.

Investigación Documental sobre la Virgen de Guadalupe

.

......................................

Cuestiones históricas
relacionadas con el Nican Mopohua


-El choque demoledor: Conquistadores y Conquistados
-La "Leyenda Negra": Conquista y Evangelización de América
-"Algo pasó en México en 1531"

.




No pude resistir la tentación de extenderme en este tema. Después de leer El Nican Mopohua, un Intento de Exégesis, del p. Guerrero, pensé que tan excelente y concisa exposición MERECE ser difundida, y pues ya que estoy haciendo una Investigación Guadalupana, haría mal en no aprovechar los interesantes datos brindados por el p. Guerrero.

Básicamente, se trata de dar más detalles sobre la situación en la que se encontraban los indígenas conquistados y los españoles conquistadores a pocos años de la caída de Tenochtitlán. ¿Cuáles fueron las circunstancias sociales, culturales y religiosas entre 1521 y 1531?
Es necesario profundizar en el asunto de la Evangelización de los indios, evangelización que -como demuestra el p. Guerrero-, era IMPOSIBLE, por razones que vamos a comentar. Sólo después de las apariciones guadalupanas los indígenas aceptan el cristianismo. Esto es, como veremos, una poderosa razón teológica que brinda total credibilidad al asunto en cuanto a su aspecto histórico.

Señalaré más adelante, hablando de las objecciones que los enemigos de la aparición han levantado en su contra, que aunque se dan muchas objecciones históricas (que no son irrefutables), no se dan OBJECCIONES TEOLÓGICAS, y eso sólo puede favorecer al guadalupanismo.

¿Qué me preocupa, entonces?
Me preocupa que entre el pueblo mexicano -y con mas razón en los países hermanos que veneran a la Guadalupana-, se desconoce casi totalmente el Verdadero Peso de las Apariciones Guadalupanas, que no son un mero "bonito milagro", sino un Acontecimiento que demuestra el actuar de Dios en la historia, cumpliendo las promesas que hizo en el Evangelio, y se trata de un Acontecimiento que necesariamente tuvo que ocurrir; de lo contrario, México no sería el país cristiano que es.

Seguiré, pues, las interesantes aportaciones del p. Guerrero, y colaboraré, con la ayuda de Dios y en cuanto Él me lo permita, a que los católicos americanos, y en especial mexicanos, COMPRENDAN Y APRECIEN la esencia misma de las Mariofanías Guadalupanas.



..
El choque demoledor: Conquistadores y Conquistados
..



Para darnos una idea de cuán fuerte fue el choque entre los Indígenas Conquistados y los Españoles Conquistadores, procuremos primero examinar a cada protagonista por separado, para así saber las diferencias que había entre sus respectivas filosofías, valores, visiones de la vida y el mundo, doctrinas religiosas y compromiso con ellas, su forma de ver la naturaleza, la guerra y lo que ocurrió a partir de 1521, esto es; cómo tomaron Españoles e Indígenas la Conquista.

La Guerra

Las Guerras Indias.- Hemos visto ya, en el capítulo concerniente a la Religión y Cosmovisión de los Indígenas, como para los indígenas el mundo no estaba hecho de Amigos y Enemigos, sino de Fuerzas antagónicas, sí, pero hermanadas por el hecho de que cumplían una misma y vital función: mantener el equilibrio del Mundo.
La guerra, para los indios, era una cuestión más litúrgica que militar, pues reflejaba la guerra entre los dioses, y no se proponía destruir al enemigo, sino mantener un equilibrio, todo esto ajustándose a leyes de guerra religiosas, que resultaban absurdas para las tácticas de combate europeas.
En el fragor de la pelea, los indígenas no buscaban matar al enemigo, ni aún herirlo. Se trataba de capturarlo para el sacrificio, y si un indio mataba a otro en combate, el muerto era el que ganaba, y el matador pasaba por la vergüenza de haber sido un torpe y no haberlo podido apresar.
Las guerras se declaraban mediante complejas ceremonias, y una declaración de guerra podía aplicar hasta varios años después, sin que corriera prisa; una vez en batalla, si los que iban perdiendo pedían la suspensión de la lucha, esta podía suspenderse. Y si los vencedores estimaban innecesario seguir peleando, concedían a los perdedores la retirada honrosa, sin perseguirlos y sin impedirles reunirse.
Ser prisionero era un alto honor, por lo tanto los cautivos no pensaban para nada en escaparse, sino sólo esperaban hasta con ansia el momento de ser sacrificados y con ello ser divinizados, elevados hacia el Sol para acompañarle en su lucha celeste cotidiana.


Las Guerras Españolas.- Para los españoles, en cambio, la guerra era sencillamente ir a matar moros, y se trataba de destruir sus fortificaciones, prender fuego a sus casas y graneros, matar a todos los combatientes que pudieran, y si no se requería canje de prisioneros, degollarlos.
Hay que estudiar un poco la historia de Europa en el Renacimiento para entender mejor a los españoles. Desde el siglo XV, y hasta principios del siglo XVI, la Cristiandad europea estaba en seria crisis; la corrupción eclesiástica, su tibieza y su estancamiento pastoral crearon una serie de condiciones que la hacían fácilmente vulnerable al empuje del Islam, que venía, por medio de los turcos, invadiendo territorios de África y el Mediterráneo, y pronto habría de invadir Europa Oriental. El medio general de la decadencia católica en el siglo XVI propició la rebelión de Lutero, al que siguió todo el Movimiento Protestante; sacudiendo a la Cristiandad, y finalmente la Iglesia despertó de su sueño para hacer oír su voz mediante el Concilio de Trento.

Pero antes de esto, cuando la Cristiandad dormía en medio de corrupción, sólo ESPAÑA tenía amplios recursos morales y materiales. Era junto con Portugal, la única potencia naval capaz de explorar hacia el Poniente o hacia el Sur, aunque le llevaba a los portugueses la ventaja de que no temía tanto como ellos alejarse de la costa africana, y esto les permitió atreverse a cruzar el Atlántico -con la tenacidad de Colón de su lado-. La unificación de España realizada por los Reyes Católicos, y las eficaces reformas eclesiásticas del cardenal Francisco Jiménez de Cisneros, permiteron a España ser una nación fuerte, que disponía de un ejército poderoso, temido por haber vencido a los moros, y con religiosos severos, ortodoxos y libres de la corrupción que reinaba en Italia y en otros países. Aunque en el ámbito político había ciertamente bastante corrupción, especialmente en Castilla, la Iglesia Española pasaba por uno de sus más brillantes momentos.

Recordemos que Francia logró cerrar el paso al Islam, en la célebre batalla de Poitiers (732 d.C.), pero no así España, que sufrió 8 siglos de ocupación musulmana, pasando por distintos periodos de califatos y guerras. En 1492, cuando los Reyes Católicos tomaron Granada, los musulmanes perdieron definitivamente su poder en España.
Pero esos ocho siglos no habían sido de balde. Otros países europeos pasaban por periodos de barbarie normanda, sajona o germana, mientras que España, mientras libraba guerras incesantes, disfrutaba de un esplendor cultural enriquecido por tres culturas, la árabe, la judía y la visigoda, que permitieron a España alcanzar importantes progresos científicos y artísticos.
Mientras tanto, generaciones y generaciones de cristianos combatían a los árabes, la Cruz contra la Media Luna, la Biblia contra el Corán, y esto provocó en los guerreros españoles un fervor religioso casi tan intenso como el de los aztecas, pero la diferencia básica fue que para los españoles, la cuestión religiosa de la guerra no era ningún "equilibrio cósmico", sino la muerte de todos los "insolentes moros y judíos" que osaban profesar un credo distinto al de ellos. La Inquisición Española fue la consecuencia lógica de todo esto, atenida a los principios más intolerantes de la propia Ley Judía y de la Yihad Islámica, que ciertamente sacrificó a muchas personas, a veces hasta cristianos mismos , y sin embargo, esta radical intransigencia salvó a España de guerras religiosas como las que ocurrieron en Alemania y Francia.

Por lo tanto, soldados y frailes querían, por medio de la guerra y la Inquisición, preservar y extender la fe cristiana, con sinceridad y apasionada dedicación de servir a Dios; por lo que querían eran los más aptos para evangelizar México, pero por cómo lo hacían, eran los menos aptos. Esta paradójica situación iba a resultar en una renuencia total de los indios a abrazar el Evangelio.


La Poligamia

En la poligamia encontramos un ejemplo clarísimo del Choque Demoledor que estamos estudiando.
Los cristianísimos españoles proclamaban que la poligamia era pecado, mientras que para los indios la poligamia era ejemplo de responsabilidad social, pues en una sociedad donde una quinta parte de los varones se dedicaba al sacerdocio, y muchos guerreros morían o eran sacrificados, se aceptaba de buen grado que un hombre acaudalado tuviera varias mujeres, pero no simplemente como concubinas, sino como verdaderas esposas, amándolas a todas y sosteniéndolas a ellas y a sus hijos.

Los españoles, contra su propia ley, practicaron amplia y liberalmente la poligamia, y los indios en un principio no vieron nada de malo en esto, que al fin y al cabo, no iba contra la ley que ellos reconocían. Los indios eran cariñosos con sus hijos y además moderados en sus relaciones sexuales (léase el testimonio de Sahagún, en Historia General de las Cosas de la Nueva España, Libro 6, Cap. 21 no. 17).

Júzguese, pues, la indignación y el asombro de los indígenas cuando los españoles se desentendieron de las indias que habían fecundado, y calificaban de "bastardos" a los hijos mestizos tenidos con ellas, abandonando a la madre y al hijo a su suerte.
Lo peor era que esto lo justificaban los españoles en su religión, alegando que no podían hacerse cargo de mujer e hijo fuera del matrimonio... esto resultaba una hipócrita desfachatez que conmocionó a la sociedad india: Así que violando una ley que proclamaban sagrada, los españoles se entregaban al placer sexual con las indias, y luego se desentendían de ellas amparándose en que eso era escrupulosa observancia de la ley -que fácilmente habían quebrantado-.
Obviamente, la generalización no es absoluta, pues como no fueron los españoles unas blancas palomitas, tampoco fueron todos bárbaros e hipócritas.


Los Tesoros Aztecas

Otro ejemplo de este Choque Demoledor lo tenemos en lo que era cosa preciosa, tesoro, a los ojos indígenas, y lo que lo era para los españoles.
En el Viejo Continente, desde tiempos inmemoriales, la moneda corriente eran los metales preciosos, y de entre ellos principalmente el ORO y la PLATA. En monedas, lingotes, en bruto o en barras, el ORO era para los españoles dinero, y poder adquisitivo.

Para los aztecas -¡qué contraste!, el Oro era teocuitlatl, esto es, "excremento de dios"... mientras que los materiales realmente preciosos y estimados eran el Chalchihuitl; JADE, las quetzalli; PLUMAS DE AVES PRECIOSAS, a las que llamaban también teocihuani, esto es, "sombra de Dios", la xihuitl, TURQUESA, entre otras cosas.
Por eso mismo, imaginemos lo que significó para los indios ver a los españoles -los "dioses"-, entregados a la grotesca y coprofílica obsesión por sus propios "excrementos", esto es, por el ORO, y en cambio, con total brutalidad y patanía desechaban el JADE y las plumas preciosas, chamuscándolas o tirándolas para quedarse con el ORO. Esto ocurrió cuando cayó Tenochtitlán:

"Por su parte los españoles, al borde de los caminos,
están requisando a la gente. Buscan oro.
Nada les importan los jades,
las plumas de quetzal y las turquesas.
Les abren las faldas, por todos lados les pasan la mano,
por sus orejas, por sus senos, por sus cabellos.


SAHAGÚN, Fray Bernardino de, Historia General de las Cosas de Nueva España, libro 12, cap. 40, no. 4


Las 10 Plagas de Egipto

Una fuente excelente para estudiar las calamidades que asolaron a los indios de Nueva España en los años posteriores a la Conquista, son los Memoriales o Libro de las Cosas de la Nueva España, de uno de los destacados contemporáneos: Fray Toribio de Benavente (llamado "Motolinía"), y quien simboliza -mediante las 10 plagas de Egipto-, todas las desgracias que acontecieron a los indígenas como resultado del Choque con la cultura española.

Es interesante el testimonio de Motolinía porque no atribuye la culpa de estas desgracias a sus causantes -los españoles-, sino a las víctimas -los indios-, dando fe así de la incapacidad española de embonar con la cultura india. Pasemos ahora a las palabras de Motolinía.

La Primera Plaga: Las aguas convertidas en sangre: En sus Memoriales, 1a. parte, cap. 2, nos. 38 y 39, Motolinía describe la primera plaga: La epidemia de viruela que se desató con la llegada de Narvaez en 1520. Para los indígenas, limpios e higiénicos, las enfermedades infecciosas eran desconocidas, no había entre ellos ni sarampión, ni viruela, ni varicela, ni ninguna de estas enfermedades. No eran inmunes, no tenían defensas biológicas contra dichos males, y por esto murieron miles de indígenas. Fue un factor importante para la caída de Tenochtitlán, que muchos de sus defensores -entre ellos el huey tlatoani Cuitlahuac-, murieron a resultas de esta epidemia.
También fray Francisco de Aguilar, en su Relación breve de la Conquista de la Nueva España, 8a. Jornada, p. 101, proporciona datos escalofriantes acerca de la despoblación de ciudades antes florecientes, como Tlatatelco, que de 20 mil casas llegó a 200, o Cholula, que de 100 mil tributarios se redujo a 10 mil o 12 mil.

La Segunda Plaga: Las ranas: Esta plaga Motolinía la relaciona con la muerte de numerosos señores y guerreros indígenas, muchos de los cuales murieron en las guerras de los españoles contra señoríos que no eran sus aliados.

Un testimonio secundario es el de Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, en su Compendio histórico del Reino de Texcoco 13a. relación, p. 505, donde denuncia como Cortés ejecutó a muchos señores indios para oscurecer su participación en la Conquista y adjudicarse mayores méritos, como recomienda Maquiavelo en El Príncipe, cap. 3, p. 31.

También lo comenta fray Jerónimo de Mendieta, en Historia Eclesiástica Indiana, libro 4, cap. 46, donde dice:

"Quien vio (como yo vi), en esta Nueva España [...] todas las ciudades y pueblos autorizados con muchedumbre de principales, viejos venerables que representaban unos senadores romanos, y quien ve lo que (por nuestros pecados) vemos en la era de ahora, que en las ciudades y pueblos no haya por maravilla quedado indio principal ni de lustre, los palacios de los antiguos señores por tierra o amenazando caída. No hay ley ni otro derecho ni fuero, sino que el español se aproveche por fas o por nefas, y que el indio sufra y padezca, aunque le quiten cuanto tiene y la mujer y la hija, y en este caso a todo género de gentes, españoles, mestizos, mulatos y negros están sujetos, y aun a sus propios naturales, como sean criados de los que llaman cristianos, sin que sus daños hallen remedio en las varas de justicia, que por la mayor parte no sirven sino de licencia y autoridad para más los desollar...

Los indios, acostumbrados a venerar a sus gobernantes y a respetar a los mayores, se hallaban regidos ahora por españoles en su mayoría brutos y plebeyos -el mismo Cortés no era muy letrado-, y sólo hubo nobles de categoría en México hasta la llegada de Fray Pedro de Gante, emparentado con el emperador Carlos V, y fray Jacobo Daciano.
Mientras tanto, la clase dirigente de los indios, tan culta y refinada, fue casi totalmente exterminada, incluyendo códices y los sabios que sabían leerlos. En el medio común, la sociedad india se regía en forma despótica y vulgar.

La Tercera Plaga: Los mosquitos: Esta vez la plaga trata de una gran hambruna que ocurrió poco después de la Conquista. Motolinía no podía saber que cinco siglos después esto sigue siendo un problema, la desnutrición de los pueblos indígenas, cuyos antepasados precolombinos tenían una alimentación excelente y balanceada. Cuatro productos básicos componían su dieta: el maíz, el frijol, el chile y el amaranto. Los españoles llegaron a prohibir el amaranto porque se utilizaba en ritos religiosos indígenas, y el pueblo indio fue privado así de una base de su alimentación -altamente nutritiva-, y ni el trigo ni el arroz españoles pudieron sustituirlo correctamente.

Otra cosa que dañó profundamente a la sociedad indígena fue la introducción del alcohol -aguardiente- por parte de los españoles. Los indios penaban hasta con la muerte la embriaguez, pero años después, ya conquistados, se lanzaban a ahogar sus desdichas en el alcohol, Motolinía vio horrorizado el nivel de alcoholismo a gran escala que reinaba en México, y el historiador Alfonso Zorita acusa a los españoles de aprovecharse de los indios para emborracharlos y despojarlos de sus pertenencias (Zorita, Breve y sumaria Relación de los Señores de la Nueva España, cap. 9, p. 59).

La Cuarta Plaga: Las moscas: La cuarta plaga fue la de los caciques indios puestos por los españoles para gobernar a los naturales y los principales que podían ser nombrados por cualquier español. El propio Cortés relata al emperador cómo concedió a sus capitanes y soldados estar a cargo de señores indígenas nombrados por ellos, que les dieran cuentas (en Cortés, Hernán, 3a. Carta de Relación, p. 171). La Encomienda, que no fundó Cortés, sino continuó, pues ya existía en las colonias del Caribe y hasta en España, pasando por alto las divisiones jerárquicas de los indígenas, y sin importarles nombrar patanes, macehuales y gentes que al ver destruida su jerarquía, se impregnaban de la corrupción castellana y hacían lo que les venía en gana. Alfonso Zorita, quien es un testigo especial por ser además jurista, da fe de que:

"Dicen los religiosos antiguos que después que los naturales están en sujeción de los españoles se perdió la buena manera de gobierno que entre ellos había, comenzó a no haber orden ni concierto, y se perdió la policía y justicia y ejecución de ella que entre ellos habían, y se han frecuentado mucho los pleitos y divorcios y anda todo confuso... Preguntando a un indio principal de México qué era la causa por que ahora se habían dado tanto los indios a pleitos y andaban tan viciosos, dijo: «Porque ni vosotros nos entendéis, ni nosotros os entendemos ni sabemos qué queréis. Nos habéis quitado nuestra buena orden y manera de gobierno y la que nos habéis puesto no la entendemos, y así anda todo confuso y sin orden ni concierto» (en Zorita, Breve y sumaria relación..., cap. 9, p. 52)

Lo que para el mexicano de hoy sigue siendo una plaga insoportable: la parásita y extorsionista burocracia gubernamental, ya existía en tiempos de la Nueva España, y para los indios era lo peor que dicha plaga les viniera de parte de sus mismos hermanos de raza, corrompidos por los españoles.

La Quinta Plaga: La Peste: Esta plaga se refiere a los grandes tributos que vinieron a soportar los indios a manos de los conquistadores. Bernal Díaz del Castillo da testimonio de cómo muchos españoles, presurosos por tener esclavos, esclavizaban aún a los indios libres, y entre ellos de los que habían sido aliados de Cortés (en Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España, cap. 213), Ixtlilxóchitl habla de que los indios libres vivían peor que los esclavos, porque los españoles al menos veían mermados sus intereses con la pérdida de esclavos, mientras que obligaban a los libres a darles tributos explotadores, cuantiosos, agobiantes, y fray Pedro de Gante (en Cartas de Indias tomo I, no.18), pronostica a Carlos V que después de 30 años de esa explotación, la Nueva España quedaría despoblada de indios.

La Sexta Plaga: Las Úlceras La plaga de las úlceras la relaciona fray Toribio con la insaciable sed de oro de los españoles, que llevaron muchos indios a trabajar como esclavos en las minas, como podemos encontrar en el testimonio de Francisco López de Gómara (en Historia de la Conquista de México, cap. 164); Cortés, por ejemplo, hizo todo lo que pudo por estafar a sus soldados y quedarse con más oro, y aún se lo extorsionó a sus propios aliados, como declara Ixtlilxóchitl:

"Ixtlilxúchitl envió a Tezcuco por el oro que había quedado en las casas de su padre y su abuelo, y por todo el que tenía en sus casas y se lo dio a Cortés, el cual dijo que era poco para rescatar a un gran señor como era su hermano y que era menester más. Envió segunda vez a Tezcuco a todos los señores, sus primos hermanos y deudos, los cuales juntaron todas las joyas y piezas de oro que cada uno tenía, y juntó todo el oro y plata que sacó de cuatrocientas casas de señores, se lo dio a Cortés y rescató a su hermano" (en Compendio histórico..., 13a. Relación, p. 480)

La Séptima Plaga: El Granizo: Fue también parte de este choque demoledor la construcción de la ciudad de México como lo hicieron los españoles, poco a poco, después de la toma de Tenochtitlán. Cortés, por ejemplo, se construyó un palacio que según datos de valuación hechos por la Segunda Audiencia ocupaba cerca de 44100 metros cuadrados (!!!). Pensaban los españoles que sus construcciones iban a ser mejores y más avanzadas que las ruinas aztecas que quedaban. Pero los aztecas, desde dos siglos antes al edificar su ciudad, habían desarrollado un sistema de ingeniería muy efectivo para construir con solidez aún en terreno lodoso y hasta en medio del lago.
Los españoles, que nunca habían construido sobre tales terrenos -en España no había nada semejante-; lograron unas construcciones problemáticas y favorables a las plagas y la humedad. Para aumentar la población, Cortés concedió cero impuestos a los que fueran a la ciudad, y esto provocó que muchos indios huyeran a la capital para librarse de las explotaciones que sufrían en otras partes. Desde ahí inicia la sobrepoblación de la ciudad de México que hoy llega a niveles caóticos, la falta de agua potable, "ciudades perdidas", etc.

La Octava Plaga: Las Langostas: Una de las peores plagas que cayeron sobre los indios fue la esclavitud. En el México prehispánico no había realmente esclavos, en el sentido europeo. Los tlatacotin (esclavos) hacían servicio limitado, y con casarse o servir unos años quedaban en libertad. No podían ser vendidos sino bajo condiciones, y los hijos de los esclavos nacían libres. Fueron pues, los españoles quienes trajeron esta terrible institución, que en el Viejo Continente existía desde las culturas sumeria y fenicia. Una tremenda denuncia en contra de esto la hizo Fray Bartolomé de las Casas, junto con Alonso Zorita.
Por lo tanto, aunque los españoles habían proclamado que venían a liberar a los indios de la "tiranía y yugo" de los aztecas, añadiendo que hacer guerras para tomar prisioneros era desagradable a los ojos de Dios, no tuvieron empacho en hacer esclavos, y rápidamente, para que trabajaran sin recompensa y murieran lentamente, a base de vejaciones. ¡Cómo no lamentarían muchos indios haber cambiado el yugo de Huitzilopochtli por el de Jesucristo Teotl!

La Novena Plaga: Las Tinieblas: "Tinieblas", porque se refiere Motolinía al trabajo en las minas y víctimas del mismo que hubo entre los indios. Los indios no habían tenido minas tan profundas como las españolas, y eso de penetrar centenares de metros bajo el suelo tenía desastroso efecto en sus organismos, dice Motolinía en esta parte (Memoriales, 1a. parte, cap. 2, nos. 48-49) que:

"o se morían allá en las minas o por el camino; otros volvían tales que no podían escapar; pero de estos y de los esclavos que en las minas murieron fue tanto el hedor que causó pestilencia, en especial en las minas de Huaxyacac en las cuales media legua alderredor y mucha parte del camino apenas pisaban sino sobre muertos o sobre huesos, e eran tantas las auras e cuervos que venían a comer los cuerpos muertos, e andaban cebados en aquella cruel carnicería, que hacían gran sombra al sol".

A esto se añadió el desecamiento de ríos, lagos y lagunas, tala de bosques, y una serie de acciones que empezaron a volver desérticas diversas zonas de México.

La Décima Plaga: La muerte de los primogénitos: Motolinía se refiere aquí a las disputas que surgieron entre los mismos españoles, que ocurrían porque los mismos capitanes de Cortés, que le habían apoyado en traicionar a Velázquez y en cometer tropelía tras tropelía, quisieron hacer su propia suerte y lo hicieron: el ejemplo más claro fue el de Cristóbal de Olid, quien fue enviado por Cortés a conquistar las Hibueras (Honduras), en 1524. Pero Olid le hizo a Cortés lo que Cortés a Velázquez, y se alzó como jefe de la empresa, desobedeciendo a Cortés, lo que provocó que éste fuera detrás de él para castigarlo, mientras dejaba en México a colaboradores, que, lejos de entenderse, iniciaron una serie de pleitos políticos que provocaron que Carlos V enviara a la Primera Audiencia a sustituir a Cortés en el gobierno.
Pero esta Audiencia resultó ser un grupo de malhechores, dirigidos por el nefasto Nuño Beltrán de Guzmán, quienes estuvieron a punto de matar al consagrado obispo Zumárraga, y fueron finalmente sustituidos en 1530 por la Segunda Audiencia.

Termina Motolinía su relación diciendo: "Por los pecados de estos naturales fue Dios movido a ira contra ellos, y los castigó como dicho es, e su saña e ira indignó contra ellos. Missit in eos iram indignationis suae" [mandó contra ellos la ira de su indignación]

Culpar a los indios de las peleas internas de los españoles demuestra cómo la mayoría de los conquistadores eran incapaces de comprender cuán desastrosa era su obra conquistadora, y la idea de que todo tenía justificación, pues no era una catástrofe, sino un justísimo castigo de Dios a las "maldades de los naturales".


Sin embargo, le faltó a Motolinía nombrar una plaga más, la peor y más cruel de todas, una Plaga que para Motolinía era lo más bello y sublime que habían recibido los indios, y que, sin embargo, resultó ser una verdadera pesadilla -que hacía desear la muerte- a los indios: LA RELIGIÓN CRISTIANA.



..
La "Leyenda Negra": Conquista y Evangelización de América
..



Con el soldado español llegó también el fraile, el evangelizador. Desde la expedición de Cortés empezaron a llegar los religiosos -destacando entre ellos fray Bartolomé de Olmedo-, en 1523 llegaron Fray Pedro de Gante, Fray Juan de Tecto y Fray Juan de Aora. Ya para entonces existían los bautismos a los indígenas, aunque no se aseguraban los bautizantes de la conversión de los bautizados. Conversión no la hubo -más que con pocas excepciones-, hasta después de 1531, como vamos a ver más detalladamente a continuación.
El 13 de mayo de 1524 desembarcaban los "12 frailes apostólicos", con la Bula Omnimoda de S.S. Adriano VI, que les confería facultades misioneras y evangelizadoras en forma, franciscanos todos ellos: F. Martín de Valencia, F. Francisco de Soto. F. Martín de la Coruña, F. Juan Juárez, F. Antonio de Ciudad Rodrigo, F. Toribio Paredes de Benavente, F. García de Cisneros, F. Luis de Fuensalida, F. Juan de Rivas, F. Francisco Jiménez, F. Juan de Palos y F. Andrés de Córdova.

En 1525 se funda la Diócesis de Tlaxcala y en 1526 llegan a México los dominicos, entre ellos los defensores de los indios Fray Bartolomé de las Casas y Fray Julián Garcés. Hasta 1527 se forma la Diócesis de México (Tenochtitlán), y su primer obispo, Fray Juan de Zumárraga, arriba a México en diciembre de 1528.
Entremos en detalles sobre la "Leyenda Negra" de la Evangelización en América, paralela a la de la Inquisición Española, que como vimos en el tópico anterior, fue una institución radical, de férrea ortodoxia, totalmente cerrada, e inamovible en sus ideas y criterios.

Los misioneros españoles que vinieron a evangelizar México, empezaron convenciéndose de que venían a luchar contra el Demonio en persona, que había sometido a esclavitud e idolatría a los indios, y que la predicación del Evangelio tenía que ser precedida por una destrucción total de la antigua religión mexicana. En ella no podía haber nada de bueno, y menos aun una relación entre el cristianismo y la religión azteca, tal cosa era blasfema, contradictoria. Sólo hasta el Concilio Vaticano II, cuatro siglos después, se puede examinar con mayor comprensión y madurez la cultura india.

Los aztecas se consideraban a sí mismos "Pueblo de Dios", al igual que los judíos, y se dedicaron a responder a este honor -nobleza obliga-, de una forma tan devota y tan entregada, que fray Bernardino de Sahagún les reconoce:

"En lo que toca a la religión y cultura de sus dioses no creo a habido en el mundo idólatras tan reverenciadores de sus dioses, ni tan a su costa, como estos de esta Nueva España; ni los judíos, ni ninguna otra nación tuvo yugo tan pesado y de tantas ceremonias como le han tomado estos naturales por espacio de muchos años"

SAHAGÚN, Fray Bernardino de, Historia General de las Cosas de Nueva España, Prólogo, p. 19-20

Cortés mismo afirma de los indios:

"... Y tienen a sus ídolos que adoran, a los cuales honran y sirven de tanta manera y con tantas ceremonias que en mucho papel no se podría hacer de todo [...] entera relación [...] Todos los días, antes que obra alguna comienzan, queman incienso y sacrifican sus mismas personas, cortándose unos las lenguas, y otros las orejas, y otros acuchillándose el cuerpo con unas navajas [...] por manera que ninguna obra comienzan sin que primero hagan allí sacrificio [...] es cierto que si con tanta fe y fervor a Dios sirviesen, ellos harían muchos milagros."

CORTÉS Hernán, 1a. Carta de Relación,p. 19-20

De colaboradores de sus dioses en la lucha cósmica divina, pasaron a ser, en manos de los misioneros, niños ignorantes que no comprendían lo divino, con lo que "los indios no son para prelados ni maestros, sino para siempre súbditos y discípulos, y para esto, en general, ningunos como ellos" (en palabras de MENDIETA, fray Jerónimo de, Historia Eclesiástica Indiana, libro IV, cap. 23). Son de lo peor las palabras de Juan Ginés de Sepúlveda (en Tratado de las justas causas de la guerra contra los indios, p. 100):

"Es justo y natural que los hombres prudentes, probos y humanos dominen sobre los que no lo son. Con perfecto derecho los españoles imperan sobre los bárbaros del Nuevo Mundo e islas adyacentes, los cuales en prudencia, ingenio y virtud y humanidad son tan inferiores a los españoles, habiendo entre ellos tanta diferencia como la qua va de gentes fieras y crueles a gentes clementísimas, de las prodigiosamente intemperantes a los continentes, y estoy por decir, que de monos a hombres"

Como puede verse, con semejantes conceptos -dignos en verdad de Adolf Hitler-, los españoles estaban muy lejos de sentirse culpables de sus desmanes, sino antes bien, acreedores a la gratitud de Dios, de su Rey y de los propios indios.
Es indudable que con la situación que describe Motolinía en sus 10 plagas, los indios se hubieran extinguido. Se salvaron de ello gracias a críticos durísimos -tal vez más rigurosos que los modernos-; y aunque fueron minoría, es importante recordar, para respeto de España, que no fueron sobornados y silenciados por las autoridades, sino escuchados y aplicadas muchas de sus opiniones.

El principal defensor de los indios fue Fray Bartolomé de las Casas -seguido de Vasco de Quiroga- quien entre otras cosas afirmó:

"las gentes naturales de todas las partes y cualquiera de ellas donde hemos entrado en las Indias tienen derecho adquirido de hacernos guerra justísima y raernos de la haz de la tierra, y este derecho les durará hasta el día del juicio."

GARCÍA ICAZBALCETA Joaquín, Colección de Documentos para la Historia de México, Apud YAÑEZ Agustín: Fr. Bartolomé de las Casas, el Conquistador Conquistado, Ed. Jus, 4a, Edición, México 1974, pag. 26.

Otra crítica muy severa la hizo Fray Antón de Montesinos a los españoles, no en México sino en Santo Domingo, antes de la Conquista, en 1511:

"¿Estos no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿No sois obligados a amallos como a vosotros mismos? ¿Esto no entendéis? ¿Esto no sentís? ¿Cómo estáis en tanta profundidad de sueño tan letárgico dormidos? ¡Tened por cierto que en el estado en que estáis no os podéis salvar más que los moros o turcos que carecen y no quieren la fe de Jesucristo!!"

Fray Antón de Montesinos, (Antología), U.N.A.M., México l982. pag. 24.

Pero refiriéndonos a la Evangelización en general, inició plenamente con los 12 franciscanos "apostólicos" que llegaron en 1524, y que fueron realmente dignos de admiración. Eran 12 para MILLONES de indios, y se dedicaron con una energía y una honestidad tales, que no dejan dudas de que España tenía una Iglesia muy superior a la que había en otros países de Europa -tristemente corrupta antes de Trento-. Se dedicaron, pues, a exprimir hasta la última gota de sus humanos esfuerzos en hacer el BIEN a los indios. Pero ese justamente fue el problema: En lo que para ellos era el "bien de los naturales".

El trauma de los indios después de la Conquista no fue para ellos una desdicha que consolar, sino un don que fomentar, y la religión india fue totalmente rechazada: NADA DE ELLA ERA ACEPTABLE, ni aún los vocablos en náhuatl, pues en todo veían el estigma del demonio, y la cultura india era un MAL a extirpar, como claramente expresa Sahagún en las primeras palabras de su gran obra:

"El médico no puede acertadamente explicar las medicinas al enfermo sin que primero conozca de qué humor o de qué causas procede la enfermedad, para predicar contra estas cosas, y aun para saber si las hay, menester es saber cómo las usaban"

Inspirados en el pasaje de Lucas 14:16-24, los misioneros españoles interpretaron que a los que había de "forzar a entrar" era a los indios, y a forzarlos se dedicaron, llegando a extremos que prueban que efectivamente hubo métodos de la Inquisición -y fuera de ella- que resultan condenables. Explica al respecto Ixtlilxóchitl, de su homónimo antepasado:

"La reina Tlacoxhuatzin, su madre, como era mexicana y algo endurecida en su idolatría, no se quería bautizar, y se había ido a un templo de la ciudad, con algunos señores. Ixtlilxúchitl fue allá y le rogó que se bautizase, ella le riñó y le trató muy mal de palabras diciéndolo que no se quería bautizar, y que era un loco, pues tan presto negaba a sus dioses y ley de sus antepasados. Ixtlilxúchitl viendo la determinación de su madre se enojó mucho y la amenazó que la quemaría viva si no se quería bautizar, diciéndole muchas buenas razones hasta que la convenció y trajo a la iglesia con los demás señores para que se bautizasen y quemó el templo donde ella estaba y echolo por los suelos"

IXTLILXÓCHITL, Fernando de Alva, Compendio Histórico del Reino de Texcoco, 13a. Relación, p. 142

Ya vimos, en el capítulo de la Conquista, cómo los frailes educaron a muchos niños indígenas, y los devolvieron aleccionados a sus familias, para delatar cultos clandestinos y destruir los ídolos familiares. La situación era que los frailes consideraban a los indios culpables y criminales por haber practicado con sinceridad su religión, y además, consideraban el destruir la cultura indígena como un BIEN CRISTIANO a los indígenas: Humanamente, pues, no era posible que los indios aceptaran semejante Evangelización.

Ya es tiempo de que insistamos más en la peor llaga de los indios: el Cristianismo, y las razones por las cuales, al modo en que los predicaban y según sus propias tradiciones prehispánicas, no se trataba de ninguna "Buena Nueva", sino de la Peor Traición que hubieran podido imaginar.
Aunque traté ya un poco del tema, en el segundo capítulo de la Conquista de México, considero de utilidad exponer algunos detalles más:
Ya vimos que los misioneros tacharon de "diablos" a todos los dioses aztecas -Quetzalcóatl incluido-. Y podemos ver cómo concebían el deber de los indígenas hacia sus antiguos dioses, en los diálogos de 1524 que se han conservado:

"Si vosotros queréis ver y admiraros de este reino y riquezas de aquel por quien todos vivimos, nuestro Señor Jesucristo, ante todas cosas os es muy necesario despreciar y aborrecer, desechar y abominar y escupir estos que agora tenéis por Dioses y adoráis, porque a la verdad no son Dioses, sino engañadores y burladores, y también os es muy necesario que os apartéis y desechéis todos los pecados de cualquier manera que sean, porque todos ellos enojan a Jesucristo, y es también menester que os purifiquéis de todas vuestras suziedades, con el agua de Dios"

LEÓN PORTILLA Miguel, Colloquios y Doctrina Christiana conque los doze frayles de san francisco enbiados por el papa Adriano sesto y por el emperador Carlos qujnto covertiero a los indios de la Nueva España e legua Mexicana y Española", Edición facsimilar del original con paleografía. Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, 1986, cap. 5, p. 85

Resulta hasta sádico el pretender ESTO: que una persona escupa y aborrezca todo aquello en lo que ha creído y que ha amado y honrado. Y para Motolinía los indígenas fácilmente lo hicieron, persuadidos por la magnífica dialéctica de los frailes. Aunque trataremos de este tema después, sirve aquí recalcar que los azteca PARA NADA se avinieron a cumplir con semejantes instrucciones, y antes que eso, declararon -podríamos pensar que hasta con llanto en los ojos- que preferían morir antes que renunciar a sus dioses.

"Cosa de gran desatino y liuiandad sería destruir nosotros las antiquíssimas leyes y costumbres que dexaron los primeros pobladores desta tierra, que fueron los chichimecas, los tulanos, los de colhua, los tepanecas, en la adoración, fe y servicio de los sobre dichos en que emos nacido y nos emos criado, y a esto estamos habituados y los tenemos impresos en nuestros corazones." ( ) ".. no nos satisfacemos ni nos persuadimos de lo que nos han dicho, ni entendemos ni damos crédito a lo que de nuestros dioses se nos ha dicho [..] basta auer perdido, basta que nos an tomado la potencia y jurisdicción real; en lo que toca a nuestros dioses antes moriremos que dejar su servicio y adoración. Esta es nuestra determinación: haced lo que quisiéredes. Lo dicho basta en respuesta y contradicción de lo que nos abéis dicho: no tenemos más que dezir, señores nuestros." .
Ibidem, Cap. 7, p. 89

Para los indios, el Dios que les predicaban los frailes podía ser un "dios" cualquiera, un "teotl" común y corriente, pero NUNCA Ometéotl, pues Ometéotl no podía cometer la inombrable traición de castigar a los que le habían sido incondicionalmente fieles, y premiar en cambio a unos opresores que con lujo de mala fe, robaban, mataban, saqueaban, contradiciendo sistemáticamente las bondades de la religión que decían profesar.
Puestos en este punto, para la Cosmovisión Indígena el mentiroso, engañador y perverso tenía que ser el "teotl Jesucristo", el dios de los españoles, un dios carente de toda decencia y honor, pero que tenía a su favor la simple fuerza bruta, mediante la cual había dado la victoria a sus siervos -los españoles- como estos pregonaban, manifestándose aquí toda la influencia islámica de la Yihad que les hacía concebir un cristianismo favoritista e implacable. La interpretación de los indígenas, pues, tenía que ser que efectivamente, en esta lucha de fuerzas antagónicas el "teotl Jesucristo" había vencido y ellos eran sometidos al capricho del bautismo y a todas las humillaciones y vejámenes que les hacían los españoles; pero esto descartaba que el "teotl Jesucristo" pudiera ser el armonioso y equilibrado Ometéotl.

Pero conforme avanzaba el tiempo, era más claro para los indios que ese absurdo, que eso de que sus dioses -hasta Ometéotl- eran demonios malignos y engañadores, podía ser aterradoramente cierto; pues vivían dominados por la sanguinaria mano de los españoles, y sus templos iban siendo destruidos... así que, si Ometéotl existía, era realmente un demonio maléfico al traicionarlos de manera tan abyecta; pues si habían vivido engañados, ¿Quién era el culpable sino Ometéotl, quien era el controlador de todo el Universo?, o si no, quedaba la alternativa de que Ometéotl no existiera, fuera una falsedad... ¡No existir Ometéotl, quien era "el que pensando se inventaba a sí mismo y a todo lo demás"!!

Cierto que hubo -y consta históricamente- excepciones que confirman la regla general, casos de algunos escasos indios que sí alcanzaron a entender el amor de Ometéotl aun a través de la religión de sus nuevos amos; fue tal el caso de San Juan Diego Cuauhtlatoatzin, o un señor de Cuitlauac que se interesó sobremanera en la fe cristiana, y no paró hasta ser bautizado, como cuenta Motolinía en la Historia de los Indios de Nueva España Trat. 2, cap. 1, no. 194, pp. 79-80.

Pero ya vemos que la gran mayoría de los indios se NEGABAN a dejar su identidad indígena, indisolublemente ligada a su religión, y no podían aceptar, desde las mismas raíces, la forma en que los frailes les presentaban la fe cristiana, y vemos también que los frailes, severísimos, predispuestos de antemano contra la religión india, convencidos sinceramente de que ésta era la idolatría más salvaje y redomada que jamás ideara el Demonio, tampoco podían, por incapacidad cultural, de su mundo y su religión, evangelizar de otro modo.
El problema era pues, imposible de resolver, pues ni los indios podían aceptar lo que les decían los frailes, ni éstos podían decirles otra cosa, ni la misma Iglesia podría, hasta el Vaticano II, mandar a los fieles: "reúnanse con aquellos hombres por el aprecio y la caridad, reconózcanse como miembros del grupo humano en que viven, y tomen parte en la vida cultural y social por las diversas relaciones y negocios de la vida humana; estén familiarizados con sus tradiciones nacionales y religiosas, descubran con gozo y respeto las semillas de la Palabra que en ellas laten"
Concilio Vaticano II, Decreto Ad Gentes num. 11

Por todo esto, es una sorpresa comprobar que este imposible se pudo hacer, que los indios, a partir de "algo" que ocurrió en 1531, finalmente aceptaron la fe del Evangelio de Cristo y se convirtieron en masa.
Esto pertenece al capítulo inmediato.



..
"Algo pasó en México en 1531"
..



Quienes niegan el milagro guadalupano, suelen exponer que "no es cierto", que haya habido tal conversión masiva después de 1531. Tal es el caso del p. Stafford Poole -a quien quiero dedicar más espacio en otro capítulo-, quien publicó en 1995 su libro Our Lady of Guadalupe, The Origins and Sources of a Mexican, National Symbol, 1531 - 1797, donde en su capítulo 12, pags. 216-217, reitera una tesis que se encuentra a lo largo de su obra:

"Despite claims to the contrary, there is no evidence of mass conversion of the Indians after 1531, only that some missionaries, especially Franciscans, baptized large numbers after rudimentary instruction." ["Pese a pretensiones en contrario, no hay prueba de una conversión masiva de los indios a partir de 1531, sólo que algunos misioneros, especialmente Franciscanos, bautizaron a gran número después de una instrucción rudimentaria."].

Otros antiguadalupanos han seguido al p. Poole en esta tesis, como es el caso de Luis Alfonso Gámez (http://www.arp-sapc.org/articulos/juandiego.html), por lo que conviene aportar algunas pruebas documentales que contradicen esta tesis, pues los frailes -aunque no pudieran comprender lo grandioso del suceso guadalupano-, sí pudieron ver sus efectos, y hasta atribuírselo a ellos mismos.

Para desmentir la tesis del p. Poole citemos al historiador Robert Ricard, en La Conquista Espiritual, (Proemio fechado en junio de 1932), Traducción de GARIBAY Angel María, Ed. JUS, México 1947, lib. 1, cap. 4, no. 2, pag. 199.

"..es cosa cierta que la media de los bautismos fue mucho más elevada de 1532 a 1536 que de 1524 a 1532."

Para probar esto existen gran cantidad de citas y testimonios, tantos que me veo apurado para seleccionarlos y presentarlos, pero procuraré hacerlo, y para ello mencionaré en primer lugar a Motolinía, quien dice:

"Anduvieron los mexicanos cinco años muy fríos, o por el embarazo de los españoles y obras de México, o porque los viejos de los mexicanos tenían poco calor. Después de pasados cinco años, despertaron muchos de ellos y hicieron iglesias, y ahora frecuentan mucho las misas cada día y reciben los sacramentos devotamente"

Historia de los Indios de Nueva España, trat. 2, cap. 1, no. 190

Más adelante da Motolinía una relación de cómo aquella frialdad inicial de los indios había cambiado abruptamente. Diríamos, emulando a Joaquín García Icazbalceta, "como por encanto":

"Esto duró tres o cuatro meses, hasta que en un monasterio que está en un lugar que se llama Coauhchula [Huaquechula], los frailes se determinaron de bautizar a cuantos viniesen, no obstante lo mandado por los obispos; lo cual como fue sabido por toda aquella provincia, fue tanta la gente que vino, que si yo por mis propios ojos no lo viera no lo osara decir; más verdaderamente era gran multitud de gente la que venía ... porque digo verdad, que en cinco días que estuve en aquel monasterio, otro sacerdote y yo bautizamos por cuenta catorce mil y doscientos y tantos, poniendo a todos óleo y crisma, que no nos fue pequeño trabajo. Después de bautizados es cosa de ver el alegría y el regocijo que llevan con sus hijuelos a cuestas, que parece que no caben en sí de placer. En este mismo tiempo también fueron muchos a el monasterio de Tlaxcala a pedir el bautismo, y como se lo negaron, era la mayor lástima del mundo ver lo que hacían, y cómo lloraban, y cuán desconsolados estaban, y las cosas y lástimas que decían, tan bien dichas, que ponían gran compasión a quien los oía, y hicieron llorar a muchos de los españoles que se hallaban presentes ... Los sacerdotes que allí se hallaron, vista la importunación de estos indios, bautizaron los niños y los enfermos, y algunos que no los podían echar de la iglesia; porque diciéndoles que no los podían bautizar, respondían: "pues en ninguna manera nos iremos de aquí sin el bautismo, aunque sepamos que aquí nos tenemos que morir"

Ibidem, cap. 4, nos. 215 y 216

Fray Jerónimo de Mendieta compara la conversión de la Nueva España con "la gran conversión de herejes en el año de mil y trescientos y setenta y seis, en Bulgaria", dice:

"a la conversión y baptismo de esta Nueva España, tanto por tanto comparando los tiempos, pienso que ninguno le ha llegado desde el principio de la primitiva Iglesia hasta este tiempo que nosotros estamos."

Historia Eclesiástica Indiana, Libro III, cap. 30, p. 275

Sepamos primero que había una resistencia pertinaz de los indios a aceptar la nueva fe, y que aunque ya mencioné en el apartado anterior, quiero rubricar aquí con un testimonio de Fray Pedro de Gante, en Carta al rey Felipe II con fecha de 1558, página 204 del Códice Franciscano, donde se refiere a los primeros años de la evangelización:

"y desta manera, unas veces por bien y otras por mal, poco a poco se destruyeron y quitaron muchas idolatrías: a lo menos los señores y principales [..] empero la gente común estaba como animales sin razón, indomables, que no los podíamos traer al gremio y congregación de la Iglesia, ni a la doctrina, ni a sermón, sino que huían desto sobremanera.."

Eso manifiesta una radical diferencia a la verdadera oleada de conversión, manifestada en petición explícita e insistente de los indios en ser bautizados, y que fue tan notoria, prolongada durante varios años, que en 1538 se llegó a prohibir el bautismo a los adultos:

"Al principio comenzaron a ir de doscientos en doscientos, y de trescientos en trescientos, y siempre fueron creciendo y multiplicándose, hasta venir a millares; unos de dos jornadas, otros de tres, otros de cuatro, y de más lejos; [..]. Acudían chicos y grandes, viejos y viejas, sanos y enfermos. Los baptizados viejos traían a sus hijos [..] y los mozos baptizados a sus padres; el marido a la mujer y la mujer al marido. Y en llegando tenían sus aposentadores y enseñadores. Y aunque los más de los adultos venían enseñados y sabían la doctrina, tornábanselas ahí a reducir a la memoria, y a mejor enseñar y pronunciar, y catequizábanlos en las cosas de la fe. .. tanto era el fervor que traían, que todos estaban en pie, y daban mil vueltas con la memoria al Pater noster, Ave María y Credo, con lo demás. Y al tiempo que los baptizaban, muchos recibían aquel sacramento con lágrimas. ¿Quién podía atreverse a decir que estos venían sin fe, pues de tan lejas tierras venían con tanto trabajo, no los compeliendo nadie..? [...] Después de baptizados, era cosa notable verlos ir tan consolados, regocijados y gozosos con sus hijuelos a cuestas, que parecía no caber en sí de placer."

MENDIETA, en Historia Eclesiástica Indiana, cap. 39, pp. 276-7

Complementemos con otro testimonio del mismo Mendieta:

"Andaban muchos hambrientos en busca del baptismo, y no lo hallaban. Era la mayor lástima del mundo verlos ir y venir y volver de acá para acullá, y en todas partes ser despedidos, negándoseles el remedio de sus ánimas, que tan justamente pedían." Hasta que los frailes de la remota Huaquechula decidieron que su conciencia no les permitía acatar la prohibición, y que darían el Bautismo a cuantos lo pidieran y demostraran estar preparados. Se corrió la voz entre los indios, y "comenzaron a ir de doscientos y doscientos, y de trescientos en trescientos, y fueron siempre creciendo y multiplicándose, hasta venir a millares; unos de dos jornadas, otros de tres, otros de cuatro, y de más lejos. [...] ¿Quién podía atreverse a decir que estos venían sin fe, pues de tan lejas tierras venían, no los compeliendo nadie, a buscar el sacramento del baptismo? Cuando S. Valeriano, esposo de Santa Cecilia, fue a pedir el baptismo a S. Urbano Papa, dijo el santo viejo: <> Y S. Valeriano fue allí de poco más de una legua, y los pobres indios iban de más de veinte leguas. Y más que la tierra de aquella comarca de Guacachula es muy fragosa, y de muy grandes barrancas y sierras. Y todo esto pasaba con muy pobre comida, sólo por se baptizar..." Ese torrente seguía creciendo, pero, cuando se enteraron las autoridades, se les prohibió, por lo que "hubieron de despedir al mejor tiempo y negar el baptismo a la multitud que acudía [..], y se ovieron de volver a sus casas sin él, llorando y quejándose, y diciendo mil lástimas, que eran para quebrar los corazones, aunque fueran de piedra.."

Ibidem, cap. 31, pp. 276-278


Volvamos a Motolinía, quien da fe de que en 1537, (6 años después de la aparición), eran ya los mismos indios quienes evangelizaban, en Historia de los Indios..., trat. 2, cap. 7, no. 245.
Los señores principales, a la par de su conversión, tuvieron que separarse de las mujeres que tenían -recordar la nota sobre la Poligamia-, y casarse con una sola, legítima, por el sacramento del Matrimonio. Antes se rehusaban de plano a hacerlo, pero después de la aparición lo hicieron, como dice el mismo Motolinía:

"...los señores tenían las más mujeres, o las querían dejar, ni ellos se las podían quitar, ni bastaba ruegos, ni amenazas, ni sermones, ni otra cosa que con ellos se hiciese ... hasta que ya ha placido a Nuestro Señor que de su voluntad de cinco a seis años a esta parte-Motolinía está escribiendo en 1537-comenzaron algunos a dejar la muchedumbre de mujeres que tenían y a contentarse con una sola, casándose con ella como lo manda la Iglesia ... porque acontece un sólo sacerdote tener muchos que bautizar y confesar y deposar, y velar, y predicar, y decir misa y otras cosas que no puede dejar".

MOTOLINÍA, en Historia de los Indios..., trat. 2, cap. 7, no. 242

Un testimonio no franciscano es el de Francisco López de Gómara, en Historia de la Conquista de México; en sus capítulos 239 y 240, este último titulado "La priesa que tuvieron a bautizarse".
Aunque equivocado de cabo a rabo en el origen de dicha conversión, dice Gómara:

"Fue principal causa y medio para que los indios se convirtiesen, deshacer los ídolos y los templos en cada lugar. Dicen que les dolía mucho la destrucción de sus templos grandes, perdiendo esperanza de poderlos rehacer, y como eran religiosísimos y oraban mucho en el templo, no se hallaban sin casa de oración y sacrificios; y así, visitaban las iglesias a menudo. Oían de gana los predicadores, miraban las cerimonias de la misa, deseando saber sus misterios, como novedad grandísima; por manera que, con la gracia del Espíritu Santo, y con la solicitud de los predicadores y con su mansedumbre, cargaban tantos a bautizarse, que ni cabían en las iglesias ni bastaban a bautizarlos; y así, bautizaron dos sacerdotes en Xochimilco quince mil personas en un día; y tal fraile francisco hubo, que bautizó él sólo, aunque en muchos años, cuatrocientos mil hombres; y a la verdad los frailes franciscos han bautizado, a lo que dicen ellos mesmos, más que nadie".

Historia de la Conquista..., cap. 40, p. 326 y 327


CIFRAS DE LA CONVERSIÓN

Todos los que dan una estimación del número de indígenas convertidos después de 1531, y en distintas fechas, hablan de varios millones, lo cual demuestra una notable rapidez en la conversión, que contrasta vivamente con la lentitud y férrea resistencia de los primeros años (recordemos el ya visto testimonio de fray Pedro de Gante, y el de los Diálogos de 1524 de Sahagún).
Una cifra previa, aunque algo inverosímil por su optimismo, es una que proporciona fray Juan de Zumárraga en carta al Capítulo General de Tolosa, con fecha de 12 de junio de 1531 (o sea, antes de la aparición):

"por manos de nuestros religiosos [..] se han baptizado más de un millón de personas.."

GARCÍA ICAZBALCETA Joaquín, Don Fray Juan de Zumárraga, México, 1881, Documentos, No. 8, p. 61.

Aunque suena exagerado eso de "más de un millón"; lo aceptaremos de momento, para compararlo con una serie de cifras más detalladas y por zonas de México que proporciona Motolinía, en Historia de los Indios..., trat. 2, cap. 3, titulado expresivamente "De la prisa que los indios tienen en venir al bautismo, y de dos cosas que acontecieron en México y en Tezcuco", y donde, en el no. 208 dice:

"Y después que esto se ha sacado en blanco se han bautizado más de quinientos mil, porque en esta cuaresma pasada del año de 1537, en sola la provincia de Tepeaca se han bautizado por cuenta más de sesenta mil ánimas; por manera que, a mi juicio y verdaderamente, serán bautizados en este tiempo que digo, que serán quince años, más de nueve millones de ánimas de indios".

Según la nota añadida por Edmundo O´Gorman, es de suponerse que estas palabras las escribió Motolinía en 1538, pues 15 años antes, en 1523, llegaron los tres primeros franciscanos (Gante, Aora y Tecto).

Combinando los testimonios de Zumárraga y Motolinía, de haber realmente un millón de conversos en 1531 (un millón en 8 años, entre 1523 y 1531, hacen un promedio máximo de 125 mil conversos por año).
A ese millón tenemos que sumarle ocho millones, para completar los nueve que calcula Motolinía, entre 1531 y 1538, (ocho millones en 7 años, hacen un promedio de 1,142,857 y fracción por año), es decir, más de nueve veces más rápido que entre 1523 y 1531.
No le falta pues razón, al sr. Ricard, para afirmar que "..es cosa cierta que la media de los bautismos fue mucho más elevada de 1532 a 1536 que de 1524 a 1532."

Un testimonio más es el de López de Gómara, ya citado antes, quien deja también claro que los conversos son varios millones. Puesto que no dice a qué fecha se refiere, tomaré como referencia la fecha en que se publicó su obra (1553), y dice:

"Unos dicen que se han bautizado en la Nueva España seis millones de personas, otros ocho, y algunos diez. Mejor acertarían diciendo que no hay por cristianizar persona en cuatrocientas leguas de tierra[400 leguas son 2400 km.], muy poblada de gente: loado sea Nuestro Señor, en cuyo nombre se bautizan....
Por su manera de decirlo, concuerda notablemente con Bernal Díaz del Castillo, quien dice: "... se han bautizado desde que los conquistamos todas cuantas personas había, así hombres como mujeres, y niños que después han nacido..." (en Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España, cap. 209).

Para concluir los testimonios tenemos las palabras de Mendieta donde atribuye esta -realmente- milagrosa conversión, a los méritos de los frailes:

"..el ejemplo con que estos siervos de Dios y primeros evangelizadores vivían y tractaban [..] fue una viva predicación, y suplió la falta de milagros que en la primitiva Iglesia hubo, y en esta nueva no fueron menester. Porque [..] bastó la pureza de vida y santas costumbres que en aquestos ministros de Dios estos indios conocieron.." ( ). "Este pueblo que digo en oyendo mi palabra, luego la recibió, me creyó y obedeció. No fué menester que tuviesen vieja ley, dada por mi mano, ni profetas de su propia nación, como los tuvo el pueblo hebreo y los antiguos gentiles, sino que con sólo proponerles unos frailes pobres y extraños mi palabra, luego la creyeron, y me obedecieron y recibieron por su Señor."

Historia Eclesiástica..., libro 4, cap. 40, pag. 534.

Empero, esta manera de ver la conversión india sin tomar en cuenta las apariciones guadalupanas resulta denigrante para los INDIOS, quienes -según esto-, tenían tan poca estima de su religión y su cultura, que se deshicieron de ambas con la sola palabra de advenedizos que, además, no les concedían más que ser "para siempre súbditos y discípulos".
Pero no fue así. Los indios, como pocos pueblos en la Historia, apreciaban tanto su religión como para dar la vida por ella, y no en forma de un grupo de mártires, sino TODOS ELLOS, una nación completa, incapaz de rechazar la Vieja Regla de Vida, hasta que, con el mensaje de Ometéotl que les entregó la Santísima Virgen, pudieron entender que la fe cristiana no era sino el corolario y perfección de la suya misma.

Y finalmente, me gustaría cerrar el tema con una pregunta que está contenida en el Proceso de Beatificación de Juan Diego, a la que respondió Mons. José Luis Guerrero:

JUEZ DELEGADO. Entonces, ¿éste es el camino muy hermoso por el que el mexicano creyó en Dios: LA MEDIACION DE SU MADRE?.

-Exactamente, Monseñor. Creo que ya puede entenderse mejor lo que decía antes, que México no recibió principalmente la Fe a través de ministros humanos, sino directamente de Dios a través de su Madre, y por qué afirmaba que Dios supo proclamar la Nueva Ley, en el México del siglo XVI, con criterios del Vaticano II...


Los Dos Mundos de un Indio Santo, cuestionario preliminar de la beatificación de Juan Diego, Pregunta No. 18


.

Bibliografía:



ARIÉ Rachel, Historia de España III: España Musulmana, colección Historia de España (dirección de Manuel Tuñón de Lara), Edit. Labor, 1ª. Imp. 8ª. Reed. 1988

CORTÉS Hernán, Cartas de Relación, Edit. Porrúa, 1a. Ed. en “Sepan cuantos”, 1960

DÍAZ DEL CASTILLO Bernal, Historia Verdadera de la Conquista de Nueva España, Edición del Círculo de Lectores (Barcelona), 1971

DOCUMENTOS DEL CONCILIO VATICANO II, Decreto Ad Gentes, edición digital de El Vaticano, en www.vatican.va

GUERRERO ROSADO José Luis, El Nican Mopohua, un Intento de Exégesis, Edición digital de la Basílica de Guadalupe, en www.virgendeguadalupe.org.mx

GUERRERO ROSADO José Luis, Flor y Canto del Nacimiento de México, Edit. Librería Parroquial de Clavería, 5a. Ed. 1992

GUERRERO ROSADO José Luis, Los Dos Mundos de un Indio Santo, cuestionario preliminar de la beatificación de Juan Diego, Edición digital de la Basílica de Guadalupe, en www.virgendeguadalupe.org.mx

GUERRERO ROSADO José Luis, ¿Prehistoria del Guadalupanismo?, en INSIGNE Y NACIONAL BASÍLICA DE SANTA MARÍA DE GUADALUPE, Congreso Mariológico, Edit. Melo, 1983

LÓPEZ DE GÓMARA Francisco, Historia de la Conquista de México, Edit. Porrúa, “Sepan cuantos”, 1997

MOTOLINÍA, Fr. Toribio Paredes de Benavente, Historia de los Indios de la Nueva España, Edit. Porrúa, “Sepan Cuantos”, 4a. Ed. 1984

NAVARRO DE ANDA Ramiro, Efemérides Guadalupanas, en ECHEAGARAY José Ignacio y Colaboradores, Álbum del 450 Aniversario de las Apariciones de Nuestra Señora de Guadalupe, Ediciones Buena Nueva, 1981