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Investigación Documental sobre la Virgen de Guadalupe

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El Argumento Positivo



Capítulo XVII del libro La Aparición de Santa María de Guadalupe, del estudioso nahuatlato D. Primo Feliciano Velázquez (autor de una de las más difundidas traducciones del Nican Mopohua), Editorial JUS, edición facsimilar de la primera edición de 1931, 1981







Las palabras de Joaquín García Icazbalceta se resaltarán con cursivas rojas, y los textos de otros autores o documentos citados por Velázquez irán en cursivas azules. Demás resaltes por Jesús Hernandez.





CAPÍTULO XVII
EL ARGUMENTO POSITIVO

Sermón de fray Francisco de Bustamante contra la Aparición.- Su resumen en la Carta de don Joaquín García Icazbalceta acerca del origen de la Imagen.- Información del señor arzobispo Montúfar.- Declaraciones de los testigos.- Se niega la coincidencia con el informe del virrey Enríquez y con un pasaje de Sahagún.- Sermón del señor Montúfar el 6 de septiembre de 1556.- Afirmó el P. Bustamante que la Imagen es pintura del indio Marcos.- Pero no dió ninguna prueba.- Antigüedad de las copias de la imagen.- Sánchez se atuvo preferentemente a la tradición oral.- Adanes dormidos.- Los milagros guadalupanos en los cuadros del Santuario.- Documentos anteriores a 1648.- Relación de Antonio Valeriano.- Cantar de don Francisco Plácido.- Testamentos.- Anales que vio el P. Baltasar González.- Añalejo de Bartolache.- Noticias Históricas de Suárez de Peralta.- Documentos que olvidó o de que no tuvo noticia el señor García Icazbalceta.- Consideraciones sobre su valor probatorio.


A Don Joaquín García Icazbalceta pareció argumento más que negativo el de la información hecha en 1556 por el señor Montúfar, inmediato sucesor del señor Zumárraga; la cual contiene el testimonio de los que oyeron a fray Francisco de Bustamante un sermón en que, impugnando la devoción guadalupana, afirmó ser la Imagen pintura de un indio llamado Marcos. El documento es auténtico; y, como ya se entiende, en el sermón que las declaraciones refieren es donde se halla el argumento, tan formidable que, a juicio del señor García Icazbalceta, después de leída la información, "a nadie puede quedar duda de que la Aparición de la Santísima Virgen el año de 1531 y su milagrosa pintura en la tilma de Juan Diego es una invención nacida mucho después".
No la leyó don Juan Bautista Muñoz ni fray Servando Teresa de Mier, y fue lástima, porque les hubiera ahorrado todo el trabajo, a aquél de su Memoria y a éste de sus Cartas. El mismo señor García Icazbalceta, que la vió en su original, se dolería quizás de haber gastado su tiempo en repasar libros y escritos mudos, esforzando un argumento negativo, que naturalmente no tiene razón de ser, cuando lo hay positivo y valedero.
Pero a nosotros se nos ocurre que si el predicador Bustamante hubiera dicho verdad en los puntos capitales, no había para qué levantara el arzobispo información, que no fué de propio impulso sino a virtud de varias denuncias de personas escandalizadas, y no para la censura del sermón, que no se hace con testigos, sino para indagar a punto fijo lo que predicó el orador y saber si había cosa reprensible en la materia o en el modo. El hecho solo de haberse abierto la información nos pone en guardia. Tocaba a los testigos no más que declarar lo que oyeron. la información, por tanto (aparte de su forma literaria o razonamiento florido que era imposible reprodujeran los oyentes), vale lo que vale el sermón, lo que vale la narración del orador, que será poderosa a convencer, acompañada de prueba; si no, no. Fueron muy notables las circunstancias: Tenía el P. Bustamante fama de buen orador; era provincial de los franciscanos, entre quienes aun brillaban apostólicos misioneros; predicó en la capilla de San José de los Naturales y en la solemnidad del 8 de septiembre del año citado, y delante del virrey, Audiencia y principales vecinos. Por eso causó grandísimo escándalo. Mas el juicio histórico de la materia predicada descansar debe únicamente en la prueba. Cuando siglos adelante fray Servando Teresa de Mier, también en el púlpito y en presencia también del virrey, Audiencia y gran concurso de gente principal, afirmó que la Imagen de Guadalupe está pintada en la capa de Santo Tomás, nadie lo creyó, ni él mismo, según confesó después. Al P. Bustamante, que afirmó que la Imagen es pintura del indio Marcos, no dice la información del señor Montúfar que alguno le diese crédito. Antes que él nadie había afirmado tal cosa; nadie la ha repetido después. Porque es una invención destituida de fundamento. Y este sí es argumento más que negativo.

De la homilía predicada nos da el señor García Icazbalceta el sumario que sigue: "Después de haber hablado excelentemente del asunto propio del día, hizo de pronto una pausa, y con muestras exteriores de encendido celo, comenzó á declamar contra la nueva devoción que se ha levantado sin ningún fundamento "en una ermita ó casa de Ntra. Sra. que han intitulado de Guadalupe", calificándola de idolátrica, y aseverando que sería mucho mejor quitarla, porque venía á destruir lo trabajado por los misioneros, quienes habían enseñado á los indios que el culto de las imágenes no paraba en ellas, sino que se dirigía á lo que representaban, y que ahora decirles que una imagen pintada por el indio Marcos hacía milagros, que sería gran confusión y deshacer lo bueno que estaba plantado, porque otras devociones que había tenían grandes principios, y que haberse levantado ésta tan sin fundamento le admiraba: que no sabía á qué efecto era aquella devoción, y que al principio debió averiguarse el autor de ella y de milagros que se contaban, para darle cien azotes y doscientos al que en adelante lo dijese: que allí se hacían grandes ofensas á Dios: que no sabía á dónde iban á parar las limosnas recogidas en la ermita, y que fuera mejor darlas á pobres vergonzantes ó aplicarlas al hospital de las bubas, y que si aquello no se atajaba, él no volvería a predicar á indios, porque era trabajó perdido. Acusó luego al Arzobispo de haber divulgado milagros falsos de la imagen: le exhortó á que pusiera remedio en aquel desorden, pues le tocaba, como juez eclesiástico; y por último dijo, que si el Arzobispo era negligente en cumplir con ese deber, ahí estaba el virrey, que como vicepatrono por S. M. podía y debía entender en ello.".

Notaremos, ante todo, que las muestras exteriores de encendido celo no fueron sino de cólera: "mostró un rostro muy airado, mostrando tener gran cólera" (31) [1]. Por lo demás, declamó, sin estar enterado del principio de la devoción, del autor de ella ni de los milagros que hacía la Imagen. Viendo el gran concurso de gente que iba a la ermita, "a la fama de que aquella imagen pintada ayer de un indio, hacía milagros" (58), manifestó "que no era bien predicarlo en púlpito primero que estuviesen certificados en ello, y de los milagros que se decía que había hecho".(42)
Corría, pues, la fama de los milagros, que eran por sí solos bastante fundamento de la devoción; y aunque no estuvieran aun certificados mediante pesquisa, no podía el P. Bustamante decir que eran falsos, sólo porque a él no le constaban. Claro es que debió averiguarse el autor de la devoción; mas entre tanto era fuera de razón pedir desde luego que se le dieran cien azotes. Y quien se hallaba a obscuras de cuándo y cómo empezó la devoción, ¿por qué la llamó nueva?
El Santuario se remonta a los primeros años, casi desde que se ganó la tierra; y escritor nada sospechoso como don Juan Bautista Muñoz asienta que cuando el señor Montúfar llegó a su diócesis en 1554, ya encontró la devoción muy difundida. Sobre todo, si el P. Bustamante no sabía el origen, ¿de dónde sacó que la Imagen es pintura del indio Marcos? Nada importa indagar tanto como eso.

Injustamente dice el señor García Icazbaleta que, "Lastimado el Sr. Montúfar, que no era muy sufrido ni muy amigo de los franciscanos, con aquella reconvención pública en tal ocasión y ante tal concurso, y acaso más por habérsele echado encima el brazo seglar, comenzó desde el día siguiente á levantar la información." Si el señor Montúfar hubiese estado presente al sermón, como el Ilmo. señor Haro y Peralta al del P. Mier en 1794, habría procedido de oficio. Pero no asistió a la festividad en la capilla de San José; sino que, por haber recibido memoriales de diversas personas acerca de que el provincial Bustamante escandalizó con ciertas cosas que dijo de la devoción y romería de Guadalupe (38), vióse obligado a abrir, y abrió, la información, "para saber y averiguar la verdad, y si el dicho padre provincial había dicho alguna cosa de que debiese ser reprendido" (27). No era irascible el señor Montúfar.
Escribieron al rey los agustinianos en 1567: "afirmamos haber hasta agora visto en él las partes que Dios pide al prelado y pastor de un pueblo, porque en su gobernación le hemos conocido solícito y diligente, castigador y reprendedor de vicios... humilde en pedir parecer a los buenos y doctos... casto y templado en su persona, menospreciador del mundo y sus vanidades, celoso del servicio y honra a Dios y de V.M., prudente, manso y caritativo para con todos, y finalmente ejemplo y dechado de virtudes y bondad, sin que parezca en él vicio que dignamente se pueda reprender"[2] Ni se le ha de mirar como desafecto a los franciscanos. Uno de éstos, fray Jerónimo de Mendieta, en carta dirigida nada menos que a su amantísimo padre fray Francisco de Bustamante, dijo del señor Montúfar que, "con ser tan sabio como es, y letrado, y de su natural condición un manso cordero, recién venido de España, por algunos años que ha sido nuevo, no ha habido tigre para con nosotros más fiero".[3] Pero la fiereza estuvo sólo en hacerles sentir la autoridad episcopal, lo mismo que a todos los regulares y conformes a decretos del Concilio, en cuanto a las doctrinas y administración de los sacramentos. Al revés, él pudo quejarse de la recia y personal oposición que con tal motivo le hiceron los franciscanos, y en particular fray Francisco de Bustamante, quien, a causa de una provisión santísima, le amenazó con pedirle "cuenta de lo que hacía y proveía" [4] La amenaza fue anterior al sermón: explica por qué este degeneró en invectiva, y a la par demuestra cuán piadoso y recto se mostró el prelado en la información que nos ocupa. Nueve testigos probaron que, en efecto, hizo mal el padre Bustamante. Así lo confiesa, el señor García Icazbalceta en el párrafo 34 de su Carta, diciendo que "aquel sermón no escandalizó sino porque. en él se atacaba irrespetuosamente al Sr. Arzobispo, y porque en cierta manera se procuraba menoscabar el culto á la Reina de los Cielos". ¿Mereció por eso reprensión el predicador? Claro que sí. Pues, a pesar de ello, no fue reprendido. La información se hizo, pero el proceso se suspendió. Un juez irascible y desafecto a los franciscanos no lo habría dejado pendiente.

Tocante a la sumaria dice el autor de la Carta: "Fueron llamados nueve testigos, y de sus declaraciones resulta haber predicado el P. Bustamante lo que dejamos referido. Algunos añadieron, que él no era el único que pensaba de aquella manera, sino que le seguían los demás franciscanos: que todos se oponían á la devoción, y aun alegaban contra ellos textos de la Sagrada Escritura en que se manda adorar sólo á Dios; que aquella ermita, decían, no debía llamarse de Guadalupe, sino de Tepeaca ó Tepeaquilla: que ir a tal peregrinación no era servir á Dios, sino más bien ofenderle, por el mal ejemplo que se daba a los naturales, etcétera". Quien eso lea, creerá que la Orden Franciscana en masa estaba por lo que se asentó el predicador y unánime contra el culto y romería de Guadalupe.
Y no fue así. De los nueve testigos sólo tres, Gonzalo de Alarcón, Alonso Sánchez de Cisneros y Juan de Maseguer, añadieron algo a sus declaraciones, pero no en los términos que expresa el anterior resumen, y no de cuenta propia, sino refiriéndose a tres religiosos, a quienes respectivamente oyeron, dejándoles, por consiguiente, la responsabilidad de su dicho. Así se supo que un franciscano, uno solo, llamado fray Alonso de Santiago, alegó textos de la Sagrada Escritura, opinando que no se prosiguiese la devoción (47 y 51); que dos, el citado fray Alonso y fray Antonio de Huete, querían que la ermita no se llamase de Guadalupe sino de Tepeaca o Tepeaquilla (51); y que otro, nombrado fray Luis, reprochando a Juan de Maseguer su devoción guadalupana, le habló de esta suerte:
"Déjese de esa borrachera, porque esa es una devoción que nosotros todos estamos mal con ella... antes me parece que ofendéis a Dios que no ganáis mérito; porque dais mal ejemplo a estos naturales; y si Su Señoria del Arzobispo dice lo que dice, es porque se le sigue sus intereses y pasa de sesenta y desvaria ya... ¡Calle! que nosotros haremos con que el Arzobispo vaya otra vez por la mar." (56). Repitieron los testigos lo que oyeron, mas sin asentir a ello, sin afirmar que fuese verdadero y justo.

Téngase eso en buena hora por favorable al P. Bustamante; pero en contra hay que oponer esto de Juan de Salazar, procurador de la Real Audiencia: "toda la mayor parte de la dicha ciudad, como dicho tiene, ha visto este testigo que sigue y prosigue la dicha devociòn de Ntra. Sra.: y este testigo demás de esto ha oído decir que aunque los religiosos de las órdenes que residen en México, que son predicadores y han procurador de estorbar la dicha devoción no les aprovechará nadam antes serán escuelas para que con más ardor visiten y sirvan a la dicha ermita". En todo caso, ninguno de los testigos, ni persona alguna de las que en su declaración mencionaron, nadie siguió al predicador en cuanto a que la Imagen sea pintura del indio Marcos. Con que en este punto capital la Información no le dió apoyo.

"Desde luego coincide extrañamente este instrumento jurídico (asienta el señor García Icazbalceta) con lo que diez y nueve años después escribía el virrey Enríquez. El provincial decía en 1556 que la devoción era nueva y no tenía fundamento, sino que se había levantado por los milagros dudosos que de la imagen se contaban; el virrey tampoco le asigna origen cierto y da a entender que comenzó en 1555 ó 56, por haber publicado un ganadero, que había cobrado la salud yendo a la ermita". Sin embargo, no hay tal coincidencia. Ya que el comentador no inserta el capítulo de informe del virrey, transcribiremos aquí lo conducente: "Y el principio que tuvo la fundación de la iglesia que agora está hecha, lo que comúnmente se entiende, es que el año de 55 ó 56 estaba allí una ermitilla, en la cual estaba la imagen que ahora está en la iglesia, y que un ganadero que por allí andaba publicó haber recobrado salud, yendo a aquella ermita; y empezó a crecer la devoción de la gente". [5] Empezó a crecer; luego ya existía, desde antes de 1555 ó 56, desde que estaba allí la ermitilla, "en la cual estaba la imagen". Así que no coincidió el virrey con el provincial, que la llamó nueva en 1556; pero sí con don Juan Bautista Muñoz, que dijo en su Memoria: "El segundo arzobispo de México, don fray Alonso de Montúfar, que llegó a su diócesis por junio de 1554, ya encontró muy difundida la devoción a la Virgen de Guadalupe venerada en una ermitilla a donde acudía la piedad de los fieles con tales limosnas que le sufragaron para costear una decente iglesia..." [6] Aquí hallarán los parciales del P. Bustamante contestada la pregunta de éste sobre "adónde iban a parar las limosnas recogidas en la ermita". En lo cual también coincidió Muñoz con el virrey Enríquez, quien informó: "y de las limosnas se labró la iglesia y el edficiio todo que se ha hecho, y se ha comprado alguna renta". Con el virrey coincidieron igualmente Bernal Díaz del Castillo y fray Luis de cisneros, que hablan de los milagros de la Imagen, como fundamento de la devoción; pues aunque uno y otro escribieron después de 1556, el primero historió la Conquista y los sucesos que inmediatamente le siguieron; y el segundo se remontó hasta ellos, donde dijo: "El más antiguo (Santuario) es el de Guadalupe... que es una imagen de gran devoción y concurso, casi desde que se ganó la tierra, que hace y ha hecho muchos milagros". [7] De modo que, en vez de la extraña coincidencia que hallarse quiso entre el provincial y el virrey Enríquez, encontramos que éste, el conquistador Bernal Díaz, el p. Cisneros y Muñoz contradicen acordes al P. Bustamante: la devoción guadalupana no era nueva en 1556 y tenía suficiente fundamento en los muchos milagros de la Imagen.
Con no mejor fortuna hace notar el señor García Icazbalceta que "uno de los testigos de la información, el Br. Salazar, acabó por confirmar que la fundación de la ermita no venía de aparición, ni milagro alguno, pues dijo "que lo que sabe es que el fundamento que esta ermita tiene dende su principio, fue el título de la Madre de Dios, el cual ha provocado a toda la ciudad a que tengan devoción en ir a rezar y encomendarse a ella" De suerte que ese sólo título (agregó el comentador) , el de la Tonantzin de que habla Sahagún, fue el que dio origen al culto"
Lo cual negamos, porque es imposible confundir el solo título de la Madre de Dios con el de Tonantzin. Sahagún mismo, a quien cita, nos enseñó que "Madre de Dios" se dice en mexicano Dios inantzin, muy diferente de Tonantzin, que significa "nuestra madre". Además, si el solo título de la Madre de Dios hubiera dado origen al culto, no había por qué se opusiera el P. Bustamante. Clamó contra la devoción "en una ermita o casa de Ntra. Sra. que han intitulado de Guadalupe". Y aun este título, que era el propio de la ermita, le habría sido indiferente, a no ser porque se aplicaba también a la Imagen, que él decía pintada por el indio Marcos y que contaban hacía milagros. Bien lo comprendió el Br. Francisco de Salazar, Abogado de la Real Audiencia, uno de los testigos de la información; pues, como va a leerse, afirmó que sería contra toda cristiandad quitar la devoción a la Imagen de Nuestra Señora de Guadalupe; y si dijo que el fundamento de esta ermita fue el título de la Madre de Dios, explicó luego que por fundamento entendía la razón o motivo para sustentar la dicha ermita. "Preguntado si sabía que el dicho provincial dijo que la dicha devoción de Ntra. Sra. de Guadalupe se había comenzado sin fundamento alguno, porque dado que en otras partes a imágenes particulares se tenga devoción, como a Ntra. Sra. de Loreto y a otras, éstas habían llevado gran fundamento (pregunta sexta del interrogatorio) respondió: que lo que sabe es que el fundamento que esta ermita tiene dende su principio fue el título de la Madre de Dios, el cual ha provocado a toda la ciudad a que tengan devoción en ir a rezar y encomendarse a ella y de fuera desta ciudad estando este testigo en la dicha ermita, así españoles como naturales ha visto entrar en ella con gran devoción, y a muchos de rodillas dende la puerta hasta el altar donde está la dicha imagen de Ntra. Sra. de Guadalupe, y le parece fundamento bastante para sustentar la dicha ermita, y querer quitar la tal devoción sería contra toda cristiandad (25 y 43)...
No pensó el testigo hacer historia en su declaración. Al hablar de esta ermita, aun con la añadidura dende su principio, se refirió a la ermita de entonces, o, como dijo el virrey Enríquez, a "la iglesia que agora está hecha"; pero no a la ermitilla, en que antes estuvo la Imagen y donde realmente comenzó la devoción. Porque el citado virrey informó que en la iglesia de 1555 ó 56 no nació sino empezó a crecer la devoción. Si el testigo hubiera tocado el origen del culto, hubiera referido el origen de la Imagen. Como de éste nada dijo, lo mismo que el virrey dejó en silencio el principio de la ermitilla; y por tanto, ya que ni el P. Bustamante ni el virrey empezaron, el Br. Salazar no "acabó de confirmar que la fundación de la ermita no venía de aparición ni milagro alguno".

"¿Cómo el Sr. Arzobispo (pregunta el señor García Icazbalceta) que se veía acusado coram populo de fomentar una devoción idolátrica y de predicar milagros falsos trata de justificarse tímidamente de tales acusaciones en vez de confundir al predicador con la comprobación del gran prodigio?. Se olvida que el señor Montúfar procedía en la información como juez, no como acusado; y que toda timidez era ajena del propósito de fijar los hechos. Lo expresa el mismo señor García Icazbalceta en el párrafo 31 de su Carta: "El interrogatorio de trece preguntas tenía por único objeto dejar bien fijado lo que el predicador había dicho". Sólo a un testigo se le hicieron preguntas adicionales; y con el mismo objeto de fijar los hechos.
Después que contestó al interrogatorio, se preguntó a Juan de Salazar si había oído el sermón de su Ilustrísima, de tres días antes, en que dijo que el Concilio Lateranense mandó dos cosas: "la una que nadie infamase a los prelados, y la otra que ninguno predicase milagros falsos ni inciertos, y que su señoría no predicaba milagro ninguno de los que algunos decían haber hecho la dicha imagen de NTra. Sra. ni hacía caso dellos: que andaban haciendo la información, y según lo que se hallase por cierto y verdadero, aquello se predicaría o se disimularía..." El testigo respondió que se halló presente al sermón de su Ilustrísima, "y que en cuanto a decir, como el dicho fray Francisco de Bustamante dijo, que el dicho señor arzobispo probaba los milagros que decía haber hecho la dicha imagen de Ntra. Sra. de Guadalupe, fue testimonio que se le levantó, porque no dijo sino que aunque le habían dicho algunos milagros, que por el presente no quería tratar dellos, hasta haber acabado la averiguación que dellos andaba haciendo" (34). "Preguntado si sabe que su señoría Rma. ha mandado predicar y en su presencia se ha predicado a los indios cómo han de entender la devoción de la imagen de Ntra. Sra.; cómo no se hace la reverencia a la tabla ni a la pintura sino a la imagen de Ntra. Sra.; por razón de lo que representa, ques a la Virgen María, nuestra Sra.; y cómo la reverencia que a la imagen se hace no para allí, sino va a lo representado por ella, y que así deben entendello; dijo, queste testigo, como dicho tiene, ha ido algunas veces a la dicha ermita de Ntra. Sra., y entre ellas ayer, que se contaron ocho días deste presente mes, y estando en ella, desde a poco rato llegó el dicho señor arzobispo, al cual este testigo salió a recebir con algunos amigos, y llegados a la iglesia, el dicho señor arzobispo hizo oración, y hecha se volvió a hablar a a muchos indios que allí estaban, y como no sabía la lengua para podelles hablar mandó a un sacerdote, que se llama... de Manjarrés, que les declarase lo que el dicho señor arzobispo les quería decir: el cual como lengua ques les dijo todas las palabras en la pregunta contenidas; y este testigo lo sabe porque, como dicho tiene, se halló presente (y) porque medianamente entiende la lengua de los indios" (35).

En tal punto fue confirmada esa declaración por el Br. Francisco de Salazar, quien dijo haber estado en la ermita, cuando su señoría Ilustrísima, mediante Francisco de Manjarrés, clérigo presbítero, dió a entender a los indios "como habían de adorar en aquella devoción la imagen de Ntra. Sra. que allí estaba en el altar, porque representaba la del cielo, Madre de Dios verdadera, y que no hacía reverencia al lienzo ni pintura ni palos de las imágenes, sino a las imágenes, por lo que representaban" (45). Esta sí fué coincidencia; que mientras en la ermita el señor Montúfar exponía la doctrina ortodoxa sobre el culto de la Imagen, el provincial en la capilla de San José le reprochaba fomentar una devoción idolátrica.

"Dijo el P. Bustamante, que la imagen fué pintada por el indio Marcos, y con otro testimonio se confirma la existencia y habilidad de ese pintor, pues Bernal Díaz, en el capítulo 91, menciona con elogio al artista indio Marcos de Aquino". El mismo señor García Icazbalceta, cuyas son las palabras que anteceden, rehusa prohijar la afirmación del predicador; y aun parece desecharla en el párrafo 65 de su Carta, donde con relación al año de 1531 asienta que "Aunque no sepamos. de cierto que ya para esa fecha hubiese en México pintores, tampoco nos consta lo contrario". Dudó que en 1531 hubiera pintor Marcos de Aquino; y debió acrecentarse su duda, al ver que el Marcos del capítulo 91 se trocó al capítulo 209 en Andrés de Aquino, juntándolo Bernal Díaz en uno y otro lugar con Juan de la Cruz y el Crespillo, de quienes no hay más noticia. Advertiría también que el historiador de la Conquista elogia primero a los tres citados en su oficio de entalladores y pintores, y después sólo pondera sus obras de esmeriles y relicarios; siendo excusado añadir, con don José Bernardo Couto, que el amable y valeroso escritor era probablemente "persona más entendida en pasos de armas que en negocio de bellas artes" [8]. De todos modos, con la existencia y habilidad del pintor no se confirma la aserción de Bustamante. Al contar los santos milagros que Nuestra Señora de Guadalupe ha hecho y hace cada día, invitando a dar por ello muchas gracias a Dios y a su bendita Madre, ¿no era ocasión de que agregase Bernal, si así fuera, que la Imagen es obra de Marcos o Andrés de Aquino? Esa hubiera sido la mejor manera de encomiarle. Y al P. Bustamante, el único que tal ha dicho en la serie de los siglos, ¿no le incumbía probarlo, para desautorizar al arzobispo y confundir a los devotos? Si vivía el pintor, nada tan fácil como obtener su declaración. Si había muerto, sus compañeros de la escuela o sus familiares y conocidos pudieron testimoniar cuándo y cómo pintó la Imagen. No podían haberlo olvidado, por tratarse de una obra famosa. La persona o personas, al menos, de quien el predicador lo supo, habrían servido de testigos. Buscando un pintor indio de aquel nombre, algunos recientemente han creído hallarle en los anales inéditos de Juan Bautista . Pero el Marcos Cipac que allí se mienta, no aparece dotado, ni con mucho, de las excelentes prendas que necesitaba, para ser identificado con el Marcos de Aquino, de Bernal Díaz. El analista no le alaba ni da indicios de considerarle capaz de una pintura como la santa Imagen; y ni siquiera permite suponerlo, porque entre sus notas está que se apareció Nuestra Señora de Guadalupe.

A pesar de todo, el señor García Icazbalceta pregunta: "¿Pues cómo el Sr. Arzobispo, tantos testigos de vista, el pueblo entero, no aniquilaron los cargos del predicador con sólo echarle á la cara el origen divino de la imagen, bastante para justificar aquella devoción? ¿Cómo pudieron oír sin escándalo que se atribuyese á un indio la obra maravillosa de los ángeles? ¿Cómo quien tales cosas decía en un púlpito, no fué inquietado?" Cualquiera sabe que, para inquietarle, había que juzgarle, precisamente a causa del escándalo. Las personas escandalizadas lo denunciaron; por el escándalo se abrió la información; y los testigos a una, comprendiendo el sermón en conjunto, declararon "que no hubo poco escándalo ahí en la ciudad, y decían que sería razón enviar al dicho provincial a España para que allá fuese castigado y que no le oirían más sermón en la Nueva España" (a la pregunta décimatercera). No satisfecho con eso, indica el señor García Icazbalceta lo que debió hacerse y no se hizo. "Si los documentos originales existían, bastaba con publicarlos, pues imprentas no faltaban, si ya habían perecido, aquella era la ocasión de reponerlos con una información facilísima, en vez de dejarla para ciento diez años después. Nada se hizo." Le parece nada la información de que se viene tratando. El objeto de ella no podía ser comprobar la Aparición; porque el juez no sabía si la contradicción daba motivo, mientras no quedara fijado lo que el P. Bustamante dijo sobre la devoción y romería de Guadalupe. Entre tanto no tocaba a los testigos ni a nadie rendir pruebas en contrario. El pueblo entero no tenía que inmiscuirse en la causa. Como exigía el procedimiento, se recomendó a los testigos que guardaran secreto, y tan lo guardaron, que hasta fines del siglo XIX se conoció el atestado, al exhumar la información.

Mientras no concluyera el proceso, que no concluyó, ni había lugar a publicar documentos originales o reponerlos, ni era posible permitir que se imprimieran apologías. La Curia Eclesiástica, cuya licencia era indispensable, no podía darla, sin externar su juicio. En suma, no eran aquellos tiempos como los nuestros, en que se acude luego a la prensa por todo lo que acae. Imprentas no faltaban, dice el señor García Icazbalceta, olvidando que en 1556 había sólo una, la de Juan Pablos, con privilegio y que hasta agosto de 1559 Antonio de Espinosa presentó la cédula conseguida en España, sobre que el arte de la imprenta se usase y ejerciese libremente en esta tierra como en aquellos reinos. [9] Empero no había vallas en el campo de la historia. Vivían en México y trataron de cerca al P. Bustamante los cronistas franciscanos Sahagún y Mendieta, que no pudieron ignorar lo predicado, por haber sido escandaloso. Si su provincial hubiera, al contradecir la Aparición, proclamado la verdad, deber de los historiadores era exponerla en sus libros, para esclarecimiento del origen de la devoción y del Santuario, ya famoso, y sobre todo, para volver por la honra a su prelado, cuya remisión a España pedían en castigo los devotos guadalupanos, que eran toda la ciudad. En el supuesto de que la Imagen fuera pintura de Marcos y por consiguiente no hubiera tradición de milagroso aparecimiento, nada les estorbaba decirlo.
Sin embargo, calló Mendieta hasta el nombre de Guadalupe. Sahagún se excusó de aclarar el punto, y se limitó a manifestar que "de donde haya nacido esta fundación de esta Tonantzin, no se sabe de cierto". No supo, pues, de cierto que la Imagen sea pintura del indio Marcos, y con sólo eso contradijo la afirmación de Bustamante. He aquí a lo que se reduce el argumento más que negativo.

Con él quedó convencido el señor García Icazbalceta de que la Aparición de la Santísima Virgen el año de 1531 y su maravillosa pintura en la tilma de Juan Diego es una invención nacida mucho después. Para él, nació con el libro de Sánchez. Y en comprobación cita el Diario de don Antonio Robles, "documento privado en que indudablemente se encuentra la verdad"; del cual toma las líneas conmemorativas del fallecimiento de aquel bachiller, cuyo libro pareció a Robles medio para que en toda la cristiandad se extendiera la devoción de la sacratísima imagen de Guadalupe, "estando olvidada aun de los vecinos de México, hasta que este venerable sacerdote la dio a conocer, pues no había en todo México mas que una imagen de esta soberana Señora en el convento de Sto. Domingo". Habla Robles de la devoción, que así como empezó a crecer en 1555 ó 56, podía haber decaído, sin que por eso llegara el señor García Icazbalceta adonde llegó en su amplificación, diciendo: "De manera, que en 1648, nadie sabía de la Aparición, nadie conocía ya la imagen; la devoción había acabado por completo." Le faltó, con todo, señalar desde cuándo. No en 1600, en que, según el acta del Cabildo Metropolitano, "no sufriendo su devoción las angustias y estrechuras de su primero templo", acordó dilatarlo y se hizo con la ofrenda copiosísima de las limosnas, interveniente eleemosynarum copiosissima largitione, cual publican las láminas de plomo después de extraídas de los cimientos. [10] Ni en 1622, en que fue dedicado el nuevo templo por el arzobispo don Juan Pérez de la Serna. Menos aún en 1629, cuando a causa de la inundación se llevó a México la santa Imagen en una canoa, donde se le puso un altar ricamente adornado, acompañándola el virrey, arzobispo y muchos sacerdotes, y así llegó a la iglesia de santa Catarina mártir, luego al palacio arzobispal y por fin a la Catedral, en cuyo altar mayor, al decir del escritor contemporáneo fray Alonso Franco, estuvo "muchos días visitada siempre de toda la ciudad" [11]. Los muchos días pasaron en cuatro años; pues hasta el 13 de mayo de 1634 volvió "en solemnísima procesión a la iglesia de la parroquia de Santa Catarina, a píe enjuto, ya retiradas las aguas, y a otro día por la mañana en la misma solemnísima procesión fue conducida a su santuario". Esta gacetilla demostradora de ferviente devoción pertenece a don Francisco Sedano, [12] que contraponemos al diarista don Antonio de Robles; y por si no bastara, la pareamos con libro de más peso, como Los Tres Siglos de México. Refiere allí el P. Cavo [13] que, al discutirse en junta y con motivo de la inundación el proyecto de transladar la población a otra parte, uno de los capitulares terminó así su arenga: "Tenéis aquí una ciudad consagrada al Altísimo, quien por intercesión de su Madre, bajo la advocación de Guadalupe, cuya imagen nos vino a consolar en la pasada aflicción, no nos abandonará". Cuenta el P. Francisco de Florencia en el capítulo XXI de su Estrella del Norte cómo María Santísima libró de una muerte que parecía segura a Francisco de Almazán, el 13 de septiembre de 1643, "en que a la fiesta principal a Nuestra Señora de Guadalupe, que celebran los españoles el mismo día de su gloriosa Navidad, se lidiaban otros en la plaza de la hospedería del Seminario". Y en el capítulo XXX habla de la fiesta principal "que todos los años hacen los naturales a la Aparición de esta admirable Imagen" Siendo así, ¿quién va a creer que en los cinco años siguientes se olvidara hasta desaparecer la devoción guadalupana?

Según Robles, al publicarse en 1648 la obra de Sanchez, no había en todo México más que una imagen en el convento de Santo Domingo. El caso es que entre los fundamentos de la tradición enumera Veitia "la multitud de copias de esta santa Imagen que desde aquellos primitivos tiempos se sacaron y existen en nuestros días, cuyas inscripciones contestan puntualmente en relación de las Apariciones, desde ocho y diez años después de ellas hasta nuestros tiempos" [14]. Y lo confirma don José de Ibarra: refiriéndose en 1750 a los pintores de gran rumbo que florecieron el que menos ciento cincuenta años antes, dijo haber visto algunas Guadalupanas de aquellos tiempos. [15]
La del convento de Santo Domingo, que primero tuvo en su casa Diego de Godoy, se colige ser anterior a 1633 por la fecha de la construcciòn del altar en que fue colocada.
Cabrera en su Escudo de Armas (núm. 717) da noticia de que hasta 1637 había gran copia de medidas del Vulto y Cabeza, y que "anhelaba la devoción por estos rasgos de su dueño, proporciones de su hermosura". Don Francisco de Castro y Mampaso, muchos años atrás llegado a la Nueva España, pasó en 1648 a San Luis Potosí con el cargo de Tesorero de la Real Caja; y siendo con particular afecto devoto de Ntra. Sra. de Guadalupe, de quien se confesaba deudor en muchos trabajos, emprendió edificarle en aquel lugar una capilla, "para cuyo efecto (declaró) traje la hechura de dicha Virgen en pincel a este dicho pueblo", que fue reciida allí por las religiones y vecinos con mucha veneración y se depositó en el altar mayor de la iglesia parroquial. [16] Todo esto prueba, contra lo estampado en su Diario por don Antonio Robles, que hasta 1648 no sólo vino en creciente la devoción a Nuestra Señora de Guadalupe, sino que existía más de una copia de la Imagen.

Verdad es que el primer libro en que se vió la historia de la Aparición a Juan Diego, fue el publicado por Miguel Sánchez en 1648, al que todavía se piden documentos auténticos e irrefragables como fuente de su relato. Él sólo indicó que había disfrutado unos papeles antiguos, sin determinar cuáles; pero el hallazgo fue cierto, cual se prueba cotejando su narración con las vetustas narraciones posteriormente impresas. Y no hay que culparle de que contara con la credulidad de sus lectores; contó más bien con que antes de poner por escrito el suceso, había corrido tradicionalmente de boca en boca, aunque para algunos no con todos sus pormenores. Por lo cual anunció en su prólogo que, ya que le hubieran faltado papeles, tenía de su parte "el derecho común, grave y venerado de la tradición en aqueste milagro antigua, uniforme y general". Esto sí que no hubiera dicho, a no contar con la ratificación de sus lectores. Se le objeta que no podía ser, puesto que el capellán mismo de la ermita ignoraba la historia. Se alude a la carta inserta al final del libro, donde el Lic. Luis Lasso de la Vega "confiesa sencillamente (son palabras del señor García Icazbalceta) que él y todos sus antecesores habían sido unos Adanes dormidos que habían poseído a esta Eva segunda sin saberlo, y a él le había cabido la suerte de ser el Adán despertado, lo cual en idioma corriente quiere decir que ni él ni todos los vicarios o capellanes de la ermita habían sabido palabra del origen milagroso de la imagen que guardaban, hasta que el P. Sánchez lo había revelado".
Mas primeramente, la figura de segunda Eva no es original de Lasso; pertenece al mismo Sánchez. El año de 1640, predicó un sermón de San Felipe de Jesús, que dedicó al Dr. D. Lope Altamirano y Castilla, arcediano de la Metropolitana de México, a quien dijo: "Quedo con esperanzas de otro mayor escripto: la segunda Eva en nuestro Santuario de Guadalupe, si con el favor de Dios y el de V.S. puedo acogerme a disponerlo" [17]. Lo que hizo Lasso fue glosar el tropo al estilo del tiempo, inventando lo de Adanes dormidos, para ponderar el trabajo de Sánchez. Echase de ver en el párrafo respectivo que no confiesa ignorancia absoluta del origen milagroso de la Imagen. Dice: "Yo y todos mis antecesores hemos sido Adanes dormidos poseyendo a esta Eva segunda en el Paraíso de su Guadalupe mexicano entre las milagrosas flores que la pintaron, y en sus fragancias siempre la contemplábamos admirados" ¿De dónde procedía esa admiración constante sino de creerla milagrosa? Si fuera claro el sentido de tamaña ignorancia, no sería menester que en idioma corriente nos interpretasen sus palabras, como es fuerza hacer de las siguientes: "Mas agora me ha cabido ser el Adán que ha despertado para que la vea en estampa y compartida en lo prodigioso del milagro; en el suceso de su aparición; en los misterios que su pintura significa; y en breve mapa de su Santuario, que habla ya, descifrado todo lo que antes calló tantos años..." Lo cual, a nuestro entender, quiere decir que no sabía cuantos pormenores escribió Sánchez. Por lo demás, no podía calificar de ignorante a su inmediato antecesor el P. Bartolomé García, quien dió a Sánchez noticia de los autos y proceso de la Aparición; ni al Lic. Juan Vázquez de Acuña, capellán asimismo de la ermita, el cual vió encenderse prodigiosamente las velas del altar de la Virgen; ni al P. Freire, el vicario más antiguo, a quien no alcanzó.

Censura el señor García Icazbalceta a la autoridad, porque no llamó a cuentas al primer escritor guadalupano, sino que por un procedimiento enteramente opuesto al natural y debido, en vez de exigirle las pruebas de aquella historia y de los milagros que contaba, se dirigió todo el empeño a procurarle los fundamentos que no tenía. "A esta idea extraviada debemos, dice, las tristes informaciones de 1666. Lo cual implica un error histórico. Debemos las informaciones al piadoso afán del doctor don Francisco de Siles, que murió electo arzobispo de Manila. En 1663 se pidió a Roma la concesión de la festividad del 12 de Diciembre; y sabiéndose por el Procurador, en 1665, "que se estaba para remitir Bula remisorial, que parece puede contener las preguntas en orden a la testificación del milagro y circunstancias;" atendida la distancia y para ahorrar tiempo, solicitó el doctor Siles de los señores Deán y Cabildo Sede vacante que nombraran Jueces de la causa, los que recibieron las informaciones. Si, pues, la diligencia fué del doctor Siles, el motivo fué un aviso del Procurador de la causa en Roma, o mejor, de la Congregación de Ritos, y con objeto no de dar comprobación al libro publicado diez y ocho años antes, sino al milagro acaecido en 1531, "de público y notorio, pública voz y fama", como expresa la novena pregunta del interrogatorio para el caso formulado.

El Deán doctor don Juan de Poblete, que encabezó la comisión nombrada por el Cabildo para recibir las informaciones, fué el mismo que había dado su aprobación la relación de un suceso tradicional, ni habría aceptado el encargo de verificar mediante testigos la tradición, si antes de sánchez no le hubiese llegado a él y a sus compañeros de comisión, entre los que estaban nada menos que el doctor don Nicolás del Puerto, Provisor y Vicario General del arzobispado. [18] Y puesto que quienes ejercían la autoridad atestiguaban por sí mismos la tradición, ¿qué cuentas tenían que pedir de cosa que les constaba, aunque no con todos los pormenores sacados de papeles antiguos?

Seis meses después de publicado el libro de Sánchez, dió el padre jesuita Baltasar González su parecer sobre la obra de Lasso de la Vega, que trata más extensamente de la aparición y los milagros; y dijo: "hallo está ajustada a lo que por tradición y anales se sabe del hecho". Luego Sánchez no hizo más que escribir la historia circunstanciada. Los milagros que contó, lo estaban ya en los lienzos y pinturas del Santuario. Fray Pedro de Oyanguren, que declaró en 1666, manifestó que "le consta de muchos, que si se hubieran de referir no había tiempo para ello, mas de que se remite a los que se hallan pintados en dicha ermita"; y narra el de la curación del indio atravesado por un flechazo el día de la procesión inaugural [19]. De esta pintura, "de suficiente antigüedad", habla Cabrera Quintero, como de "una expresión galana de la solemne procesión, a la colocación de la Santa Imagen"; y agrega que, al lado opuesto, la acompañaba "otra del mismo pincel y tamaño" representativa de la procesión de penitencia de 1544. [20]

El P. Florencia refiere (1686) que el milagro con que fué favorecido un pariente de don Antonio de Carbajal, estaba "en un lienzo de muy buena mano en el Santuario de esta Señora"; y también menciona la antigua pintura que recordaba la curación de fray Pedro de Valderrama. Estos y otros milagros se encuentran en la relación de Alba Ixtlilxóchitl, que indudablemente leyó Sánchez.
La cual está apoyada y confirmada por numerosos documentos. Vamos a recorrer primero los que examina el señor García Icazbalceta, siguiendo la enumeración del señor Lic. don José Julián Tornel. Al paso refutaremos fácilmente las objeciones.

1º-Los autos originales formados por el señor Zumárraga
Desdeñando sin razón el testimonio de Miguel Sánchez, que supo la existencia de ellos por el P. Bartolomé García, vicario que fué del Santuario; afirma el señor García Icazbalceta que nunca existieron. Y pasa adelante.

2º-La carta que el mismo (Zumárraga) escribió a los religiosos de su orden residentes en Europa
Desecha con igual desdén el testimonio de fray Pedro de Mezquía, quien vió y leyó en el convento de Vitoria, escrita por dicho prelado, la Aparición de Nuestra Señora de Guadalupe, según y como aconteció. Recusando este testimonio, se recusa asimismo el de Cabrera Quintero y del canónigo Sopeña, por quien se supo.

3º-La Historia de la Aparición escrita por el P. Mendieta y parafraseada por D. Fernando de Alba
Mendieta no escribió la Historia. La obra que parafraseó.

4º-La Relación de D. Antonio Valeriano
Acerca de ella dice la Carta: "El primero de los documentos ciertos es la historia de D. Antonio Valeriano. Ya que Sigüenza jura que tuvo una relación de letra de D. Antonio Valeriano, no pondré duda en ello". Tampoco debe ponerla en que Valeriano es su verdadero autor; pues lo juró igualmente Sigüenza, cuyas son estas palabras: "Digo y juro que esta relación hallé entre los papeles de D. Fernando de Alba, que tengo todos, y que es la misma que afirma el Lic. Luis Becerra Tanco haber visto en su poder. El original en mexicano está en letra de D. Antonio Valeriano, indio, que es su verdadero autor, y al fin añadidos algunos milagros de letra de D. Fernando, también en mexicano. Lo que presté al R. P. Francisco de Florencia, fue una traducción parafrástica que de uno y otro hizo D. Fernando y también está a su letra" (Piedad Heroyca, núm. 114.). En estas breves líneas, indubitables, por ser de un sacerdote doctísimo en nuestra historia, y selladas con juramento, está la clave de lo que parece enigma al señor García Icazbalceta. "Pero aquí de la desgracia (añade) porque esta pieza capital no existe, ni la ha visto ningún moderno, ni se ha publicado jamás, para que pudiéramos saber lo que decía y cómo lo decía". Y continúa: "El P. Florencia, que tan ampliamente usó de ella..." Luego existe, aprovechada ampliamente, esta pieza capital en el libro del P. Florencia, donde los modernos la ve y saben lo que dice y cómo lo dice. No en su texto original, porque el original está en mexicano y el libro del P. Florencia en español; sino en su traducción parafrástica, certificada con juramento por Sigüenza, quien dijo: "Lo que presté al R. P. Francisco de Florencia, fué una traducción parafrástica que de uno (el original de Valeriano) y otro (el escrito de los milagros) hizo D. Fernando..." En otro lugar de su Piedad Heroyca (núm. 111) lo repitió el mismo Sigüenza, diciendo: "Que le mandó la Santísima Virgen al dichoso indio Juan Diego (cuyo nombre antes de bautizarse fue Quauhtlatoatzin) fuese a la casa del Obispo y que allí le manifestó la imagen es cosa que dicen uniformes cuantas relaciones históricas hasta aquí se han impreso, y con especialidad una antiquísima, que aun tengo MS. y estimo en mucho, y es la misma que presté al R. P. Francisco de Florencia para que ilustrase su historia".

5º-El cantar de D. Francisco Plácido, Señor de Atzcapotzalco
Fue "dado al P. Florencia por D. Carlos de Sigüenza, quien le halló entre escritos de Chimalpahin. No falta quien piense que no ha habido escritor de tal nombre. Aunque yo no me atreva á tanto, creo que la sola circunstancia de haberse cantado el día que "de las casas del Sr. Obispo Zumárraga se llevó á la ermita de Guadalupe la sagrada imagen", basta para negar la autenticidad del himno, pues no hubo tal ocasión de que se cantase". En su relación de los milagros, anexa a la de Valeriano contó Alba Ixtlilxóchitl que la santa Imagen fué llevada procesionalmente de México a Tepeyácac. Pero, aunque así no fuera y Florencia, que es el que habla de la ocasión, hubiera sido en el particular mal informado, existió el cantar de don Francisco Plácido. Florencia, lo tuvo en su poder; se lo dió Sigüenza, para que lo insertara en su historia. Si aceptamos que le prestó el valioso manuscrito manecionado; no hay por qué neguemos nuestro asenso al regalo del himno.
Con la aprobación de Sigüenza se dió a la estampa el libro del P. Florencia; y a no ser cierta la noticia del himno, la hubiera desmentido, como desmintió la aseveración de que la paráfrasis era de fray Jerónimo de Mendieta. Además, toda duda sobre la existencia de Chimalpahin, entre cuyos escritos se halló el cantar, ha desaparecido con la publicación hecha en París (1889) por Rémi Siméon, de los Anales de Domingo Francisco de San Antón Muñoz Chimalpahin Quauhtlehuanitzin, 6ª. y 7ª. Relaciones. si llegan a imprimirse las demás, que están en la colección Goupil, antes de Aubin, quizás demos con el cantar, original o copia antigua, de don Francisco Plácido.

6°-El mapa a que se refiere Dña. Juana de la Concepción en las informaciones de 1666
Declaró la testigo que, por haber sido su padre cacique, era el primero en saber todas las cosas que sucedían en la ciudad de México y sus contornos, y tan curioso, que todo lo asentaba en mapas, en que "tenía, si mal no se acuerda, asentada la Aparición de la Virgen Santísima de Guadalupe". Al final aseguró categóricamente que lo declarado por ella lo "tenían escritos" sus padres. Dos veces robaron al cacique don Lorenzo Aztatzontzin; le llevaron cuanto tenía de dinero y otras cosas, entre ello sus mapas, que guardaba más que toda su hacienda; y por eso su hija doña Juana no pudo exhibirlos. Para el señor García Icazbalceta de nada sirve indicación tan vaga. Pero no es razón desecharla, como se desechan otras igualmente vagas, por ejemplo, las de Becerra Tanco y Boturini.

7°-El testamento de una parienta de Juan Diego
De él da razón Boturini, que lo poseyó original, escrito en lengua indiana. Dice que menciona las apariciones con estas palabra: Sapa omonextitzino itlaxociuhapilli Santa Maria, inoque cayotilique in itlazoteopixque Guadalupe, que traduce de este modo: "En Sábado se apareció la muy amada Señora Santa María, y se avisó dello al querido Párroco de Guadalupe" Y agrega que en dicho documento hay noticia de la castidad en que vivió Juan Diego durante su matrimonio con María Lucía, que murió virgen, omomiquili in Ychpochtli. Según el señor García Icazbalceta, que, como otros, critica la traducción de Boturini, la aparición no es la famosa de Nuestra Señora a Juan Diego, pues entonces no había el nombre de Guadalupe ni ermita ni sacerdote a quien avisar; sino que se trata de uno de tantos milagros que por los años de 1555 ó 56 se atribuían a la imagen. Pero, si así fuera, ¿a qué venía la mención de Juan Diego y su mujer? De esta circunstancia se colige fundadamente que la parienta del dichoso indio aludió a la Aparición original. Y no importa que la traducción de Boturini sea de veras infiel. Teopixque es plural: sacerdotes. Está en plural el verbo inoque cayotilique, el cual debe, al parecer, enmendarse por in oquimocallotilique, reverencial de callotia, nite, "aposentar u hospedar a otro", porque no hay cayotia ni cayotilia. En este supuesto, la frase quiere decir: en sábado se apareció la amada Señora Santa María, a quien hospedaron en Guadalupe los reverendos padres. Siendo la relación posterior, se ignora cuántos años, al suceso, no causa extrañeza que se llame Guadalupe al lugar que aun no tenía tal nombre, cuando aquél ocurrió.

8°-Los testamentos de Juana Martín y D. Esteban Tomelín
Acerca de ellos dice la Carta: "El Sr. Lorenzana vió los de Juana Martín y D. Esteban Tomelín; no publicó el primero, por estar enmendado el año: en el otro, otorgado en 1575, hay un legado a Ntra. Sra. de Guadalupe. Este hay que ponerlo a un lado, pues dejar un legado a Ntra. Sra. de Guadalupe no es atestiguar su aparición, y pues en 1575 había ya Iglesia, nada tiene de particular ni prueba nada que D. Esteban le dejase una manda o limosna. Del de Juana Martín no conocemos cosa alguna: ni aun la fecha: hay quien piense que es el mismo atribuido por Boturini a una parienta de Juan Diego". El de Tomelín fue publicado por el Ilmo. Sr. Vera en su Tesoro Guadalupano el año de 1887. No se otorgó en 1575, sino en 1572; y el nombre del testador es Sebastián, no Esteban. Se aduce para probar la antigüedad del culto; y tiene importancia, porque se opone a lo que dos años después escribió fray Diego de Santa María al rey, notificándole que las mandas se dejaban a Nuestra Señora de Guadalupe de Extremadura. Del testamento de Juana Martín, el Ilmo. Sr. Lorenzana, que lo vió original, escrito en papel de maguey y en lengua mexicana, dice que fue otorgado en S. José de las Casas Tejapa ante el Escribano Morales; que la testadora, "parienta del indio V. Juan Diego", dejó unas tierras en el partido de Cuauhtitlán a Nuestra Señora, y refirió que Juan Diego se crió en San José Millan y estuvo casado con Malintzin o María [21] Esto, ya conocido, es alguna cosa.

9°-El testamento de Gregoria Morales
Existe en la Biblioteca Nacional de París la "Copia de un Papel hecho de masa de Maguey ,de el que usaban los indios en el tiempo de su gentilidad y principios de su conversión, que se halla en la Real Universidad de México, en el Museo del Caballero Dn. Lorenzo Boturini, Inv. 8° N° 47, en que en las primeras letras, que comenzaron a escribir los Naturales se contiene un Testamento según parece, otorgado ante Gerónimo Morales Escribano de la Republica de ellos, por Gregoria María: en el que dexa un pedazo de tierra en Quauhtitlan a Ntra. Sra. de Guadalupe de México. Refiere aver sido la Aparición de Ntra. Sra. en Sábado, y da razón del Felicísimo Juan Diego, como lo cita el mismo Cavallero Boturini en su Idea de una nueva Historia General de la América Septentrional impreas en Madrid el año de 1746, fxs. 90 N° 4°. Y a su continuación la Traducción hecha de orden del Sr. Arzobispo de México y Toledo Don Francisco Lorenzana, que se halla en el mismo Inventario y Número, por el Br. Dn. Carlos de Tapia, y reconocida por fiel y exacta por el Lic. D. Joseph Julián Ramírez, ambos Catedráticos y Synodales de dho. Arzobispado, y Universidad. Deviéndose advertir, que el original mexicano está tan viejo, roto, y gastadas las letras, que en muchas partes, ni aun con vidrios de graduación han podido reconocer los Traductores lo que estava escrito: por lo que se dexan en blanco los lugares que en él se hallan assí en la Copia, y Traducción Castellana".
Poseyó copia de este documento el señor doctor don José Miguel Guridi Alcocer, quien llama a la testadora, Gregoria María (no Morales); dice que en él se asenta la Aparición y que muchos reputan ser el mismo que el de Juana Martín, si bien obsta la diferencia de nombres.

10°-La relación de D. Fernando de Alba Ixtlilxóchitl
"Según la declaración jurada de Sigüenza (leemos en la Carta) no era más que una traducción parafrástica de la atribuida a Valeriano. Por lo mismo, no puede considerarse como documento diverso". No lo sería si comprendiera solamente la relación de Valeriano; pero contiene también la de los milagros añadida por el mismo Alba Ixtlilxóchitl, conforme a la citada declaración de Sigüenza.

11°-Los papeles de que el Br. Sánchez sacó su historia de la Aparición
Cotejándola, en las apariciones y en los milagros, con la primera y segunda parte del libro impreso por Lasso de la Vega, se adquiere el convencimiento de que éstas, traducidas por Alba Ixtlilxóchitl, sirvieron a Sánchez para componer su obra. Así es que, aunque no haya determinado qué papeles halló, la existencia de éstos es indudable.

12°-Unos anales que vió el P. Baltasar González en poder de un indio
De ellos habló el P. Florencia en los siguientes términos: "De otro escrito en forma de anales, tuve noticia estaba en poder del P. Baltasar González, Profeso de la Compañía de Jesús, y varón tan eminente en la lengua mexicana, y tan insigne predicador de ella, que le llamaban, y con razón, el Cicerón mexicano... Este escrito, de mano de un indio, comprendía la Historia de los Culhuas y Toltecas, desde su origen, anotados los años y meses, reducidos los suyos a los nuestros, en que acaecieron los sucesos, hasta el año de 1642, en que fué depuesto del Virreinato el marqués de Villena, y le sucedió en él el Excmo. señor D. Juan de Palafox y Mendoza, Visitador y Obispo de la Puebla, en el cual año, o poco después, debió de morir el cronista o cronistas, porque no pareció de un historiador, sino de muchos que se fueron sucediendo. Entre los casos de la serie de esta narración, está el milagro de Nuestra Señora de Guadalupe, en el año que le toca". Al señor García Icazbalceta se le ocurrió preguntar: "¿Por qué dijo el milagro y no la Aparición?" A nuestro entender, aludió indiscutiblemente a la Aparición el P. Florencia, pues dice que entre los casos de la serie está en el año que le toca.
A un milagro distinto del original no le tocaba un año de la serie. Además, lo demuestran las palabras finales del pasaje: "Y por ventura de esta Historia, se trasladó aquel cuaderno que alega el Lic. Luis de Becerra Tanco, y del cual él tradujo, como fiel intérprete, los coloquios que Juan Diego tuvo con la Virgen, y la Santísima Virgen con Juan Diego" [22]. Por último, se confirma que un documento de esa clase estuvo en poder del P. González, con el Parecer que dió acerca de la obra impresa por Lasso de la Vega sobre la Aparición, donde dijo: "Hallo está ajustada a lo que por tradición y anales se sabe del hecho..." Si no hubiera visto anales, no habría dicho tal cosa.

13°-La historia de la Aparición en mexicana, publicada por el Br. Lasso de la Vega
Repetiremos que la relación de Valeriano parafraseada por don Fernando de Alba es la que Sigüenza prestó al P. Florencia ,quien usó ampliamente de ella, al decir del señor García Icazbalceta. Sabiendo dónde está la traducción española, substancialmente, al menos; resta indagar el paradero del original mexicano. Nos guía la declaración de Sigüenza: "Digo y juro que esta relación hallé entre los papeles de D. Fernando de Alba... y que es la misma que afirma el Lcdo. Luis de Becerra Tanco.... haber visto en su poder... El original en mexicano está de letra de D. Antonio Valeriano, indio, que es su verdadero autor..."
A su vez, había dicho Becerra Tanco en el Papel que presentó en las informaciones de 1666: "Un mapa de insigne antigüedad certificó haber visto y leído con unos renglones añadidos... en poder de D. Fernando de Alba... y vide un Quaderno escrito con las letras de nuestro Alphabeto de mano de un indio, en que se referían las quatro Apariciones de la Virgen Santísima al Indio Juan Diego, y la quinta a su Tío de éste Juan Bernardino, el qual fué el que se dió a las Prensas en lengua Mexicana por orden del Licenciado Luis Lasso de la Vega..." Con que entre los papeles de Alba halló Sigüenza la relación mexicana de Antonio Valeriano, que es la misma que afirma Becerra Tanco haber visto en poder de Alba. Becerra Tanco la vió, en efecto, y por su parte afirma ser la que se dió a las prensas en la lengua mexicana por orden del Lic. Lasso de la Vega en 1649. Luego en el libro de éste se halla la relación original de Valeriano.

14°-Una Historia de la Aparición que hasta 1777 se conservaba en la Universidad de México, "cuya antigüedad remonta hasta tiempos no muy distantes del suceso"
El Dr. Uribe (1777), por quien se tuvo noticia de esta Historia, no dijo más sino que estaba escrita en mexicano y "archivada en la Real Universidad, cuya antigüedad, aunque se ignora a punto fijo, se conoce que se remonta hasta tiempos no muy distantes de la Aparición, ya por la calidad de la letra, ya por su materia que es masa de maguey, de la que usaban los indios antes de la conquista". Aun sin otros datos, excusado está el temor que manifiesta el señor García Icazbalceta, de que en ella se hable sólo de mandas o limosnas.

15°-El añalejo de la Universidad citado por Bartolache
Algo más que citarlo hizo; pues dió a conocer los pasajes en náhuatl que relatan la aparición de la Virgen a Juan Diego. Ya que es imposible negar la existencia de este documento, certificada por el Secretario de la Universidad, cuya firma autentificó un escribano real, se pretende disminuir su valor, diciendo que es copia; y se tacha de errada la correspondencia del año 1548 con el símbolo mexicano 8 pedernal, sin advertir que parece errata de Bartolache.
Según el cual, tiene el asiento de 1531 figurada la característica de la caña y debajo el número 13, y en verdad trece caña corresponde a 1531. Mas al traducir el de 1548, anota solamente que el año 8 pedernal coincidió con 1548. La correspondencia exacta es de cuatro pedernal. En vez de 4, puso 8. No es creíble que la equivocación sea del analista: porque el signo tecpatl pedernal, está bien puesto a 1548; y desde 1531, que está cercano, era sobrado fácil seguir la numeración de las trecenas, conforme a la cronología india. Comprende el añalejo sucesos de 1454 hasta 1737, que es precisamente, dice el señor García Icazbalceta, el año de la peste, causa u ocasión de la jura del patronato de Nuestra Señora de Guadalupe. Por lo cual cree que "muy fácil fue añadir entonces en la copia estos pasajes, al frente de los signos correspondientes". Contra esta suposición reclama Marcelo de Salazar, el copista.
Así como Bartolache cuidó de autentificar el documento, cuidó de alejar sospechas, poniendo a la cabeza del manuscrito: Inin Quaderno amoxtli itech neztoc tlilancoc inin ixiuatlapualtzi in totecuiyo Dios inic oquimachiotitaya in tlen omochiuctaya initech in cahuitl in huehetixtlamaque ipan inin Nueva España. In quennami neztoc inipan original, zanyuhqi inic oniquixcopin nehuatl Marcelo Salazar, etc. Lo que Bartolache tradujo: "En este cuaderno de papel aparecen escritos por cuenta y razón de años de nuestro Señor Dios, según se iban apuntando los sucesos ocurrentes por los viejos sabios, aquí en Nueva España. Y conforme está escrito en el original, lo copié yo Marcelo de Salazar".

16º-Noticias Históricas de Juan Suárez de Peralta
A la lista precedente, que, como está dicho, formó el señor Lic. Tornel, agrega el señor García Icazbalceta una noticia sacada de las históricas de la Nueva España, que hacia 1589 escribió Juan Suárez de Peralta, quien refiere que el virrey Enríquez "llegó a Nuestra Señora de Huadalupe, que es una imagen devotísima, questá en México, como dos lehuechuelas, la cual ha hecho muchos milagros (aparecióse entre unos riscos, y a esta devoción acude toda la tierra), y de allí entró en México..." A guisa de comentario se lee en la Carta que Suárez anuncia esa aparición con igual sequedad que el testamento de una parienta de Juan Diego, "entre un paréntesis, y sin hacer caso de ella. No llama a la imagen aparecida, sino devota". De donde infiere que Suárez trata de una aparición cualquiera, "de las muchas que se cuentan, que no deja rastro de sí, ni pasa de la persona favorecida". Empero si el historiador no aludiera al milagro de origen, hubiera expresado alguna circunstancia del caso particular a que se contraía. En otra parte (cap. I) hemos aclarado que no hay tal paréntesis en el manuscrito de Suárez; quien después de haber dicho que la Imagen se apareció entre unos riscos no necesitaba llamarla aparecida. Que no dejó rastro de sí. Pues, ¿no leemos que a esta devoción acude toda la tierra? ¿Qué rastro más largo se quería ver?
Quitando tres documentos repetidos en la lista, quedan trece; a los que vamos a sumar otros, que olvidó citar el señor García Icazbalceta o que no le fueron conocidos.

14º-Un mapa de insigne antigüedad escrito en figuras y caracteres, que el Br. Becerra Tanco vió en poder de don Fernando de Alba Ixtlilxóchitl
Entre otros sucesos acaecidos después de la pacificación y reino mexicano tenía "figurada la Milagrosa Aparición de nuestra Bendita Imagen", según dijo Becerra Tanco en su declaración jurada en las informaciones de 1666.

15º-Cantar de los indios ancianos en los mitotes que hacían cuando se celebraba la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe en su templo, antes de la inundación de México (1629)
En él se refería la aparición de la Bendita Imagen en la manta de Juan Diego y también los milagros que obró el día de su colocación en la primera ermita. Lo oyó el mismo Becerra Tanco, según afirmó en su declaración mencionada.

16º-Relación de Chimalpain escrita en mexicano
En el año 12 pedernal, 1556, puso este autor el pasaje siguiente: Auh cano ypan yn yhcuac monextitzino yn totlaconantzin sancta Maria Guadalope yn Tepeyacac. En el mismo año se apareció nuestra Digna Madre Santa María de Guadalupe en Tepeyácac.
Publicó estas Relaciones Mr. Siméon el año de 1889 en París con el título de Annals de Domingo de San Anton Muñon Chimalpahin Quauhtlehuanitzin - 6e. et 7e. Relations (1258-1612).

17º-Manuscrito mexicano de Juan Bautista
En él se lee: ynipan xihuitl mill e quiºs 55 aºs yquac monextitzino in sancta maria de quatalupe yn ompa tepeyacac. El año de 1555 se apareció Santa María de Guadalupe en Tepeyácac.
Se conservan estos anales en el archivo de la Basílica Guadalupana.

18º-Anales de la Catedral de México, en lengua "náhuatl"
Comprenden los años de 1519 a 1739; y de ellos se copiaron los dos textos siguientes:

1531 Otlalmanque in quixtianotzin cuitlaxcoapa Ciudad de los Angeles. Zano ipan inin xihuitl in Juan Diego oquimotenextli in tlaço nantzin cihuapilli Guadalupe México.
1548 Omomiquili in Juan Diego oquimonextilitzino in Tlaço Cihuapilli Guadalupe México.
Traducción:
1531. Los cristianos allanaron el suelo de Cuetlaxcoapan, Ciudad de los Ángeles. En este mismo año Juan Diego manifestó a la amada Madre y Señora de Guadalupe de México.
1548. Murió Juan Diego a quien se apareció esta amada Señora de Guadalupe de México.


El señor Dr. don Agustín de la Rosa vió los textos en mexicano y asegura haber visto tambien su traducción castellana en un tomo manuscrito existente en el Museo Nacional. [23]

19º-Anales de Cuetlaxcoapan en mexicano, inéditos
Después de dar noticia de la venida del Presidente gobernador de México y del obispo llamado Fray Juan de Zumárraga en un año pedernal, añaden yn huel ycuac monextitzino yn totlazonantzin de guadalupe, y entonces se apareció nuestra amada Madre de Guadalupe.
Debo el inestimable favor de haber hojeado estos Anales a mi amigo don Federico Gómez de Orozco, su dueño.

20º-Anales de Tlaxcala (1519-1720) en mexicano, inéditos
En un año 1510 tecpatl se da noticia de la venida del nuevo Presidente y se agrega: zanno ypan xihuitl monextitzino totlaconantzin de hualolope quimonextili macehualtzintli ytoca Juº. Diego. En el mismo año se apareció nuestra amada Madre de Guadalupe, y se manifestó al pobre indio llamado Juan Diego.
También pertenece este MS. a don Federico Gómez de Orozco, quien me lo prestó bondadosamente.

21º-Noticias curiosas (1519-1738), sacadas de un cuadernillo semejante al Añalejo de Bartolache
Ahí se lee: de 1531 as. otlalmanque in quichtianome Cuitlachquapam Ciudad de los Angeles, sanno ipan inin xihuitl in Juan Diego oquimotenextlili (in Juan Diego, oquimotenechtili) in totlaco Cihuapilli Guadalupe Mexico.- Año de 1548 omomiquili in Juan Diego in oquimotenechtilitzino in tlaco Cihuapilli Guadalupe Mexico. El colector mismo tradujo de esta manera: En el año de 1531 fundaron los Españoles la Ciudad de la Puebla o Cuitlaxcoapan (que así la llaman los Indios en Mexicano) y en el mismo año se apareció a Juan Diego Ntra. Sra. de Guadalupe de México. - En el año de 1548 murió Juan Diego al que se le apareció Ntra. Sra. de Guadalupe de México.
Estas "Noticias curiosas" se hallan asimismo en poder de don Federico Gómez de Orozco.

22º-Testamento del dichoso Juan Diego
En el inventario que de los documentos recogidos a Boturini hizo en 1745 don Patricio Antonio López, y que se conserva en el Museo Nacional, bajo el número 40 listó quince fojas, donde "se hallan diferentes cantares en lengua mexicana y española en elogios de la misma milagrosa aparición; y entre ellos una Copia simple del testamto. del dichoso Juan diego con vn Mapa, y en él vna Iglesia, y en su atrio vn Religioso Franciscano y vn Yndio como que le está exhortando; pertenece al pueblo de Sn. Juan Bapta. de vno de los circuitos de esta Corte".

23º-Un mapa de lienzo, grande como una sábana, donde, entre cosas de la conquista, está dibujada la Bendita Imagen de Nuestra Señora y Patrona de Guadalupe, con la perspectiva de su primera Ermita
Lo descubrió Boturini, quien lo cita en su Idea de una nueva Historia General de la América Septentrional, ... § XXVI.

24º-Ms. original en mexicano, que trata de muchas cosas pertenecientes al Imperio Mexicano y refiere "el haberse aparecido la Santísima Señora en el Cerro de Tepeyácac"
Lo listó Boturini en su Catálogo, § XXXV, núm. 2.

25º-Dos MMS. originales en mexicano, piezas sueltas de la historia del Imperio Mexicano, que "mencionan en cortos renglones la Aparición en el año que le toca"
Dió noticia de ellos Boturini en su Catálogo, § XXXV, núm. 3.

26º-Historia de la Milagrosa Imagen de Nuestra Señora de los Remedios por el capitán don Luis Ángel de Betancourt
Fué escrita de 1616 a 1622 en verso castellano. La tuvo en su poder Boturini (Catálogo, § XXXIII, núm. 11); se conserva en el Archivo General de la Nación y la publicó por primera vez en 1908 el señor canónigo don Vicente de P. Andrade.
Cantó su autor en términos muy claros el milagro de la santa Imagen:

A Tepeaquilla baja diligente,
Y entre tajadas peñas y redondas
Verás mi imagen cerca de las ondas.
No como aquí, de bulto, de pinceles
Que en blanca manta el gran Apeles tupe,
Porque Dios, verdadero Praxiteles,
Allí me advocará de Guadalupe.

Como se ve, a los trece documentos de la lista que formó el señor Lic. Tornel en 1849, añadimos hoy otros tantos. Los autores de dos de éstos son del siglo XVI: Juan Bautista y Chimalpain. El mapa de Alba Ixtlilxóchitl y el cantar de los indios ancianos oído por Becerra Tanco, son anteriores al libro de Miguel Sánchez. Sólo por la mención relativa conocemos los Anales de la Catedral de México; pero los de Cuetlaxcoapan, los de Tlaxcala y las "Noticias curiosas", los tres en mexicano, así como los de la Catedral, nos son conocidos íntegramente. De cuatro documentos citados por Boturini no tenemos más que su noticia; en cambio, anda en letras de molde la Historia compuesta por el capitán Betancourt, que más de un cuarto de siglo precedió al libro de Sánchez.
Juan Bautista y Chimalpain refieren solamente que Santa María de Guadalupe se apareció en Tepeyácac; poniendo el primero la Aparición en el año de 1555 y el segundo en 1556.

Más valiosa es la noticia de los Anales de la Catedral, porque al milagroso acontecimiento de 1531 añaden la muerte de Juan Diego en 1548, concordando en una y otra fecha con la relación de Valeriano y la adición de los milagros por Alba Ixtlilxóchitl.
Los Anales de Cuetlaxcoapan traen la Aparición en un año pedernal: habiendo escrito el analista 1510 tecpatl, quiso por ventura significar 10 tecpatl, que corresponde al año 1528, en que, como anotó, vino el señor Zumárraga. El sincronismo de esta noticia con la del advenimiento del Presidente (Nuño de Guzmán), que también dió, es exacto; pero no lo es con la aparición de Nuestra Señora.

Los Anales de Tlaxcala enlazan la venida del Presidente (entendemos que el Sr. Ramírez de Fuenleal) con el suceso de la Aparición, agregando a éste la circunstancia de que a Juan Diego se manifestó nuestra amada Madre de hualalope.

Las "Noticias Curiosas" hablan de que Nuestra Señora de Guadalupe se apareció en 1531 a Juan Diego y que éste murió en 1548, haciendo sincrónica la primera noticia con la fundación de Cuetlaxcoapan o Puebla de los Ángeles, lo mismo que hacen los Anales de la Catedral.

Entre los documentos que llamaremos sueltos, tiene precedencia el testamento conocido con el nombre de Juana Martín, por las importantes circunstancias que refiere.

Del conjunto resulta la prueba indubitable. No obsta el yerro de fecha en unos ni la inexactitud del sincronismo en otros, si, como es notorio, todos convienen en la esencia del milagro. Las diferencias accidentales son inherentes a un relato transmitido de viva voz: nada más natural que distintas personas en distintos tiempos conmemoren el suceso, quién con detalles, quien sin ellos, aun equivocando la fecha o alguna otra circunstancia. La uniformidad absoluta sería otro prodigio.

De los documentos enumerados algunos no han llegado a nuestras manos; pero no cabe dudar de su existencia, porque no es dado tachar de mentirosos a sacerdotes como Mezquía, Florencia, Becerra Tanco, González, Uribe, Lorenzana, y con ellos al caballero Boturini, que los vieron.
No tenemos originales sino copias. Por desgracia, de los archivos mexicanos han salido y andan por los cuatro vientos diseminados tesoros pictográficos y manuscritos: no por eso merecen desdén las reproducciones, que un acaso feliz nos depara, especialmente si las abona su antigüedad o su procedencia. Las Crónicas que, para ilustración de nuestra historia general, sacó a luz con no poco trabajo y a toda costa el señor García Icazbalceta, son copias venidas del extranjero. Fuera de nuestro país halló en copia el Motolinía y el Mendieta. Fuera se encontró el Sahagún.
Nada extraño es, por tanto, que sólo en copia manuscrita tengamos los documentos guadalupanos. Se entiende los sueltos; que afortunadamente las relaciones principales están en el libro impreso por Lasso de la Vega, tomadas del texto original, según el irrecusable testimonio de Becerra Tanco y Sigüenza. Tenemos, además, en traducción, dos fragmentos de relaciones mexicanas, que confirman la de Antonio Valeriano.

La comparación con ellas del libro de Miguel Sánchez demuestra que éste las conoció parafraseadas y antes de ser impresas. Así es que no podemos dar asenso al señor García Icazbalceta, cuando asegura que, inflamada la devoción de Lasso con el relato de Sánchez, quiso divulgarlo entre los indios y para ello lo abrevió y puso en lengua mexicana. Todo el que lea a Lasso se persuadirá de que éste no abrevió la narración; antes le añadió al fin algo de su cosecha.
Y, en resumen, con escritos de indios y de españoles, anteriores a 1648, está positivamente comprobada la verdad de la Aparición, lo mismo o mejor que puede estarlo otra piadosa maravilla en los fastos de la Cristiandad.



Referencias (todas originales del Lic. Velázquez)


[1] Esta cita y las que siguen de la Información se refieren al texto publicado por el Sr. Pbro. D. Fortino Hipólito Vera, después obispo de Cuernavaca, en su obra La Milagrosa Aparición de Nuestra Señora de Guadalupe, comprobada por una información levantada en el siglo XVI, Amecameca, 1890. Los números que entre paréntesis ponemos, son los de las páginas de dicho texto.


[2] Archivo General de Indias (60-2-16). Nota del R.P. Mariano Cuevas, Historia de la Iglesia en México, II-73.


[3] Cartas de Religiosos de Nueva España, edición de don Joaquín García Icazbalceta, México, 1886, pág. 32.


[4] Descripción del Arzobispado de México, hecha en 1570, edición de don Luis García Pimentel, México, 1897, pág. 425.


[5] JUAN B. MUÑOZ. Memoria sobre las apariciones y el culto de nuestra Señora de Guadalupe, núm. 16.


[6] Id., núm. 26.


[7] VERA. Tesoro Guadalupano, Amecameca, 1889, pág. 90.


[8] Obras de D. José Bernardo Couto, edición Agüeros, México, 1898, I-204.


[9] Bibliografía Mexicana del Siglo XVI por don Joaquín García Icazbalceta, México, 1886, págs. XIX y XXVII.


[10] Tesoro Guadalupano, pág. 76.


[11] Segunda parte de la Historia de la Provincia de Santiago de México, México, 1900, pág. 454.


[12] Noticias de México, edición de don Joaquín García Icazbalceta, México, 1880, pág. 273.


[13] Lib. 7°, núm. 3.


[14] Tesoro Guadalupano, pág. 124.


[15] CABRERA. Maravilla Americana, §IV.


[16] Colección de Documentos para la Historia de San Luis Potosí, por el Lic. Primo Feliciano Velázquez, San Luis Potosí, II-102 y 116.


[17] VICENTE DE P. ANDRADE. Ensayo Bibliográfico Mexicano del Siglo XVII, núm. 227.


[18] VERA. Informaciones sobre la Milagrosa Aparición de la Santísima Virgen de Guadalupe, recibidas en 1666 y 1723, Amecameca, 1889, págs. 4 a 6.


[19] Id., pág. 76.


[20] Escudo de Armas de México, núms. 701 y 702.


[21] Cartas de D. Fernando Cortés, Serie de los Virreyes, nota 2ª.


[22] Estrella del Norte de México, cap. XVI.


[23] Dissertatio Histórico-Thelogica de Apparitione B.M.V. de Guadalupe, Guadalaxarae, 1887, pág. 98.





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Bibliografía:



VELÁZQUEZ Primo Feliciano, La Aparición de Santa María de Guadalupe, Edit. JUS, edición facsimilar de la primera edición de 1931, 1981