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Investigación Documental sobre la Virgen de Guadalupe

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Apéndices sobre las Objecciones y Actitud
de Joaquín García Icazbalceta con respecto al suceso guadalupano

Respuestas a la Carta de García Icazbalceta sobre la Aparición de N.S. de Guadalupe


Apéndices a comentar:

-Circunstancias en las que se publicó la Carta de Icazbalceta, su difusión y popularidad.

-Las respuestas que se han dado a la Carta de Icazbalceta, desde 1892 hasta hoy día.

-Porque Roma locuta, causa finita, Icazbalceta declara improcedentes sus objecciones históricas






APÉNDICE I

Notas sobre la Carta de Joaquín García Icazbalceta



Fue en el libro La Virgen de la Patria, de Ramón Sánchez Flores, donde por primera vez me enteré de que el historiador mexicano Joaquín García Icazbalceta -de notoria competencia y autoridad en asuntos históricos de México- había negado la aparición guadalupana.

Pero no encontré su Carta acerca del Origen de la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, sino hasta el inicio de esta investigación. Desde entonces, aparte de manifestar mi desacuerdo con algunos puntos del historiador, he hecho algunas observaciones sobre su Carta, y el uso que se le ha dado.

TODOS los antiaparicionistas que he leído, citan invariablemente a Icazbalceta y su Carta, ya sea directa o indirectamente, total o parcialmente.
Para muchos antiguadalupanos, la Carta de Icazbalceta representa una refutación convincente y definitiva de las apariciones guadalupanas, y valiéndose de la autoridad y eminencia de D. Joaquín, ven derrumbado el "mito guadalupano" con la sola presentación de esta Carta.

La primera vez que leí la Carta, quedé completamente apabullado, y por unos minutos consideré al guadalupanismo como causa perdida: "No hay más qué decir, está todo muy claro. Icazbalceta ha desmentido por completo el asunto, y no puedo seguir en ésto", me dije.

Pero casi de inmediato, la sangre fría sustituyó a mi momentáneo susto, y pensando con objetividad decidí:
-Que si de verdad hubiera Refutación del Milagro, habría muchos menos guadalupanos de los que hay.
-Que habría respuestas al sr. Icazbalceta, pues menospreciaría yo a la devoción guadalupana si supusiera que NADIE, en más de un siglo, ha respondido a los planteamientos de Icazbalceta.
-Que sólo me asustaba por ignorancia en el tema; y que estudiándolo podría yo encarar y analizar las impugnaciones de Icazbalceta.


Cómo se publicó la Carta de Icazbalceta:

Leyendo la Carta, me encontré con algunas palabras interesantes de Icazbalceta, quien pide al arzobispo Labastida y Dávalos que considere privado el documento, y que no se publique ni pase a manos de terceros.
Entonces... ¿Cómo se publicó su Carta?. Hay reveladores datos al respecto, como los que proporciona Alfonso Junco en su ilustre obra El milagro de las rosas, de la que citaré algunos párrafos:

En prosa fuerte, limpia y concisa, agrupa, mejorándolas, las objeciones de Muñoz y de Mier, y alarga la lista de silencios. El no haber visto personalmente documentos contemporáneos originales que hablaran con toda claridad de la aparición, hizo gran fuerza en el espíritu de Icazbalceta, singularmente docto en papeles españoles del siglo XVI. Yo creo que esto decidió la convicción del ilustre escritor, y lo llevó luego a paliar o desestimar los hechos y testimonios que se oponían a su convicción, aventurándose, para explicarlos, en conjeturas notoriamente débiles.
Quien, sin preparación particular, lee la carta de don Joaquín García Icazbalceta, la encuentra magistral y concluyente. Pero cuando se ha profundizado de veras en los estudios guadalupanos y se han analizado punto por punto las cuestiones, asombra -dada la competencia de su autor- la cantidad de errores, omisiones y deficiencias que hay en la carta, acaso explicables por la menor acuciosidad que se pone en lo que no se dedica a la publicidad.

Es una cantinela de tozuda motononía. No da para más la cultura histórica de esos antiguadalupanos: vuelven y vuelven a publicar y repartir -en ediciones fraudulentas y sin sacar el rostro- la carta de don Joaquín García Icazbalceta.


Cuando don Joaquín García Icazbalceta -católico de intachable probidad- escribió en 1883 su carta confidencial al arzobispo Labastida y la comunicó reservadamente a unos cuantos amigos eruditos, el canónico don Vicente de Paula Andrade olfateó el asunto,. extrajo subrepticiamente una copia, la desfiguró un poco, y la vertió al latín, publicándola anónima bajo el título de Exquisitio Historica.
Entonces, un sabio y benemérito guadalupano, don Fortino Hipólito Vera, publicó en Querétaro, el año de 1892, su "Contestación histórico-crítica en defensa de la maravillosa aparición de la Santísima Virgen de Guadalupe, al anónimo intitulado Exquisitio Historica", traduciendo al castellano la impugnación y poniéndole, párrafo por párrafo, la respuesta correspondiente. Y Andrade se apresuró a cometer el fraude de editar separadamente la traducción española del señor Vera, cercenándole las contestaciones respectivas, bajo este título:
"Exquisitio Historica. Anónimo escrito en latín sobre las apariciones de la B.V.M. de Guadalupe. Traducido al español por Fortino Hipólito Vera, socio de número de la Sociedad de Geografía y Estadística, honorario de otras sociedades científicas y literarias. Segunda edición. Jalpa. Tipografía de Talonia, 1893".
En 1896 se publicó por primera vez, sin nombre de editor ni pie de imprenta, el texto original de la famosa carta de Icazbalceta. Hiciéronlo personas de su amistad, que violaron así el secreto que en ellas había depositado el autor -muerto en 1894- y pisotearon su categórica y reiterada voluntad, expresa en la misma carta, de que ésta nunca se hiciese pública.


La refutó al punto, históricamente, el sabio canónigo y nahuatlato don Agustín de la Rosa. Se han sucedido, de entonces acá, esclarecimientos, réplicas, hallazgos de papeles y singularmente el sobrio y macizo estudio de don Primo Feliciano Velázquez, en que, punto por punto, con gran respeto, ecuanimidad y madurez, analiza y contesta las observaciones de la carta, en dos capítulos de su libro La Aparición de Santa María de Guadalupe (Méjico, 1931), que deben estudiar los que quieran ocuparse lealmente en estas cuestiones.
Hay también, el breve libro Primer siglo guadalupano (Méjico 1931), en que el p. Jesús García Gutiérrez se concreta a enumerar, con crítica exigente, la documentación de 1531 a 1648, o sea el largo periodo inicial en que entendía Icazbalceta que no había documentación. Ello era la base de su sentir sobre la no historicidad del prodigio. Demostrado con evidencia, que no existe la base, cae naturalmente el edificio de la carta.

Carece, pues, de seriedad científica, ponderar las excelencias de la epístola para tenerla por irrefutable y concluyente. Es un escrito que descuella, como todos los de su autor, por el orden, la concisión, la fuerza, el estilo; impresiona grandemente a quien no se ha especializado en la cuestión; pero para quienes la conocen y están al día, resulta visiblemente erróneo y superado

JUNCO, ALFONSO, El Milagro de las Rosas, Colección Figuras y Episodios de la Historia de México. Editorial Jus, 1958



El libro de Junco me confirmó en mi postura. Me había quedado boquiabierto con la argumentación de Icazbalceta, y Junco señala que eso es natural en quien carece de preparación suficiente. (¡Si hasta me quedé boquiabierto con la mucho más débil argumentación de Daniel Sapia!).

Y no sólo yo. El personal de porlaverdad.us, junto con su publicación digital de la Carta de Icazbalceta, añade el comentario de que ésta "convencerá a cualquier persona sincera". El académico González de Mendoza admite que la Carta le pareció contundente, antes de leer a Junco.
Y es muy posible que entre los creyentes guadalupanos, muchos hayan dejado de serlo leyendo la Carta de García Icazbalceta, que por cierto también ha sido muy difundida por protestantes.


El texto de Icazbalceta en Internet:

Para cuando leía yo las réplicas a Icazbalceta, ya me había interesado una de mis observaciones:
La Carta de Icazbalceta ha gozado de amplia difusión en Internet, por lo menos 9 sitios web reproducen completa y sin editar la dicha Carta, y encontré 1 que lo hace parcialmente:

Sitios de Internet que reproducen la Carta de Icazbalceta:
-Todos los sitios existen al momento de ser publicada esta Investigación-

http://www.inep.org/content/view/3236/44/ (requiere registro)

http://www.proyectoguadalupe.com/documentos/carta_icazbalceta.html

http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/01394942099359738534802/p0000001.htm#I_0_

http://www.sectas.org/Catalogo/textocompleto.htm

http://porlaverdad.net/CartdeGarcIcazbalceta.htm

http://forocristiano.iglesia.net/showthread.php?t=14742

http://biblioteca.redescolar.ilce.edu.mx/sites/fondo2000/vol2/02/htm/sec_3.htm

EN PDF: www.atrio.org/ICAZBALCETA.pdf

EN ZIP: http://www.graciasoberana.com/archivos/sobreestapiedra/articulos/juandiego.rar

Fragmentos en:

http://copernico.mty.itesm.mx/phronesis/archi_txt/guadalupe.txt


Se cita a la Carta, pero no las respuestas a la misma:

Lo que me consternó, fue que no encontré similar difusión de las RESPUESTAS a Icazbalceta. He leído muchos artículos y algunos libros antiguadalupanos modernos, y no he encontrado ninguno que al menos mencione el texto del p. Agustín de la Rosa. En la publicación de la Carta, en 1896, aparece una nota previa de los editores de la misma. En esta nota mencionan la respuesta que dio Fortino Hipólito Vera a Icazbalceta, pero para descalificarla, llamándola "pretendida" e "insertada en un abultado e indigesto volumen".
El mismo año de 1896 en que se publicó la Carta de Icazbalceta, el obispo de Tamaulipas, Mons. Eduardo Sánchez Camacho, ya célebre por sus ideas antiguadalupanas, redactó una carta a los editores de El Universal, donde elogia la Carta de Icazbalceta, al tiempo que menciona y descalifica una respuesta emitida por el periodista Trinidad Sánchez Santos. De De la Rosa y Vera no dice ni una palabra.

Y a mí me parece justo y necesario que así como se da tanto peso y difusión a la Carta de Icazbalceta, se dé el mismo valor y voz a quienes le respondieron, pues leyéndolos se da uno cuenta de los errores que cometió el sr. Icazbalceta en su Carta, y cómo es una falacia sostener que Icazbalceta dio el jaque mate a la creencia guadalupana.


En esa línea, y para hacer justicia a los apologistas que en su momento respondieron al historiador, me he dado a la tarea de localizar, estudiar y copiar, algunas de las respuestas que en su momento se dieron a la Carta de Icazbalceta.






APÉNDICE II.

Las respuestas a la Carta Antiaparicionista de D. Joaquín García Icazbalceta



Ernesto de la Torre Villar y Ramiro Navarro de Anda, hablan de "muchos contradictores" de Icazbalceta (Testimonios Históricos Guadalupanos, Preliminar, p. 17). Edmundo O´Gorman, en su Destierro de sombras..., p. 276, en las efemérides correspondientes a 1896 dice "Son innumerables las "defensas" de la aparición motivadas por la Carta de García Icazbalceta publicadas a partir de ese año y durante lo que va de este siglo". Yo hablaré concretamente de las respuestas que conozco.

La primera de la que tengo noticia es la que dio en 1892 el importante guadalupano D. Fortino Hipólito Vera, quien respondía no a la Carta como la conocemos hoy, sino a la publicación en latín que anónimamente publicó en 1890 el canónigo Vicente de Paula Andrade. Se trata de la Contestación histórico crítica en defensa de la maravillosa aparición de la Santísima Virgen de Guadalupe, al anónimo intitulado Exquisitio Historica y a otro anónimo también que se dice Libro de Sensación, Querétaro, Impresión de la Escuela de Artes, Calle Nueva núm. 10, 1892. Lamentablemente no puedo poner este texto a disposición de mis lectores, porque es un volumen bastante grueso, con 219 capítulos distribuidos en casi 700 páginas. Tampoco me fue factible fotocopiarlo, porque la regla del archivo en el que la ubiqué no permite fotocopiar libros anteriores a 1900.
No obstante, conozco la línea de respuesta que dio Vera a Icazbalceta, y la aprovecharé, tal vez incompleta (es una refutación extensa), pero espero que fructíferamente.

Otra respuesta directa y concisa a la Carta antiaparicionista, es la que dio el padre Agustín de la Rosa, en su Defensa de la Aparición de Nuestra Señora de Guadalupe y refutación de la carta en la que la impugna un historiógrafo de México, Imprenta de Luis G. González, Guadalajara, 1896. Publicada también en el ya citado Testimonios Históricos Guadalupanos.

Hay otra respuesta a la Carta en general, muy potente, por parte de don Primo Feliciano Velázquez, que desarrolla en tres capítulos (16, 17 y 18), de su obra La Aparición de Santa María de Guadalupe, Edit. JUS, 1931.

Una respuesta la dio el p. Jesús García Gutiérrez en Juicio crítico a la Carta de D. Joaquín García Icazbalceta y fuentes históricas de la misma, obra de 33 páginas publicada en 1931.
Ya comenté que en su carta fechada el 2 de Agosto de 1896, el obispo de Tamaulipas Sánchez Camacho habla de una respuesta que dio el ilustre periodista Trinidad Sánchez Santos.
Sobre Icazbalceta comentan también Alfonso Junco, en El Milagro de las Rosas, José Bravo Ugarte, en Cuestiones Históricas Guadalupanas, Joel Romero Salinas, en Juan Diego, su peregrinar a los altares, el profr. Ramón Sánchez Flores analiza el método histórico de Icazbalceta en el IV Encuentro Guadalupano, en 1979, y en su libro Primer Siglo Guadalupano, Jesús García Gutiérrez enlista y analiza una serie de documentos históricos que precisamente responden al "siglo de silencio" del que tanto habla Icazbalceta en su carta.

Hubo más respuestas todavía: la de Juan Luis Tercero, La causa guadalupana. Los últimos veinte años (1875-1895) con el final de la coronación de la celeste Imagen del Tepeyac. Apéndice sobre la carta antiguadalupana del Sr. García Icazbalceta, Victoria, Impresión del Gobierno del Estado, 1896. Esteban Antícoli respondió en Historia de la aparición de la Sma. Virgen María de Guadalupe en México; desde el año de 1531 a 1895, México, la europea, 1897, también el obispo de Yucatán D. Crescencio Carrillo y Ancona en Don Joaquín García Icazbalceta y la historia guadalupana, Mérida, Impr. Gamboa Guzmán, 1896. Entre los contestadores del siglo XX contamos a Eduardo Iglesias, quien colaboró con el p. García Gutiérrez en el Juicio crítico de la carta de D. Joaquín García Icazbalceta y fuentes históricas de la misma, y en fin, a quienes han aclarado algunos puntos específicos mencionados en la carta de Icazbalceta, como Antonio Pompa y Pompa, Lauro López Beltrán y Fidel de Jesús Chauvet.

Me resultaría imposible publicar todas las respuestas a Icazbalceta, porque presumo que habrá mas, de las cuales yo no tengo noticia, y por ejemplo, la Contestación histórico-crítica de Fortino Hipólito Vera, resulta demasiado extensa y tal vez pesada para el lector. Las que sí publico son las siguientes:

Defensa de la Aparición de Nuestra Señora de Guadalupe, por Agustín de la Rosa

El Método Histórico de Joaquín García Icazbalceta, por Ramón Sánchez Flores

El Prejuicio de un Gran Historiador, por José Bravo Ugarte

Capítulos 16, 17 y 18 de La Aparición de Santa María de Guadalupe, de Primo Feliciano Velázquez

A los cuales se puede acceder también desde el índice de la Investigación.




APÉNDICE III.

Retractación de García Icazbalceta según
una Carta escrita por él en 1888



Revisando la abundante información que había reunido para mi investigación guadalupana, encontré -no recuerdo dónde-, una débil sugerencia, según la cual, Joaquín García Icazbalceta se había retractado de su Carta Antiaparicionista, poco antes de morir.

La posiblidad de dicha retractación era interesante, pero no se me ocurrió dónde podía investigar con más detalle el asunto.
Pero cuando se trató de estudiar el Nican Mopohua, decidí consultar una obra dedicada a ese tema que ya había visto yo citada con anterioridad, el libro llamado El Nican Mopohua: Un intento de exégesis, por Mons. José Luis Guerrero R.
Revisando su libro (del que consulté la versión digital), vi un archivo de Word llamado "RETRACTA.doc", y decidí abrirlo, por mera curiosidad.

Y mi sorpresa fue considerable, cuando vi que justamente en ese capítulo, Guerrero proporcionaba datos sobre la retractación de G. Icazbalceta, información de la que expondré un extracto:

Erró muchísimo el Sr. Icazbalceta: es la primera, cuya demostración con más de cien argumentos se hace en ese gran libro del Sr. Vera (Contestación histórico-crítica en defensa de la Maravillosa Aparición de la Santísima Virgen de Guadalupe al anónimo intitulado Exquisitio Histórica).
Segunda parte: Pero el Sr. Icazbalceta como buen católico sabía decir con la humildad y la obediencia del verdadero sabio: Roma locuta, causa finita: Ha hablado Roma, asunto concluido.

Tanto, pues, como aborrecemos el error de nuestro sabio hermano, le amamos á él. ¡Dios le dé su gloria! Demostremos esta segunda parte.

¿Y dónde consta tan hermosa nueva como es esa de que el Sr. Icazbalceta abjuró posteriormente sus errores anti-guadalupanos? Tan feliz nueva la debemos al Ilmo. Pastor de Yucatán Sr. Carrillo y Ancona, consignada en su reciente carta al Sr. Arzobispo de México, carta que luego vamos á insertar casi en su integridad a beneficio de quienes no la hubiera leído en El Tiempo. (Diario de México, número del 20 de agosto de 1896.) Dice así:



"Ilmo. y Rmo. Sr. Arzobispo Dr. D. Próspero María Alarcón.- México.- Mérida, Yucatán, Agosto 12 de 1896.

"Como es de gran peso y autoridad el nombre de mi inolvidable amigo el finado Sr. Don Joaquín García Icazbalceta, en asuntos históricos y religiosos de México, por la circunstancia de haber sido el más diligente de nuestros bibliógrafos, á la vez que un fervoroso católico; con gran placer y saña impía han publicado en estos días los periódicos anticatólicos una Carta inédita de aquel señor, dirigida hace más de doce años, en (129) el mes de Octubre de 1883, al Predecesor de V. S. I. de grata memoria, Ilmo. Sr. Dr. Don Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos, con ocasión de la censura de un libro sobre historia guadalupana.

Y digo, con gran placer y saña impía de los periódicos anticatólicos, porque esa Carta es nada menos que una disertación histórica contra el milagro de la Aparición de Nuestra Señora de Guadalupe, que nunca quiso empero el autor que se publicara, que no quería escribir, y que una vez escrita ni aun quería que se viera, pues le dice así al Ilmo. Sr. Labastida: "Me manda V. S. I. que le dé mi opinión acerca de un manuscrito que se ha servido enviarme intitulado: "Santa María de Guadalupe en México, etc."...."Quiere también, V. S. I., que juzgue yo esta obra únicamente bajo el aspecto histórico; y así tendría que ser de todos modos, pues no estando yo instruido en ciencias eclesiásticas, sería temeridad que calificara el escrito en lo que tiene de teológico y canónico.... Quiero hacer constar que en virtud del superior y repetido precepto de V. S. I., falto á mi firme resolución de no escribir jamás una línea tocante á este asunto, del cual he huído cuidadosamente en todos mis escritos. Presupongo, desde luego, que al hacerme V. S. I. su pregunta, me deja entera libertad para responder según mi conciencia, por no tratarse de un asunto de fe; que si se tratara, ni V. S. I. me pediría parecer, ni yo podría darle....Por supuesto que no niego la posibilidad y realidad de los milagros: el que estableció las leyes, bien puede suspenderlas o derogarlas....Pero si estamos obligados á creer y pregonar los milagros verdaderos, también nos está prohibido divulgar y sostener los falsos.... Si he escrito aquí acerca de ella (de la historia de la Aparición Guadalupana); ha sido por obediencia al precepto de V. S. I. Le ruego, por lo mismo, con todo el encarecimiento que puedo, que este escrito, hijo de la obediencia, no se presente á otros ojos ni pase á otras manos: así me lo ha prometido V. S. I."

(130) "Si, pues, la prudencia y justos temores del autor no le permitieron publicar su carta antes de que la Santa Sede hubiese reprendido al Ilmo. Sr. Obispo de Tamaulipas Dr. Don Eduardo Sánchez Camacho, por su modo de obrar y hablar contra el milagro ó milagros de la aparición de Nuestra Señora de Guadalupe, y antes de que en lugar de enmendar o prohibir el rezo respectivo del Breviario, como hubieran querido los antiaparicionistas, más bien lo confirmó, lo amplió y hasta decretó la Coronación de la sagrada imagen como aparecida; mucho menos la hubiera publicado después de todo esto, como de una manera tan contraria á su voluntad expresa, se ha hecho ahora por la prensa liberal, aprovechándose del sensible fallecimiento de aquel buen católico y notable sabio.

"Como tal sabio y buen cristiano, bien sabía el Sr. Icazbalceta que de los hombres es el errar, y por tanto, que si él creía tener razones para negar la certidumbre histórica de la milagrosa Aparición, no por eso negaba ni la posibilidad del milagro ni la autoridad de la Iglesia para resolver la cuestión, una vez profundamente estudiada por ella misma, la materia. Por eso, refiriéndose él mismo a cuestiones semejantes, dice así: "La admirable credulidad de la época (siglo XVII), junta con una piedad extraviada, hasta admitir, desde luego, cuanto parecía redundar en gloria de Dios, sin advertir, como muchos no advierten hoy, que á la verdad suma no se da honra con la falsedad y el error. Los pergaminos de la torre Turpiana y los plomos del Sacromonte de Granada, alcanzaron tal crédito, que pasó un siglo en disputas, antes que la Santa Sede los condenase." Y en el núm. 69, añade: "sabrá V. S. I. si no se han corregido (por la Santa Sede) muchas veces los Breviarios, y si alguna no se ha prohibido, después de mejor examen, una misa ya concedida de mucho tiempo atrás."

"Ahora bien, la Santa Sede, no solamente no ha pro- (131) hibido ni condenado después de repetidos y profundos estudios, el milagro Guadalupano, sino que en las postrimerías de este siglo de luces, lo ha declarado y lo ha confirmado y lo ha realzado sobre toda ponderación; luego ya el nombre del Sr. Icazbalceta, que es de tanto peso y autoridad, no está de parte de los enemigos de Nuestra Señora de Guadalupe aparecida, por más que éstos se armen de la aludida Carta.

"Después de la reprensión hecha por la Santa Sede al Ilmo. Sr. Obispo de Tamaulipas, publiqué en 1888 mi Opúsculo intitulado: Carta de actualidad sobre el milagro de la Aparición Guadalupana en 1531"..................................."Envié ejemplares del Opúsculo al Sr. Icazbalceta, como á uno de mis mejores y más queridos amigos, y aun le supliqué me diera su opinión. Con la modestia, la sabiduría y la sinceridad que distinguían á aquel gran hombre y humilde creyente, me contestó por la siguiente carta, la cual me he propuesto dar á conocer á V. S. I. para su consuelo, y á todo el mundo para su instrucción, pues en ella se verá cómo pensaba ya el Sr. Icazbalceta después de haber hablado la Santa Sede acerca de la verdad histórica de nuestra milagrosa Patrona mexicana, y se verá también como queda desvirtuada por ella la Carta de 1883. Dice así la Carta, cuyo original podrá ver quien gustare en mi Secretaría:


Carta de Joaquín García Icazbalceta al obispo Carrillo y Ancona:



"México, Diciembre 29 de 1888.
Ilmo. Sr. Dr. Don Crescencio Carrillo y Ancona, Dignísimo Obispo de Yucatán, etc.

"Ilmo. Señor:

".... Recibí los ejemplares de la "Carta de actualidad." Desde luego envié á nuestro P. A. los que venían para él y le rogué también que distribuyese los que traían dedicatoria, porque me pareció mas seguro....

"Me honra V. S. I. mucho más de lo que merezco con pedirme parecer acerca de su Opúsculo. Nunca me atrevería á formular juicio acerca de un escrito de V. (132) S. I., no sólo Príncipe de la Iglesia, sino sabio de letras divinas y humanas, y amigo muy querido y respetado. ¿Y quién soy yo para eso? Mucho menos me atrevería en punto tan grave y ajeno de mis limitados estudios, como es el de definir el sentido de la reprensión enviada al Sr. Sánchez. A semejanza del corresponsal, creía yo que la reprensión se refería al modo de hablar y obrar y no a la esencia misma del negocio.

Mas V. S. I. afirma, y esto me basta para creerlo, que es asunto concluido, porque Roma loquuta, causa finita; y siendo así, no me sería ya lícito explayarme en consideraciones puramente históricas. En dos terrenos puede considerarse este negocio: en el teológico y en el histórico. El primero me está vedado por mi notoria incompetencia; y si está declarado por quien puede, que el hecho es cierto, no podemos entrar los simples fieles en el otro.

"Penoso ha sido para mí el final de este año y me encuentro muy abatido. Dios quiera mejorar el venidero; y si no, que se haga su voluntad. A V. S. I. se lo deseo felicísimo para bien de sus ovejas y sus amigos, entre los cuales tiene la señalada honra de contarse este último servidor, que con todo respeto su Pastoral anillo besa.-

JOAQUIN GARCIA ICAZBALCETA."

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* *



"Nótese á primera vista cómo se transparenta en esta Carta el espíritu contrariado del antiaparicionista; pero aquilatándose más precisamente por lo mismo, el mérito de la humildad cristiana con que fiel y rendidamente se inclina y cede. En su carta de 1883, había dicho: "En mi juventud creí, como todos los mexicanos, en la verdad del milagro; no recuerdo de donde me vinieron las dudas, y para quitármelas acudí a las apologías; éstas convirtieron mis dudas en certeza de la falsedad del hecho.

"Y ahora en su Carta de 1888 dice: "Si está declarado por quien puede, que el hecho es cierto, no podemos entrar los simples fieles en el otro," (esto es, en el terreno de las cuestiones y de las dudas históricas).... Creía yo -dice- que la reprensión se refería al modo de hablar y obrar y no á la esencia del negocio. Mas V. S. I. afirma, y esto me basta para creerlo, que es asunto concluido, porque Roma loquuta, causa finita."

"¿Y qué dijera hoy el Sr. Icazbalceta, si aun viviera y se lo dijese, que su misma Carta de 1883, examinada en Roma por mandato de la Santa Sede, y sacadas de ella cuidadosamente todas y cada una de sus conclusiones históricas, como otras tantas objeciones contra el milagro guadalupano, han sido satisfactoriamente resueltas, sirviendo de fundamente el estudio motivado, para declarar y confirmar con autoridad Apostólica la verdad del hecho milagroso? He aquí á este propósito las palabras del Venerable Cabildo de la Colegiata de Nuestra Señora de Guadalupe, en la Protesta que acaba de publicar el 29 de Julio último, contra la publicación maliciosa de la mencionada carta de 1883, del Sr. Icazbalceta: "Protestamos contra todas esas publicaciones, principalmente la que sacó á luz pública una carta que dice ser del Sr. García Icazbalceta, y que á ser auténtica, nunca jamás debió haberse publicado á no ser con el fin de escandalizar á los que la leyeran. Bien sabido lo tiene, Ilmo. Sr., quien tal carta haya publicado, que ella fue traducida en latín y enviada á Roma con el fin de estorbar la concesión del nuevo Oficio de Nuestra Señora de Guadalupe; y que á pesar de que el Promotor de la fe, por razón de su oficio, sacó de esa carta treinta y tantas objeciones, ninguna de ellas quedó sin solución satisfactoria; puesto que, no obstante todo esto, la voz autorizada del Padre Santo sancionó la antigua y constante tradición."

"¿No es evidente que el Sr. Icazbalceta diría al Venerable Cabildo de Guadalupe las mismas pala- (134) bras arriba consignadas: esto me basta para creer?

"El propio V. Cabildo en su citada Protesta dice con razón: "Creemos que ningún católico, en materias religiosas, dará mayor crédito á la Carta del Sr. García Icazbalceta, que a la voz del Soberano Pontífice." Y yo, en conclusión, añado: que aquellos católicos débiles que han tenido por mejor arreglar su creencia conforme a la Carta del Sr. Icazbalceta, del año de 1883, tienen ya la de 1888 del mismo ilustre autor y verdadero católico, para entrar en cuentas consigo mismos; aquel á quien siguieron en su error, síganlo también en el esforzado vencimiento de sí mismo, y en todos sus muchos ejemplos de cristiana virtud.

"¡Ah! si de alguna pena ha sido para el espíritu de mi grande amigo en la eternidad, la escandalosa publicación de su Carta antiguadalupana de 1883, séale de satisfacción y reparo, sírvale de alivio y descanso por la infinita misericordia del Señor, la publicación que ahora hago de su edificante Carta de 1888!

"Soy de V. S. I. adictísimo hermano y amigo que atento su mano besa.- Crescencio, Obispo de Yucatán."






Me parece que esta última información es muy importante; si los impugnadores de la aparición se muestran tan satisfechos de contar con la Carta Antiaparicionista de 1883 de Icazbalceta, entonces están obligados a prestar atención a esta otra Carta de 1888, donde Icazbalceta se retira del campo antiguadalupano.

Y a la retractación de Icazbalceta se suman las respuestas y refutaciones a las objecciones planteadas en su carta de 1883, entre las que destacan la de Fortino Hipólito Vera, en su Contestación histórica-crítica, la del p. Agustín de la Rosa, que hemos anexado, la de Primo Feliciano Velázquez, en su La Aparición de Santa María de Guadalupe, y las exhibiciones de documentos históricos que pedía Icazbalceta.



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Bibliografía:



GUERRERO ROSADO José Luis, El Nican Mopohua, un Intento de Exégesis, Edición digital de la Basílica de Guadalupe, en www.virgendeguadalupe.org.mx

JUNCO Alfonso, El Milagro de las Rosas, Edit. JUS, 2a. Ed. 1958

SÁNCHEZ CAMACHO Eduardo, Carta a los editores de El Universal, en Testimonios Históricos Guadalupanos

TORRE VILLAR, Ernesto de la, y NAVARRO DE ANDA Ramiro, Testimonios Históricos Guadalupanos, Fondo de Cultura Económica, 1a. Ed. 2a. Reimpresión, 2004