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Investigación Documental sobre la Virgen de Guadalupe

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Comentario a un artículo de la Revista
Quo, sobre la Virgen de Guadalupe




Los Hechos: La Revista Quo es una publicación mensual de Hachette Fillipacchi Expansion S. de R.L. de C.V., editor general Carlos Pedroza Luna, editores Mónica Flores Lobato, Ricado Guzmán, Luis Rodríguez Munguía. Su sitio web es QuoWeb.Com.Mx.
En su número 110, correspondiente al mes de Diciembre de 2006, en las páginas 52-66 Quo publica un artículo llamado Claves Ocultas del Milagro Guadalupano, siendo su autor Iván Carrillo. Un artículo estudioso del fenómeno guadalupano aprovechaba el interés especial concentrado en la advocación de Guadalupe, debido no sólo a la festividad que año con año, cada 12 de Diciembre se celebra en la Basílica de Guadalupe en la ciudad de México, sino además el detalle de que este año (2006), se cumplen 475 años de la milagrosa aparición de Santa María en el cerro del Tepeyac.

Un servidor, después de ver este ejemplar de Quo en numerosos expendios de periódico y en supermercados, decidió adquirir el número para leer el tan publicitado y llamativo artículo. En la portada la revista tiene un título sensacional: Los grandes enigmas de la Virgen de Guadalupe; ¿Existió en verdad Juan Diego? ¿Se refleja el milagro en sus ojos? ¿Hay tres imágenes en el ayate?. Con tan llamativo título, repito, y estando tan de moda el guadalupanismo por los primeros días de Diciembre, estimé probable que ese artículo llegara a manos de muchas personas y fuera leído por muchos devotos de la Virgen Morena, creyentes de su Aparición en 1531, en el Tepeyac.

Después de leer el artículo, encuentro algunas cosas destacables, que me gustaría comentar inmediatamente.




Lo primero que llama la atención es la importancia que se dá al artículo de Carrillo en la revista. La imagen de la Guadalupana, con el título del artículo, roba toda la imagen en la portada, y en el índice es también la imagen mayor. El diseño está hecho con el fin de provocar interés, y de llevar al lector invariablemente al artículo guadalupano.
Y llamo guadalupano al artículo, con ironía, porque sutilmente, poco a poco, con textos por aquí, por allá, Iván Carrillo va sembrando afirmaciones en contra de la veracidad de la Aparición, del carácter milagroso de la Tilma, y del mismo papel de la Iglesia al estudiar estas cuestiones.

En las págs. 52 y 53 se encuentra una enorme imagen de la Virgen, con el título, y al pasar la página y ver la 54, lo primero que se ve, en el centro de la hoja, con letras más grandes, y con un fondo púrpura llamativo, es el siguiente texto:

"Zumárraga dejó muchos escritos pero en ninguno -siendo, como se supone, testigo presencial- menciona su experiencia como testigo del milagro".

Comentario: Esta objeción es vieja, y proviene de la Carta Antiaparicionista que el historiador Joaquín García Icazbalceta escribió en 1883. El mismo Icazbalceta reconoce que hay testimonios de que sí hubo -en algún momento- escritos de Zumárraga mencionando el milagro. Los descalifica simplemente dudando de su credibilidad.
Sepamos ahora cuáles son esos testimonios. El primero es el testimonio hecho bajo juramento de decir la verdad, del sacerdote Miguel Sánchez, quien al fungir como testigo en las Informaciones de 1666 declaró lo siguiente, redactado por los que recababan la Información:

"Y juntamente tuvo noticia este testigo, por habérsela dado el dicho Licenciado Bartholome García de que le había dicho el doctor don Alonso Muñoz de la Torre, Deán que fue de esta Santa Iglesia Catedral Metropolitana de que habiendo ido a visitar al Ilustrísimo señor Arzobispo don fray García de Mendoza de la Orden de San Jerónimo, que a lo que se acuerda gobernaba este Arzobispado por los años de seiscientos y uno, y había visto que Su Señoría Ilustrísima estaba leyendo los autos y proceso de dicha aparición, con singular ternura, y que así se lo había manifestado y declarado a dicho Señor Deán".

El segundo testimonio es de Cayetano Cabrera y Quintero, Doctor por la Real y Pontificia Universidad de México, historiador, humanista y lingüista, quien en su obra Escudo de Armas de México (1746), dejó escrito:

"Fuese así o no, hay noticia participada por el R. P. fray Pedro de Mezquía, franciscano apostólico, de que en el convento de Victoria en que tomó el hábito el señor arzobispo Zumárraga, vio y leyó, escrita por este prelado a los religiosos de aquel convento, la aparición de Ntra. Sra. de Guadalupe."

La objeción pierde, por lo tanto, su insinuación principal (que Zumárraga nunca escribió del suceso guadalupano), para quedar en su justo lugar: Hay testimonios de que sí escribió, y en los escritos de él que se han conservado no se encuentra ninguna mención del mismo.




A continuación, Carrillo se dirige a hablar de la canonización de Juan Diego, y del debate que se abrió con ese motivo, el antiaparicionismo del abad Guillermo Schulemburg. Más adelante habla de Manuel Olimón y Carlos Warnholtz, citando sus credenciales: "reconocido historiador de la religión católica" el primero, y "eclesiástico" el segundo. Cuando habla, en cambio, de los postuladores de la causa -los aparicionistas-, no cita ni una sola credencial. Es fácil ver, por lo tanto, que la intención es crear la sensación de que los antiaparicionistas sí tienen credenciales y títulos, mientras no ocurre lo mismo con los aparicionistas. Mencionaremos, por lo tanto, las credenciales de los aparicionistas que olvidó Carrillo cuando dijo sus nombres:

"José Luis Guerrero, Fidel González y Eduardo Chávez en El Encuentro de la Virgen de Guadalupe y Juan Diego, la obra más influyente para que se diera la canonización del indio de Cuautitlán, ofrecen una explicación a la falta de documentación sobre Juan Diego y el milagro que presenció".

El primero (Mons. José Luis Guerrero), es Licenciado en Teología, en Derecho Civil y Canónico, Director del Instituto de Estudios Teológicos e Históricos Guadalupanos y Profesor de la Pontificia Universidad de México. El segundo (Fidel González Fernández), es Doctor en Teología (Universidad de Salamanca) y Doctor en Historia Eclesiástica (Universidad Gregoriana). El tercero (P. Eduardo Chávez Sánchez) es Doctor en Historia Eclesiástica, encabezó la comisión histórica para la causa de canonización de Juan Diego, y es Catedrático de la Pontificia Universidad de México.




Viene también unas anotaciones sobre Fray Juan de Zumárraga:

"Sin duda, un silencio más elocuente aun fue el señalado por el historiador, polígrafo y ferviente católico Joaquín García Icazbalceta para emitir uno de los juicios más polémicos en el siglo XIX. Para él, resultaba muy extraño que no hubiera pruebas documentales que respaldaran el supuesto milagro. A petición del arzobispo de México, Pelagio Antonio Labastida y Dávalos, García realizó una investigación sobre el tema, en la que descubrió que Zumárraga dejó muchos escritos pero en ninguno -siendo, como se supone, testigo presencial- menciona su experiencia como testigo del milagro. Antes bien encontró en un catecismo llamado Regla Cristiana, compilado por Zumárraga y editado en 1547, apenas 16 años después del gran milagro que había presenciado, en que el arzobispo afirmaba: "Ya no quiere el Redentor del mundo que se hagan milagros, porque no son menester". ¿Podría el testigo del milagro haber afirmado eso? ¿Cuántos podrían haberse callado esa experiencia?"

Comentario: Vamos por partes. En primer lugar Iván Carrillo resalta nuevamente su parcialidad. Nuevamente cita las credenciales del antiaparicionista (historiador, polígrafo y ferviente católico), lo cual no tiene nada de malo, salvo que Carrillo calla -a conciencia- las credenciales de los aparicionistas. Citar a García Icazbalceta sin citar a los que le dieron respuesta es una vieja treta seguida por todos los antiguadalupanos, y Carrillo, al caer en ella, de imparcial se vuelve parcial, hacia el antiaparicionismo.

En segundo lugar, lo que pidió el arzobispo Labastida a García Icazbalceta no fue una "investigación", sino un mero punto de vista sobre un escrito de José Antonio González, y el propio García Icazbalceta, en el numeral 69 de su Carta, califica su obra como "apenas unos apuntes". Existen ciertos requisitos para que una obra sea considerada investigación histórica, y ni por su metodología ni por su contenido reúne esta Carta los requisitos, como demuestra en su análisis Ramón Sánchez Flores.

En cuanto a la cita de la Regla Cristiana, no son palabras de Zumárraga. Zumárraga sólo compiló y mandó imprimir dicho catecismo. Las palabras que se cita no son suyas. Y como reflexiona Primo Feliciano Velázquez, "Se refiere a milagros deseados o pedidos curiosamente por quienes saben que los apóstoles y sucesores solían obrar maravillas para propagar el Evangelio. No fue escrito para los que tal ignoran. Ni es creíble que de suyo asentara el prelado en las Indias Occidentales que el Redentor del mundo no quería ya que se hicieran milagros, a la sazón que el taumaturgo san Francisco Javier los multiplicaba en las Indias Orientales." (VELÁZQUEZ Primo Feliciano, La Aparición de Santa María de Guadalupe, p. 372)




Después de hablar un poco del Encuentro, y de las "justificaciones de los aparicionistas", dice así Iván Carrillo:

"No piensa así el médico Leoncio Garza-Valdés, el antiaparicionista más acérrimo de los últimos tiempos, pero a la vez, uno de los estudiosos más certeros y acuciosos del fenómeno guadalupano".

Comentario: Estoy de acuerdo con Carrillo en que Garza-Valdés es de los antiaparicionistas más acérrimos, pero no estoy de acuerdo en que es "de los más certeros y acuciosos" estudiosos del fenómeno. Su obra la conozco, es el libro Tepeyac, Cinco Siglos de Engaño, y la mayor parte de su contenido son reproducciones de antiguas objeciones, entre ellas, la carta de García Icazbalceta. Después de leer su obra tuve la oportunidad de criticar puntos específicos, y se puede consultar dicha crítica.




Al hablar de los estudios que se han hecho a la imagen, hay un hecho curioso. Todos los estudios favorables al milagro son acompañados de comentarios en contra, mientras que los estudios desfavorables al milagro son ponderados del modo que ya conocemos: resaltando las credenciales de los autores (antiaparicionistas).

Así, cuando habla de los estudios que hizo Aste Tönsmann a los ojos de la Virgen, al final coloca una nota crítica de Manuel Villalpando. Luego habla de los norteamericanos Callagan y Smith, y al terminar coloca una nota crítica de Luis González de Alba. Eso es válido, siempre y cuando se siga el mismo procedimiento crítico para todas las opiniones. Pues criticar lo aparicionista y ponderar lo antiaparicionista es sospechoso, si no delatorio.

Del mismo modo, cita a la Enciclopedia Guadalupana que habla de que las estrellas del manto representan la posición de los astros en 1531, y para refutar tal afirmación, en vez de recurrir a un Astrónomo, Carrillo cita al astrólogo Luis Lesur. Aunque el tema merece más extensión, aquí comentaré rápidamente que en este asunto de las Estrellas, el p. Mario Rojas Sánchez trabajó en conjunto con el Instituto Nacional de Astronomía de la Universidad Nacional Autónoma de México (U.N.A.M.), y al contrario que el astrólogo Lesur, el ingeniero Armando García de León, colaborador del p. Rojas, utilizó software y cálculos matemáticos para ubicar las posiciones astrales de esas fechas. De antemano aclaro que no intento defender un "milagro extra" en eso de las estrellas. Me limito a señalar que Carrillo -citando a Lesur-, descalifica sin bases a los que han investigado el asunto de las Estrellas en el Manto de la Virgen (ni siquiera los mencionan por su nombre).




Para rematar su artículo, Carrillo coloca un extracto de los supuestos estudios realizados por Leoncio Garza-Valdés a la imagen. Las famosas fotografías de "las tres imágenes sobrepuestas en la tilma" no aparecen ni en Tepeyac, Cinco Siglos de Engaño, ni en ninguna otra obra. Y resulta curioso que el autor ponga peros a Callagan y Smith -quienes expusieron fotografías y reporte científico-, y en cambio admita y dé amplio espacio a Garza-Valdés, quien no da ni fotografías ni reporte científico.


COMO CONCLUSIÓN: Todo mundo tiene derecho a opinar sobre las Apariciones Guadalupanas, pero hay maneras de hacerlo: con buena fe, sinceridad, honestidad, dando voz y lugar a TODOS los puntos de vista, citando las credenciales de unos y otros, y reconociendo los aciertos y errores de ambas posturas, o bien como hizo Carrillo: ser parcial, ser tendencioso, omitir datos, callar las credenciales de los aparicionistas, criticar sólo lo aparicionista y aceptar TODO lo antiaparicionista.
Y de ahí que cada quien juzgue.