| . | Investigación Documental sobre la Virgen de Guadalupe | . |

Agua del Tepeyac; lluvia celeste
de perfumada navidad autora;
donosura en el tiempo inalterable;
de amarga noche, aurora;
estación de la fe más admirable
y espejo de verdad confortadora;
Santísima Señora:
Mírame, reverente
orar ante tu imagen fehaciente,
exornado el espíritu
con flores de católica blancura,
inclinada la frente
y en tierra la rodilla penitente
por alcanzar la máxima estatura.
Hoy, como nunca, quiero
ensayar una Salve en mis entrañas
pues llorados fervores recupero
y pues tú me acompañas
y bendices y aliñas mi sendero.
Soy la corriente mansa
que sin reposo estuvo ayer sujeta
a constante y equívoca mudanza
y libre hogaño avanza
en busca de una margen que prometa
rectitud y sosiego y bienandanza.
Ahora sé de cierto
que, cuando alguien te nombra, en alegría
viene al mundo un aroma de concierto
-un claro mediodía
dice tu amor abierto-
y late el corazón de la poesía.
Madre nuestra, María.
Estoy en tu evidencia madurando,
acendrando mi esencia
¿cómo no bendecirte, Madre, cuando
soy de tu amor testigo
en la piedra, en el agua y en el trigo?
Busco a Juan Diego en mí
quiero ser su raíz dolida y fuerte,
quiero alcanzar el tallo de su fe,
su rosa de milagro,
quiero estrechar su vida con mi muerte.
Sobre un filo de angustia,
en el tiempo camino alucinado;
y encuentro, sólo, un mundo sin temores,
un aire sin pecado,
un cielo de eficacia:
el ámbito invariable de tu gracia.
Porque tu piel morena
es ésta de mi suelo y de mis gentes
y tus ojos están
dibujando su signo y su esperanza,
mi espiral de oración llege a tu antena
y hállenme tus efluvios providentes.
Espejo de verdad confortadora,
Santísima Señora.
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Bibliografía:
CRUZ, Salvador de la, Libro de Oro de la Poesía Guadalupana, Libro Mex editores, 1957 |