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Las razones por las cuales hago
esta investigación
Para quienes no me conozcan, los pondré en el antecedente de que nací en la ciudad de Puebla de los Ángeles (México),
hijo de padres mexicanos y católicos; y crecí y fui educado rodeado de enseñanzas
católicas.
Cursé el preescolar en el colegio teresiano La Florida, en México D.F.
y la primaria en el colegio La Salle de Puebla -el 6º grado lo cursé en la escuela José María de Yermo-
, asistí a retiros infantiles y juveniles, fui monaguillo en el templo de San Juan de Dios en Puebla, tuve la dicha de
asistir al encuentro de S.S. Juan Pablo II con las generaciones del siglo en 1999 en el Estadio Azteca, recibí instrucción
directa de mi tía -monja teresiana-, hice mi Primera Comunión (en el templo de Sta. Mónica) y mi Confirmación (en la Catedral de Puebla),
y se me inculcaron doctrina, principios y liturgia de la religión que me recibió en la pila del bautismo.
A esto debo añadir que en mi casa siempre tuve a la mano la Biblia y numerosos libros católicos, Catecismos, Vidas de Santos,
Historia de la Iglesia, Devocionales, libros ilustrados sobre el Rosario, el Viacrucis, etc.
Como consecuencia de todo esto, era inevitable, desde mi infancia, mi familiaridad y
conocimiento del suceso guadalupano: Que allá por Diciembre de 1531, la
Virgen María se apareció a un indio llamado Juan Diego en el cerro del Tepeyac, al norte de la Ciudad de México, a quien envió con un
mensaje para el obispo de México Fray Juan de Zumárraga, y posteriormente, con una prueba de dicho mensaje: rosas de
Castilla envueltas en el ayate del indio, ayate que al ser desplegado frente
al obispo, dejó ver una imagen impresa en la tela: La imagen de la Virgen
de Guadalupe.
El suceso guadalupano fue para mí durante mucho tiempo un hermoso relato más
de tantos milagros católicos. Para mí, durante mi infancia y parte de mi
adolescencia, tal suceso era, sin lugar a dudas, conocido y aceptado por
todos. Poco a poco me di cuenta de lo equivocado que estaba: Pero no me
preocupó el asunto. Los que no creen en esto –pensaba- son unos
necios y unos ateos.
Ni siquiera se me ocurría pensar que un caso como el de la Virgen de Guadalupe sólo podía ser creíble si
contaba con abundante respaldo histórico y científico. NO. Para mí, las Apariciones Guadalupanas
habían ocurrido porque así me lo habían enseñado, y punto.
Mi decisión de investigar a profundidad el asunto de la virgen de Guadalupe
tuvo su origen años más adelante, cuando empezaba mi interés y estudio de la fe cristiana.
Corría el año 2003, cuando, sin más credenciales que las de cristiano católico laico,
entré a Foros de Discusión y Debate en el Internet, para enriquecer
mi conocimiento de la doctrina cristiana, y
defenderla -según mis limitadas capacidades- de los ataques que tanto recibe en estos tiempos.
Entre los más esforzados enemigos de la fe católica, están lamentablemente muchos cristianos protestantes, en especial
quienes fueron antes católicos, y con ellos empecé a tener encuentros e intercambios sobre la doctrina de
Cristo.
En relación al culto católico a la Virgen y los santos (anatemizado por
los protestantes), me encontré un día debatiendo sobre la Virgen de
Guadalupe. El debate estaba orientado inicialmente hacia la tilma que se
conserva hoy en la basílica guadalupana, pero en medio de la discusión
intervino una persona que ha sido decisiva en mi crecimiento como cristiano: el
protestante de religión bautista Daniel Sapia, apologista de nacionalidad argentina,
quien, alineado junto a sus correligionarios, halló y expuso argumentos
en contra del asunto guadalupano.
Por entonces, yo carecía de muchos datos que ahora he obtenido, y estaba muy
desinformado al respecto: No supe contestarle, no supe afrontar sus
exposiciones, y por último, abandoné el tema en cuestión.
Daniel Sapia, posteriormente, sintetizó sus investigaciones antiguadalupanas,
a las que dio un toque “reforzante” de anticatolicismo, y las publicó en su
sitio web, para su divulgación en Internet.
Aunque yo había abandonado el tema, nunca perdí interés por el mismo, y sobre
todo, deseos de llegar algún día a tener información con la cual contrarrestar
las exposiciones de Sapia (quise revancha). Algo me decía que el asunto
guadalupano no podía ser tan frágil como Sapia lo había presentado; de ser
así, me dije, lo lógico sería que el culto guadalupano estuviera en seria
crisis luego de más de 450 años.
Pero notoriamente, cada 12 de diciembre arriban miles de peregrinos a
la basílica del Tepeyac, y la devoción guadalupana es indiscutiblemente la devoción mariana más popular en México.
Días antes del 12 de diciembre, en las carreteras que conducen a la ciudad de
México, se observan multitudes de peregrinos que se dirigen a la Basílica. En todas las ciudades y pueblos de México
que he visitado he tenido la ocasión de ver la imagen guadalupana, en estampas, cuadros, ermitas a la orilla de la carretera. La Virgen de Guadalupe
está presente -y en destacado lugar- en la Historia, Pintura, Poesía y Cultura mexicanas.
Además, estimé que habría ya, dentro de la Iglesia Católica, quien hubiera
dado respuesta a algunos argumentos de Sapia -pues no todos los argumentos que utiliza son
suyos-, y tenía que buscar otros puntos de vista sobre el suceso guadalupano.
La solución era obvia: Era necesario ponerme a investigar, y así lo hice. Sapia
había investigado en Internet. Yo también disponía de Internet, de grabados y
de libros.
Además, pienso que tengo ventajas geográficas sobre Sapia; ventajas, pienso
yo, que son las más importantes para esta investigación. Él vive en Buenos Aires,
Argentina, y yo vivo en la ciudad de Puebla, situada a
poco más de 120 kilómetros al este de la ciudad de México. Comparando, mi lugar de
residencia queda mucho más próximo a la Basílica, a la Tilma, a los actuales apologistas
guadalupanos y al sitio donde tuvo lugar el milagro guadalupano -el cerrito del Tepeyac-.
¿Por qué investigo esto?
Si tuviera que responder rápidamente diría:
En primer lugar: Para saber qué creo y por qué lo
creo, con el deseo de tener fundamentos para sostener o repudiar mis
creencias, sostenerlas si son verdaderas, y repudiarlas si son falsas.
En segundo lugar: Porque a raíz de iniciar esta Investigación, me he prendado de la Virgen de Guadalupe, de su Aparición y su mensaje, y por simple devoción a Ella, y a Dios, Quien la envió como su Embajadora.
JESÚS HERNÁNDEZ (Puebla de los Ángeles, Diciembre 2007)
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