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Investigación Documental sobre la Virgen de Guadalupe

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Soneto Guadalupano

Anónimo del siglo XIX



Eva Guadalupana, encantadora,
Madre del Hombre Dios y también mía,
bajó del Cielo al Tepeyac un día
para ser nuestra insigne bienhechora.

A la presencia de tan Gran Señora,
huyó la sanguinaria idolatría
como la pavorosa noche umbría
a los primeros rayos de la aurora.

Al dios Huitzilopoxtli destrozaron;
los demás idolillos demolieron;
y a Jesús en sus templos colocaron.

Los pueblos a su voz se convirtieron;
y cuanto en la Conquista les quitaron,
en tres centurias por María obtuvieron.




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Bibliografía:



CRUZ, Salvador de la, Libro de Oro de la Poesía Guadalupana, Libro Mex editores, 1957