigüedad- sobre el "silencio de Zumárraga" es el ejemplo más claro. Así pues, confío en que las respuestas sobre este punto, especialmente las acertadas observaciones del p. Agustín de la Rosa y de Mons. José Luis Guerrero, sean de utilidad a cuantos las lean.
-Es el segundo: Que Dios, en Su bondad, ha permitido que seamos también muy numerosos los guadalupanos que defendemos la VERDAD de las Apariciones del Tepeyac. Así pues, confío en que otros hermanos emitan respuestas en otros puntos que aquí -por descuido o incapacidad- no se hayan comentado.
Así pues, comentaré algunas otras objecciones que he tenido oportunidad de leer. Tienen su origen -o en su defecto apoyo- en la Iglesia "Luz del Mundo", una institución religiosa-política fundada en 1926 por Eusebio Joaquín González, con sede en Guadalajara, México. Hay un notable anticatolicismo en escritos y textos de la "Luz del Mundo", y siendo mexicanos, algunos de sus fieles se sienten inquietos por el guadalupanismo que encabeza las devociones piadosas de México.
Los artículos se encuentran en:
http://www.analisisdoctrinal.com/bin/archives.cgi?ID=3104 (El Mito Guadalupano y la Ficción Milagrosa a través de los siglos)
http://www.analisisdoctrinal.com/bin/archives.cgi?ID=3304 (Lo que envuelve el mito guadalupano), por Armando Maya Castro
A fin de dar una respuesta ORDENADA, como merece el diligente trabajo de estos hermanos, procedo a clasificar las objecciones que presentan, en TRES tipos:
-Objecciones Históricas
-Objecciones Científicas y Artísticas
-Objecciones Extrínsecas
Objecciones Históricas -sobre la veracidad o falsedad del suceso-
Comentarios del hermano Armando Maya Castro, en su artículo Lo que envuelve el mito guadalupano:
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Se puede demostrar, con toda claridad, que los primeros frailes católicos que arribaron a México jamás evangelizaron a los indios. El catolicismo fue impuesto por aquéllos de manera arbitraria. La orden de proceder así venía de la alta cúpula clerical romana, interesada en una rápida “evangelización”, sin importar la calidad de la misma.
A pesar de la oposición de algunos religiosos, la imposición del catolicismo siguió adelante.
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Hay parte histórica y parte no tan histórica. El hermano Maya no presenta PRUEBAS de que el proceder de los frailes en México "provenía de la más alta cúpula clerical romana"; por el momento tenemos sólo su afirmación.
Si la orden venía de dicha cúpula, entonces no se explica POR QUÉ hubo "oposición de algunos religiosos", aquí se contradice Maya, o pierde consistencia su acusación.
En efecto, ¿Afirma Maya que había frailes opuestos a una orden "de la más alta cúpula clerical"?... si esto fue así, preguntamos a Maya, ¿Qué hizo la cúpula citada con estos disidentes?, ¿Cómo encaró la Iglesia el problema de que había "oposición de algunos" a su "código de procedimiento"?
Entre los "opositores" citados por Maya habría que colocar a Fray Bartolomé de las Casas, protector de los indios y verdadero pastor para ellos, quien vivió y murió como religioso católico; o sea que -según Maya-, estuvo buena parte de su vida predicando el catolicismo pero al mismo tiempo oponiéndose a las órdenes de la Iglesia... (?¿)
Más todavía: El proceder de los frailes -que es necesario entender que era un proceder del siglo XVI y no del XX- es uno de los elementos que más ayudan a probar la autenticidad del milagro guadalupano: Basta para ello comprobar que dicho proceder retardaba la obra evangelizadora, pues los indios se negaban tajantemente a abrazar una fe que no cuadraba con sus ideas de lo divino; y en consecuencia, se convierten a Cristo DESPUÉS de las Apariciones del Tepeyac, cuyo mensaje les hizo entender que Su supremo y único Dios (Ometéotl), es el mismo Cristo que predicaban los frailes.
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Todo esto (el relato de las Apariciones), según el Testamento de Juana Martín y la Relación de Valeriano, documentos que, según algunos escritores, “son invenciones del clero católico para incrementar el culto a la Guadalupana”.
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Imprecisiones, hermano Maya. Si "algunos escritores" toman por invenciones del clero el testamento de Juana Martín y la Relación de Valeriano, mucho nos ayudaría SABER QUIÉNES SON dichos "algunos escritores", y qué argumentos o pruebas ofrecen para atribuir al clero la "invención" de ambos documentos.
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¿Es verdad que Zumárraga fue el primer testigo del estampado milagroso en el ayate de Juan Diego? No, veamos por qué. Leoncio Garza-Valdez dice que “es imposible que un español aceptara la aparición de la ‘madre de Dios’ a un indio en 1531, ya que, hasta el 2 de junio de 1537, los frailes consideraban al indio como un ser carente de alma, es decir, irracional y, por lo tanto, “incapaz de entender los valores teológicos”.
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Aunque he leído bastantes denuestos de los frailes a los indios, en ningún lado he visto eso de que "consideraban a los indios como seres carentes de alma". Mucho me ayudaría saber quién y dónde dijo ESO.
Por lo demás, si los españoles realmente creyeran eso, no se explica entonces su celo en bautizar y evangelizar a "seres carentes de alma", ni más ni menos que animales.
Si existe la cita que lo atestigüe, sería de utilidad saber si se trataba de una común acepción, de una opinión privada o de una opinión minoritaria.
Y nos metemos en otro asunto; es posible que Zumárraga nunca haya creído que realmente María se le apareció a Juan Diego, sino que simplemente aquel indio "creía en la Virgen" y quería una ermita para Ella, con o sin aparición milagrosa.
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Si alguien sabía lo suficiente de Zumárraga, era justamente García Icazbalceta, quien realizó un importante estudio biográfico y bibliográfico publicado en 1881 bajo el título:“Don Fray de Zumárraga”. En esta obra, escrita dos años antes de la petición del arzobispo de México, el historiador habla del catecismo Regla Cristiana, compilación de Zumárraga, editada en 1547.
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Yo he comentado ya este punto en mi crítica a la Carta de Joaquín García Icazbalceta, y añado, para su información, hermano Maya, que Icazbalceta escribió en 1888 una nueva Carta al arzobispo de Yucatán, don Crescencio Carrillo y Ancona, donde dice que habiendo aceptado Roma la veracidad del suceso, los fieles no tenemos que dudar más.
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En ningún documento del siglo en que vivió fray Juan de Zumárraga se dice nada de Juan Diego y de las “apariciones guadalupanas”.
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Error de Cronología, hermano Maya. Numerosos anales y códices indígenas testimonian las apariciones guadalupanas en el siglo XVI, citemos para el caso los Anales de Juan Bautista, los Anales de Chimalpahin, el Añalejo de Bartolache, los Anales de Tlatelolco y México, Anónimos A y B, Anales de Gómez de Orozco, Códice de Tetlapalco o Saville Codex, Códice Sutro, etc., etc., por no mencionar además a los documentos mestizos y españoles. Si los lectores quieren buscar más información, AQUÍ pueden encontrarla.
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Los apologistas guadalupanos exhiben, en la actualidad, un amplio repertorio de documentos que, a partir de 1648, fueron apareciendo como por arte de magia.
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La contradicción es una constante entre los antiguadalupanos, y aquí Maya Castro cae en una. Primero nos dijo que "en ningún documento del siglo XVI se mencionan las apariciones", pero casi inmediatamente dice que "los apologistas exhiben, en la actualidad, un amplio repertorio de documentos". Entre este amplio repertorio hay documentos del siglo XVI, y están algunos de los mismos que criticó García Icazbalceta.
Por su composición, pues, datan de mucho antes de 1648, y no aparecieron por "arte de magia" -la magia no existe, querido hermano-, sí, lo admitimos, por disposición de la Divina Providencia, que permitió la conservación y hallazgo de numerosas pruebas guadalupanas. El p. Agustín de la Rosa, quien replicó a Icazbalceta, cita varios testimonios que Icazbalceta ni siquiera mencionó.
Son interesantes los comentarios de los historiadores Ernesto de la Torre Villar y Ramiro Navarro de Anda en su magnífica compilación Testimonios Históricos Guadalupanos, en la que reconocen que hubo muchos testimonios que se le escaparon a Icazbalceta, y en el Prólogo, afirman que el trabajo crítico serio y profesional de Icazbalceta no ha tenido continuadores, mientras que los apologistas han seguido investigando y descubriendo nuevos testimonios y aportes que dan fe de culto temprano en el Tepeyac, y del carácter sobrenatural de la imagen.
Los resultados de las investigaciones guadalupanas son recientes; hoy día se siguen encontrando piezas arqueológicas antiguas, entre ellas el traslado original de las Informaciones de 1666 y el Códice 1548 o Escalada.
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Antes de 1648, nadie sabía nada de este documento náhuatl (el Nican Mopohua), aunque se dice que estuvo en manos de Fernando de Alva Ixtlixóchitl, quien, tras adicionarlo, lo entregó a Lazo de la Vega, quien se encargó de publicarlo.
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Estimado Maya, ud. por lo visto subestima a quienes dieron fe del asunto, No "se dice" (como a modo de rumor) que el Nican Mopohua estuvo en manos de Ixtlilxóchitl, sino que lo afirmó bajo juramento don Carlos de Sigüenza y Góngora, concordando con él el p. Luis Becerra Tanco.
Desconozco de qué modo el Nican Mopohua y su contenido pasaron por el p. Miguel Sánchez y por Lasso de la Vega antes de llegar a manos de Sigüenza y Góngora, de lo cual colijo que hubo varias copias del Nican Mopohua en circulación, y de ellas la más antigua se conserva hoy en la Biblioteca Pública de Nueva York.
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El antiguadalupanismo de fray Bernardino de Sahagún fue del conocimiento de sus contemporáneos. No obstante, a los partidarios del culto guadalupano esta situación les comenzó a preocupar a partir del 25 de octubre de 1793, fecha en que se produce -en Tolosa, en la provincia de Guipúzcoa, España-, el hallazgo de la “Historia General de las Cosas de la Nueva España”, obra que Sahagún creyó perdida, y en la que se muestra contrario al acto idolátrico del Tepeyac:
Es oportuno aclarar que, en un principio, Antonio Valeriano no era considerado el autor del “Nican Mopohua”, sino Bernardino de Sahagún, maestro de aquél en el colegio de Santa Cruz de Tlaltelolco. Pero, ¿por qué razón dejó de considerarse a Sahagún autor del “Nican Mopohua”? La explicación nos la da Carlos Caballero Zamora, autor de “El lado oculto de la Guadalupana”:
“Con el descubrimiento del ‘antiguadalupanismo’ de Sahagún, muchos investigadores descartaron y aun rechazaron, sin más ni más, la posibilidad de que Sahagún tuviera algo que ver con el Nican Mopohua, y, sin mayor trámite, adjudicaron la autoría a su ‘discípulo amado’, Antonio Valeriano”.
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Falta sustento histórico, estimado Maya. Para empezar, requerimos uno o más testimonios de que antes de 1793 Sahagún era considerado "autor del Nican Mopohua".
Existen dos pruebas testimoniales que desmienten esta afirmación suya y del sr. Caballero Zamora, pues Carlos de Sigüenza y Góngora, en su Piedad Heroyica de don Fernando Cortés, en 1666, declaraba que el autor del citado documento es Antonio Valeriano.
Digo y juro que esta relación [el Nican Mopohua], que hallé entre los papeles de don Fernando de Alva [Ixtlilxóchitl], que tengo todos, y que es la misma que afirma el licenciado Luis Becerra en su libro (página 36 de la impresión de Sevilla) haber visto en su poder. El original en mexicano está en letra de don Antonio Valeriano
Don Lorenzo Boturini, en el Catálogo del Museo Indiano, citaba los documentos que había poseído, entre 1736 y 1743, y se refiere a Valeriano.
Por unos fragmentos históricos que copié de sus originales, del célebre Carlos de Sigüenza y Góngora, [en el Colegio de San Pedro y San Pablo donde se encontraban] me consta que don Antonio Valeriano, originario de Atzcapotzalco, indio cacique y maestro que fue de retórica en el Imperial Colegio de Tlatilulco, escribió la Historia de las apariciones de Guadalupe en lengua náhuatl, y el mismo Sigüenza, bajo juramento, confiesa que la tenía en su poder de puño de don Antonio, que quizás es la que imprimió el bachiller Lasso de la Vega, y puede con el tiempo repararme la divina Madre para que pueda mejor fundar su Historia, y nótese que tengo en mi archivo firmas de dicho don Antonio para cotejarlas con su historia original, siempre que pareciere.
La pregunta obligada es: ¿Quién, en qué documento, y con qué bases afirmó que Sahagún era autor del Nican Mopohua?
En última instancia, el Nican Mopohua se atribuye a Valeriano por varias razones, pues el autor del texto debió ser un conocedor experto de las formas del náhuatl clásico y de la Filosofía Náhuatl... y entre Sahagún y Valeriano, el segundo es bastante mejor opción. Consúltese al respecto la interesante obra de Miguel León-Portilla, Tonantzin Guadalupe.
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El anterior testimonio es importante, sobre todo si tomamos en cuenta que Sahagún vivió en el territorio y en el siglo donde, según la leyenda, tuvieron lugar las apariciones. De acuerdo al documento del misionero franciscano, “de dónde haya nacido esta fundación de esta Tonantzin [así llamaban a la imagen ahí venerada], no se sabe nada de cierto”. En nuestros días, los devotos guadalupanos podrían decirnos cuándo, dónde y a quién se apareció la guadalupana, porque al respecto existe una historia (inventada). Sin embargo, en aquellos tiempos la ignorancia sobre el origen del culto practicado en el Tepeyac era total. La carencia de testimonios orales y escritos en las décadas posteriores a las pretendidas apariciones, es la razón por la que, acerca de ese culto, “no se sabe nada de cierto”. La ausencia de documentos históricos es la única razón por la que los cronistas de ese intervalo guardaron absoluto silencio sobre el tema.
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El testimonio de Sahagún es más interesante de lo que parece a primera vista, sobre todo si lo comparamos con otros testimonios similares. Es curioso que Joaquín García Icazbalceta citó tanto a Sahagún como al sermón de fray Francisco de Bustamante, sin darse cuenta de que ambos están en contradicción:
¿Qué quiso decir Sahagún con eso de "no se sabe de cierto"?, para responder citaré al historiador José Bravo Ugarte:
"La Imagen tenía un origen misterioso: "de donde haya nacido esta fundación de esta Tonantzin -dice (Sahagún)-, o se sabe de cierto". Su incertidumbre no podía provenir de que el origen de la Guadalupana correspondieran a remotos lugares, pues el Tepeyac le era muy conocido, y vivió muchas veces cerca de el, en Tlatelolco; ni de que se remontara a fechas muy anteriores, pues el famoso suceso aconteció precisamente en su tiempo. Nacía del carácter mismo del hecho, ocurrido entre los indios, sin intervención de los franciscanos, en un lugar célebre por el culto idolátrico a la diosa Tonantzin o Cihuacoatl... Todo esto, sin duda, le hizo tener por incierto lo que del milagroso origen de la Imagen se decía, que hubo de conocer -como lo conoció su discípulo y colaborador Valeriano- y en el que no encontraba fundación alguna hecha por franciscanos ni pintura de imagen por los indios, cosas estas últimas, que hubiera sabido con certeza, como actor principal que fue en la historia religiosa de aquella época, desde 1529 en que arribó a la Nueva España.
Debió igualmente de temer que el origen milagroso de la Imagen Guadalupana fuese una superchería de los indios, pero no se atrevió a decirlo por respeto a la tradición que afirmaba lo contrario. Expuso largamente sus temores de idolatría en el Tepeyac y compendió el asunto del origen en la breve frase "no se sabe de cierto". Con esto queda excluido lo que sin fundamento y en contradicción consigo mismo, dijo muchos años después Torquemada, al asentar (plagiando y adicionando arbitrariamente este pasaje de Sahagún, que "nuestros primeros religiosos (franciscanos)... determinaron de poner iglesia... en Tonantzin (que es por las señales el sitio de Guadalupe) a la Virgen, que es nuestra Señora y Madre". Queda asimismo excluida la peregrina, solitaria en toda la historiografía colonial y escandalosa proposición del predicador Bustamante, sobre que la imagen fue "pintada por un indio", que ha "había hecho Marcos, indio pintor". Sahagún, mucho mejor informado que su sucesor Torquemada y que su provincial Bustamante, que llegó en 1542, dice contradiciéndolos: "no se sabe de cierto". BRAVO UGARTE, JOSÉ,, Cuestiones Históricas Guadalupanas, p. 31-33, Editorial Jus, 1966.
Ahora bien. Los indios por lo visto SÍ SABÍAN de dónde venía dicha devoción, pues ERAN ELLOS quienes acudían en masa al Tepeyac. Quién sabe si el venerable Sahagún haya preguntado a los indios por qué iban ellos a venerar a Tonantzin en el Tepeyac; pero su testimonio deja entrever que no lo hizo...
Sobre la supuesta "carencia de testimonios en las décadas posteriores", es FALSA. Hubo testimonios abundantes por parte de indígenas, regulares de parte mestiza y suficientes de lado español. Entre estos últimos destaca el testimonio de Bernal Díaz del Castillo, quien en su Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España afirma que en donde estuvo el real de Gonzalo de Sandoval está ahora el templo de Ntra. Señora de Guadalupe, que hace y ha hecho muchos y muy grandes milagros.
Por su testimonio, puede que Díaz del Castillo tampoco "supiera de cierto" de dónde venía dicha devoción, pero la aceptaba como milagrosa, pese a ser escéptico en materia de milagros, como revela en su misma obra.
Podemos concluir que los españoles "no sabían de cierto" el origen de la devoción, pero los indios sí lo sabían, y debían saberlo puesto que ellos practicaban dicha devoción; y quienes no lo sabían, lo tomaban, unos como idolatría (Sahagún y Bustamante), y otros como cristiana y aceptable (Díaz del Castillo, testigos de las Informaciones de 1556, Fray Alonso de Montúfar, etc.)
Hay otro detalle que debemos notar: Sahagún atestigua que la devoción se daba en donde antes se llamaba Tepeaquilla, y en ese momento se llama Ntra. Sra. de Guadalupe. Puesto que el alfabeto indígena no contemplaba los sonidos de la "G" y la "D", el nombre de "Guadalupe" no podía ser cosa de los indios.
Entonces, tuvieron que ser españoles quienes llamaran "Guadalupe" a la Señora que se veneraba en el Tepeyac, y reconocían en Ella a la Virgen María, al llamarla "Ntra. Señora", como a la Virgen de Guadalupe de Cáceres en Extremadura.
Por lo tanto, no todos los españoles consideraban idolátrico el culto en el Tepeyac, sino que para muchos (la mayoría puesto que el nombre "Guadalupe" era -en palabras de Sahagún-, como "ahora se llama" el lugar), era una Advocación Americana de la Virgen María, como varias de las advocaciones que aparecerían después en México: Ocotlán, de la Salud, de San Juan de los Lagos, de la Soledad, de Juquila, etc., y en otras partes de América, Ntra. Señora de la Nube, de la Caridad del Cobre, de Montserrat, de Luján, etc.
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La controversias (del obispo de Tamaulipas Eduardo Sánchez Camacho), así como la que se libró en nuestros días, cuando Schulenburg y otros clérigos negaron la existencia histórica de Juan Diego y las supuestas apariciones guadalupanas, dejan en tela de duda aquello de que en México la Guadalupana es “SÍMBOLO DE UNIDAD NACIONAL”. De acuerdo a lo analizado hasta ahora, podemos aseverar que lo único que la Guadalupana ha originado es desavenencia, ruptura y enfrentamiento entre los clérigos de la Iglesia católica, quienes defienden el culto guadalupano no por convencimiento, sino por los más de 10 MILLONES DE DÓLARES que, según la revista “Impacto”, cada año percibe la Basílica de Guadalupe, sólo por concepto de limosnas.
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FALSO. La Virgen de Guadalupe efectivamente es símbolo de UNIDAD NACIONAL de México. El hermano Maya escapa de esta -para él penosa- verdad, afirmando categóricamente que "lo único" que la Guadalupana ha originado son desavenencias. Primero que nada, si tantas multitudes acuden al Tepeyac cada 12 de diciembre en peregrinación, la Guadalupana origina devoción y unidad, y con ello las desavenencias citadas ya no tienen carácter de "único fruto".
Fue notorio también que en la época de la persecución religiosa (1917-1940), la Guadalupana y Cristo Rey fueron símbolos de unidad y de fe para los católicos. México estaba dispuesto a ser SIEMPRE FIEL, aún cuando el propio gobierno se opusiera.
Sobre la última parte: El sr. Maya juzga las conciencias y lee los corazones de los clérigos guadalupanos, pues SABE que no están convencidos del suceso, sino que lo defienden por intereses económicos.
Esto sólo se acepta como cierto, si ud., hermano Maya, DEMUESTRA que puede leer la mente y el corazón de otras personas -atributo propio de Dios-, para hacer tan singular acusación.
He leído a varios sacerdotes apologistas guadalupanos, y sus escritos dejan ver el CONVENCIMIENTO que tienen de la veracidad del suceso, por su propia declaración y por el entusiasmo de sus palabras. Lo que ellos dicen contradice los infundios que ud. precipitadamente les hace. Lea al p. Lauro López Beltrán, al p. Agustín de la Rosa, al p. Mario Rojas, al p. José Luis Guerrero, al p. Eduardo Chávez Sánchez, etc., y verá lo que es el Convencimiento.
Objecciones Científicas y Artísticas -sobre la tilma estampada-
-Primeramente comentaré las expresiones del artículo de Maya Castro que se refieren a este tipo de objecciones:
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Aunque a la imagen no le ha ido tan bien como a los custodios y defensores de su culto, tampoco le ha ido tan mal, pues, en el siglo reciente pasado, el restaurador José Antonio Flores Gómez, la retocó en dos ocasiones, en 1947 y en 1973. ¿Cree usted que si el estampado fuera celestial, como irracionalmente sostiene la Iglesia católica, necesitaría su manita de gato de vez en cuando?
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Este agresivo planteamiento del hermano Maya no tiene más fuerza que la "semántica", como veremos:
Primero, Maya nos informa de la actividad de José Antonio Flores Gómez con muy pocos datos. Quizá su intención era resumir este punto sin extenderse, pero no sirve de mucho.
Y luego el restaurador no "restauró" la imagen, sino que la RETOCÓ, como bien dice el propio Maya. Es de notar la diferencia: RETOCAR es "adornar, sobrepintar, detallar", RESTAURAR es "arreglar, componer, reparar".
Consciente de la insuficiencia de su intento, Maya recurre a la descalificación, como es eso de llamar "IRRACIONAL" a la postura de la Iglesia Católica.
Aquí caben dos suposiciones; o bien para Maya está fuera del raciocinio sostener que Dios puede crear una imagen en un pedazo de tela, o bien para él está fuera del raciocinio pensar siquiera en Dios: Y es que el comentario sonó racionalista, con esa palabrita que Maya metió en la pregunta.
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El icono guadalupano no puede ser de manufactura celestial, pues, quienes lo han examinado sin apasionamientos, han encontrado en ella descarapeladuras propias de cualquier obra humana. Así lo declaró el pintor Flores Gómez, quien, al ser entrevistado por Rodrigo Vera, calculó que, aparte de él, otros 20 pintores han trabajado en la imagen.
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Reconozco mi ignorancia en este punto, pues desconozco verdaderamente qué pruebas haya mostrado Flores Gómez para afirmar que "20 pintores trabajaron antes que él". En un capítulo posterior haré mayores comentarios al testimonio de Flores Gómez, mencionando aquí que aportó una idea novedosa: que el ayate estaba hecho de "algodón", y no de ixtle (maguey), que es lo que han dictaminado la mayor parte de expertos que la han analizado.
Leoncio Garza-Valdés, quien también estudió la imagen y dio dictamen desfavorable al milagro, afirma que la tela es "cáñamo y no ixtle". Esto nos da una idea del poco acuerdo que hay entre los "restauradores" y el microbiólogo Valdés.
Por cierto, las declaraciones de Flores Gómez las he visto únicamente en un medio, y es en esa citada entrevista de "Proceso". Simples declaraciones, nada de pruebas constatables, simples descripciones, nada de fotografías, comparaciones, exámenes científicos, etc. Ningún informe comparable al que ofrecieron Callagan y Smith -quienes examinaron la imagen con fotografía infrarroja-.
Y otro punto, que pone de manifiesto una petición de principio: Que quienes hablan de deterioro en la imagen, la examinaron sin apasionamiento: ¿Puede probar Maya Castro que los que han dictaminado en su favor lo hicieron "con apasionamientos"?
Son mucho más numerosos los dictámenes favorables al carácter sobrenatural de la tilma que los dictámenes contrarios; Maya explica esto fácilmente, endilgándole "apasionamientos" a cuantos han declarado a favor. La diferencia central es que quienes dictaminaron a favor presentan informes completos y detallados, mientras que los dictámenes contrarios se muestran de manera más dudosa, en forma de "entrevistas" y "revistas".
Los comentarios que siguen responden al artículo (sin firma), de "El Mito Guadalupano y la ficción milagrosa a través de los siglos"
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[Luis Becerra Tanco] Es también uno de los primeros en observar las numerosas deficiencias técnicas de la imagen milagrosamente estampada y busca con angustia darles una explicación.
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Premisas sin sustento darán conclusiones sin sustento. Eso de las "numerosas deficiencias técnicas" se nos ofrece como algo sabido y aceptado, pero no se nos presenta NI UNA SOLA de dichas "numerosas deficiencias técnicas".
En cuanto a que el p. Becerra Tanco padeciera "angustia"... es otra hipótesis histórica sin bases. Que el p. Becerra haya querido dictaminar sobre la imagen, no significó que lo hiciera "con angustia", sino, en todo caso, con interés científico, pues Becerra Tanco era matemático y químico.
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No es, ni remotamente, una imagen única. Dice de la Maza:
Es posible citar, como un ejemplo entre cien, la virgen de un tapiz de la Catedral de Reims, que es un antecedente directo, en su parecido plástico, con la Virgen de Guadalupe mexicana. Junta sus manos en idéntica actitud; vuelve ligeramente el rostro hacia su derecha, pliega el manto y la túnica en parecida forma y lleva estrellas, luna y los haces solares irradiantes de su cuerpo, la circundan nubes y ángeles. Es del siglo XV y, como ella, hay muchas. Más parecida es la Virgen de Berlín, grabado de 1468, de origen flamenco, la cual, salvo el Niño, es idéntica a la guadalupana, hasta el ángel que le toca el manto bajo sus pies.
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La cita es de Francisco De la Maza, de su libro El guadalupanismo mexicano. Aunque se presenta como neutral, es antiaparicionista, y en éste comentario suyo encontramos lo siguiente:
De la Maza dice "LA IMAGEN NO ES ÚNICA", y se le compara en cuanto a posición de la Virgen y detalles pictóricos, con la Virgen de Berlín y la Virgen "de un tapiz de la catedral de Reims".
En pocas palabras, se afirma que por su pictografía, "la Guadalupana no es única". Sin embargo, cualquier católico mexicano identificaría a la Guadalupana aún entre imágenes similares. La Virgen de Guadalupe es INCONFUNDIBLE; habrá imágenes que se le parezcan, pero iguales a ella, ninguna.
Sería diferente decirnos que por su carácter milagroso y por sus circunstancias históricas, la imagen guadalupana no es única.
Y en esto la Guadalupana sí que es única, pues no se conoce otro caso de estampación milagrosa en una tela donde se llevaban rosas, como prueba de verificación. Además, es única en cuanto a los detalles que dan los científicos que han estudiado la imagen: no haber sido preparado el lienzo, no tener rastros de pinceladas, estar hecha de pintura desconocida, técnica desconocida, haberse grabado en sus ojos las figuras de quienes asistieron al milagro, etc.
Que se parezca en posición y detalles a otras imágenes marianas, es algo que no atañe en absoluto al carácter sobrenatural de la imagen y a las consecuencias religiosas de las Apariciones en el Tepeyac.
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Entre los detalles que nunca olvidan los creyentes en el milagro del Tepeyac se menciona una cierta "conservación milagrosa" de la imagen. Al parecer no han visto la imagen de cerca, pues señala el libro recomendado por la Basílica (An Infrared Study) que: "Un examen superficial de la pintura manifiesta que el oro del resplandor en torno a la Imagen, de las estrellas y de la orla del manto azul, se ha ido desprendiendo con el tiempo."
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La conservación milagrosa no se refiere a todos los detalles de la imagen, sino a ALGUNOS, y a la tela en sí. El autor evitó cuidadosamente tocar este punto.
En el libro citado de Callagan y Smith, se habla de la conservación milagrosa de la tela, como es el hecho de que estando sometida durante 116 años a polvo, humedad, insectos, humo de veladoras y radiaciones producidas por ellas, la fibra vegetal del ayate ha permanecido intacta, sobreviviendo también al derramamiento de aguafuerte en 1791 y a la explosión de una bomba en 1921.
Simpáticamente, el autor acusa a los guadalupanos de "no haber visto la imagen de cerca", y quiere citar a Callagan y Smith ¡en contra del milagro!, siendo que precisamente su Informe es A FAVOR del mismo.
La frase citada de Callagan y Smith se refiere -como leemos-, al oro del resplandor, las estrellas y la orla del manto... ¿Pero acaso la imagen consta únicamente de dichos detalles? Leamos otros puntos del mismo Informe de Callagan y Smith:
"El tono azul del manto es muy próximo al matiz que se ve en las primitivas pinturas murales mayas, o en los “libros” de piel curtida de animales de los mixtecas. Estos colores estaban hechos, con toda probabilidad, con azules “mayas” de óxido de cobre.
Lo cual presenta un inexplicable fenómeno, ya que tales pigmentos son semipermanentes y sujetos a una considerable decoloración con el tiempo, especialmente en los climas cálidos.
¡El azul “maya” de las pinturas murales indígenas se encuentra sumamente desvanecido, mientras que el manto azul de la Virgen es tan brillante que parece haber sido pintado hace una semana!"
"La transparencia del color rosa nos remite, sin embargo, al uso de pigmentos orgánicos. Estos colores orgánicos sí son transparentes a los rayos infrarrojos. Pero es muy difícil que perduren, a menos que se encuentren protegidos por un recubrimiento (como el barniz). Éste, precisamente, es uno de los aspectos más extraños: la imagen -además de no llevar aparejo alguno-, no está cubierta por barniz alguno.
¡Y a pesar de esta desusada ausencia de recubrimiento protector, la túnica y el manto están tan brillantes y coloridos como si acabaran de ser pintados!"
"Las manos originales, lo mismo que el manto y la túnica, no muestran trazo alguno de dibujo, y las sombras entre los dedos originales son parte integrante del pigmento con el que están pintadas. El sombreado, la coloración y los pigmentos de las manos originales son inexplicables, al igual que el rostro, como expondremos en el siguiente capítulo."
"Todo el rostro está hecho con pigmentos desconocidos, mezclados de tal manera que aprovechan las cualidades de la difracción de la luz causada por la tela sin aparejo, para impartir el matiz oliva al cutis. Además, la técnica se sirve de las imperfecciones del tejido de la tilma para dar una gran profundidad a la pintura.
Es la cara de tal belleza y de ejecución tan singular, que resulta inexplicable al estado actual de la ciencia."
Citas de An Infrared Study, por Philip Serna Callagan y Jody Brant Smith
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Así pues, lo que está agrietado y cayéndose es obra humana, como lo es en si toda la historia piadosa de un mito que la cúpula religiosa en México pretende validar para consolidar un supuesto milagro.
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Reconozco gran habilidad en quien escribió este artículo, y es que para no confrontar directamente el reporte científico de Callagan y Smith, quiere esquivarlo, con un comentario incompleto, y es eso:
"Lo que está agrietado y cayéndose es obra humana"... -¿Y lo que no está agrietado ni cayéndose??; de esto parece no tener ganas de hablar.
Y es que nuestro desconocido hermano no tenía más que dos posibilidades:
-Reconocer como MILAGROSAS algunas partes de la imagen, si no todas.
-O bien declarar mentirosos o incompetentes a Callagan y Smith. Desmentir a científicos, para lo cual se requieren preparación y credenciales respetables.
Objecciones Extrínsecas -sobre las actividades del clero católico mexicano-
Llamo "extrínsecas" a estas objecciones, porque no se refieren ni a las Apariciones de María en el Tepeyac, ni a la tilma estampada con su imagen.
Estas objecciones se refieren más bien a cuestiones sobre el clero católico, cuestiones económicas, cuestiones sobre los prelados que están o han estado a cargo de la Basílica de Guadalupe, etc.
Atendamos el artículo del hermano Maya Castro:
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Hacia finales del siglo XIX, el Episcopado Mexicano -con excepción de monseñor Eduardo Sánchez Camacho, obispo de Tamaulipas-, tramitó ante el Vaticano la coronación de la imagen guadalupana. El obispo tamaulipeco jamás estuvo de acuerdo con sus homólogos en lo concerniente a la coronación. Aunque este prelado era el principal opositor de dicho proyecto, no era el único. Esto nos lo confirma el jesuita José Gutiérrez Casillas, autor de “Historia de la Iglesia en México”, quien nos dice: “Los enemigos de la aparición, a su vez, remitieron a la misma Santa Sede las objeciones consabidas, puestas en latín, amén de innumerables cartas, y hasta un agente que litigase en su favor”.Véase que Gutiérrez Casillas habla de enemigos de la aparición, lo cual indica que no era uno, sino muchos los sacerdotes opuestos a la coronación de la imagen.
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El testimonio de Gutiérrez Castillas habla de "los enemigos de la aparición", NO de "muchos sacerdotes opuestos a la aparición": Es Maya quien mete a "muchos", y además, imagina que todos esos "muchos" eran sacerdotes. Probemos las teorías.
El obispo de Tamaulipas, Mons. Sánchez Camacho, se manifestó contrario al proyecto de coronación, adhiriéndose a la postura antiaparicionista de Joaquín García Icazbalceta. Descalificó al periodista Trinidad Sánchez Santos, juzgándolo incapaz de responder a García Icazbalceta, y afirmó que la Carta de Retractación del mismo historiador al obispo Carrillo y Ancona, no tenía la fuerza que éste último le daba. (Todo esto en su Carta a los Editores de El Universal, en 1896, que también se localiza en el libro Testimonios Históricos Guadalupanos)
En resumen, el obispo Sánchez Camacho dio muestra de un antiguadalupanismo plagado de racionalismo, teniendo además el antecedente de ideologías liberales, pues quiso adaptar a las disposiciones de su diócesis las anticlericales Leyes de Reforma expedidas por Benito Juárez.
Mal capítulo en la historia guadalupana, ciertamente, pero que NO PRUEBA nada ni a favor ni en contra.
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Además de la oposición de un importante sector clerical, que rebatía el mito guadalupano, los promotores tuvieron que resolver el siguiente problema: la imagen de la Virgen ya tenía corona, como lo muestran todas las copias realizadas por centenares de pintores hasta entonces, y el propio “Nican Mopohua”. Por ello, muchos argumentaban que no podían coronar en la tierra lo que ya Dios había coronado en el cielo. Para tener una idea de cómo comenzó a resolverse este penoso asunto, lo invito a analizar la carta que el Abad de la Basílica, Antonio Plancarte y Labastida, le envió a Carrillo y Ancona, obispo Yucatán, en la que le comentaba sobre la “maravillosa” desaparición de la corona:
“El día que publicaron en “El Nacional” (23 de enero de 1887) que no debía ser coronada la imagen porque Dios ya la había coronado, estaba yo meditando en esta singular teoría, cuando llegó el fotógrafo con las pruebas de las fotografías que había sacado tres días antes (20 de enero) ante el cabildo, abierto el cristal”.
Cuando el superior de la abadía advirtió que en las nuevas fotografías aparecía la virgen sin corona, corrió a decírselo al arzobispo, quien, al siguiente día (24 de enero), lo acompañó a la Basílica, en donde no vieron rastro alguno de la corona guadalupana. ¡Sorprendente el ingenio católico! ¿No cree usted? Como dicha maniobra dejaba a la iglesia católica mal parada, el 30 de septiembre de 1895 se levantó un acta notarial, certificada por los pintores Gonzalo Carrasco S. J. y por Salomé Pina, quienes dieron fe de que jamás existió la diadema en la Imagen. Pero, como nada hay oculto que no haya de saberse, el pintor Rafael Aguirre confesó, en su lecho de muerte, que el autor de la eliminación de la corona de la Virgen fue su maestro José Salomé Pina, obviamente, por riguroso encargo del clero, que deseaba consumar la coronación de la virgen.
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Esta relación está incompleta, pues faltan citas de documentos o medios donde constatar:
-Que fue un problema, para el proyecto de Coronación, que "muchos" decían que nadie podía coronar lo que Dios había ya coronado. Que de entre esos "muchos", se nos cite concretamente a Algunos.
-Que TODAS (El 100%) de pinturas de la Guadalupana anteriores a 1895 tenían corona.
-Las palabras con que "se negó" que la imagen hubiera tenido corona alguna vez.
-El respaldo en el que conste que el pintor Aguirre "confesó que Salomé Pina borró la corona".
Esta carta de Mons. Plancarte y Labastida al obispo Carrillo y Ancona tiene fecha de 19 de junio de 1887. Lo que cita Maya no es sino una parte de la carta, que por cierto es la menos reveladora. Citaré a continuación el párrafo COMPLETO:
"... llegó el fotógrafo con las pruebas de las fotografías que había sacado tres días antes, ante el Cabildo, abierto el cristal... Inmediatamente noté que la fotografía no tenía corona, y corrí a decírselo al Sr. Labastida, quien me sostuvo que el original sí la tenía. Al día siguiente fuimos a la Colegiata... y vimos que ni rastro hay de la corona... el inimicus homo y compañeros.... circularon la especie de que Pina y yo la habíamos borrado. . Estos son los hechos bajo la fe del juramento."
Citaré nuevamente a Bravo Ugarte:
"De la desaparición de la corona se ha hecho responsable al padre don Antonio Plancarte y Labastida, quien -se dice- utilizó los servicios del pintor don Salomé Pina. Mas don Antonio lo negó bajo juramento, desafió por la prensa a sus acusadores a que demostraran tal imputación y aun ofreció seis mil pesos al que lo hiciera". BRAVO UGARTE, JOSÉ,, Cuestiones Históricas Guadalupanas, p. 99, Editorial Jus, 1966.
Y no conozco posteriores insistencias en el sentido de que Mons. Plancarte mandó borrar la corona. Concluyo que no hubo las pruebas correspondientes, y que el Abad ofreció pagar por presentarlas.
Estuve repasando este punto de la CORONA, pues el Nican Motecpana afirma que la imagen tenía corona. Lo mismo afirma el p. Miguel Sánchez, en su Imagen de la Virgen María Madre de Dios de Guadalupe, donde compara la corona de la Guadalupana, con la corona de la mujer de Apocalipsis 12.
El testimonio que más me interesó fue el de Miguel Cabrera, en su Maravilla Americana y conjunto de raras maravillas, donde habla de la corona en el mismo apartado VI dedicado al "oro" que rodea a la Guadalupana:
Tiene también dorada la fimbria de la túnica y la del manto: están doradas las estrellas y los rayos del sol, que viste la santa imagen, y también está dorada su real corona.
Por este examen de Cabrera se da la impresión de que la "corona", no es sino parte del mismo resplandor que la rodea, que le cubre la cabeza a modo de corona, quizá formando las estrellas que cita Sánchez. Sobre esto mismo comparé la descripción de Cabrera con la imagen Guadalupana que llevó como estandarte Andrea Doria en la Batalla de Lepanto. Dicho estandarte no puede ser posterior a 1571, y es, por lo tanto, una copia temprana del original (a 40 años), y en él la CORONA aparece como continuación o resalte del mismo resplandor que rodea a la Virgen.
No me atrevo a sacar aún conclusiones: Mi hipótesis es que esta parte de la imagen se había borrado mucho en 1895 -tomemos en cuenta que Callagan y Smith no hablan en sus análisis infrarrojos de ninguna corona-, y por lo tanto, se podía afirmar que ya no tenía corona.
Para esto hay que anotar que si es cierto que había "muchos" opositores al proyecto de coronación, empezando por Mons. Sánchez Camacho, entonces -¿Por qué no se dieron en su momento las protestas contra este "juego chueco" del clero?-
El propio pueblo de México, ¿Qué no se dio cuenta de que la Guadalupana tenía corona y de la noche a la mañana ya no?. Más adelante hubo agitación cuando se compararon las fotografías de la imagen en 1923 con otras en 1929, y se apreciaron diferencias en la imagen... ¿No sería motivo de muchas más indagaciones, el que de pronto la "corona" desapareciera?
Yo tampoco he podido ver rastros de corona en mis propias observaciones de la imagen. La conclusión, pues, aún no es definitiva.
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¿Tuvo conocimiento el Vaticano del tejemaneje del clero aparicionista mexicano? ¿Llegaron a la “Santa Sede” noticias de lo que hizo el pintor Salomé Pina por mandato del alto clero mexicano? Por supuesto que sí, pero como el culto guadalupano ha representado desde siempre una importante entrada de recursos a las arcas de la Iglesia, el Papa León XIII no tuvo más remedio que autorizar el nuevo oficio de la virgen y su respectiva coronación.
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Nuevamente faltan pruebas documentales.
Suponiendo -sin conceder- que haya habido "tejemaneje" por parte del clero aparicionista, ¿En qué se basa Maya Castro para afirmar que El Vaticano "por supuesto que sí" lo supo?
Esperaremos respuesta.
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Quien conoce demasiado bien la voracidad de las autoridades de la Basílica es Horacio Sentíes Rodríguez, cronista de la Villa de Guadalupe por casi 30 años. Para él, el clímax de la corrupción que impera en el santuario guadalupano no fue la transacción comercial por 12. 5 millones de dólares entre la Basílica de Guadalupe y la empresa estadounidense Viotran, sino otros fraudes cometidos en el santuario guadalupano, según dijo a Rodrigo Vera de “Proceso”:“Los fraudes más grandes en toda la historia de México se han dado en la basílica, cuyos caudales competían en un tiempo con la hacienda pública. ¡De ese tamaño! De manera que esta comercialización resulta una verdadera vacilada”.
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Se nos cita otra vez una "entrevista" de la revista Proceso, que -como ya vimos-, no proporciona pruebas específicas. En este caso hablamos de acusaciones que no llevan consigo más que ambigüedades:
El clímax de la corrupción en la Basílica han sido "otros fraudes", y "los más grandes fraudes de la Historia de México", han ocurrido ahí. -¿Se nos describe siquiera UNO de esos "más grandes fraudes" mencionados?: NO, los impugnadores acusan primero y buscan pruebas después.
Y fraudes que lleguen al tamaño del caudal de la Hacienda Pública se dieron más bien en el interior de los últimos gobiernos priístas anteriores a Vicente Fox. Por ejemplo, para no ir más lejos, la estatización de la Banca forzada por José López Portillo, o la crisis de 1994 llamada "el error de diciembre", o la quiebra del Fobaproa, transformada en deuda pública.
Así como estos casos concretos, que se nos cite alguno similar que esté asentado se cometió en la Basílica de Guadalupe, y más aún, las acciones legales o denuncias formales que se siguieron.
Acusar sin probar la acusación es una mala estrategia, pero querer citar acusaciones incomprobadas, como prueba, no tiene cabida en un debate.
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Es importante señalar que, aparte de las donaciones que por más de cuatro siglos ha “recibido la virgen”, alrededor de 20 millones de peregrinos visitan anualmente la Basílica, dejando a su paso limosnas millonarias que, por su cantidad, se “vacían de los cepos a unas tuberías que caen a los sótanos”, en donde “hay maquinitas para contar el dinero”, el cual desaparece debido a las maniobras fraudulentas de los religiosos del principal santuario mariano del país.
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Aquí sí sería bueno aportar más datos. Una descripción tan detallada seguramente tiene sólidas pruebas, y nos gustaría ver alguna que revele que hay tales "sótanos con máquinas de contar dinero", y que luego dicho dinero "desaparece".
Ahora, es cierto que la Basílica recibe una considerable cantidad de dinero por concepto de limosna, pero se trata de dinero que los fieles por su propia voluntad dieron al Santuario, cuyas autoridades determinan lo que debe hacerse con dicho dinero.
Hay clérigos de la Basílica, Abad, arcipreste, etc., y personal que labora en cuestiones de limpieza, mantenimiento, vigilancia, y en el Archivo Histórico, Biblioteca Boturini, Instituto de Estudios Teológicos e Históricos, todas estas personas también comen, y por lo tanto, reciben un sueldo que muy bien puede pagárseles de los ingresos que percibe el santuario. Entre los mismos sacerdotes, habrá quienes se dediquen exclusivamente a la pastoral del Santuario y no tengan otro trabajo fuera. ¿Cree el hermano Maya que el pueblo católico es contrario a que reciban un salario digno?
Deficiencias en el Antiguadalupanismo -para tomar en cuenta-
A lo largo de los tres artículos anteriores y de éste último, he podido notar diferentes tipos de antiguadalupanismo.
Tenemos el ejemplo de Joaquín García Icazbalceta, un antiguadalupanismo católico sincero, discreto y extenso.
El antiguadalupanismo de José Luis Montecillos, irreflexivo, poco documentado y subjetivo.
El antiguadalupanismo de Daniel Sapia, antiguadalupanismo protestante, antimariano, más apegado a lo secundario que a lo primario.
Revisando tratados y escritos antiguadalupanos, similares a los que han sido desglosados y respondidos en esta Investigación, he encontrado
algunas deficiencias significativas en la postura antiguadalupana, manifestada a través de argumentos que denotan INCOHERENCIA.
Comentaré, entonces, algunas de estas deficiencias por separado:
-Relación de los frailes con la Virgen de Guadalupe:
Muchos antiguadalupanos que he leído, ofrecen el siguiente panorama; que contiene claras incoherencias:
-La Virgen de Guadalupe fue un sincretismo armado por la Iglesia Católica, para atraer a los indios a sus filas.
-No hay testimonio de fray Juan de Zumárraga sobre el suceso; y muchos historiadores como De las Casas, Motolinía, Mendieta, Torquemada, etc., guardan igual silencio respecto a la Guadalupana.
-Fray Bernardino de Sahagún afirma inclusive, en su Historia General de las Cosas de Nueva España, que la Guadalupana no es fruto de un milagro, sino de un sincretismo con la diosa Tonantzin del Tepeyac.
-En 1556 fray Francisco de Bustamante calificó de idolátrico el culto guadalupano, y afirmó que la imagen no es milagrosa.
Comentando:
Supongamos lo primero: Que la Guadalupana es un invento de la Iglesia para convencer a los indios.
Con esto, sabiendo que los frailes eran los encargados de instruir a los indios en la fe católica,
los propios frailes tuvieron que predicar y testimoniar clara y detalladamente que la Guadalupana era milagrosa
y una "Tonantzin" como la de ellos.
Contradicción: Si los frailes fueron parte de dicho "invento católico", ¿Cómo se comprende
que los testimonios españoles del siglo XVI no detallen minuciosamente dicho "sincretismo", y que haya -peor aún- denostaciones de
frailes a la devoción del Tepeyac?
Por razones históricas y teológicas (estas últimas expuestas en otro capítulo), se demuestra que de ningún modo pudo la Iglesia Católica "armar" el Fenómeno Guadalupano para atraerse a los indios.
Aún admitiendo que Sahagún y Bustamante, entre otros, fueran disidentes antiguadalupanos, debería haber muchos testimonios de otros frailes, y no hay más que pocos.
-Protestantes del Siglo XXI = Frailes del Siglo XVI:
Hay una deficiencia que caracteriza a los antiguadalupanos protestantes, como Sapia y Montecillos, y es que su actitud con respecto a la religión y cultura aztecas son prácticamente iguales a las de los franciscanos que evangelizaron a los indios en el siglo XVI.
Y no exagero cuando digo que TODOS los protestantes con los que he hablado del asunto guadalupano siguen el mismo patrón, a saber:
-Los frailes impusieron el catolicismo tiránicamente.
-La Inquisición destruyó las culturas indígenas de América.
-Los dioses de los aztecas eran ídolos, y por lo tanto, demonios.
-Es un error -cercano a la blasfemia-, decir que Dios no condenaba la religión azteca.
Comentando:
Daniel Sapia resaltó en su artículo, en señal de evidente desacuerdo, que hay quienes afirman que las apariciones guadalupanas eran una muestra de que Dios no estaba disgustado con la religión indígena.
Para Montecillos, Tonantzin y Guadalupe son lo mismo y son demonios.
Otro protestante, de la Espejo Revista Electrónica, afirma que está convencido de que el fenómeno guadalupano es obra de Satanás.
En conversación con un forista evangélico, se escandalizó enormemente cuando le comenté que en mi opinión, el Dios supremo de la Filosofía Náhuatl, Ometéotl, equivalía a nuestro Dios Creador y Todopoderoso de la Biblia.
Consecuentemente, los protestantes condenan las actividades de la Inquisición, y se rasgan las vestiduras reprochando a los frailes que quemaran testimonios de la cultura indígena, imponiendo el catolicismo en América.
Pero a su vez, demuestran que ellos no aprecian mucho más que aquellos frailes la cultura indígena. Si hubieran sido ellos los descubridores de América, no dudarían ni un segundo en hacer lo mismo, derrocar los templos de los "demonios" y quemar los códices indígenas.
Contradicción: Si los dioses aztecas realmente eran demonios, ¿Entonces por qué criticar que los frailes destruyeran el culto a tales "demonios", sustituyéndolo por el cristianismo?
-¿Cómo empezó el culto a la Guadalupana?
La Historiografía Guadalupana proporciona abundantes datos sobre el cómo, dónde y en qué circunstancias comenzó
a venerarse a la Virgen de Guadalupe en el Tepeyac.
El Antiguadalupanismo falla en este punto notablemente.
El primer impugnador importante, don Juan Bautista Muñoz, escribía en su Memoria, que data de 1794, que él "sospechaba que la historia de las apariciones nació en la cabeza de los indios entre 1629 y 1634"... y vagamente afirma que la devoción citada por el virrey Enríquez de Almanza en 1575 "empezó a pocos años de la Conquista de México".
Ni siquiera Joaquín García Icazbalceta pudo dar una teoría razonable al respecto.
Icazbalceta sostiene que la historia de las apariciones a Juan Diego comenzó en 1648 con el libro del p. Miguel Sánchez. Sin embargo, no
nos dice cómo y cuándo empezó el culto guadalupano en el siglo XVI, aunque se ve obligado a reconocer su existencia por el testimonio de Sahagún y por el proceso de 1556
hecho por Montúfar sobre Bustamante. Señala que dicha devoción se fue extinguiendo hasta desaparecer, y sería hasta 1648 que "resucitaría", gracias a la pluma de Miguel Sánchez.
Numerosos antiguadalupanos afirman con bastante seguridad que "no hay documentos históricos antes de 1648 sobre el suceso", pero reconocen que había, en el siglo XVI, culto a la Virgen de Guadalupe en el Tepeyac. ¿Cómo se originó?: No hay respuesta de su parte.
Los más anticatólicos afirman también que "los frailes dijeron a los indios que la diosa Tonantzin era ahora la Virgen María, en un sincretismo religioso muy claro". Tales afirmaciones, sin embargo, NUNCA van acompañadas
de nombres propios o fechas; mientras que los apologistas pueden dar todos los datos que el caso requiere, relatos detallados, efemérides locales, testimonios juramentados, testimonios indios, mestizos y españoles, hechos históricos como la batalla de Lepanto, la construcción del primer templo en el
Tepeyac y la inundación de 1629.
-Recurso a eventos externos
Ya lo vimos en el artículo antiguadalupano de Sapia, y ahora en el de Armando Maya Castro.
La intención de estos antiaparicionistas, como se nota, es REFUTAR el Milagro Guadalupano, probando que no hubo tal.
Y como si de algo les sirviera, citan hechos y sucesos que atañen a cosas ocurridas con la tilma o la Basílica, y no con la Aparición y la impresión milagrosa de la imagen.
De este recurso tenemos estos ejemplos:
-Sapia argumenta que varios sitios web católicos dan distintas versiones de los sucesos del ácido derramado en 1791 y de la bomba en 1921.
-José Luis Montecillos -en su artículo-, se queja de la situación económica de México, echándole la culpa de la misma a la devoción guadalupana -¡Vaya acrobacia!-
-Maya Castro afirma -sin probarlo-, que la Iglesia eliminó la corona de la Virgen, para volver a coronarla en 1895.
-Maya también se refiere -sin pruebas-, a la "corrupción y fraudes monetarios" perpetrados por las autoridades de la Basílica.
-Habla de que el obispo de Tamaulipas, Mons. Sánchez Camacho, se opuso al proyecto de coronación.
-Una experiencia propia: Dialogando en un Foro con un protestante, me expuso la incomprobada "venta de los derechos de la imagen guadalupana", por parte del clero a la empresa Viotran.
Entonces: Estos asuntos -entre ciertos y falsos-, no prueban NADA. Recurriendo a ellos no se consigue demostrar que el guadalupanismo se equivoca.
Fallan en demostrar que la Virgen María no se apareció en 1531 en el Tepeyac.
-Ausencia de objecciones teológicas
Recordemos que en su Carta, García Icazbalceta reconoce que él argumenta en el
plano histórico, y que no tiene competencia para una argumentación teológica.
Yo he leído a muchos antiguadalupanos -la investigación lo exige-, y siempre he visto objecciones
históricas, artísticas, científicas, basadas en hechos externos, etc., pero hay un tipo de objección que JAMÁS he
tenido oportunidad de ver; las objecciones teológicas. Que se explique POR QUÉ, desde el punto de
vista de la Revelación y de la Doctrina Cristiana, es un error teológico sostener que la Virgen puede aparecerse
y se apareció en 1531 -o en cualquier otra fecha-, en el Tepeyac o en otro lugar.
Añado a esto que existen argumentos teológicos a favor del milagro, ya dados por guadalupanos,
destacando una persona que goza de toda mi admiración, Mons. José Luis Guerrero Rosado.
Es otra DEFICIENCIA en el Antiguadalupanismo: Que no presenta objecciones teológicas contra el Suceso.
Breve intercambio -con un hermano católico, sobre el asunto guadalupano-
En Septiembre de 2004, tuve el gusto de recibir un email de mi estimado amigo católico José Miguel Arraiz,
webmaster de www.catolicosecumenicos.com, quien
me comentó que estaba dialogando con protestantes sobre el suceso guadalupano, y me preguntó si
tenía yo información que le permitiera responder a algunas objecciones presentadas.
Me envió un texto, en el que venían las objecciones, y yo le respondí con un email que voy a incluir aquí
completo, con mi agradecimiento al hermano Miguel, por darme esa oportunidad de resumir en pocas
líneas algunas respuestas a quienes niegan la aparición:
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Después de la fecha de las supuestas apariciones fray Juan de Zumárraga vivió muchos años, escribió muchas cartas, notas y hasta un catecismo llamado Regla Cristiana, jamás mencionó fray Juan haber sido testigo de aparición alguna, por lo contrario dentro del catecismo que escribió muchos años después de las supuestas apariciones se pregunta lo siguiente: "¿Por qué ya no ocurren milagros? y responde él mismo: "Porque piensa el Redentor del mundo que ya no son menester".(Wikipedia)
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Antes de entrar a contestar esto, señalemos que los datos no son exactos: El catecismo al que se hace alusión se llama Regla Cristiana, y según datos del historiador Joaquín García Icazbalceta, es casi seguro que dicha Regla Cristiana no fue escrita por Zumárraga, sino mandada escribir y editada por él.
Sobre el "silencio" de Zumárraga: Es un poco complicado responder a esto, porque implica muchos detalles religioso-culturales. Trataré de resumir los puntos que permiten comprender esta situación:
-Los españoles, y en especial los frailes franciscanos, tenían una mentalidad del Siglo XVI, es decir, pensaban todavía como gente de la Edad Media. El mismo Zumárraga fue inquisidor, e hizo fama de severo.
-Así las cosas, la religión azteca-mexicana fue tachada de idolatría diabólica por los frailes. Todo lo indígena era malo. Su cultura era mala, su religión, satánica. Cultura y religión indígenas tenían que ser destruidas, para liberar a los "pobres indios" de las garras del Demonio.
-Entonces, misioneros y soldados se dedicaron a destruir Códices, pirámides, templos, obras escultóricas, etc., todo lo que representara a la "idolatría diabólica" de los indios.
-Para los indios, religión y cultura era lo más importante en la vida, así que al ver que les estaban destruyendo eso... quienes contradictoriamente predicaban a un Dios todo amor y bondad, se sumieron en una profunda amargura. Se veían abandonados por sus dioses, y todo lo que habían amado había muerto.
-Y los frailes, con toda buena fe, creían que los indios les debían agradecer el "liberarlos de la idolatría", así que no imaginaban que para los indios la evangelización era una verdadera pesadilla.
-Un detalle más: Expertos como Miguel León-Portilla han comprobado que los aztecas y mexicanos nahuas no eran politeístas. Tenían la idea de que había Un Solo Dios, Ometéotl, y todos los demás "dioses" no eran sino expresiones de Ometéotl, adaptadas a sus humanas limitaciones.
-Por lo tanto, durante los primeros años del periodo colonial, hubo muy pocos conversos al cristianismo. Los frailes empezaron a educar a niños indígenas, pero los mayores preferían morir a dejar de ser indios, y rechazaban tajantemente la religión de los conquistadores. No querían aceptarla. Si el Dios de los conquistadores era el verdadero... ¿Cómo era que ahora los castigaba tan cruelmente, si siempre le habían sido fieles?
-Pero de pronto, llega Diciembre de 1531, y a partir del año siguiente se multiplican las conversiones, los indios acuden en masa a solicitar el bautismo, y ocho años después, hacia 1540, ya hay MILLONES de conversos. (Así lo testimonia Fray Toribio de Benavente en su Historia de los indios de Nueva España).
-¿Qué ha ocurrido? ¿Por qué los indios cambiaron su oposición tajante a la fe cristiana, por una fervorosa conversión? Y esto ha ocurrido sin que los frailes se vuelvan más tolerantes con la cultura india. Pero otra cosa también ha cambiado: El cerro del Tepeyac, antes solitario, ahora recibe la visita de miles de indígenas, que vienen desde muy lejos a la ermita que ahí construyó el arzobispo Zumárraga (testimonio de Fray Bernardino de Sahagún en Historia General de las Cosas de Nueva España)
-Algo en el Tepeyac atrae a los indios, y al mismo tiempo, los impulsa a convertirse a la fe de los castellanos, y hacerse cristianos. ¿QUIÉN PROVOCÓ ESTO?: Lo hizo Dios, a través de Su Madre.
Creo que ahora podemos volver a la cuestión inicial, ¿Por qué Zumárraga no habló claramente sobre la aparición?: Porque él, como español, no entendió lo que significaba ese ayate con una imagen mariana que le presentaba el indio, para él, eso no pasaba de ser una mera pintura de la Virgen María. Ni él ni ningún español de ese entonces pudo comprender el mensaje que a través de este milagro daban Dios y la Virgen a los entristecidos indígenas.
Para Zumárraga, el indio habló de apariciones, y le presenta una imagen de María; añadiendo a esto que comprueba que el tío que estaba enfermo ya sanó. Todo esto no es muy impresionante, pero sí suficiente para cumplir con lo prometido y levantar una ermita en el Tepeyac.
Podemos por lo tanto deducir que el mismo Zumárraga nunca creyó que realmente la Virgen María se había aparecido en su diócesis. Para él todo pudo ser un caso de devoción privada de aquel indio, y su arzobispado, tan lleno de acontecimientos, unido a su mentalidad franciscana del siglo XVI, le impidió darse cuenta de que había sembrado una semilla de la que surgiría un árbol gigantesco.
Otro detalle: El p. José Luis Guerrero señala que Zumárraga, como inquisidor que era, debió de todos modos levantar algún acta del asunto, así que no hubo "silencio" total de su parte. Hay indicios de que sí escribió sobre el suceso, aunque no como milagroso:
Para sustentar la existencia de Actas de Zumárraga -aunque se hayan perdido, tal vez definitivamente-, citemos al padre Miguel Sánchez, quien declaraba bajo juramento como testigo en las Informaciones de 1666, y quien dijo que el Dean de la Catedral había encontrado al arzobispo "Don Fray García de Mendoza [..] leyendo los Autos, y Proceso de dicha Aparición con singular ternura.."
Otro testimonio complementa a éste, y es el de Cayetano Cabrera, en su Escudo de Armas de México, donde asienta que el R. P. Fr. Pedro de Mezquía, religioso de Propaganda Fide, aseguraba haber visto y leído en el convento de franciscanos de Vitoria, en España, una relación del Sr. Zumárraga a los religiosos de aquel convento, de la aparición de la Virgen de Guadalupe y había prometido traerla a su regreso de un viaje a España que iba a emprender." "Y el Dr. Uribe, que escribía hacia 1778, cuenta que al regreso del P. Mezquía le preguntaron por la relación que había prometido traer y respondió que no la había encontrado y que creía que había perecido en un incendio que había sufrido el archivo del convento."
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La iglesia católica considera algunas evidencias de oídas y referencias de terceros como suficientes para confirmar la vida del santo, sin embargo no hay pruebas historiográficas determinantes que coloquen a Juan Diego Cuauhtlatoatzin como una persona real en el tiempo de las apariciones del Tepeyac, al norte de la Ciudad de México
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Quien escribió esto debería decirnos QUÉ es lo que él considera "pruebas historiográficas determinantes", porque si espera ver fotografías, videos o actas notariales en las que figure Juan Diego... pues me temo que eso es pedir lo imposible.
El primer documento que testimonia la existencia de Juan Diego es el Nican Mopohua, el relato más antiguo sobre el suceso guadalupano, redactado (según los expertos), por Antonio Valeriano hacia 1550-1560.
Los historiadores que hablan sobre Valeriano (especialmente Sahagún y fray Juan de Torquemada), se refieren a él como una persona seria, cuidadosa en sus obras y experto en el náhuatl clásico. Sería un tanto atrevido suponer que Valeriano inventó una historia queriéndola dar por verdadera. Señala Miguel León-Portilla que de ser así, cualquier contemporáneo de Valeriano lo podría haber desmentido.
Por lo tanto, concluye que el nombre de Juan Diego estaba ligado al de Guadalupe, y que Valeriano probablemente condensó la tradición sobre las apariciones del Tepeyac en su Nican Mopohua.
La principal fuente sobre la existencia y vida de Juan Diego son las Informaciones Jurídicas de 1666, levantadas con motivo de pedir a Roma el oficio y misa de Ntra. Señora de Guadalupe.
Estas Informaciones fueron interrogatorios a indios ancianos de Cuautitlán y México, quienes habían oído la tradición a sus padres y abuelos, y aportaron muchos datos sobre el vidente Juan Diego.
Puntualicemos que estas Informaciones fueron hechas con testigos bajo juramento de decir la verdad, así que lo único que pueden hacer los antiguadalupanos, es acusar de perjuros o dementes a TODOS los testigos.
Al respecto, señala Mons. Eduardo Chávez que es sospechoso que se dé completa credibilidad a los procesos inquisitoriales que se conservan, y que en cambio, se tache de mentiroso el proceso de las Informaciones Guadalupanas.
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La tradición dice que La Virgen le reveló el nombre "Guadalupe" a Bernardino, cuando se encontraba enfermo de gravedad, aunque los entendidos en el tema dicen que es imposible que la Virgen se haya nombrado a sí misma Guadalupe ante el anciano.
Juan Bernardino no entendía la lengua castellana traida por los españoles al Nuevo Mundo, por lo tanto el diálogo tuvo que haberse desarrollado en la lengua nativa que era el Náhuatl (lengua viva hablada por mas de 2 millones y medio de personas), en donde no existe el sonido de las consonantes G y D.
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Primeramente, nadie defiende a capa y espada que la Virgen dijo "Guadalupe" cuando habló con Juan Bernardino. Es bastante probable que no haya sido así. La palabra "Guadalupe" fue seguramente una adaptación de alguna expresión náhuatl al castellano.
Otra cosa: Aún no se encuentra el original del Nican Mopohua. No se sabe, por lo tanto, si Valeriano escribió o no "Guadalupe". La copia más antigua del Nican Mopohua, que está en la Biblioteca Pública de Nueva York, muestra el nombre "Guadalupe", nombre que coincide con la Guadalupana de Extremadura, adaptando el vocablo al español.
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Tequatlasupe significa la que aplasta la cabeza de la serpiente; en esa época en México se adoraba a Quetzalcóatl, el dios serpiente, y la Virgen llegó a sustituir su culto por el de la Iglesia Católica.
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COATLAXOPEUH, o bien COATLAYOPEUH, significa "aplastó con el pie a la serpiente", y "Santa María Coatlaxopeuh" significaría "Santa María la que aplastó a la serpiente".
Sin embargo, no se sabe si realmente fue COATLAXOPEUH la expresión utilizada por la Señora del Cielo. Pudo ser COATLAXOPEUH, o también TEQUANTLANOPEUH, que significa "la que tuvo origen en la cumbre de las peñas", o bien TEQUANTLAXOPEUH, que significa "la que ahuyentó a los que nos comían", o bien TECUAUHTLACUPEUH, que quiere decir “la que viene volando de la luz como el águila de fuego”.
De estas expresiones, las primeras dos las propuso Luis Becerra Tanco, y la última el P. Mario Rojas Sánchez.
Y es cierto, las apariciones del Tepeyac llevan ese objetivo, que consiguen: abolir los sacrificios humanos, y sustituir el culto a los dioses prehispánicos por el culto a Ometéotl=DIOS ÚNICO Y CREADOR, de modo parecido a como la religión cristiana venía a sustituir a la judía, actualizándola.
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Schulenburg - Es un símbolo, no una realidad.
Ixtus: ¿Entonces cómo encaja la beatificación que de él hizo el Papa?
Schulenburg - Esa beatificación es un reconocimiento de culto, no es un reconocimiento de la existencia física y real del personaje, por lo mismo no es propiamente una beatificación.
Semanas después de esta serie de declaraciones el Abad Guillermo Schulenburg renuncio a este cargo habiendo ejercido el cargo de Abad de la Basílica de Guadalupe por más de treinta años.
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Si Mons. Schulenburg no creía en el milagro... ¿Por qué no lo dijo desde los principios de los 60´s, cuando empezó su periodo como abad de la Basílica?
Schulenburg afirmó también que la tilma no es milagrosa, basado en unos supuestos estudios que dice haber realizado el restaurador José Sol Rosales en 1982... Si desde 1982 Schulenburg recibió los datos, ¿Por qué hizo sus declaraciones antiaparicionistas hasta 1996?
Quién sabe desde cuándo Schulenburg se volvió antiaparicionista, pero él coronó a la Virgen de Guadalupe en Jerusalén, en 1977, y cuando el Papa Juan Pablo II visitó la Basílica en 1979, Schulenburg lo recibió y le entregó las llaves del sagrado recinto.
Además, Schulenburg afirmó que si el Papa canonizaba a Juan Diego -como de hecho ocurrió-, eso implicaría que "los teólogos tendrían que revisar si el Papa puede equivocarse"... la conclusión a la que se llega es inmediata: El Papa y la Congregación para la Causa de los Santos pueden equivocarse, pero el sr. Schulenburg no.
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porque se llama Juan Diego si los indios solo usaban un nombre?
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Para empezar, los indios no usaban "sólo" un nombre. El huey tlatoani de Tenochtitlán que recibió a Cortés se llamaba MOTECUHZOMA XOCOYOTZIN, y antes que él había habido un MOTECUHZOMA ILHUICAMINA.
El dios tutelar de los aztecas tenía dos nombres que se podían usar juntos: HUITZILOPOCHTLI-TEZCATLIPOCA.
El Dios Único y Verdadero, el Ometéotl, tenía como nombre completo OMETÉOTL-OMECÍHUATL.
Y Quetzalcóatl tenía cuatro palabras por nombre, entre toltecas y mexicas: CE ACATL TOPILTZIN QUETZALCÓATL.
Y vamos a lo que sigue: JUAN DIEGO es nombre cristiano, español, no indio, y los frailes que bautizaban a los indios les ponían uno o más nombres, de acuerdo a la usanza española. Así tenemos a ANTONIO VALERIANO, FRANCISCO PLÁCIDO y entre los testigos de 1666 a CATARINA MÓNICA.
Los indios pronto adoptaron nombres y apellidos al modo español, como FRANCISCO VERDUGO QUETZALMAMALITZIN, FERNANDO DE ALVA IXTLILXÓCHITL, etc.
Sobre los argumentos del sr. Sapia:
Como información para la hermana Beatriz, te comento lo siguiente, estimado José Miguel:
-Daniel Sapia maneja CUATRO principales consideraciones sobre el suceso guadalupano, que son las siguientes:
1.- Diferentes sitios católicos, dan versiones distintas de dos sucesos relacionados con la tilma milagrosa. El primero es el derramamiento de ácido sobre la tilma, en 1791, que no dejó más que algunas huellas. El segundo es el estallido de una bomba en el altar mayor de la Basílica, en 1921. Diferencias sobre la composición química del ácido, la forma en que se derramó, el nombre y ocupación de la persona que colocó la bomba en la Basílica en 1921, la forma en que se deformó un Crucifijo que estaba allí, y el material del que estaba formado dicho Crucifijo.
2.- Sapia utiliza el argumento de García Icazbalceta (ya analizado arriba), es decir, que Fray Juan de Zumárraga no habló sobre el suceso guadalupano, y en la Regla Cristiana aparece la frase que ya citamos arriba.
3.- En el Tepeyac, los indígenas habían levantado un templo a Coatlicue-Tonantzin, diosa-madre de Huitzilopochtli, y madre, por lo tanto, de ellos, "el pueblo del Sol". El templo de Coatlicue-Tonantzin fue destruido por Gonzalo de Sandoval durante el sitio de Tenochtitlán en 1521, así que en la época de las apariciones ya no había tal templo. Pero Sapia sugiere que el culto a Coatlicue-Tonantzin fue sustituido por el culto a María-Guadalupe; un sincretismo orquestado por los frailes.
4.- Sapia expone dos fotografías de la tilma, una de 1923 y otra de fecha reciente, afirmando que hay cambios que "demuestran" que la imagen ha sido "restaurada".
Yo ya respondí a estas objecciones en un artículo completo. Si a Beatriz le interesa, te lo puedo mandar a tí para que se lo pases a ella. Por el momento te expondré un resumen de mis respuestas:
De la objección 1: Las distintas versiones corresponden a episodios externos del Milagro Guadalupano. Esas distintas versiones no prueban NADA ni contra la Aparición en 1531 ni contra el carácter milagroso de la imagen. Por cierto, sobre el episodio de la bomba estuve investigando y hay varios detalles: El hecho apareció en las noticias, en los medios de comunicación, fue algo que realmente ocurrió. La persona que realizó el atentado estaba relacionada con el gral. Álvaro Obregón, feroz anticatólico, cuya influencia impidió tomar datos exactos del agresor.
De la objección 2: Ya te lo comenté arriba, y lo comento también en una crítica a la Carta de Joaquín García Icazbalceta: El acontecimiento fue importantísimo para los indios, pero culturalmente invisible para los españoles.
De la objección 3: Los frailes no pudieron armar el "sincretismo" que antihistóricamente se les atribuye: Ellos QUERÍAN destruir la religión indígena, incluida a la diosa Coatlicue-Tonantzin. En aquella época la ortodoxia era severísima, (consideremos que hablamos de la misma época de la "Reforma" Protestante). Además, para armar su "sincretismo", los frailes hubieran tenido que comprender y dominar la teología indígena... y esto no fue así. Ninguno de ellos intentó entenderla o apreciarla: Esto, unido a detalles que pertenecen a otro tema, demuestra palmariamente que los frailes serían los últimos a quienes podríamos acusar de "inventar la aparición guadalupana".
Por otro lado, TONANTZIN no es un nombre sino una expresión, que significa NUESTRA MADRE, así que cuando decimos GUADALUPE-TONANTZIN, estamos diciendo ni más ni menos que NUESTRA MADRE GUADALUPE.
De la objección 4: Yo estoy inseguro de qué partes de la imagen han sido "repintadas" o retocadas. Los científicos norteamericanos de la N.A.S.A. Callagan y Smith, analizaron la imagen con rayos infrarrojos en 1979, y concluyeron que parte de la imagen es original y parte son añadidos posteriores. Y sobre las partes originales, comentan los científicos que se trata de una pintura hecha con técnicas y materiales desconocidos para la Ciencia. Así las cosas, podemos admitir que parte de la imagen ha sido efectivamente "repintada", pero no toda. Y añadamos que los "repintes" que muestran estas partes, no DEMUESTRAN que no haya habido Aparición Milagrosa de María en el Tepeyac en 1531.
EN CRISTO Y MARÍA, Jesús Hernández
Con esto concluyo el presente capítulo.
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