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Investigación Documental sobre la Virgen de Guadalupe

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A la Augusta Patrona de México

Ignacio Valdespino



¡Salve, Virgen bendita, inmaculada!
que radiante de gracia y de belleza,
viniste acá a mi patria, su nobleza
a defender cuando le fue negada.

¡Salve aurora, purísima María!
que coloraste de mi patria el cielo
y blanquísimas flores en su suelo
sembraste, como premio a su hidalguía.

¡Salve, Virgen de Sión, encantadora!
¡Qué dulce es contemplarte entre querubes
traspasando los astros y las nubes
para ser de mi patria Salvadora!

¡Salve! Reina, que dejas el Empíreo
donde fueran tu trono inmensos soles,
y circuida de hermosos arreboles
nos das prueba de amor en blanco lirio.

Están frescas aún las lindas flores
que le dieras al indio, Madre amante,
y el amor de tus hijos es constante;
lo ostentan tus vívidos fulgores.

Yo creo en tu aparición, ¡Madre querida!
porque es tu Imagen sacrosanto escudo
impenetrable, que romper no pudo
la saña de soberbia maldecida.

Tú no eres la ficción ni la quimera,
porque no pasas cual creación del hombre;
te apoderas del alma y a tu nombre
se forman monumentos donde quiera.

Eres fanal de luz indeficiente;
eres lauro de eterna primavera...
si México, Señora, te perdiera,
dejaría de ser suelo independiente.

Pues Tú irradiaste en el pendón bendito
donde surgió la idea de independencia,
y mi patria le debe a tu clemencia
el mágico poder de aquel su grito.

Líbrala de impiedad. ¡Que el siglo veinte
sea de paz, para aquesta tu morada!
¡Virgen del Tepeyac! ¡Virgen amada!
¡que sea México siempre independiente!




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Bibliografía:



CRUZ, Salvador de la, Libro de Oro de la Poesía Guadalupana, Libro Mex editores, 1957